Con información de Kristhal Figueroa y Christian Gutiérrez Un camino asfaltado se extiende entre numerosos árboles frondosos. El trino de los pájaros se escucha a lo largo de los 15 …
Con información de Kristhal Figueroa y Christian Gutiérrez
Un camino asfaltado se extiende entre numerosos árboles frondosos. El trino de los pájaros se escucha a lo largo de los 15 minutos de caminata, en los que el viento sopla con fuerza.
Aunque el escenario recuerda el Occidente de Guatemala, estamos lejos. Nos encontramos en la cárcel instalada dentro del cuartel militar Mariscal Zavala, en la zona 17 capitalina. A unos 185 kilómetros de Totonicapán, el hogar de dos personas que, desde hace un año, guardan prisión en este penal: Luis Haroldo Pacheco Gutiérrez y Héctor Manuel Chaclán Batz.
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Para ingresar a Mariscal Zavala, es necesario pasar tres anillos de seguridad.
Afuera, tres guardias del Sistema Penitenciario (SP) resguardan la puerta de entrada a la prisión. También hay unos cinco soldados.
Al ingresar, un par de agentes del SP y otros soldados identifican a los visitantes. Hay personas que, cargando bolsas con alimentos y pan —las «encomiendas»—, buscan visitar a un familiar.
Después de comparar los documentos de identificación personal (DPI) con el oficio que días antes aprobó la visita, autorizan la entrada. El oficio es claro: no es posible ingresar equipo audiovisual, solo «papel y lápiz».
«Digan que van con “los Pachecos”», indica un guardia del SP en el tercer puesto de identificación de visitantes, mientras avanzamos al área de «aislamiento».
Aquí se encuentran, desde el 25 de abril de 2025, Luis Pacheco y Héctor Chaclán, expresidente y extesorero de los 48 Cantones de Totonicapán.
Dos días antes, el 23, fueron capturados —y criminalizados—. Los señalaron de liderar el Paro Nacional 2023; una serie de manifestaciones convocadas para garantizar la transición del gobierno de Bernardo Arévalo.
La esperanza del hogar
Los días de Pacheco y Chaclán transcurren en una construcción de cuatro paredes y una puerta de metal. Sus camas y una mesa, lo necesario para vivir encerrado.
Este lugar, que los ha visto meditar, leer y conversar desde hace ya un año, está marcado por la presencia de sus hijos. En una pared cuelgan los garabatos hechos por la hija menor de Pacheco, de tres años.
Los acompaña el dibujo de un corazón sonriente bajo la lluvia, dibujado por su hija mayor, de 10 años. Cuando lo pintó «me dijo: “Significa que mi corazón está alegre, pero yo estoy triste”», recuerda Pacheco.
Al lado se encuentra otro dibujo de un amanecer, también realizado por su hija mayor. «Porque espero que algún día salga el sol y salgas de aquí», le dijo.
Durante las visitas, los hijos de Pacheco —entre los tres y los 10 años— suelen entretenerse pintando o dibujando. En una de ellas, la mayor mojó sus manos con pintura y las estampó en una de las paredes. «Cuando estés triste, poné tus manos y me vas a sentir aquí».
Esas siluetas ahora están acompañadas por otras decenas. Sus familiares y otras «personas solidarias» que los visitan —entre ellas embajadores— han dejado aquí, con pintura, las huellas de sus manos.
En lo alto de la pared también cuelga un estandarte con el Cristo Nazareno de Salcajá, un regalo que Pacheco recibió de su madre.
«Muchos han querido vernos entre barrotes, como mártires», dice Chaclán, sentado frente a la única mesa del espacio, con Pacheco al lado.
«Pero más que decir que soy inocente, ellos deberán demostrar que soy culpable», agrega con seguridad.
Lo que ocurrió hace un año
Los líderes indígenas fueron capturados el 23 de abril de 2025 en Casa San Benito, una casa de huéspedes, ubicada en la zona 1 de Ciudad de Guatemala. En ese momento, Pacheco era el viceministro de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Energía y Minas (MEM). Chaclán brindaba servicios técnicos para dicha institución.
La denuncia que originó su captura la presentó la Fundación Contra el Terrorismo (FCT) en octubre de 2023. Esta organización ha actuado como querellante adhesiva en este proceso y en decenas de otros contra operadores de justicia y defensores de derechos humanos.
«El paro tocó a ese grupito que siempre ha querido gobernar: el Pacto de Corruptos. La fiscal general (Consuelo Porras) quería lograr un golpe de Estado», indica Chaclán.
Ambos fueron acusados por los delitos de asociación ilícita, instigación a delinquir, terrorismo, obstaculización a la acción penal y obstrucción de justicia.
El juez los ligó a proceso por terrorismo y obstaculización a la acción penal, pero una resolución de la Sala Cuarta de Apelaciones también autorizó que sean investigados por asociación ilícita.
Con sus capturas, «querían crear temor a la población para que no se manifestara. Principalmente, a los 48 Cantones y los siete pueblos que lideraron el Paro Nacional», indica Pacheco.
Litigio malicioso
En lo que va de 2026, Pacheco y Chaclán no han salido de prisión. Ni siquiera a sus audiencias. Su caso se encuentra entrampado en la etapa intermedia en el sistema judicial.
La FCT ha desarrollado lo que en Derecho se llama litigo malicioso, basado en recusar al juez a cargo y, así, hacer que la sala de apelaciones cambie el caso de juzgado. En este tiempo ha pasado por cuatro jueces.
El 10 de febrero de 2026, la Sala Tercera de Apelaciones lo trasladó al Juzgado Séptimo de Sentencia Penal, presidido por el juez Freddy Orellana.
Orellana ha sido sancionado por la Unión Europea e incluido en la lista de actores antidemocráticos del gobierno de los Estados Unidos durante la administración de Joe Biden.
Es el juez que ordenó la cancelación del partido Movimiento Semilla, envió a juicio al periodista Jose Rubén Zamora y emitió las órdenes de captura de los exfiscales Virginia Laparra y Juan Francisco Sandoval, entre otros.
«La FCT dice que vela por el orden y el derecho. Pero, ¿en qué momento? Si solo están detrás de defensores de los derechos humanos», cuestiona Pacheco.
Zamora, después de salir de prisión, solicitó la cancelación de la FCT al Registro de las Personas Jurídicas (Repeju). Acusó a la entidad de perseguir a periodistas y defensores de derechos humanos y no cumplir con su misión.
La solicitud fue rechazada por el Repeju que argumentó que las reformas a la ley de ONG que citó el periodista no aplican a la organización, pues fue creada antes de su emisión.
El ataque a los pueblos indígenas
La criminalización de los pueblos indígenas en Guatemala no es algo nuevo. «Se ha venido dando desde hace 200 años, pero no lo han querido ver», señala Chaclán.
Como ellos —y antes de ellos— otras personas indígenas han sido detenidas, criminalizadas e incluso asesinadas por defender el ambiente y el territorio.
«Pelear por las tierras, la naturaleza y nuestra vida es inherente a los pueblos indígenas. No nos oponemos al desarrollo, pero respetamos a la naturaleza y la creación de Dios», agrega Pacheco.
«Se trata de dialogar y buscar el bien común», añade.
A criterio de los líderes, el proceso judicial en su contra demuestra el desconocimiento de las autoridades judiciales sobre los pueblos indígenas y sus procesos de participación y representación.
Aseguran que ellos dos, al igual que las otras autoridades ancestrales, no actuaron solos durante el Paro Nacional de 2023. Lo hicieron como representantes designados y respaldados por sus pueblos.
Los 48 Cantones de Totonicapán tienen más de 200 años de existir. Para conformar la Junta Directiva, sus miembros deben dejar todo, pues «es un trabajo de tiempo completo».
«Ser autoridad es un servicio y obligación moral. Es algo de orgullo, es una única vez en la vida», indica Pacheco.
Muestran preocupación por el impacto que una sentencia condenatoria podría tener para los pueblos indígenas: «Abriría la oportunidad para desarticular la organización», dice Pacheco.
Aunque ambos consideran que su caso fue un ataque a los pueblos indígenas, reconocen que la lucha colectiva no se ha detenido.
«Lo que pase con nosotros no significa que los pueblos indígenas vayan a callar», sentencia Chaclán.
«Para defender la dignidad se requiere de mucha fuerza», añade Pacheco. Fortaleza es lo que el expresidente envía a la nueva Junta Directiva de los 48 Cantones de Totonicapán: «No se detengan, sigan así», les anima.
Difícil medir el apoyo del gobierno
Para Luis Pacheco, es difícil decir que no ha obtenido apoyo del gobierno del presidente Bernardo Arévalo. Arévalo pudo tomar posesión después de los 106 días de resistencia de 2023; debido a que sectores pro impunidad, liderados por el MP y los partidos políticos de oposición, crearon una narrativa y criminalizaron a diversos sectores asegurando que hubo un fraude electoral sin tener pruebas.
«El gobierno no nos está acusando», concede Pacheco, que reconoce que el sistema de justicia es el obstáculo. Pero, «como gobierno, hubiera buscado las herramientas políticas para sacarnos de esta situación», agrega.
Si tuviera que medirlo, «diría que han hecho un 10 % de lo que podrían».
«He visto como personas con delitos han salido, gente que ha robado millones, pero siempre (han salido) con corrupción», indica.
El eje de sus vidas: sus familias
Los dos hijos de Chaclán y los cuatro de Pacheco visitan a sus padres con regularidad. Lo hacen en compañía de sus madres y, a veces, de otros familiares, como sus tíos.
Sus familias han sido vitales para este proceso. Sus visitas y la creencia firme en su inocencia los mantienen fortalecidos. «Se sienten tristes, pero no débiles porque saben que somos inocentes», dice Pacheco.
«Causa impotencia que los jueces y magistrados saben que están haciendo algo mal y no les importa. (Las familias) sienten impotencia e indignación, pero no temor», agrega.
A Chaclán le pesa y le duele que sus hijos, jóvenes de 23 y 21 años, deban viajar desde Totonicapán para visitarlo. Al hacerlo asumen gastos y riesgos, lamenta.
«A su llegada me siento bien, pero la despedida es difícil porque se van “con las manos vacías”», señala.
Amistad que se fortalece
Sonrientes, ambos aseguran que están «más fortalecidos», aunque reconocen que la rutina es complicada.
Recuerdan que ya eran amigos desde que estaban en la Junta Directiva de los 48 Cantones, pero en prisión se han unido más. Aseguran que todo es más fácil por la confianza mutua.
«Oramos juntos. No somos de la misma religión (Pacheco es católico y Chaclán evangélico), pero le pedimos al mismo ser supremo», dice Chaclán, que agrega: «Dios es el bastión que nos mantiene».
Pero tener a un amigo a la par no garantiza su seguridad. Pacheco no se confía. Duerme mal. «Uno tiene que estar alerta, esto es la cárcel y aquí no se sabe… Se escuchan casos complicados acá adentro».
El espacio donde están recluidos está aislado por una malla. La puerta de metal que permite el ingreso es custodiada por tres guardias.
Pero no están solos. Fueron los únicos en esta área por casi seis meses. Ahora, hay 25 personas más en las celdas contiguas. Son los guardias procesados por la fuga de 20 reos del Barrio 18 de la cárcel Fraijanes II.
«Hay conteo de reos en las mañanas, otras veces en las tardes o en las noches», explica Pacheco.
Ambos toman precauciones, pero tratan de que esto no les quite la paz.
«La cárcel es tiempo para formarse o corromperse», dice Pacheco. Ambos buscan sus momentos para la lectura y meditación. Juntos se entretienen jugando cartas, damas o ajedrez.
Pacheco también aprovecha el día haciendo ejercicio. Chaclán, por su parte, amplía su conocimiento en filosofía e historia. Cuando conversa sobre la Biblia, sus ojos brillan.
«La amistad a veces es más fuerte que la muerte, porque se transmiten energías», explica Chaclán.
Los exdirigentes confían en que pronto saldrán de prisión. «Él me dice: “Mire, mano, cuando esto termine cada uno seguirá con su camino y nos encontraremos y diremos: ¿Se acuerda de cuando estuvimos presos?”», recuerda Chaclán, mientras ambos sonríen.
La esperanza no desaparece
Pacheco describe a la democracia como «un niño que se debe cuidar». «Es muy delicada, en un país lleno de corrupción».
Ambos consideran que está en proceso de recuperación, como consecuencia del movimiento de 2023. Lo demuestra el interés y la presión de la población en las elecciones de segundo grado y de rector de la Universidad de San Carlos.
«La gente se ha interesado y se ha manifestado gracias a la presión que hemos mantenido. En cualquier momento esto va a reventar, va a haber manifestaciones», predice Chaclán.
El extesorero también ve con esperanza el nombramiento de un nuevo fiscal general. Es hora, dice, de que esta institución trabaje en favor del pueblo.
«El MP debería desestimar muchos casos. Que haga el trabajo que se le encomienda», pide.
Consideran que la organización ahora es mayor porque las nuevas generaciones se dan cuenta de lo que ocurre.
Estar en prisión no les ha mermado las ganas de seguir aportando. Contundentemente aseguran que seguirán contribuyendo al país.
—¿Volverían a liderar el Paro Nacional, sabiendo las consecuencias que vendrían?
—Claro que sí —responde Chaclán, sin dudarlo—. Estar aquí no lo debilita a uno; al contrario, le da más fuerza.
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Conoce aquí los detalles del proceso judicial contra Luis Pacheco y Héctor Chaclán.
Redacción: Kristhal Figueroa y Christian Gutiérrez
Edición: Alex Maldonado
Ilustración: Óscar Donado





