Y sin embargo, se mueve
Los intocables
Por:


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo


Música: Mabe Fratti

Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí:


Voz de Juan José Gerardi «Años de terror y muerte han desplazado y reducido al miedo y al silencio a la mayoría de guatemaltecos. La verdad es la palabra primera, la acción seria y madura que nos posibilita romper ese ciclo de violencia y muerte, y abrirnos a un futuro de esperanza y luz para todos».

Narradora: El 24 de abril de 1998, en la catedral de Ciudad de Guatemala, el obispo Juan José Gerardi Conedera presentó el informe «Guatemala: nunca más». Fue un trabajo del proyecto interdiocesano de «Recuperación de la Memoria Histórica», conocido como Rehmi. Un trabajo liderado por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado. La ODHA.      

El Rehmi recopilaba testimonios de torturas, masacres, desapariciones, violencia sexual y ejecuciones que había vivido la población guatemalteca durante 36 años de guerra. La mayoría de los testimonios señalaron como responsables a las fuerzas de seguridad, militares o paramilitares del Estado.

Las heridas del conflicto armado interno continuaban abiertas. Apenas dos años antes, en 1996, se firmaron los Acuerdos de Paz. El Rehmi buscaba exponer la verdad y abrir paso a la justicia. Pero aquel futuro de esperanza y luz que avizoraba el obispo se interrumpiría atrozmente dos días más tarde.

Gerardi fue asesinado en la noche del 26 de abril de 1998. Su cuerpo fue hallado en el estacionamiento de la casa parroquial, ubicada en el parque San Sebastián, en la zona 1 de la ciudad de Guatemala. Su cabeza y su rostro fueron golpeados con un bloque de concreto, según se sabría después.

Fernando Penados: Fui por Ronalth y nos fuimos al parque San Sebastián. Ya había otras gentes, los bomberos y otras gentes ahí. Y cuando miramos, miramos a monseñor Gerardi allí lleno de sangre, con la cara desfigurada.

Narradora: Él es Fernando Penados Bethancourt, sobrino del arzobispo Próspero Penados. En 1998, Fernando tenía 28 años, trabajaba como profesor en el área de humanística de la recién creada Policía Nacional Civil.

Era un niño cuando conoció a Gerardi. Durante su adolescencia, había vivido con su tío y con Gerardi en la casa parroquial de San Sebastián. Ahí mismo, en el lugar del crimen. Y al terminar el colegio, empezó a colaborar en la ODHA. Luego tomó cursos de investigación criminal. En 1996, trabajó un año en el Ministerio Público, en el cargo de subdirector de investigaciones, pero renunció por la corrupción que vio adentro. 

El Ronalth del que habla Fernando es Ronalth Ochaeta Argueta, que entonces era director de la ODHA. Esa noche, el papá de Fernando, Julio Penados, llamó por teléfono a Ronalth para avisarle de que habían matado a Gerardi. Luego despertó a su hijo para darle la noticia. Fernando se vistió y condujo en auto hacia la casa de Ronalth. Alrededor de la una de la madrugada, llegaron a la casa parroquial. Habían pasado unas horas desde del asesinato.

Fernando Penados: Yo cuando entré en la escena del crimen, como se dice ahora, me cambió el chip. O sea, lo que estaba viendo era una escena del crimen. No con el que acababa de almorzar, no con el que viajé a Europa, no con el que me enseñó, no con el que me abrió los ojos, no con el que me formó, el que me enseñó otra Guatemala. O sea, ahí era otra lógica, como que uno se bloquea, me concentré en lo que sabía y lo vi como una escena del crimen. En esos primeros meses fue así. Ya todos estos años que han seguido, llorando todo el tiempo. El mes de abril es súper complicado para muchos de nosotros.

Narradora: Esa madrugada, Fernando, Ronalth y Edgar Gutiérrez Girón, que era el coordinador del Rehmi, decidieron que la ODHA debía hacer una investigación. No confiaban en el Ministerio Público. Armaron un equipo y empezaron a trabajar para indagar un crimen que involucraría a militares del Estado Mayor Presidencial.

El periodista Francisco Goldman bautizó al grupo de jóvenes como «los intocables» en una publicación de la revista The New Yorker. Años más tarde, en 2007, Goldman publicó el libro El arte del asesinato político: ¿Quién mató al obispo?. Según explica en su libro, el apodo de «los intocables» evocaba el espíritu joven de aventura del grupo y también cierta ironía en sus ambiciones.

Soy Angélica Medinilla, periodista de Ocote y estás escuchando el segundo episodio del especial «Y sin embargo, se mueve». Un proyecto de Radio Ocote Podcast que intenta mostrar cómo, a pesar de la oscuridad y del miedo, siempre hay personas que no callan, que protestan, se aferran a la esperanza… y se mueven.

Narradora: Esa misma madrugada, Fernando empezó a indagar. Entrevistó a testigos, buscó pistas… Un excompañero fiscal que llegó a la escena del crimen le dio información que tenía el Ministerio Público.

El equipo de la ODHA no confiaba en la independencia de la Fiscalía. El fiscal general era Héctor Hugo Pérez Aguilera, quien es el actual presidente de la Corte de Constitucionalidad. En 2013, Pérez Aguilera fue uno de los magistrados que votaría a favor de anular la sentencia por genocidio contra el expresidente de facto, José Efraín Ríos Montt.

Los investigadores también veían poca apertura del gobierno de Álvaro Arzú para investigar crímenes cometidos por el Estado.

En 1997, la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala había expresado su preocupación por el incumplimiento del Estado para investigar, procesar y sancionar a los responsables de violaciones a los derechos humanos. Recordemos que hacía solo un año se había firmado la paz en Guatemala.

Además, Arzú no había eliminado el Estado Mayor Presidencial, donde funcionaba una unidad clandestina militar que había coordinado escuadrones de la muerte durante la guerra. Las estructuras militares continuaban en el poder.

En la ODHA no tenían presupuesto para contratar a especialistas en investigación criminal. Así que le encargaron a Fernando la tarea de organizar un equipo de investigadores independientes, con personas de confianza y que no cedieran a las presiones externas.

Fernando llamó a Arturo Rodas, un amigo suyo de la infancia, que se dedicaba a la administración de empresas. También convocó a dos estudiantes universitarios, que habían colaborado en el Rehmi y en la ODHA: Rodrigo Salvadó y Arturo Aguilar.

Mientras tanto, Ronalth Ochaeta y Edgar Gutiérrez buscaban apoyo y se preparaban para anunciar oficialmente la noticia.

Edgar Gutiérrez: Esa madrugada nos fuimos a buscar un médico forense alternativo, porque para nada confiábamos en el Ministerio Público ni las autoridades. Como alrededor de las cuatro o cinco de la mañana, ya como cuando comenzaba a despuntar el día, con Ronalth nos fuimos a la Oficina del Arzobispado. Ahí comencé a redactar un comunicado, que fue el comunicado que se dio a conocer esa misma mañana.

Narradora: Edgar Gutiérrez es economista y hoy dirige la Fundación Derechos Económicos, Sociales y Culturales para América Latina. Conoció a Gerardi en 1990, desde la creación de la ODHA. Esta oficina había nacido por sugerencia del Papa Juan Pablo II, para que la iglesia fuera una abogada del pueblo. Para que acompañara procesos legales por violaciones a los derechos humanos. En esa época, uno de los casos que llevaba la ODHA era el de Myrna Mack, una antropóloga asesinada por el Estado Mayor Presidencial. Helen Mack, hermana de Myrna, que había emprendido la investigación y búsqueda de justicia, desarrolló una relación cercana con Gerardi. Después del homicidio, Helen acompañó y asesoró al equipo de la ODHA. 

En 1998, Edgar Gutiérrez tenía 35 años, trabajaba muy de cerca con el obispo en la coordinación del proyecto Rehmi.

Edgar Gutiérrez: Por mi mente pasaba como una película a toda velocidad, que no lograba yo entender qué había pasado y qué iba a pasar con la gente que nos estaba esperando para la última etapa del proyecto.

Narradora: Ese lunes, Guatemala despertó con la noticia del asesinato de Gerardi.

En la puerta de la sede de la ODHA pendía una enorme moña negra. Los diarios y noticieros de la radio y la televisión reportaban el hecho. Fernando recuerda cómo corrió la desinformación.

Fernando Penados: Empezaron a sonar las vocecitas típicas cuando es un crimen de Estado: que fue un asalto, que fue un tema homosexual, que fue típico de todos los casos donde son crímenes políticos, donde el Estado es el responsable. Siempre está toda esa campaña mediática donde tratan de confundir a la gente.

Narradora: El martes 29 de abril de 1998, el cuerpo de Gerardi fue velado y enterrado en las criptas de la catedral metropolitana. 

Esa noche se realizó una marcha masiva, en repudio del asesinato. Prensa Libre reportó que alrededor de 20 mil personas caminaron desde la catedral hacia la parroquia de San Sebastián. Vestían de negro, portaban velas encendidas y claveles rojos. Algunas llevaban pancartas.

«Monseñor vive con su pueblo. La sangre de Monseñor clama justicia y anima nuestro caminar», se leía en un cartel.

Edgar Gutiérrez: La gente se preguntaba: bueno, si eso hicieron con un obispo de la iglesia católica, que era nuestra cabeza, ¿qué va a pasar con nosotros que estamos acá desamparados? Fueron semanas y meses muy duros.

Narradora: Edgar sentía que el legado de Gerardi corría peligro. El trabajo del obispo para la recuperación de la memoria, el Rehmi, no estaba a salvo. El miedo y la incertidumbre se apoderaban del equipo, así que él se enfocó en garantizar la seguridad de los colaboradores de la ODHA y en proteger los testimonios del Rehmi. 

Edgar Gutiérrez: Básicamente mi prioridad era la seguridad de los animadores de la reconciliación, de los coordinadores diocesanos, resguardar todos los testimonios. Consideré que no estaban a salvo en Catedral, que en cualquier momento podían, no allanar, pero sí asaltar y sustraer todo esto. Entonces lo que hice fue meter todo en cajas embaladas. Una noche las llevé a la Nunciatura Apostólica, que, por condición diplomática, por ser sede diplomática era un territorio inviolable, era la Santa Sede. Ahí permaneció todo ese material durante años. Por lo menos yo tenía la tranquilidad de que ahí iban a estar a salvo.

Narradora: Después del sepelio, los cuatro jóvenes del recién conformado grupo de investigación independiente se reunieron en la oficina de la ODHA. La mañana del 30 de abril de 1998, el calor del verano sofocaba dentro del reducido espacio de unos cuatro metros cuadrados.

En un pizarrón escribieron toda la información que tenían hasta el momento. Colgaron en la pared papeles con cinta adhesiva y tachuelas, resaltaron las pistas que habían llegado por cartas o llamadas y los nombres de personas que debían entrevistar. Poco a poco llenaron la oficina con pilas de documentos y microcasettes con todas las entrevistas que habían grabado.

Fernando Penados: Ese era nuestro centro de operaciones. De ahí salíamos para todos lados, ya era si teníamos que ir a entrevistar algún reo, a algún centro carcelario o ya sea si tenemos que ir a buscar a alguien. Entonces en lo que teníamos esa dinámica, tuvimos un jeepito Suzuki Samurai. Pero Arturo era un poco más ancho, Rodrigo era más delgado y ahí íbamos los cuatro, parecíamos como cinco elefantes en un Volkswagen.

Narradora: En las siguientes semanas, los periodistas empezaron a buscar al grupo de investigadores de la ODHA para entrevistarlos. Incluso medios extranjeros mandaron a corresponsales para reportar sobre el asesinato del obispo.

Francisco Goldman, periodista de la revista The New Yorker, insistió en hablar con Fernando. Pero ellos no confiaban en la prensa. Pasaron dos semanas, hasta que Fernando aceptó conversar con Goldman. El periodista estadounidense, de madre guatemalteca, se ganó su confianza y no tardó en acompañarlos a algunas diligencias de la investigación.

Fernando Penados: Y de repente sacó el artículo en The New Yorker. Entonces nos puso «los intocables». Nosotros estábamos en nuestro rollo, pero fue él que nos puso así en el artículo.

Narradora: Goldman describe a los cuatro jóvenes en su artículo. Fernando era musculoso, usaba anteojos oscuros y llevaba corte de pelo militar. Arturo Rodas y Arturo Aguilar, dos enormes veinteañeros corpulentos. Rodas vestía con estilo conservador, tenía 26 años y antes trabajaba como administrador de empresas. Aguilar, que amaba la poesía y la filosofía, lucía un arete y ropa suelta a lo grunge. Rodrigo Salvadó, alto y delgado, llevaba el pelo negro y largo atado en una cola de caballo.

Rodrigo tenía 22 años, estudiaba antropología en la Universidad de San Carlos de Guatemala, la USAC. Arturo Aguilar, de 20 años, era un estudiante de derecho en la Universidad Rafael Landívar. Ambos vivían aún con sus padres. Rodrigo colaboraba en el proyecto del Rehmi y Arturo en el equipo legal de la ODHA.

Edgar Gutiérrez: Eran muchachos muy entusiastas, con una tremenda voluntad para trabajar y lo tomaron con mucha responsabilidad. A pesar de su juventud y falta de experiencia de algunos de ellos, lo hicieron. Al cabo, cuando uno hace el balance del trabajo, de manera muy profesional.

Narradora: Este grupo de jóvenes se enfrentaría a muchas presiones para dejar de investigar. El trabajo de «los intocables» sería clave para tratar de esclarecer el asesinato de Gerardi. Te cuento más después de la pausa.


Narradora: El equipo de «Los intocables» tenía pistas que conducían hacia dos sospechosos: el coronel retirado Byron Disraeli Lima Estrada, quien había sido comandante de la base militar en Chiquimula; y su hijo, el capitán Byron Lima Oliva, miembro del Estado Mayor Presidencial, que se encargaba de la seguridad presidencial.

La noche que mataron al obispo, un taxista se fijó en un auto sospechoso, estacionado frente a la iglesia. Un hombre con corte de pelo militar y el torso desnudo, estaba de pie junto al vehículo, hablando con el conductor. Ese taxista era Jorge Diego Méndez Perussina. Era un sobrino del general Roberto Perussina, antiguo ministro de Defensa. «Los intocables» lograron dar con él después de semanas de búsquedas. Más adelante, Méndez Perussina aceptaría presentar su declaración ante el fiscal Celvin Galindo.

El taxista ayudó a identificar la placa del vehículo. Rodrigo y Arturo Aguilar tramitaron una certificación y descubrieron que era un pick-up del Ministerio de la Defensa. Había pertenecido a la base militar de Chiquimula, cerrada en 1997.

Cuando localizaron la placa, los investigadores recibieron una llamada anónima, que les decía que investigaran a los Lima. Las pistas del equipo de la ODHA conducían al Ejército, a Byron Lima y a su hijo.

Fernando presentó estos indicios en una comisión que el entonces presidente Álvaro Arzú había creado para dar seguimiento a la investigación por el homicidio de Gerardi. Esta comisión estaba integrada por representantes de la ODHA y del gobierno.

Fernando Penados: De una vez nos dijeron ahí en el Palacio Nacional: Lima no fue. Y a Lima no se le puede investigar porque es de la seguridad del Presidente.

Narradora: A pesar de la advertencia del gobierno, «los intocables» no pararon de indagar. Siguieron el rastro de todas pistas y formularon varias hipótesis. Sistematizaron los hallazgos y filtraron la información falsa y la que no podían sustentar.

Los jóvenes sabían que enfrentaban riesgos por su trabajo. Los vigilaban y amenazaban. En las oficinas de la ODHA recibían llamadas de hombres que les gritaban amenazas de muerte para que dejaran de investigar.

Edgar Gutiérrez: Gente de la oficina sufrimos alguna vigilancia, algún tipo de acoso.

Narradora: Pero estaban comprometidos y convencidos de que su labor era necesaria para tratar de esclarecer el crimen.

Fernando Penados: Yo creo que fue la fuerza de nuestras convicciones, eso es lo que nos movía. Esa fuerza, o sea, no importaba. No importaba. Tampoco pretendíamos ser mártires, porque era lo que menos nos interesaba, imagínese, ni siquiera habíamos llegado a los 30. No pensábamos, queríamos vivir. Pero el compromiso y la fuerza de las ideas, eso fue lo que nos movió.  

Narradora: El 22 de julio de 1998, casi tres meses después del asesinato, setenta policías realizaron un operativo en la casa parroquial de San Sebastián.

El sacerdote Mario Orantes, quien vivía con Gerardi y quien había dado aviso del crimen, fue detenido ese día. Lo señalaron de asesinato. En el operativo también capturaron a la cocinera de la parroquia, Margarita López. Ella era señalada de encubrimiento por haber lavado la escena del crimen, siguiendo las órdenes del padre Mario. Ese día, los policías se llevaron a Balú, el perro de Mario Orantes. Un pastor alemán enfermo que apenas podía caminar.

La hipótesis del Ministerio Público, respaldada por un antropólogo forense, era que el perro había atacado a Gerardi por instrucción del padre Mario. Pero esto se desmentiría con una segunda autopsia solicitada por la ODHA, que era querellante en el proceso judicial. El cuerpo de Gerardi no tenía lesiones por mordeduras. Mario y Margarita salieron de prisión por falta de pruebas.

Edgar Gutiérrez: Veíamos actos que tendían al encubrimiento de los autores verdaderos. O sea, no seguían las pistas que les dábamos. Crearon una serie de hipótesis que desviaban la investigación.

Narradora: Mientras «los intocables» avanzaban en la investigación del homicidio, el equipo de la ODHA continuaba con su labor. Tenían el compromiso de seguir el trabajo que había empezado Gerardi.

Edgar Gutiérrez: Yo andaba trabajando en piloto automático. Como a los tres meses de que mataron a Gerardi, yo pasé frente a la Catedral, iba rumbo a mi casa. Y cuando llegué a la casa, me tumbé en el piso de mi habitación y me puse a llorar como niño. Pasé no sé cuánto tiempo ahí tirado llorando, llorando, o sea, ese fue el momento en el que ya pude desahogar algo, verdad, del dolor. Y nada, de ahí seguí y ahí seguía adelante. Ahora que lo veo en perspectiva, digo: ¿cómo no busqué ayuda psicosocial? pero no, no tenía ni siquiera tiempo para respirar o para comer.

Narradora: Edgarestaba exhausto, había bajado de peso y se sentía enfermo. Así que dejó la coordinación del Rehmi a finales de 1998. Se unió a la redacción de elPeriódico como editor del área de seguridad y justicia. Él ya escribía columnas de opinión en ese diario, desde su fundación en 1996.

Hacemos un salto al presente. 2023. Tras 27 años de periodismo de investigación y profundidad, el 15 de mayo de este año, elPeriódico cerró. Al momento de la producción de este episodio, su fundador y presidente, José Rubén Zamora, acababa de ser condenado a seis años por lavado de dinero, y lleva más de 10 meses en prisión. Tiene otros dos procesos abiertos en su contra.

La prensa y organizaciones internacionales señalan que se trata de una persecución política, que se demuestra en la falta de pruebas y en la negación del derecho a la defensa de Zamora.

Además, el Ministerio Público también anunció que investiga penalmente a nueve  periodistas y columnistas que trabajaron en elPeriódico. Los señala de obstruir a la justicia con las noticias y columnas que publicaron sobre el caso contra Zamora. De nuevo, organizaciones nacionales e internacionales alertan de que esto se trata de un ataque a la libertad de expresión.

Edgar es uno de los columnistas investigados por el Ministerio Público.

Edgar Gutiérrez: Otro símbolo de retroceso, de regresión de libertades democráticas en el país, doloroso para la sociedad perder una voz crítica, doloroso personalmente también porque cuando iban a formar elPeriódico, José Rubén me llamó, justamente yo estaba en el Rehmi, para invitarme a escribir. Yo había sido columnista desde 1990 en Siglo 21, cuando estaba José Rubén también allí. Pues me invitó a participar en el proyecto, ahí estuve desde el primer día y hasta el último, este 15 de mayo.

Narradora: Fernando y Arturo Rodas salieron de la ODHA en 1999. Fernando explica que no había presupuesto para pagar sus salarios, así que el equipo de «los intocables» se redujo a dos. Los más jóvenes integrantes del equipo, Arturo Aguilar y Rodrigo Salvadó, continuaron con la investigación. Buscaron apoyo en el equipo legal de la ODHA.

Mynor Melgar: Lo que recuerdo es que eran, primero, muy jóvenes, demasiado jóvenes diría yo, para el tamaño de responsabilidad. Pero era muy bueno, porque el hecho de que fueran tan jóvenes los hacía muy valientes y a veces temerarios. Quizá a esa edad uno no dimensiona tanto los riesgos o tal vez no le pone tanta atención.

Narradora: Escuchas a Mynor Melgar, abogado de la ODHA. Llegó al equipo legal unos meses antes del asesinato de Gerardi. En 1998, a sus 34 años, ya tenía una reconocida trayectoria. Había trabajado como fiscal del Ministerio Público, y estuvo a cargo del caso por el asesinato de Myrna Mack.

La investigación de Fernando, Rodrigo, Arturo Aguilar y Arturo Rodas permitió localizar a testigos y conseguir pruebas para sustentar que el asesinato del obispo se trataba de un crimen de Estado.

Seis días después de que Álvaro Arzú terminara su mandato presidencial, el 20 de enero del 2000, la policía capturó a tres militares por el homicidio de Gerardi. El coronel Byron Lima Estrada, su hijo, Byron Lima Oliva, y el especialista del Ejército, Obdulio Villanueva.

El padre Mario Orantes y la cocinera de la parroquia, Margarita, volvieron a ser detenidos. Mynor Melgar lideró el equipo de abogados de la ODHA, querellante en el proceso judicial que se realizó en 2001.

Mynor Melgar: En aquel momento para nosotros también conllevaba algún tipo de riesgos, pero lo hacíamos con la convicción de que era nuestro aporte para hacer un país diferente. Indudablemente lo haríamos de nuevo, las veces que fuera necesario, y porque en aquel momento era necesario y estábamos comprometidos con ello. Y seguimos creyendo que es importante el involucramiento de todos en las causas justas.

Narradora: El 7 de junio de 2001, un tribunal condenó a los tres militares a 30 años de prisión. El juez José Eduardo Cojulún, junto a las juezas vocales Yassmin Barrios y Amanda Guzmán, determinaron que los Lima y que Villanueva fueron coautores de la ejecución extrajudicial del obispo.

Durante el juicio se demostró que Lima Estrada había contratado a un informante para vigilar los movimientos del obispo Gerardi, participó en la planificación del asesinato y fue visto en cercanías a la casa parroquial a la hora del asesinato. Su hijo, Lima Oliva y Obdulio Villanueva, miembros de la seguridad presidencial, participaron en la ejecución del plan para asesinar a Gerardi. Ellos movieron el cuerpo y alteraron la escena del crimen.

Orantes recibió una pena de 20 años por ejecución extrajudicial en grado de complicidad. Se concluyó que había sido cómplice porque tenía conocimiento del homicidio y no avisó a las autoridades en ese momento. La cocinera Margarita fue absuelta de los cargos por encubrimiento.

La resolución del tribunal ordenó al Ministerio Público continuar la persecución en contra de los autores materiales y también investigar a trece personas más. Entre ellas, el coronel Rudy Vinicio Pozuelos Alegría, quien era jefe del Estado Mayor Presidencial en 1998.

Narradora: Hoy, 25 años después del asesinato de Gerardi, el caso se encuentra estancado.

Mynor Melgar: Los avances han sido insuficientes, por no decir que mínimos o inexistentes en todos estos años.

Narradora: No se ha capturado ni juzgado a otros responsables del crimen.

Fernando Penados: Aunque fue hace 25 años, la muerte de Gerardi también eso quería causar. ‘No se metan, muchá, hombre. Ahí, tranquilitos’. Los que estuvieron en la CICIG, los mensajes ‘No se metan, déjenlos’. Por eso es que andan huyendo todos, periodistas, jueces, fiscales. Estos gobiernos se han encargado mucho de desarticular.

Narradora: Tres de «los intocables» siguieron su camino en el área de la investigación criminal y la defensa de los derechos humanos. Fernando Penados trabajó en la Secretaría de Análisis Estratégicos junto a Edgar Gutiérrez en el gobierno de Alfonso Portillo. También fue asesor en la comisión para la reforma policial, en la gestión presidencial de Otto Pérez Molina. Es consultor independiente en temas de seguridad y derechos humanos.

Arturo Aguilar fue asesor de la exfiscal general Claudia Paz y Paz y de la CICIG. Ahora lidera un programa para Centroamérica de la Rockefeller Brothers Fund. Rodrigo Salvadó trabajó en la Procuraduría de Derechos Humanos con el exprocurador Jordán Rodas. En la actualidad es coordinador de un programa en el Bufete de Derechos Humanos.

Mynor Melgar volvió al Ministerio Público, bajo la administración del fiscal general José Amílcar Velásquez Zárate. Durante el periodo de la fiscal general Claudia Paz y Paz, se desempeñó como secretario general. En 2018 regresó a la ODHA.

Mynor Melgar: Volvemos acá con la misma convicción y con la misma esperanza de poder aportar en lo poco que sabemos, que es la investigación criminal, en un contexto diferente. En un contexto en el que como en aquel entonces que asesinaban, perseguían torturaban, ahora lo hacen, pero de una manera más sutil, elaborando casos falsos y criminalizando a la gente por su forma de pensar.

Narradora: En este contexto adverso, la investigación y el periodismo son pilares para enfrentar la represión.

Edgar Gutiérrez: Con las limitaciones que impone la regresión democrática en el país, creo que es un deber seguir informando, seguir investigando para impedir que se normalice la corrupción y la impunidad en el país.

Narradora: A pesar de todo, la esperanza se mantiene.

Fernando Penados: Siempre no se pierde la esperanza, ya que yo creo que hay que ser necios. Yo creo que eso es fundamental, y cueste lo que cueste.

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Narradora: El guion y las entrevistas de este episodio las hice yo, Angélica Medinilla. La edición es de Carmen Quintela. La música es de Mabe Fratti. Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical con la asistencia de José Manuel Lemus. La ilustración de portada es de Oscar Donado.

Ixmucané Us es coordinadora de comunidad y audiencias de Ocote. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora de Ocote.

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