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  «Tienes un demonio adentro»

En 1990 la OMS eliminó la homosexualidad de la lista de trastornos mentales. Casi 30 años después, hizo lo mismo con el «trastorno de identidad de género». Esto evidencia que tanto la orientación sexual como la identidad de género no requieren de «curas». Sin embargo, en Guatemala aún existen esfuerzos por corregir la identidad de las personas. Algunas iglesias o incluso personas que se definen como profesionales de la salud mental llevan a cabo las mal llamadas terapias de conversión. En este episodio de Radio Ocote Podcast conoceremos a «Daniel» y a Jeffrey, dos hombres gais que fueron sometidos a estos procesos en Guatemala.

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo: Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí: Narradora: En un cuarto, un …


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo:



Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí:


Narradora: En un cuarto, un niño y su prima juegan frente al espejo. Es una mañana de 2008, en una casa de la zona 5 de Ciudad de Guatemala.

Con cuidado, abren un nuevo juguete que encontraron en la casa. Una paleta de sombras de maquillaje. Los colores, brillantes, iluminan sus rostros. 

«Daniel»: Y me dijo: «Te maquillo» y yo decía: «Sí, sí, maquíllame» y me maquillaron y creo que era horrible el maquillaje que me hizo porque pues no tenía la experiencia.

Narradora: Durante un buen rato disfrutan de las pinturas y del juego que acaban de descubrir. Los colores y texturas de la paleta de maquillaje son algo nuevo para los dos. Verde, rosa, azul, morado… Primero en los párpados, después en los labios. 

Ríen, por las cosquillas de los pinceles en la piel y por los nervios antes de ver el resultado. Cuando se miran en el espejo, llegan las carcajadas. 

Con la emoción del momento, no escuchan que alguien camina hacia el cuarto.  

«Daniel»: Mi mamá entró y con la mirada que me hizo ese momento, fue como que la diversión y risa y un buen momento, se convirtió en todo lo contrario.

Narradora: La mirada de desapruebo y de decepción se clavó en los ojos del niño. Sin pensarlo dos veces su mamá lo agarró y lo llevó a otra habitación. Sacó unas toallas húmedas y comenzó a restregárselas por la cara para quitarle el maquillaje. Luego él se quedó en esa habitación, esperando a que su papá llegara.

«Daniel»: Me recuerdo que me quedé ahí toda la tarde. Eran tal vez como las dos y él llegó como a las ocho y yo estuve ahí encerrado en el cuarto con ese miedo de que me iba a decir, saber si me va a pegar o me va a gritar y pues no me pegó, qué bueno, que no me pegó, pero creo que las palabras si me marcaron mucho y me dijeron que era un niño desviado…

Narradora: Escuchas a quien entonces era ese niño, y que en este episodio vamos a llamar Daniel. Daniel, que ahora tiene 20 años, prefiere que no digamos su nombre real y que modifiquemos su voz, porque después de esa conversación con su papá, comenzó un proceso terrible para él.

Soy María Olga Domínguez Ogaldes, periodista de Ocote y en este episodio de Radio Ocote Podcast te cuento la historia de Daniel. Una historia que han vivido muchas de las personas que en algún momento, durante su infancia y adolescencia, se hicieron las mismas preguntas ¿Hay algo malo en mí? ¿Debo cambiar? ¿Tengo un demonio dentro?

***

Narradora: Daniel creció con todas estas dudas, que se sembraron muy dentro y lo hacían cuestionarse sus gustos, sus formas de caminar y hasta la música que escuchaba.

«Daniel»: Toda mi infancia creí que era un niño desviado y por eso tenían miedo de mostrarse realmente cómo era. Entonces en el colegio, también cuando quería jugar, porque siempre he tenido más amigas que amigos, entonces, cuando intenté como hacer más amigos varones empecé a sentir el rechazo o empezar a sentir las burlas y también, no se, «Ay, es desviado», o es «rarito». Entonces, hasta cierto punto, llega a sentir que algo malo estaba pasando dentro de mí y pues que no era normal.

Narradora: Durante esos primeros años encontró refugio en el arte, especialmente en la música.

«Daniel»: Creo que me identifiqué mucho con la música así en general porque era una forma en la que yo podía liberar en ciertos sentimientos que estaba como reprimiendo cuando era muy pequeño o cosas que no hablaba con nadie. Quizá lo encontraba en alguna canción y me sentía identificado.

Narradora: Sus hermanos también fueron otro refugio para él.

«Daniel»: Porque son tres años más pequeños que yo y pues eran bebecitos, entonces como que eran los únicos que no me juzgaban o los únicos que no me miraban con malicia o que pensaban que algo había mal dentro de mí.

Narradora: Daniel se sentía observado y juzgado constantemente. A su mamá no le gustaba dejarlo mucho tiempo solo porque temía que volviera a hacer algo como el  juego del maquillaje con su prima. 

Después de ese día, de que lo regañaran y de que su papá lo llamara desviado, su tía pidió hablar con él y con su mamá.

«Daniel»: Entonces ese día no fui a estudiar, me recuerdo, porque íbamos a hablar con ella y, entonces, les dijo que yo estaba endemoniado y yo así de ¿estoy endemoniado?

Narradora: Endemoniado, así le dijo su tía. Una palabra que le causó terror y le hizo pensar en todas esas películas de miedo dónde aparecen imágenes que no le dejaban dormir. Daniel, con tan solo nueve años, comenzó a sentir pavor de él mismo.

«Daniel»: Entonces, para mí, sí fue muy traumante, y hasta cierto punto fue como apagando ciertas áreas de mi vida, me daba miedo como dibujar porque si dibujaba y se reflejaba el demonio, como que en teoría tenía dentro, entonces mejor no lo hacía. O me daba miedo caminar frente a mis papás, porque decían que caminaba como mujer y que eso estaba mal. Entonces, pues, me trataba de aislar mucho…

Narradora: Sus papás empezaron a presionarle para asistir a lo que en su iglesia evangélica llaman «ministración». Las ministraciones eran parecidas a una confesión con un sacerdote, pero ahí no había nada que los separara físicamente. Ahí Daniel debía hablar sobre sus pecados, leían la biblia y los pastores que lo acompañaban le podían aconsejar.

«Daniel»: Entonces, yo llegué con miedo. Una, porque no sabía qué decir. Dos, por si me iban a hacer algo muy feo adentro o se me iban a juzgar o si me van a decir palabras muy fuertes… Y entonces me acuerdo que lo primero que me dijeron fue como: «Mira, tú estás mal. Tú tienes un demonio adentro y estamos aquí para liberarte, para que dejes de ser esclavo de ese demonio». 

Narradora: Daniel siguió en este proceso en la iglesia durante varios años. La frecuencia de las ministraciones dependía de qué tanto los pastores de la iglesia y sus padres notaran cambios en las actitudes que él tenía, que definían como femeninas.

Daniel se sentía acusado y perseguido. A veces también se encontraba muy incómodo. La persona que hacía la ministración hablaba sobre temas de los que él jamás había escuchado, como el sexo entre hombres o la masturbación. Se dio cuenta poco a poco que para vivir tranquilo debía seguirles la corriente.

«Daniel»:: Y entonces, a las personas que me ministraban, a ese señor que me ministraban en especial, le decía como: «Si yo quiero cambiar necesito su ayuda, necesito que ore por mí». Entonces empecé a jugar con eso para sentirme hasta cierto punto bien y no tan mal y sentir que era yo el que tenía el control de la situación, cuando realmente no era así. Y pues me sentía tranquilo cuando miraba que bajaban las acusaciones, que el rechazo pues ya no estaba tan marcado. Entonces yo sentía que estaba haciendo las cosas bien y que la solución a ese problema era vivir una doble vida.

Narradora: Así, en paralelo, Daniel experimentó y exploró su personalidad, sus relaciones de amistad y también su orientación sexual. Aunque siempre iba acompañado de culpa y de miedo que lo fueran a descubrir.

Después de unos ocho años, cuando tenía 17, se hizo novio de un chico que también asistía a la iglesia. Su mamá ya lo sospechaba. Después de descubrir mensajes en su celular, decidió llevar a Daniel a otra ministración, y así evitar que siguieran juntos. Un día, ella le encontró un regalo que este chico le había dado a Daniel. Un frasco con estrellas de papel que decía «50 razones por las que eres alguien especial».

«Daniel»: Y otra vez empezó a pasar lo mismo. Me empezaron a ministrar y todo y empezaban las cosas muy intensas. Me acuerdo de que tuve que pintar mi cuarto porque pasaron sus manos con aceite y con vino como para hacer un círculo de protección y que el demonio no entrara y que yo estuviera aislado. Entonces las paredes eran azules y dejaron vino y aceite, con una mancha horrible y me sentía muy mal. Me empezaron a tirar ropa porque decían que era ropa como muy femenina. Y era ropa que quizá estaba nueva, que la había usado una vez dos veces. Recuerdo que tenía CD de música. Me los empezaron a tirar porque era música que fomentaba al demonio.

Narradora: Daniel ya estaba cansado de las ministraciones, de aparentar algo que no era, de vivir con miedo.

«Daniel»: Me dieron un mensaje como muy fuerte, y algo que no voy a olvidar nunca, creo yo, siempre está como ahí presente, y este pastor me dijo que yo estaba enfermo, pero que mi enfermedad no era física ni tangible, que mi enfermedad era espiritual, y que mi espíritu estaba muerto. Y que por lo tanto, si yo seguía así, yo iba a morirme terrenalmente y que mi alma se iba a ir al infierno, y que iba a vivir con el Anticristo ante la eternidad.

Narradora: En esa ministración le explicaron a Daniel que esta era su última oportunidad. Que si no quería seguir el proceso para curarse de esa supuesta enfermedad espiritual, iba a sufrir. Pero si aceptaba la cura, tendría que estar en la iglesia una buena parte de su tiempo. No iba poder compartir con amigos hombres y no tendría acceso a su celular ni a sus redes sociales.

Al regreso de la pausa, te cuento más sobre la decisión que tomó Daniel. 

***

«Daniel»: Me dieron un mensaje como muy fuerte, y algo que no voy a olvidar nunca, creo yo, siempre está como ahí presente, y este pastor me dijo que yo estaba enfermo, pero que mi enfermedad no era física ni tangible, que mi enfermedad era espiritual, y que mi espíritu estaba muerto. Y que por lo tanto, si yo seguía así, yo iba a morirme terrenalmente y que mi alma se iba a ir al infierno, y que iba a vivir con el Anticristo ante la eternidad.

Narradora: La tensión en ese salón de la iglesia se había intensificado. A Daniel le habían dado un ultimátum. Debía dejarse ayudar o si no, olvidarse de esa salvación que tanto le prometían.

«Daniel»: Entonces me dio mucho miedo y yo les dije que no, que no quería. Entonces me dijeron que estaba perdiendo la última oportunidad que Dios me dio, y que iba a sufrir. Entonces yo le decía que asumía el riesgo, y recuerdo que me paré y me salí.

Narradora: Lo que vivió Daniel durante todos esos años tiene muchos nombres. Él y su familia lo llamaban ministraciones, pero en otros lugares se les conoce como terapias de conversión. 

Este nombre no engloba todo lo que implican estos procesos, así que personas de sociedad civil y activistas por los derechos humanos comenzaron a nombrarlo como Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e identidad de género, y lo resumen en el acrónimo ECOSIG.

Estas prácticas aún suceden a pesar de que hace décadas que se demostró que las orientaciones sexuales e identidades de género no son algo que se pueda corregir. 

En 1973, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría retiró la homosexualidad de su Manual de diagnóstico de trastornos mentales, que es un referente universal. 

La validación internacional tardó casi 20 años en llegar. En1990 la Organización Mundial de la Salud erradicó la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Aun así, en Guatemala aún hay quien lo define como un trastorno. Un reportaje publicado en Plaza Pública evidenció cómo el Ministerio de Salud de Guatemala registró 312 diagnósticos de «trastornos de la preferencia sexual» y de «identidad de género» en los últimos diez años. 

Esto contradice las directrices internacionales y abre la puerta a validar las mal llamadas terapias de conversión.

Alejandro Villafuerte, psicólogo clínico, explica por qué esto no puede ni debe pasar. 

Alejandro Villafuerte: Fijate que no, la orientación sexual es parte de la personalidad, es un elemento de la personalidad, y cuando nosotros hablamos de la personalidad, esta no se puede cambiar. De hecho, cuando hay cambios notables en la personalidad, así que sean drásticos cambios, se consideran trastornos emocionales. Como la orientación sexual es parte de la personalidad esta no se puede corregir. 

Narradora: Estos esfuerzos de corrección tienen repercusiones emocionales y neuronales.

Alejandro Villafuerte: El trauma nosotros lo definimos como una herida a nivel cerebral. Entonces el trauma puede suceder en cualquier área, y el trauma, lo que hace es alterar la plasticidad cerebral, entonces sí hay daños. Por ejemplo, la depresión es un daño neurológico que se ocasiona porque hay ausencia de serotonina y dopamina, y esto va a generar que la persona caiga en depresión. Entonces sí, las terapias de conversión son un peligro incluso para el equilibrio neuronal.

Narradora: Los efectos también se dan a nivel social

Alejandro Villafuerte: Hay bajo rendimiento escolar y hay mucha deserción incluso, no por el tema del rechazo. Te genera mucha culpa porque como no hay nada que curar, si te das cuenta de que no estás avanzando y que por más que tengas una novia, si eres un hombre gay, siempre va a haber una tendencia a buscar quien tú eres, ¿no? Genera la culpa de decir «ni siquiera soy capaz de superar esto, soy un fracaso, una mala persona, no debí hacerlo…»,

Narradora: Esa culpa es la que sintió Jeffrey Flores. Jeffrey es un joven ingeniero de 25 años originario de la Ciudad de Guatemala. Cuando era niño asistió a una de estas terapias de conversión.

Jeffrey Flores: Las personas que pasamos por estos esfuerzos correctivos definitivamente aprendemos a menospreciarnos, a dudar de nosotros. Definitivamente sí, violenta la humanidad de las juventudes y arrebata procesos que deberías de pasar como a cierta edad… Te los te los arrebata, ¿sabés? Te los quita.

Narradora: Los discursos que Jeffrey escuchaba en su casa, en el colegio y en la iglesia siempre lo hacían creer que había algo malo en él, lo llenaban de culpa y de impotencia. Sus papás, los pastores de la iglesia y algunos compañeros de clase oraban por él.

Jeffrey Flores: El sentimiento y la intención era «Dios, aquí está Jeffrey, y está malo y está haciendo algo que está mal o se está dañando o está enfermo. Te pedimos, Dios, que por favor lo conviertas a un “no enfermo”». Ese es el discurso en general, ¿verdad? Y toma muchas formas, que de ahí permean tu vida, así como piensas. Ah, bueno, entonces yo estoy en la oscuridad. Entonces yo estoy perdido. Entonces yo estoy sucio. Yo estoy enfermo. O sea, todas esas oraciones realmente lo que hacen es que subconscientemente te están diciendo quién sos y en dónde estás parado.

Narradora: Jeffrey entendió esto a los 18 años. Al entrar a la universidad  encontró una nueva red de apoyo y comenzó a cuestionar todo aquello que le impusieron; su religión, sus pensamientos y sus creencias. 

Desde entonces y hasta ahora, siete años después, siguió otro camino. Aunque la culpa, a veces, regresa.

Jeffrey Flores: Me trae muchos recuerdos emocionales, por decir así, me hace sentir ese miedo, me paraliza muchas veces, y me hace pensar: «¿Será que al final de todo mi papá va a tener razón», ¿sabes? Y son vocecitas en mi cabeza que me atacan y que me hacen paralizarme, sabes, más que tambalearse.pero sí me hacen como me estremecen.

Narradora: Según las Naciones Unidas estos procesos de corrección  pueden equivaler a formas de tortura y deberían prohibirse. Por eso, en Latinoamérica hay leyes que impiden estas prácticas. Pero en Guatemala, por ahora, hay pocos avances.

Aldo Dávila, diputado elegido por el partido WINAQ, trabaja una iniciativa de ley para prohibir estas terapias. Lo hace con la organización Gente Positiva, de la que fue director.

Aldo Dávila: No podemos seguir permitiendo que se vulneren derechos humanos, no podemos seguir permitiendo la agresión física, a las violaciones. Entonces, esto tiene que quedar arreglar tiene que quedar legislado.

Narradora: Según Aldo Dávila, presentarán la iniciativa próximamente. La idea es que a través de la ley se puedan identificar estos esfuerzos correctivos, registrarlos, sistematizarlos y crear sanciones para quienes realicen estas prácticas.

La eliminación de los procesos de corrección avanza lentamente en Guatemala. Mientras, se desconoce cuántos niños, niñas, jóvenes y adultos, como Daniel o Jeffrey han pasado por este trauma. 

Ellos dos lograron liberarse de la tormentosa exigencia de negar lo que en realidad son. Con el tiempo encontraron a quienes los entendieron y aceptaron. Pero muchas personas lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersexuales, queer  no binarias son sometidas a esfuerzos de corrección de la orientación sexual o identidad de género, a pesar de que no tienen ningún demonio dentro. De que no existe nada que corregir, nada que curar.

***

El guion y las entrevistas de este episodio los hice yo, María Olga Domínguez Ogaldes. La edición es de Élmer Menjívar y Carmen Quintela. La música original es de Isaac Hernández, quien también realizó el montaje y la producción sonora y musical, con el apoyo de José Andrés Morales. 

Las ilustraciones son de Rosario Lucas. Ixmucané Us es la gestora de comunidad de Ocote y Magui Medina la coordinadora institucional. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

Este episodio contó con el apoyo financiero del Programa Actuando Juntas Jotay.

María Olga Domínguez Ogaldes

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