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“En un acto de amor propio y por mi libertad, decidí irme”

A partir de una serie de entrevistas, preparamos esta antología testimonial de Flor de María Gálvez, ex mandataria de la Cicig, que narra la intimidad de su exilio como resultado de su lucha contra la corrupción en Guatemala.

1. Salí de Guatemala en marzo de 2022, el día que a Virginia Laparra le dictaron prisión preventiva. Yo no quería salir, me resistía a salir. Pero hubo personas que …

Flor de María Gálvez

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1.

Salí de Guatemala en marzo de 2022, el día que a Virginia Laparra le dictaron prisión preventiva.

Yo no quería salir, me resistía a salir.

Pero hubo personas que me ayudaron y me dijeron que saliera.

Yo tenía un proyecto de vida.

Tenía un trabajo donde defendía a niñas de violencia sexual y trata. Yo estaba muy comprometida en este tema

Tenía proyectada mi vida profesional.

Todo eso se cayó.

A partir de ahí fue empezar a reconstruirme. No solo a nivel profesional, si no a nivel emocional.

Pienso un día a la vez.

Cuando a Virginia Laparra le dictan prisión preventiva, yo dije, no, no. Y en un acto de amor propio, decido salvaguardar mi libertad, y decido irme.

No pude despedirme de nadie. Únicamente una llamada de teléfono a mis papás. Y agarrar a mi perrito y una maleta pequeña y salir.

2.

Yo trabajé once años en la CICIG, desde que la crearon. Vi todos los procesos, no sólo penales sino a nivel interno, y me hicieron crecer como profesional y como persona.

Cuando terminó la CICIG en 2019, fue un proceso complicado porque nadie quería darnos trabajo. En particular a quienes habíamos estado como mandatarias y que dábamos la cara ante los juzgados y ante los procesos.

Siempre hubo ataques y amenazas, sin embargo no se había concretado nada en particular.

En febrero de 2022, cuando se gira la orden de aprehensión de Leily Santizo, que fue mi compañera, me llaman y me dicen, «mirá detuvieron a Leily, podés ir a defenderla» y yo pues, inmediatamente dije que sí. Y voy con Claudia González a defender a Leily y a Siomara Sosa.

No se supo esto porque todo estaba bajo reserva, pero en las audiencias, cuando íbamos con Leily y con Siomara, siempre me decían los de la Fundación Contra el Terrorismo «usted es la que sigue, usted es la que sigue».

No sabíamos cuándo pero ya sabíamos que iba a pasar.

3.

«Será que me regreso»,

«Será que no»,

«Tal vez me voy solo un tiempo y voy a poder regresar»

Y ese tiempo ya no se pudo concretar.

4.

Si lo que se pretendía era callarme, el salir me iba a dar más fuerza para no callar. Decidí seguir acompañando a mis compañeras y hablar.

Sigo apoyando como defensa desde acá a mis compañeras y compañeros. Apoyo analizando los expedientes, o bien haciendo memoriales o documentos que sean necesarios para presentar a Tribunales.

Al principio yo decía no, no quiero dejar a mis compañeras y mejor todas presas juntas. Pero así nadie va a poder defender a nadie, nadie va a poder exponer nada; entonces yo dije, no, yo también tengo que proteger mi libertad, porque puedo ayudar más desde afuera. Puedo ayudar más estando libre que estando en prisión.

5.

La maleta fue una cosa tan, tan yo. Ahora me río porque la hice sin ningún sentido. ¡Ay, no! No tenía ningún sentido mi maleta, metí ropa sin sentido, metí trajes, ¡para qué! Después cuando lo pensé para qué metí trajes. No metí ropa que tenía que haber metido.

Después pensé «no, para qué llevo tanto», entonces tuve que sacar cosas y dejar otras. No tenía ningún orden. Lo que sí hice fue agarrar todos mis documentos, digamos, por ejemplo mis títulos, los papeles de mi perro, documentos personales, USB, todo el tema electrónico. Llevaba también mis cuadernos donde hacía mis anotaciones. Agarré todo lo que yo pensaba que podía ser algo que podían llegar y registrar.

Porque días previos a irme, era bien complicado porque tenía que ir yo y todos los días a esconder mi computadora, mi teléfono, porque no sabía si iban a ir a allanar mi casa.

6.

Las cosas de mi casa no las pude empacar, entonces todo a videollamada con mi familia. Para que empacaran todas mis cosas, que las guardaran luego.

También los trámites bancarios o temas de mi vehículo, cuestiones administrativas que yo tenía que hacer digamos a nivel personal.

Tuve el apoyo de mi familia, y de algunos amigos y amigas cercanas que también sirvieron mucho de apoyo para poder realizar algunas cuestiones personales, digamos, respecto de mis cosas materiales y también con el tema del trabajo. También tuve que dejar el trabajo donde yo estaba, en los procesos de justicia de las niñas, que también para mí significaba mucho tener que dejarlas sin despedirme de ellas, que preguntaban por mí.

7.

A mí me gusta hacer ejercicio y me gusta hacer bicicleta de montaña. Hacía mucha bici y pues también tuve que vender mi bicicleta ¡y tenía una buena bicicleta! No por lo bueno de lo material, sino que la habíamos arreglado con mi hermano porque él también hace bicicleta. Con él hacíamos esas cosas y compartimos ese gusto por hacer ese tipo de deporte.

Para mí era muy bonito, yo me unía a varios grupos, y salían rodadas con la comunidad de los de las bicis. La comunidad de bici siempre te apoya, si se queda alguien atrás, siempre están ahí.

Hice la vuelta al lago de Amatitlán y al de Atitlán, también hacía la vuelta a la Ciudad que eran 75 kilómetros, o sea, me gustaba retarme a mí misma.

Me gustaba que no te meten por rutas donde pasan carros. Por ejemplo en San Lucas hay muchas comunidades que están metidas entre la montaña, y también es como una especie de salir uno de su burbuja y ver que también hay otras personas que no tienen las mismas posibilidades que uno, y poder darse cuenta cómo llegan hasta esas comunidades caminando ellos solos, comunidades donde no hay luz o no hay agua y ahí va la gente.

8.

Mi carta para Santa sería que cesara esta persecución en contra de tantas personas, no solo de mis compañeras. Ahorita, tuve la oportunidad, con esto de estar defendiendo a mis compañeras, de poder entrevistar a algunas personas, y sobre todo mujeres, que defienden la tierra y que defienden el medio ambiente también en los pueblos y en las comunidades; y darme cuenta que existen también otras mujeres desde otros espacios, desde otros conocimientos que también están sufriendo lo que nosotras sufrimos.

Compartir y ver esas esas situaciones que por defender sus derechos las están persiguiendo es también difícil.

Tuvimos la oportunidad de hacer como una convivencia con varias mujeres de distintos lugares de Guatemala y también nos decían que ellas no sabían que a nosotras nos estaba ocurriendo lo mismo.

Yo sé que hay también hombres criminalizados y todo, pero siento que una mujer lo vive de una manera muy distinta, porque es proteger tu vida, tu familia, tus hijos. Si eres madre tienes que quedarte; si eres hija, tienes que cuidar a tu papá, a tu mamá; tenés que proveer de alguna manera. Siempre los temas de cuidado…

Cuando hablaba con estas mujeres también me decían que ellas cuidan sus animalitos, porque a ellas las amenazan y les queman sus tierras, les matan sus animalitos. Entonces, estar siempre cuidando, es muchísimo más duro para una mujer. Porque además, también te desprestigian, se meten con tu cuerpo con que si hiciste o no hiciste tal cosa, con tu sexualidad, entonces es mucho más duro y uno lo tiene que enfrentar de una forma más dura y por eso es que creo que muchas callan. Porque tienen miedo a que te sigan diciendo cosas, a que se sigan burlando, a que sigan haciendo mensajes peyorativos o de odio.

9.

Creo en la justicia y pues sí, lamentablemente Guatemala está cooptada ahorita.

Pero estas cosas son cíclicas, entonces en algún momento esto tiene que cambiar. Siempre hay que tener esperanzas, que esto va a cambiar y tiene que cambiar. Y para esos momentos también tiene que haber gente que siga creyendo en la justicia y que siga luchando por ella.

Cuando trabajé con las niñas fue un despertar para mí, porque si bien yo había trabajado en sí y había estado en estos temas de corrupción e impunidad, ver de cerca el dolor, el de una niña víctima de violencia sexual o de trata de personas; verlo de cerca, estar con ellas, acompañarlas y verlas cómo se sentían de agradecidas cuando yo llegaba y les decía, mira logramos que metieran preso a tu agresor. Ver que ellas sentían que había habido justicia y su cara como de decir «entonces ya no me va a hacer daño», eso fue un despertar para mí.

10.

—¿Te gustaría volver al ruedo?

La verdad: Sí.

Soy necia, diría mi mamá, pero sí, sí volvería, sí lo intentaría. Si hubiera una oportunidad, sí, porque pues creo que es sólo a través de determinados procesos que se puede cambiar la realidad.

Julio Serrano Echeverría

Es cofundador, coordinador creativo de Ocote y editor de la sección cultural del medio. Poeta y artista multidisciplinar. Poeta y artista multidisciplinario. Ha publicado varios libros de poesía, crónica y literatura infantil. Su obra ha sido traducida a varios idiomas como el q´eqchí, inglés, francés y bengalí. Además trabaja diversos proyectos entre las artes visuales, la fotografía, el cine y el periodismo. Junto al equipo de Ocote ganó el Premio Gabo de Periodismo en 2022.

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