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Las que siguen

En Guatemala, la firma de la paz en 1996 fue un parteaguas en muchos sentidos. También para los movimientos feministas. Las mujeres continuaron trabajando en varias áreas, se abrieron espacios y se dieron avances. Pero el Estado no respondió a sus peticiones ni a los altos índices de violencia. Así que las formas de demandar acciones se transforman. Ahora hay otras maneras de manifestarse, de organizarse y de nombrarse, pero las feministas más jóvenes se siguen enfrentando a la violencia, a la discriminación y a la baja representación en espacios de toma de decisión, por la que tanto pelearon sus antecesoras. En este segundo episodio de una nueva serie de Radio Ocote, explicamos cómo han evolucionado los movimientos feministas urbanos más jóvenes.

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo: Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí: Narradora: Treinta de noviembre de …


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo:



Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí:


Narradora: Treinta de noviembre de 2019. Frente al Palacio de Justicia, en el centro histórico de la Ciudad de Guatemala, un grupo de mujeres comienza a reunirse. Van vestidas de negro, algunas con pañuelos verdes atados al cuello. 

Son las dos de la tarde y el sol pega fuerte. Más y más mujeres van llegando. Hablan entre ellas, entre dientes recitan la letra de una canción y con movimientos suaves repiten unos pasos. 

Se ponen en varias filas y se colocan retazos de tela negra sobre los ojos. Los atan detrás de la cabeza.

Las niñas, jóvenes y mujeres reunidas se mueven al ritmo de una canción que gritan con fuerza. Una canción que denuncia los abusos que sufren las mujeres cada día y que señala directamente a las instituciones que no responden.  

Desde la rabia toman en el espacio público y a través del movimiento y la voz muestran su hartazgo. 

Esa rabia tiene sentido. Solo ese año, 2019, el Ministerio Público registró más de 57 mil denuncias de violencias contra las mujeres en Guatemala. Esto significa más de 150 denuncias cada día. La mayoría de casos son desestimados y un porcentaje mínimo termina en sentencia.

La performance Un violador en tu camino se había originado diez días antes, a más de 6 mil kilómetros al sur de Guatemala. En Valparaíso, Chile el colectivo LASTESIS creó la letra y los movimientos de una canción de protesta que se expandió por todo el mundo. 

Esta performance es una muestra de cómo las maneras de manifestarse, de protestar y de organizarse de los colectivos feministas han ido cambiando. 

Después de los grandes pasos que dieron los movimientos feministas en Guatemala durante los ochenta y en los noventa —y que puedes escuchar en el episodio: «Con ellas empezó todo», uno de los anteriores episodios de Radio Ocote Podcast—, el aumento de las agresiones y la falta de respuesta del Estado provocó que las mujeres cambiaran también sus estrategias. 

[Escucha aquí el episodio «Con ellas empezó todo»]

De la agrupación en organizaciones no gubernamentales pasaron a los diversos colectivos autoconvocados. De la prioridad por fortalecer las leyes y políticas, a la denuncia pública. De las primeras caravanas alegres, a las marchas enfurecidas. 

Lidia Patal: Porque lo que queremos es vivir. Vivir en paz, vivir bien. Es lo único que queremos. Y el hecho de que se nos ha negado causa frustración y por eso es que manifestamos como manifestamos.

Ximena Aguilar: No estamos para decirle a nadie como protestar.

Ketzali Pérez: Nuestras antecesoras también hacían cosas parecidas, también quebraban ventanas,, también salían desde esta posición desde la rudeza, porque la rabia también es una forma de manifestación que hay que visibilizarla.

Narradora: Soy María Olga Domínguez Ogaldes, periodista, y en este episodio de Radio Ocote Podcast te contaré cómo los movimientos feministas en Guatemala han evolucionado. Cuáles son sus demandas, cómo se organizan y cómo todavía, pese a los avances de las últimas décadas, nombrarse feminista en este país tiene consecuencias. 

Vamos a ir ocho años atrás. A 2015, un año de protestas sociales en Guatemala. El 25 de abril, en la Plaza de la Constitución, se dio la primera manifestación en contra del gobierno del presidente Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti. La ciudadanía se reunió para protestar contra el caso de corrupción y defraudación aduanera conocido como La Línea. 

Silvia Trujillo, socióloga y catedrática feminista, explica que esto representó un punto de giro importante para los movimientos sociales en Guatemala, incluso para el feminismo. 

Silvia Trujillo: Para mí 2015 sí generó una ruptura independientemente de que no fue un momento feminista, porque no lo fue, fue un momento de ruptura del sistema político digamos. Lo que implicó sí fue que las juventudes tomaran las calles, ya como sujeto político y como sujeto político fortalecido. O sea, las juventudes venían toda esta primera etapa del 2000 conformándose como sujeto político, pero en el 2015, con todo el ciclo de luchas de marzo, abril, mayo de 2015, emergen con mucha fuerza. 

Narradora: Después de ese primer 25 de abril surgieron grupos, convocados desde diferentes sectores de la sociedad, que rechazaban la corrupción del gobierno. Las juventudes estuvieron presentes y se hicieron notar desde colectivos: Landivarianos, integrado por estudiantes de la Universidad Rafel Landívar.  USAC es Pueblo, que surgió como una oposición ante los Comités de Huelga y la Asociación de Estudiantes de ese momento de la Universidad de San Carlos. Y Acción UVG, con estudiantes de la Universidad del Valle de Guatemala. 

Las protestas continuaron durante ese año, pero la organización colectiva seguiría, y dentro de esos grupos surgirían espacios de mujeres jóvenes. Ketzali Pérez, periodista, coeditora en el medio digital Ruda y artista feminista maya pocomam, lo explica. 

Ketzali Pérez: Para mí es muy importante y porque yo me veo ahí también, es cuando Lenina es secretaria general de la AEU porque es ahí cuando comienzas a ver a las mujeres, o sea sí estaba la Seprem, veías a una secretaria en la presidencia de la mujer y todo pero digamos creo que el primer momento en el que se ve a una mujer joven en un espacio tan hostil y violento y que viene con un equipo para dirigir el movimiento estudiantil es justamente ese ese momento en que Lenina toma la Secretaría General. 

Narradora: La AEU es la Asociación de Estudiantes Universitarios de la Universidad de San Carlos de Guatemala, la única universidad pública del país. Fue fundada en 1920 y desde entonces ha sido el espacio en el que líderes estudiantiles han defendido la autonomía de la universidad y los intereses de los estudiantes. 

Durante 17 años la AEU estuvo cooptada por estudiantes señalados de estar vinculados a negocios ilícitos, grupos de choque violentos y autoridades corruptas dentro de la universidad. 

Hasta que en el 2017 cambió la directiva. Lenina García fue elegida secretaria general, la primera mujer en la historia

En su equipo había otras mujeres, como Ketzali, que también participó en la AEU. Además, tenían una visión muy enfocada en atender las demandas de las estudiantes. Para ello, crearon una secretaría de género. Esta es Lenina:

Lenina García: Veíamos que habían pocos liderazgos y que muchos de los liderazgos que ya estaban. Éramos estudiantes que estábamos por cerrar la carrera. , Entonces sí surgió como mucha iniciativa de las mujeres estudiantes, que decidieron y fue una postura política que tomamos de que las mujeres necesitábamos estar representadas y asumir el liderazgo de la política estudiantil porque históricamente se nos ha negado esos espacios. Y ahí es donde me proponen para participar a la Secretaría General y ahí es donde yo ya asumo el desafío. Pero no solo fui yo como el rostro, sino que creo que también las mujeres que conformamos los distintos partidos políticos o las mujeres jóvenes… 

Narradora: Los espacios estudiantiles, que han sido históricamente espacios de lucha y resistencia, comenzaron a ser ocupados por más mujeres. Así también le sucedió a Ximena Aguilar, politóloga y coordinadora política en Incide Joven: 

Ximena Aguilar: Cuando llegamos a Landivarianos el movimiento, pues ya existía verdad, pero lo retomamos pura chavas y  eso fue creemos nosotras muy poderoso porque permitió la existencia de un movimiento feminizado. No es una colectiva feminista porque no, que no, o sea, no es eso, pero está feminizado el movimiento y así, o sea y y fueron entrando más chicas y aparte Landivarianos me permitió acercarme a colectivas feministas en especies de articulación y a conocer a más chicas. Yo sí he visto, o sea, en estos años que llevo organizadas, sí he visto como el movimiento estudiantil en general tanto de las universidades privadas como la universidad pública ha sido retomado y fortalecido por mujeres y por y por personas de la comunidad de disidencias sexuales. 

Narradora: Después de las manifestaciones del 2015, Landivarianos quedó integrado por estudiantes de ciencia política, derecho, economía. A pesar de la fuerza con la que se constituyeron alrededor de la lucha contra la corrupción, el grupo disminuyó en los años siguientes. Muchos de quienes lo habían iniciado se graduaron. Hasta que entre 2019 y 2020 un grupo de estudiantes de ciencia política, en su mayoría mujeres, lo retomaron. 

Ximena Aguilar: Desde que el movimiento se retomó, se amplió a una agenda feminizada y a una agenda por derechos de disidencia, a una agenda que se ha buscado ser antirracista…. Se trata de no abanderar cosas que no competen, pero sí tener una mirada diferente, por lo menos. Y para mí tuvo mucho que ver eso que lo retomaron mujeres y mujeres feministas 

Narradora: Volvemos a 2015. A nivel internacional, en los movimientos feministas también ocurrían cambios importantes. Ana Lucía Ramazzini, socióloga, docente e investigadora en el Programa de Estudios de Género y Feminismos de FLACSO Guatemala, recuerda que este año fue importante para la lucha de las mujeres en Latinoamérica. 

Ana Lucía Ramazzini: En el 2015 nace la consigna del «Ni una menos». Luego esto de un violador en tu camino y eso levanta también toda una lucha regional y se va, digamos confluyendo y articulando pues todas estas miradas centrando también desde sus diversos matices contextuales en cada una de las regiones. 

Narradora: La consigna «Ni una menos» nació en Argentina, como una respuesta al hartazgo de los feminismos. Rápido recorrió toda la región, desde el sur al centro y al norte. En Guatemala, las mujeres también se empezaban a organizar para nombrar y visibilizar violencias específicas, como el acoso callejero.

En junio de 2015 se leía una noticia en el periódico Siglo 21. El titular decía: «Para escapar de acosadores se tiran de un puente». Por la mañana, tres mujeres corrían y cuatro hombres comenzaron a perseguirlas diciendo que las iban a violar. Ellas saltaron del puente. Una tuvo una fractura y las otras quedaron lastimadas. Nunca se supo quiénes eran los agresores. 

Lidia Guerra leyó la noticia y quedó impactada. Decidió que había que hacer algo. Así surgió el Observatorio Contra el Acoso Callejero.

Lidia Guerra: El Observatorio nace, pues bueno por esta necesidad y este enojo y está ira de no podernos sentir libres cuando estamos usando los espacios públicos, que son tan vitales como para hacer cualquier actividad en la cotidianidad como caminar, como ir a trabajar. Surge también a través de la colectividad y esto es algo, que a mí me gusta mucho visibilizar porque creo que cuando hablamos de ser feministas, estamos hablando también de ser y de construir en colectividad.

Narradora: Lidia y sus amigas se apoyaron en el Observatorio Contra el Acoso Callejero en Chile y empezaron a recopilar testimonios de las mujeres que habían vivido acoso en las calles.

Lidia Guerra: Lamentablemente fue muy fácil, porque todas teníamos por lo menos una experiencia es decir que todas habíamos vivido acoso de alguna manera en algún momento de nuestras vidas. Esa fue una de las primeras estrategias para visibilizar y sobre todo para identificar que esos actos de violencia, se llaman acoso callejero, como ya para poder nombrarlo. Tú sabes que en el feminismo decimos lo que no se nombra no existe, entonces a partir de nuestra propia experiencia poder nombrarlo como es como una forma de violencia sexual que se llama acoso callejero eso.

Narradora: El acoso sexual es una violencia que puede darse en espacios públicos, como la calle, pero también en espacios privados, como una oficina. 

En  2017,  las periodistas Jodi Kantor y Megan Twohey, del New York Times, y Ronan Farrow, del New Yorker, destaparon el acoso y los abusos que el famoso productor de Hollywood Harvey Weinstein había llevado a cabo durante años.

Así surgió el #MeToo. 

«Me too» significa «yo también» o «a mí también». Con esta frase algunas mujeres de Hollywood denunciaron el acoso que habían sufrido durante décadas por parte de Weinstein y de otros directivos. 

La actriz Alyssa Milano escribió en su cuenta de Twitter:  «Si has sido acosada o abusada sexualmente, escribe “yo también” como respuesta a este tuit».

Miles de mujeres respondieron, compartieron e hicieron publicaciones bajo la etiqueta #MeToo. El movimiento rápido llegó a Latinoamérica. 

Silvia Trujillo: Eso irrumpe con mucha fuerza; bueno, de hecho por eso en América Latina eh hay quienes dicen que el Me too inaugura la cuarta ola del feminismo. Yo no acuerdo con la nomenclatura de las olas, pero digamos lo que sí es cierto, es que genera desde Estados Unidos hacia el sur una serie de movimientos de mujeres, pero así enormes, gigantes, gigantescos. 

Narradora: Quizás no fue la primera vez que las mujeres, especialmente las feministas, nombraron cómo y quiénes habían ejercido violencia contra ellas. Pero esta vez era diferente. A través de las redes sociales, sus denuncias tomaron más fuerza. 

Silvia Trujillo: Los propios escraches a mí me parece maravilloso cómo se utilizó el terreno, el mundo digital para hablar de la violencia sexual. Buscando cómo no vulnerarnos porque obviamente denunciar la violencia sexual, nombrar a los agresores nombrar a los perpetradores sigue siendo un espacio de mucha vulnerabilidad. 

Narradora: Eran acciones cargadas de rabia. Y eran una vía, la que encontraron muchas mujeres, ante el silencio y la pasividad de las instituciones de justicia. 

Desde 2008 hasta 2022, en Guatemala se han registrado más de dos mil femicidios. Durante ese mismo tiempo, se ha condenado a 656 hombres por este delito. El dolor y la impotencia también ha convocado a las feministas y a familiares de las víctimas a manifestar y pedir justicia en el espacio público. 

Así sucedió en 2012 con la desaparición de Cristina Siekaviza y diez años después, en 2022 con el femicidio de Luz María

[Escucha aquí el episodio de Radio Ocote: Luz María gritó y nadie supo escuchar]

En 2020 el asesinato de Litzy Cordón, una joven estudiante de 20 años, conmocionó a Zacapa. En Teculután, de donde era originaria Litzy, se organizó una marcha a la que asistieron más de 300 personas. En la capital, algunas feministas hicieron otra manifestación. Lidia Patal, emprendedora y feminista kaqchikel originaria de Paztún, Chimaltenango, estuvo en esa protesta.

Lidia Patal: Cuando yo fui a la manifestación, la verdad es que fue y marcó un antes y un después en mi vida definitivamente porque me di cuenta de todo lo que estaba mal. Me di cuenta de que yo incluso criticaba a las feministas y bueno, hacían marchas y rayaban las paredes. Yo decía: esas no son las maneras. Entonces me di cuenta de por qué toman esas actitudes, o sea, por qué rayan las paredes, por qué queman todo, porque realmente las mujeres estamos tan expuestas a que nos quiten la vida sólo por ser mujeres.

Narradora: Desde 2018, las manifestaciones del 8 de marzo y del 25 de noviembre empezaron a convocar a más personas en Guatemala. Las chicas jóvenes se fueron adueñando del espacio público.

Silvia Trujillo: Si tú ves hoy 2023, las chavas, mientras todos los demás movimientos han tenido digamos que como una especie de regreso al espacio privado, de como cierto temor a tomar el espacio público, porque bueno, claro el terror de Estado ahí está y las chavas ahí están. O sea la del 8 de marzo fue eso, fue la evidencia empírica concreta de que ahí están. 

Narradora: Cuando Silvia Trujillo habla del «terror de Estado» se refiere a las tácticas violentas de represión para infundir miedo a la ciudadanía. Durante el gobierno de Giammattei, la violencia policial contra manifestantes y la represión contra pueblos originarios se ha recrudecido

Después de la pausa te cuento más sobre cómo los feminismos han cambiado en los últimos años y cómo las mujeres más jóvenes se han involucrado y han aportado desde sus experiencias. 

***

Álvaro Arzú: Pueblo de Guatemala, la paz ha sido firmada.

Narradora: En Guatemala, los Acuerdos de Paz significaron, en ese momento, la posibilidad de que las mujeres pusieran sobre la mesa demandas específicas. Por ejemplo, el acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra.  

Para los movimientos feministas fue un momento muy importante, histórico. 

Silvia Trujillo: Yo sí siempre reitero esto, las guatemaltecas que participaron en la Asamblea de la Sociedad Civil, que eran muy poquitas, o sea en comparación con los hombres digamos, y además feministas cuatro o cinco contadas con los dedos y con nombre y apellido, logran un hito histórico y es que los Acuerdos de Paz de Guatemala son los primeros en la historia que se logran negociar con contenidos específicos para mujeres y eso es un hito importante. 

Narradora: Silvia Trujillo se refiere a mujeres como Mariel Aguilar, María Eugenia Mijangos, Fermina López, Sonia Escobedo, María Dolores Marroquín, María Eugenia Lemus, Olivia Pelicó, Maritza Velázquez o Yolanda Pérez. Las feministas que llevaron demandas específicas de mujeres a la Asamblea de Sociedad Civil.

Este contexto en la historia hizo que los movimientos feministas de la época pusieran mucha energía en negociaciones con el Estado para dar seguimiento a sus demandas. 

Hacía falta crear leyes e instituciones que reforzaran, que afianzaran los derechos que estaban reclamando. 

Silvia Trujillo: Yo creo que es importante sí marcar que este momento abrió la posibilidad de tener esta institucionalidad porque siempre es mejor tener una ley que no tenerla o tener un ministerio, una SEPREM, una Defensoría de la mujer indígena es decir porque te permite entonces tener los mecanismos dentro del Estado para seguir demandando.

Narradora: En el año 2000, como parte de los Acuerdos de Paz, se creó la Secretaría Presidencial de la Mujer, cuatro años después de la firma. Aunque la institución  representó un avance para posicionar políticas públicas a favor de las mujeres, los sectores feministas buscaban la creación de un ministerio de la mujer. Algo que todavía hoy está en disputa.

Las mujeres se reunieron con representantes del Estado y consiguieron hacerle ver sus demandas. 

En 2001 lograron que se aprobara la Ley de Desarrollo Social, que toma en cuenta tratados internacionales para eliminar la violencia contra las mujeres.  

Siete años después, en 2008, consiguieron que se aprobara la Ley contra el Femicidio y otras formas de Violencia contra la Mujer. Y en 2009,  la Ley contra la Violencia Sexual, Explotación y Trata

La recuperación de derechos avanzaba, a paso quizás lento, pero firme. 

Pero en 2010 empezaron a ver que la respuesta del Estado no era la que se esperaba. La que se necesitaba. Ana Lucía Ramazzini, a quien escuchaste en la primera parte del episodio, lo explica. 

Ana Lucía Ramazzini: Yo creo que estábamos en un momento histórico donde se generaba una serie de expectativas fuertes a raíz de todo lo negociado en los Acuerdos de Paz y de la construcción de la institucionalidad de las mujeres. Estamos hablando de los últimos años de los noventa e inicio de los 2000, pero creo que también nos marcó la gran frustración, la gran frustración de políticas neoliberales que se fueron ubicando y enquistando en la región de un Estado que fue siendo cada vez más reducido y de unos derechos que tuvieron que irse ganando nuevamente en términos de educación, de trabajo, de salud. Entonces creo que nos movimos en tiempos de transición hacia el nuevo milenio con una gran esperanza que nos dejaba, digamos los acuerdos de paz, pero en una gran frustración de lo que vino después en esa construcción formal de democracia.

Narradora: Las mujeres que habían impulsado esas demandas observaron las pobres respuestas. Aunque en los años siguientes se continuarían presentando iniciativas de ley a favor de los derechos de las mujeres, muchas han quedado engavetadas en el Congreso. 

Algunas, como la Ley de Protección a niñas víctimas de violencia sexual, fueron rechazadas. Los diputados se negaron a dar dictamen favorable a una iniciativa que originalmente buscaba despenalizar el aborto en niñas víctimas de abuso sexual menores de 14 años. Otras, como la Ley de Educación Integral en Sexualidad, nunca llegaron a asignarse a una comisión. 

Y por el contrario, iniciativas como la 5272, que penalizaba los abortos espontáneos y prohibía el matrimonio entre las personas del mismo sexo, sí fueron aprobadas.   

Por eso mismo, hay mujeres jóvenes que están convencidas de que es necesario seguir trabajando desde el Estado. Una de ellas es Ximena Aguilar. Explica por qué es importante que se siga trabajando desde allí. 

Ximena Aguilar: Al final los derechos sexuales y reproductivos y los derechos de las de las mujeres y de las disidencias  en general son un tema de democracia. Son un tema de qué  tanto podemos participar y de qué tanto podemos llevar nuestras demandas al Estado y cómo ese Estado puede respondernos. 

Narradora: Históricamente, en Guatemala, los movimientos feministas han incluido en su agenda política darle visibilidad a los derechos sexuales y reproductivos. La despenalización del aborto también estuvo entre las demandas de muchas mujeres. Aunque Silvia Trujillo, explica que las jóvenes abordaron el tema de una manera distinta. 

Silvia Trujillo: Para mí las mujeres jóvenes de forma muy valiente se posicionan en el espacio público con demandas específicas y poniéndose incluso en riesgo su propia integridad. Yo recuerdo, no tengo presente el año, pero tuvo que haber sido 2017-2018, un grupito de chicas jóvenes para el 28 de septiembre, el día de la despenalización del aborto, paradas frente a la Catedral con una gran manta que justo decía «Por la despenalización del aborto». En este país en ese contexto, para mí fue sumamente valiente.

Narradora: En paralelo, las mujeres siguen impulsando sus demandas desde lugares cómo el espacio público, las redes, y las colectivas autoconvocadas. Ahora hay más libertades que hace 30 años, pero las mujeres jóvenes aseguran que también enfrentan problemas que hacen que les sea más difícil organizarse. Por ejemplo, la precariedad.

Ximena Aguilar: A veces creo que se que perdemos de vista que estas condiciones materiales económicas , valga la redundancia, condicionan nuestra capacidad de activarnos políticamente y es bien complicado. O sea, es difícil porque el dinero al final es un impedimento bien fuerte. 

Narradora: Además, a otras mujeres las atraviesa no solo el machismo sino también el racismo. 

Lidia Patal: El hecho de que cada vez que ven a una mujer maya en una manifestación automáticamente piensan que son acarreadas, que nos llevan a nosotras solo como para que haya representación de la mujer maya y no por decisión. Entonces creo que eso fue el motivo principal para que nosotras también nos organizáramos y que se den cuenta de que estamos ahí porque nosotras queremos. 

Narradora: Los discursos de odio por parte de sectores conservadores y el odio hacia las mujeres que protestan también son una constante. 

Silvia Trujillo: Es una cosa terrible cada vez que las mujeres nos hemos enfrentado así de manera explícita el sistema nos devuelve una violencia inusitada. Hoy lo que pasa es que las redes tienen como está cosa de caja resonancia pero esto ha sido cada vez en la historia, se repite. El punto es ese, cómo enfrentar esto porque simbólicamente pesa mucho. 

Narradora: El odio al que se refiere Silvia se puede encontrar fácilmente en redes sociales. Estos son algunos de los comentarios que usuarios de Facebook dejaron en una publicación del medio Prensa Libre sobre las pintas durante la marcha del 8M de 2023: 

  • «Si así son esa clase de mujeres, imagínense qué les pueden enseñar a sus hijos de valores y respeto. Por eso es que cada vez se ven cosas peores».
  • «Ellas no representan al resto de las mujeres que de verdad luchamos por tener un mejor país».
  • «Qué lástima que no sean dignas y orgullosas de ser mujeres. Por lo visto no tiene nada que hacer»

Narradora: Las cifras de violencia, la impunidad y la poca respuesta de las instituciones estatales ante las agresiones, las violaciones y los femicidios, ha hecho que la rabia de las mujeres se desborde. 

Ana Lucía Ramazzini: Considero que ha sido importante y valiosa entender digamos el contexto en el que las luchas y la organización están ubicadas es decir, el contexto también te va marcando pautas. Te va marcando pautas. Te va marcando también formas. Te va marcando miradas estratégicas porque si bien existe un hilo conductor de violencia contra las mujeres que también se va a refuncionalizando, el contexto, también va marcando matices.

Narradora: A las jóvenes de hoy les ha tocado vivir las mismas violencias en momentos diferentes de la historia. También les ha tocado abordar el cambio generacional que implicó para el movimiento comenzar a hacer las cosas de una manera distinta.

Para Ximena esto ha supuesto, muchas veces, enfrentarse al adultocentrismo en los movimientos sociales. 

Ximena Aguilar: Porque de pronto lo que hace el adultocentrismo es decirnos sólo las que tienen propuestas concretas, las que las que están haciendo cambios concretos son las mujeres adultas. Y las mujeres jóvenes sólo están rayando, pintando. O sea como que nos han puesto etiquetas y nos han metido en cajas en las que nosotras no queremos estar y tampoco queremos ponerlas y estos diálogos intergeneracionales son bien importantes. 

Narradora: Esas conversaciones entre generaciones aún son un pendiente dentro del movimiento. 

Silvia Trujillo: Me parece que hay una necesidad importante de que la generación que estuvo ahí peleando al inicio finales de los 90 inicios del 2000 converse, traslade conocimiento a estas nuevas generaciones o a estas chavas. ¿Por qué? Porque se intentó de todo. Algunas cosas nos salieron mejor, otras nos salieron peor. Si tuviéramos que hacer un balance, te diría que sin el ánimo de imponer ni agenda ni formas ni nada, sería bueno sentarnos a conversar.

Narradora: Han cambiado las formas de exigir derechos, de protestar. Pero los problemas de fondo siguen siendo los mismos y eso las une. 

Silvia Trujillo: Mal que nos pese es la violencia. O sea, yo sé que hay violencias que se viven de forma particular dependiendo del cuerpo que habitas y que no podemos hablar por todas, pero me parece que la violencia y la violencia sexual en particular es un flagelo que nos atraviesa a todas. A las chavas, a las menos chavas, a las de juventud acumulada… nos sigue atravesando, mal que nos pese. 

Ximena Aguilar: Hay muchas condiciones y en un mundo tan diverso creo que es más importante reconocer lo que nos diferencia para poder entenderlo y creo que también es bien importante abrazar lo que nos une y caminar desde ahí. O sea, no vamos a poder caminar juntas siempre en todo porque nuestras sujetas políticas son diferentes, pero en lo que sí podamos caminar juntos es importante hacerlo. 

Narradora: El guion y las entrevistas de este episodio los hice yo, María Olga Domínguez Ogaldes. La edición es de Carmen Quintela. La música original es de Lucas Zapiola y Aviram Spies, Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical con la asistencia de José Manuel Lemus. La ilustración de portada es de Óscar Donado.

Ixmucané Us es coordinadora de comunidad y audiencias de Ocote y Magui Medina la coordinadora institucional. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

María Olga Domínguez Ogaldes

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