Después de las tormentas
Radio Ocote
Episodio 42 // Luz María gritó y nadie supo escuchar
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El 22 de enero de 2021, el cuerpo de Luz María del Rocío López, una investigadora criminalística, fue encontrado en un tragante de Ciudad de Guatemala con signos de violencia y saña. El principal sospechoso del femicidio: su esposo. En este episodio, a través de la voz de su madre, contamos la historia de Luz, una de las miles de víctimas de la violencia machista, del abandono del Estado y del silencio cómplice de una sociedad que le falló al no saber escuchar sus gritos.


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GUION

Narradora: Antes de escuchar este episodio te recordamos que si eres víctima o conoces a alguna mujer que sufre violencia y vives en Guatemala, puedes pedir ayuda al 110 de la PNC, al 1572 del Ministerio Público, al 123 o 122 de los bomberos, o a cualquiera de las organizaciones y colectivos feministas que hemos compartido en nuestra página agenciaocote.com. No estás sola.

Este episodio contiene escenas de violencia. Recomendamos discreción. 

Es domingo 24 de enero de 2021. El sol pega fuerte en la Plaza de la Constitución en Ciudad de Guatemala. La Plaza de las Niñas, como los colectivos de mujeres la renombraron hace cuatro años, después del incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron calcinadas 56 niñas y adolescentes.

Decenas de mujeres, alrededor del altar que levantaron por las niñas, exigen justicia por los femicidios. Claman que cese la violencia, gritan consignas, cantan, se abrazan, hacen performances, elevan carteles que dicen #NiUnaMenos. Hay rabia, hay hartazgo.

Hace dos días se registraron cinco muertes violentas de mujeres en Guatemala. Sus cuerpos fueron encontrados con signos de violencia y de saña. Uno de ellos fue el de Luz María del Rocío López Morales. Tenía 25 años.

Narración: La marcha de hoy camina desde el Palacio Nacional y avanza por la sexta avenida hacia la zona 2 de Ciudad de Guatemala.

No es el camino que generalmente siguen las marchas de mujeres. Suelen comenzar en otros puntos de la ciudad como la municipalidad o el Palacio de Justicia y terminar en la plaza. Hoy tienen otro  destino: una banqueta, una alcantarilla de la Avenida Simeón Cañas, a un lado del Hipódromo del Norte. A 500 metros de la fiscalía donde trabajaba Luz María del Rocío López Morales.

Aquí, en una de las pocas avenidas con árboles en la ciudad, en esta alcantarilla, entre dos bibliotecas móviles de la Municipalidad de Guatemala y al lado del estadio Diamante de béisbol Enrique “El trapo” Torrebiarte, hace dos días apareció el cuerpo de Luz en una bolsa. Su madre, su abuela y sus familiares se despiden de ella, en un altar en el piso, con flores, fotografías y pintas.

Soy Melisa Rabanales, periodista de Agencia Ocote. Este es un episodio doloroso, pero que consideramos necesario. Hoy contamos la historia de Luz, o Lucita, como le decían quienes la querían.  Una de las 68 mujeres asesinadas en enero de 2021 según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses. Una más de las miles de víctimas de la violencia machista de esta región que parece no dar tregua. Donde, solo uno de cada seis asesinatos de mujeres encuentra justicia.

Ada Morales: Para mí fue algo muy especial, nació la bebé, sin imaginarme que estaba, que venía mala, porque ella nació con el píloro tapado. La tuve 32 días conmigo, pero, así bastante complicaditos, porque le daba un poquito de pecho o pachita y vomitaba un montón. Entonces, ay, la llevaba con un médico, con otro… Al fin, un médico logró decirme qué tenía y entonces la ingresé para operación, ¿verdad? La operaron a los 42 días de nacida.

Narración: La primera vez que Ada, a quien acabas de escuchar, le temió a la muerte, fue cuando nació su hija Lucita. La bebé había venido con una enfermedad que hizo que tuvieran que internarla en un hospital. Era su primera hija y la había esperado con ansias. Si de algo estaba segura era de que quería ser madre, y estaba dispuesta a hacer todo lo posible para que su hija sobreviviera. 

Ada: Muy bien, pues, yo me cuidaba la leche, yo con unos grandes sueterones, bien abrigada para que la leche no se resfriara. Y, así todos los días. Hasta ese día que ya me la dieron, me sacan la leche, me saco la leche y le doy y se la toma. Y dice el doctor “Está bien, todo está bien”. Pues ahí empieza la recuperación, ¿verdad? Se imagina usted, después de todo lo que yo viví con ella, yo la cuidaba como cosa sagrada a mi niña, ¿verdad?-¡hasta al baño me la llevaba y la sentaba a la par mía, la paraba! Y así la tenía conmigo siempre, a toda hora.

Narradora: El nacimiento de Luz cambió la vida de la familia. Todos querían estar con ella. Aldo, su tío, tenía 15 años cuando Luz nació. Mientras crecían, su relación se hizo más estrecha. La cuidaba como si fuese su hija.

Aldo: Era mi niña pequeña, morenita, mi hermano pues era su retrato. Allí sí que habría que hacerle prueba de ADN a mi cuñada porque era idéntica a mi hermano. Como le digo, desde pequeña como fue de mis sobrinas más grandes, entonces,  yo en ese tiempo trabajé en Presidencia. Yo le decía: “Mamita, vamos conmigo”, y me la llevaba. Íbamos al zoológico, a ver una película… Eso fue parte de la unión que tuve con ella.

Narradora: Luz siempre fue una buena estudiante. Así la recuerda su madre.  Cuando tenía nueve años, empezó con las clases de ballet. Le encantaba. Se ponía de puntillas y caminaba por toda la casa.

Ada: Empezó a ir a la escuela de danza e iba a estudiar en el día, en la mañana. Salía a la una. Después la iba a dejar a la tarde. De ahí los básicos, ella seguía en el ballet, le gustaba el ballet. Y había obras para Navidad, ¿verdad?, que siempre se hacen ahí y participaba en todos los eventos.

Narradora: Luz creció y llegó el momento de decidir a qué se quería dedicar.  Ella lo tenía claro, pero su familia no se tomó muy bien la noticia.

Ada: Pero cuando… ella se fue a hacer exámenes a la Universidad de San Carlos y los ganó para entrar, ella me dijo “mama”, me dijo, “fijate que yo quiero estudiar criminalística, para criminólogo”. “Mija”, le digo yo, “pero esa carrera tan fea”, ¿verdad? A mí no me gustaba, la verdad. “Ay, mama, pero a mí me gusta… yo quisiera, pero…”. “Mirá, mija”, le dije yo. Si no podemos pagar, estudiás otra cosa, ¿verdad?, porque la verdad, mija, yo ahorita no, no sabemos cómo va a estar la situación”.

Narradora: La economía de la familia no estaba en el mejor momento, pero sabían que era la vocación de Luz. Ajustaron algunas cuentas y consiguieron el dinero.

Ada (continuación):  Bueno, se va a examinar, pasa sus exámenes y luego, pues a ella le gustaba esa carrera. “Andá a inscribirte”. La fuimos a inscribir, ¿verdad? Y empezó a estudiar y todo en la universidad.

Narradora: Luz hizo sus prácticas en el Organismo Judicial, pero ella quería  trabajar en el Ministerio Público. Cuando consiguió el título técnico, después de tres años en la carrera, decidió presentar los documentos para optar a un puesto en la institución que se dedica a la investigación criminal.

AdaComo de 19 años, tal vez, 17… sí, como de 19 años, fuimos a meter su papelería al Ministerio Público. ¡Y unas grandes colas! Pero ella quería, su ilusión era esa. Y nos fuimos a hacer cola, todo eso. Metió de 19, 20, 21. Cerró su carrera y no la llamaban y no la llamaban.

Narradora: Pasarían seis años para que Luz recibiera esa llamada. Y mientras, alguien apareció en su vida. Cuando estaba por terminar sus estudios, conoció a Jorge. A Jorge Rafael Zea Mejía.

Su familia nunca entendió bien el noviazgo de Luz y Jorge. Se habían conocido después de que Ada quisiera comprarle una moto a su hijo más pequeño. Zea era un vendedor, y le ofreció una a buen precio. Pero el teléfono de ella no servía muy bien y decidió darle el número de Luz para coordinar la entrega y ponerse de acuerdo con la papelería. 

Ada: Ahí es donde ese hombre se encarga de empezar la persecución, siento yo. De no dejarla, de empezar a bombardearla con “hola”, con “¿cómo está?” y de que “qué bonita”. Y así, ya no se lo logró quitar de encima a la criatura.

Narradora:  Ada cuenta que le parecía que iban muy rápido. A los tres meses decidieron casarse.

Ada:Se quiere casar, me dice ella, que se quiere casar. A mí no me pareció que se casara, ¿verdad?, porque el muchacho no lo conocíamos bien

Narradora: Ahora que Ada intenta atar los cabos sueltos, encuentra algunas cosas que le parecieron raras, con las que nunca estuvo de acuerdo. Pero en ese momento decidió callar y respetar la decisión de su hija. Comenzó a darse cuenta de que Jorge era controlador. La celaba, la separó de sus amigos, de su familia, le dañaba sus cosas y le dejaba a ella toda la carga económica de la casa.

Un año después de la boda, nació Alice, la hija de Luz. Ni Jorge ni Luz conseguían trabajo así que, durante algunas semanas, los tres vivieron entre la casa de la familia de él y la de ella.

Pero a Luz no le gustaba estar donde los familiares de su esposo. Una vez le contó a Ada que su cuñado, el hermano de Jorge, la persiguió y les tiró a ella y a la niña, una bañera de plástico. Esa vez se quejó con Jorge, pero él le dijo que no podía hacer nada.

Por eso Ada le propuso que se quedaran en su casa, en la zona 5 de Ciudad de Guatemala, hasta que encontraran trabajo. Ahí estuvieron varios meses. Después, los dos consiguieron alquilar una casa en la colonia Las Hojarascas, en Mixco.   

Fue entonces cuando los signos de que algo iba mal empezaron a ser más evidentes. Evidentes ahora. Los familiares aseguran que ellos jamás imaginaron lo que Luz estaba viviendo. Ella nunca les contó. La violencia siempre estuvo ahí, pero no sabían cómo nombrarla. Aldo lo recuerda:

Aldo:  Yo en cuestión de verlos a ellos en su casa nunca me metí, es más, yo casi nunca llegaba a la casa de ellos. En lo que los miraba conmigo, el muchacho era muy atento, incluso “mamita” le venía a decir a mi mamá”. Mire, era un dulce. Pero sí me empecé a dar cuenta de mi sobrina, ella era muy coqueta y siempre fue muy linda, pero se dejó de pintar. Empezó a usar después de que nació la nena ya pantalones flojos, empezó a usar blusas grandes. No era la misma pero, como le digo, ella me tenía mucha confianza pero nunca me dijo nada.

Narradora: Para sociedades como las nuestras, la violencia está tan normalizada que es difícil no solo reconocer, sino también aceptar que una persona cercana está siendo víctima. Silvia Trujillo es socióloga feminista. Explica que esto no es culpa solamente de quienes están cerca de la persona.  Es un proceso de “domesticación”, dice ella, que el patriarcado ha logrado implantar en la sociedad durante muchos años.

Silvia: La violencia contra las mujeres opera prácticamente desde que nacemos, con formas que van desde la sutiles, insisto, que no dejan de ser graves, hasta estas expresiones terribles.

Narradora: Estas cosas que parecen ser, entre comillas, sutiles, como los celos, pueden tener grandes implicaciones en las relaciones y son también un reflejo de la violencia de género.

Silvia: A las mujeres nos han moldeado para que pensemos que los celos son amor. Que si un hombre te cela es porque te ama. O por ejemplo, un hombre que te llama 15, 20 veces al día para saber en dónde estás. Y nos entrenan para “ay qué lindo él, como está de pendiente cómo me cuida”. No no te cuida, te está controlando la vida para saber qué hacés, cuántas veces respirás al día. Es decir, yo insisto mucho con esto de lo sutil pero grave.

Narradora: Y Jorge era así. En octubre de 2020, Luz recibió al fin la llamada del Ministerio Público. Se abrió una plaza de técnica criminalística en la Fiscalía de la Niñez y Adolescencia, en la zona 2 de Ciudad de Guatemala, al final de la Avenida Simeón Cañas.

Pero ni ser criminóloga, ni trabajar directamente en la atención a víctimas de violencia, ni tener compañeros capacitados para tratar estos casos la salvaron.

Algunos colegas de Luz le cuentan ahora a su madre, Ada, que el esposo la vigilaba todos los días. La llegaba a traer y a dejar, la esperaba para el almuerzo y a veces hasta tuvo discusiones con amigos de ella por “ataques de celos”.

Para Ada, es muy difícil, incluso ahora, reconocer los signos de violencia. Esos comentarios de Luz, a veces sutiles, en forma de quejas o de secretos… No reconocía  explícitamente que era víctima de violencia de género, pero Luz estaba pidiendo, de la manera que podía, ayuda.

**** PAUSA DEL MEDIO  RADIO OCOTE ***

Ada: La verdad es que, es muy triste, porque, pues nunca nos imaginamos lo que ella estaba viviendo, porque ella nunca lo hizo… En diciembre ella se vino para acá y yo le pregunté: “¿Qué pasó?, ¿qué pasa?”. Ella se parquea afuera de la casa, toda despeinada, en yinas. Y yo salgo como a las diez y media, once de la noche. Yo salgo por ella, esperándola. Ya estábamos en la puerta con mi hijo. Yo corro cuando ella se para enfrente, bajo corriendo y a la nena la saca y la nena se me tira y se me mete en el cuello. “Mama”, me dice. “¿Qué pasó mi amor?”. Cuando yo veo que ella se me mete y me imagino que algo pasó porque ella viene asustada, ¿verdad?. “¿Qué pasó, Lucita?”, le digo yo, “¿qué pasó, mija?”. Y ella me dice “Mama, ya no se puede, yo ya no puedo más”. “Qué pasa?”. Y me dice “Es que él, él es muy celoso, mama”, me dice, “y ya no puedo”. “Entonces ya, mija, si no vas a ser la primera ni la última, mija”, le dije yo. “Está bueno, aquí quedate, ¿para qué te vas a ir?”. “Sí, mama”, me dijo, “yo ya no me quiero regresar”. “No te vayás”, le dije yo, “tú sabés que esta es tu casa y sos mi única hija”

Narradora: Lo que cuenta Ada ocurrió en diciembre, un mes antes de que Luz fuera asesinada. Un mes antes de que a Jorge lo capturaran al encontrar indicios que hacen sospechar que él fue el autor de su muerte. Un mes antes de que el caso se convirtiera en uno de los más mediáticos de los últimos años en Guatemala.

Ada: Ahí me entero yo que en el mes de octubre ella se quebró la mano. Ella me dice a mí que se quebró la mano, que se cayó en el trabajo. Su trabajo dice que tiene piedras, y vengo yo y le digo: “Mija pero ¿cómo te caíste? Si ella fue balletista desde pequeña hasta los 19 años, dominaba los zapatos altos. Entonces:  “Ay sí, pero fijate que como estoy un poco gordita, me fui de espaldas y metí la mano, y mi peso le cayó a mi mano”, me dijo ella. Bueno pues ahí cuando vino en diciembre que ella vino, le comentó a una mi hermana, porque a mí nunca me dice ella, que el hombre le quebró la mano. Ahí me entero que él le quebró la mano, y le digo: “¿Por qué aguantás, mija?, ¿por qué?

Narradora: Luz decidió quedarse un tiempo con su madre y la bebé.

(silencio)

Narradora: Hace unas semanas, después de su femicidio, compañeros de trabajo de Luz le contaron a Ada que vieron cómo Jorge le había apretado las manos. Fue un día que estaba enojado porque ella no había salido temprano. Entonces, tampoco hicieron nada.

Cuando Luz fue a casa de su madre en diciembre, Ada no estaba segura de qué hacer. Le pidió a su hija que se quedara y que dejara a Jorge. Semanas más tarde, Ada confrontó a su yerno. Pero no sirvió de mucho.

Ada:Como a los ocho días viene el hombre desventurado ese. Mi esposo ni quiere atenderlo, no quiere ni verlo, no sale. Él entra y viene hablar, habla conmigo, y me dice que… Yo le digo, le reclamo de que le quebró la mano a mi hija, que por qué le está pegando a mi hija, que eso no es correcto. Y que él ahora tiene una hija, que si le gustaría que le pegaran a su hija. Cómo se sentiría él como padre. Entonces viene él y me dice:  “Sí, disculpe, realmente yo no lo vuelvo a hacer”. “Yo te entregué una esposa, no te entregué a una sirvienta, ni una mártir ni nada por el estilo, qué creés, qué te pasa. Si esto no funciona mejor hasta aquí, déjense”. Yo pienso que si no funciona cada quién por su lado. “Podés venir, todavía”, le dije, “podés venir todos los fines de semana a ver a tu hija. No se te van a cerrar las puertas de la casa, podés venir a verla porque es tu hija pero definitivamente, si no respetás…”. “No, mire perdóneme, yo le digo a ella que me perdone, ya no lo voy a volver a hacer. Yo le prometo”.  Mirá, él prometió aquí de todo para que, que él no iba a volver a hacer.

Narradora: Pero lo volvió a hacer.

Silvia Trujillo analiza las palabras de Ada. Para ella, es un error pensar que la responsabilidad tiene que caer en la familia de Luz. Aquí entró en juego todo un sistema que no creó las condiciones necesarias para que sus familiares o sus amigos pudieran identificar patrones. Tampoco tenían claro cómo denuncia

Silvia: Es decir, que las señales estuvieron ahí, y falló como digo, falló el sistema, fallamos como sociedad. Y aquí es bien importante, otro mensaje que es muy nocivo es ” ah bueno es que la familia no hizo”. No, fallamos. Fallamos como sociedad todos y todas. Porque por ejemplo, a mi me pareció absolutamente aleccionador y profundamente preocupante que la mamá unos días después, también en declaraciones públicas, dijera “yo no sabía que podía denunciar de manera anónima”. Entonces otra vez, no es responsabilidad de la mamá. Es responsabilidad de un sistema que aunque pensemos que estemos comunicando, no hemos hecho lo suficiente.

Ada (en la marcha): Yo como madre hubiera agradecido que un vecino, escucharon porque escucharon, me mandan un audio, mi hija pide auxilio (corte)

Fade out

Narradora: El día de la marcha en la que mujeres exigieron justicia por el femicidio de Luz, Ada tomó el megáfono y pronunció las palabras que acabas de escuchar. Estaba parada frente al tragante donde encontraron el cuerpo de su hija.

Ada (en la marcha):  mas sin embargo nadie la auxilia, mi nieta tiene año y medio y mi hija grita, “no no no” ¡Auxilio auxilio! Y mi nieta llora, llora llora. Y cuando mi hija deja de gritar, mi nieta llora más.

Narradora: El miércoles 20 de enero, Jorge Zea reportó a Luz María como desaparecida. Llamó a Ada llorando. Aseguraba que alguien la había secuestrado, y le dijo que la última vez que la vio fue cuando la dejó en el trabajo. Ada llamó a algunos conocidos del Ministerio Público y de la Policía. Después, fue a la fiscalía donde trabajaba Luz, en la zona 2. Sentía que el corazón se le salía.      

Cuando llegó, habló con la jefa, con sus compañeros, con el policía de la entrada… Todos tenían la misma respuesta: Luz no había llegado a trabajar ese día.

La sospecha comenzó a ser más grande cuando Ada pidió ver las cámaras de seguridad de la oficina y de otros establecimientos cerca de la fiscalía. Ahí supo que algo andaba mal con las declaraciones de su yerno.

Ada: Al mostrarnos su cámara, veo yo que él llega a MAINA, no se baja nadie, se va para enfrente y tampoco se baja mi hija. Nunca, en ningún momento ella se baja del carro. Cuando yo veo que no se baja, me aflijo, ¿verdad? Me pongo a pensar “Dios mío, este hombre algo le hizo a mí hija, ¿verdad?”.

Narradora: Para Aldo, el tío de Luz, la noticia de la desaparición también fue devastadora. Pensó lo peor. Pensó en todo lo que había escuchado que le hacen a las mujeres cuando las secuestran.

Aldo: Lo que uno piensa es que las secuestran, que las van a ir a lastimar y que las van  a violar que es lo que primero hacen y que después las van a dejar tiradas por Escuintla o Mazate o cualquier otro lado  pero menos en el sitio donde supuestamente se la llevaran. Entonces con mi familia pensábamos: hijole ojalá que esté viva, que esté viva

Narradora: Las siguientes horas Ada las sintió como las más largas de su vida. Pensó en 25 años atrás, cuando creyó que Lucita, su bebé, había muerto en la operación. Igual que entonces hizo todo lo que pudo porque sobreviviera, no quiso descansar hasta encontrarla viva. Tenía fe de que Luz estaba escondida en algún lugar.      

Comenzó sola, como quien trata de encontrar un tesoro perdido, a buscar por los barrancos y las laderas de la zona 2.  Sí, Ada lo hizo sola, aunque Luz trabajaba en el Ministerio Público, y aunque algunos fiscales ya sabían del caso.

No encontró nada. Después fue a la casa de Jorge y de Luz. Ahí, los vecinos y las vecinas, empezaron a confirmar la sospecha. Una de ellas le comentó que sabían que algo raro pasaba.

Ada: Ay, Dios”, me dice, “a ver si no tiene algo que ver el marido porque la trataba muy mal”, me dice.

Narradora: Otro vecino le confirmó lo que una joven le había contado antes: que habían escuchado los gritos de auxilio.

Ada: Viene el muchacho y me dice “Fíjese que ayer”, –o sea el martes en la noche, ¿verdad?, porque ese día era miércoles– “escuchamos bulla, ruidos aquí arriba”, me dice, “entonces mi papá y yo, pues, nos levantamos”, me dijo. Me confirma lo que la muchacha ya me había dicho: que su papá y su hermano habían salido a ver porque habían escuchado bulla y van a ver qué miraban.“Pero como el monte”, dice el muchacho, “estaba muy alto, mejor nos regresamos porque ya no vimos nada”.

Narradora: Después de escuchar esto, Ada, junto a su hijo y los vecinos del lugar, comenzaron la búsqueda en otros barrancos y sitios boscosos de Mixco, cerca de la colonia. El Ministerio Público aún no empezaba la investigación y el presunto sospechoso, Jorge, estaba libre. Pero a ella no le importaba. Sabía que mientras más se tardaran, la posibilidad de que Luz estuviera muerta era más real.

Así pasó los siguientes dos días, sin dormir y sin comer casi nada. Se levantaba temprano  y salía a buscar a la colonia de Luz, Las Hojarascas. Mixco es una ciudad satélite, muy cerca de la capital y donde viven, según el último Censo, alrededor de 465 mil personas. El viernes, mientras estaban revisando en unas cuevas, un vecino se acercó a Ada y reprodujo un audio que había recibido. No sabía quién se lo había mandado.

Ada: Viene y a él lo llaman directamente, ¿verdad?, a él lo llaman. Y le dice “escuche”, pero así- “¡Paren, paren!”, dice el señor, ¿verdad? Paramos todos y como había mucho monte, hojas y palos, se oía la bulla. Entonces paramos todos y se oye donde mi hija grita “¡Auxilio, auxilio! ¡No, no, auxilio!”, y mi nieta llora, llora, llora mi nieta. De ahí ya no se escucha que mi hija grite. Solo mi nieta grita más, grita más. Llora asustada mi nieta. Y mi hija ya no se escucha la voz.

Narradora: A Luz le había pasado algo. Tenían las pruebas, la habían escuchado gritar, la grabaron, y nadie la auxilió.

Para entonces el Ministerio Público había empezado las diligencias en la casa de Luz y Jorge y había encontrado rastros de sangre en el carro del esposo. La orden de captura estaba a punto de emitirse.

Minutos después, cuando aún seguían en las cuevas, un conocido de la madre le envió una fotografía. Era un cuerpo envuelto en una bolsa plástica dentro de uno de los tragantes de la Avenida Simeón Cañas. Ada y su familia dejaron las palas, los lazos y las linternas que usaban para buscar dentro de las cuevas de Mixco. Se subieron al carro y condujeron hasta la zona 2.

Ada: Ya cuando llegamos allá, pues yo llego. Aunque intento entrar, no me dejan. De ahí me dicen “No, ya recogieron el cuerpo. Váyase para INACIF y allá lo puede ir a ver”, me dicen.

Narración: La necropsia, el reconocimiento y el ADN lo confirmaron: era Luz María del Rocío López Morales. Según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses, murió de asfixia por estrangulación. Su cuerpo estaba mutilado, quemado y con varias fracturas.

Ada: Me quedo ahí, esperando, pues. Cuando ya la reconozco y veo que es ella, ¿verdad? Sus uñitas estaban pintadas de blanco y una de dorado. Sus manos estaban quemadas… Mire, fue horrible reconocer a mi niña.

Narración: A Luz la escucharon gritar el día de su asesinato, pero nadie se atrevió a auxiliarla. Sus compañeros y familiares habían visto las señales, pero no supieron reconocerlas, nadie pensó que eran tan graves.

En el Ministerio Público, la institución que se supone debe acompañar los casos de violencia y donde hay personal capacitado, lo que le pasaba a Luz María pasó desapercibido.  La mató su femicida, pero también el silencio cómplice de una sociedad que no hizo, o no supo qué hacer, para defenderla. Silvia Trujillo cuenta lo que podemos hacer para evitar que historias como la de Luz se repitan todos los días en Guatemala.

Silvia 25:000 Ana Falú lo dijo: el silencio del encierro en la pandemia nos hace oír los gritos que antes no queríamos oír. Porque es cierto, no queremos oírlos, ahí están. Entonces si estás escuchando a alguien que te pide auxilio, basta de paralizarse, basta de decir “ah bueno que lo arreglen”. No tenés que ir tú sola a exponerte. Si tú vivís en un condominio, en un barrio, en una cuadra, en una cuadra, organizate con tus vecinos, con tus vecinas, y decís “tú ya identificaste la casa donde se produce la violencia, tú ya sabés quién es el tipo, ya sabés quién es la víctima, los hijos y las hijas. Entonces organizate colectivamente, por cuadras si querés, y decí “ok, estemos atentos, porque si pasa vamos a reaccionar todos y todas colectivamente.

Narradora: Jorge Rafael Zea, el esposo de Luz María, fue capturado el sábado 23 de enero. Cuando publicamos este episodio, el 9 de marzo de 2021, estaba en prisión preventiva a la espera del juicio por el delito de femicidio.

Alice, la hija de Luz, vive ahora con Ada, su abuela. Ada espera que en marzo un juez le dé la custodia definitiva. Aldo Vásquez, el tío de Luz se inscribió a la carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales. Planeaba hacerlo con Luz María. Los dos querían sacar otra licenciatura juntos. Ahora, le tocará hacerlo solo. 

Ada Morales sueña todos los días con Luz. Ve sus ojos en los de su nieta, dice que no descansará hasta que se haga justicia.

Narradora:: Si al escuchar este episodio reconociste algunos signos que te hacen pensar que tú o alguna persona que conoces sufre violencia, por favor, cuéntaselo a alguien.  Si vives en Guatemala puedes denunciar al 110 de la PNC, al 1572 del Ministerio Público. Puedes llamar al 2250-0235 del Grupo Guatemalteco de Mujeres y la Red CAIMUS, pedir ayuda al 123 o 122 de los bomberos, o contactar a  cualquiera de las organizaciones y colectivos feministas que hemos compartido en nuestra página agenciaocote.com. No estás sola.

Narradora:  La investigación y el guion de este episodio los hice yo, Melisa Rabanales.

La edición es de Carmen Quintela, la producción y edición sonora de José Monterroso y la ilustración es de Maritza Ponciano.

En este episodio usamos fragmentos de la Canción sin miedo, de Vivir Quintana, adaptada e interpretada por Gloria Franco.

La música original es de Juan Carlos Barrios.


Créditos para versión web:

Investigación y guion: Melisa Rabanales.

Edición del guion: Carmen Quintela.

Producción y edición sonora: José Monterroso.

Ilustración:  Maritza Ponciano.

En este episodio usamos fragmentos de la Canción sin miedo, de Vivir Quintana, adaptada por Gloria Franco.

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