Después de las tormentas
CADF 2021
César Castro Fagoaga: “Ante el alza del autoritarismo, el periodismo debe mantenerse”
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En esta entrevista, realizada en el marco del Foro Centroamericano de Donantes 2021, César Castro Fagoaga señala los puntos clave sobre los retos que vive el periodismo en Centroamérica, su relación con la democracia y sobre la importancia de una ciudadanía informada y la organización del gremio como herramientas para defender la libertad de expresión.


César Castro Fagoaga es periodista en El Salvador. El país enfrenta una crisis política en la que el Ejecutivo y la Asamblea Legislativa acaparan el poder, rechazan críticas y pierden oposición. Una crisis en la que su presidente, Nayib Bukele, maneja un discurso de odio contra la prensa, que ha desembocado en ataques directos a periodistas, como las amenazas hacia la revista Factum, el medio del cual Castro es jefe de redacción y cofundador, o a El Faro, cuyos periodistas han denunciado seguimientos, interceptación de llamadas, agresiones y la expulsión del país de miembros de su equipo. 

Castro construyó su carrera como reportero en el medio digital El Faro, donde también fue jefe de redacción. Trabajó como editor en La Prensa Gráfica y coordinó la revista Séptimo Sentido.

Desde el 31 de julio de 2021 es además presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES). Desde este espacio ha divulgado y denunciado los abusos y opresiones que viven los periodistas salvadoreños.

Esta entrevista, que reproducimos a continuación en texto, fue realizada el 27 octubre de 2021 en el espacio de Radio Ocote podcast del Foro Centroamericano de Donantes (CADF) 2021, un encuentro organizado por Seattle International Foundation que busca crear redes para promover el desarrollo y los esfuerzos de la filantropía en Centroamérica y que reúne a líderes de empresas, Gobierno y organizaciones.

¿Cómo está el escenario actual para la prensa en El Salvador? ¿A qué se enfrentan? ¿A quién se enfrentan?

Vivimos un momento delicado para la libertad de prensa. La situación ha empeorado en los últimos dos años y las evidencias nos indican que la situación, por desgracia, va a empeorar.

Desde que tomó posesión la nueva Asamblea Legislativa en El Salvador y se removió a la Sala de lo Constitucional, se marcó el inicio de la cooptación del poder judicial. La casa presidencial controla el Estado.

Desde antes de ser presidente, Nayib Bukele ha promovido un discurso de odio contra la prensa. Cuando era alcalde de San Salvador ya mostraba tendencias autoritarias cuando impedía el acceso a conferencias de prensa a medios determinados.

Bukele ha creado enemigos en diferentes sectores de la sociedad civil. Empezó con miembros de partidos políticos, luego la asamblea legislativa, los jueces que se atrevieron a dar resoluciones contra lo que él decía, la sociedad civil, algunas oenegés y por último ya con un peso muy significativo, los medios de comunicación y periodistas, señalados como opositores políticos.

¿Cuál es el riesgo de que un presidente maneje este discurso?

El riesgo es que el discurso puede repercutir en una sociedad violenta como la salvadoreña. El hecho de considerar a alguien como enemigo de un proyecto, que según Bukele ha sido bendecido por la divinidad, puede dar lugar a pensar que estas personas deben ser eliminadas.

Hemos tenido casos concretos. A un colega de la revista lo reconocieron en las elecciones de febrero de este año, y le dijeron: “Vos sos el de esta revista, Factum”, y estuvieron a punto de lincharlo. En agosto de este año, vimos cómo miembros de la Policía Nacional Civil violentaron de forma física a algunos periodistas. Un colega de El Diario de Hoy fue abofeteado por un policía y después el agente se justificó diciendo “es que ustedes están contra nosotros”.

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¿Podríamos pensar que es a raíz del discurso de odio que empiezan los ataques a la prensa?

Desde que Bukele es presidente ha habido mayores ataques contra la prensa. En el año 2019 estábamos en 77 vulneraciones de diferente tipo. Por ejemplo, despidos, ataques, acoso, entre otras. En el 2020 tuvimos 125. Para octubre de 2021 ya tenemos 205, y el principal grupo agresor es la Policía Nacional Civil.

Existe una intención, y la vemos cada vez más seguido, que es bloquear el trabajo periodístico en las coberturas donde se habla de violencia, porque este Gobierno ha intentado vender la idea de que ahora el país es casi un paraíso seguro. Es verdad que los homicidios han disminuido en el país, pero hay otros fenómenos como la gran cantidad de personas desaparecidas y las negociaciones con las principales pandillas del país, de las que el Estado no da respuesta.

Recientemente, en un mercado, unos colegas trataban de captar imágenes para la recuperación de un cadáver, y aunque no estaban interfiriendo, fueron retenidos ilegalmente por una hora. A uno de ellos incluso le golpearon, le dañaron su equipo y le rompieron la cámara.

Es un escenario que no solo sucede en El Salvador. Lo estamos viendo en varios países de la región.

El Salvador no es un caso aislado. Ocurre en Centroamérica, donde cada vez hay más líderes tratando de atentar contra la democracia. No les gusta la rendición de cuentas, son alérgicos a la transparencia y al periodismo. Por eso es que sistemáticamente lo atacan.

Los actos violentos de la Policía también se han visto en Guatemala y en Honduras. Las policías son apartidarias y aun así se están comportando como la vigilancia privada de los gobiernos. Son instituciones poco preparadas para respetar los derechos humanos. Es un riesgo que se desnaturalice su función de servir a la ciudadanía y contrario a eso ataquen a la prensa. Se han dejado envenenar por el discurso de odio.

Desde APES hemos procurado una reunión con el director de la Policía Nacional Civil, de quien ya habíamos recibido una fecha, pero luego canceló. Creemos que el diálogo sigue siendo la mejor herramienta para la resolución de conflictos porque lo que nos interesa es la protección del gremio, pero nos encontramos con las puertas cerradas, no hay una intención de la administración por resolver el problema.

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En este contexto, ¿cuál debe ser el rol de los organismos internacionales?

Uno de los más importantes es tener conciencia de lo que ocurre. Por eso es importante que las denuncias por parte de las y los periodistas persistan, para que las instituciones fuera del país se pronuncien.

Aunque también veo con preocupación que en algún momento criticaron o condenaron los hechos de violencia hacia la prensa o el rompimiento democrático, pero meses después se les olvida. Cuesta entender esas posturas. De pronto vemos a una embajadora que publica columnas en un medio de propaganda estatal y de alguna forma se valida el desorden estatal. ¿Cómo pueden trabajar con un gobierno que rompe las leyes y al que le importan poco o nada los derechos humanos?

El rol es denunciar junto a la ciudadanía y no validar actitudes autoritarias. Pedimos coherencia y llamar a las cosas por su nombre: en El Salvador hay un gobierno totalmente autoritario.

Ante la puerta cerrada, ante ese tope, ¿qué podemos hacer como periodistas o como ciudadanía para que disminuyan los ataques a la prensa?

Buscar un método racional para resolver conflictos. Mucho de esto tiene que ver con alfabetizar mediáticamente a la sociedad, porque la libertad de prensa no solo es expresar ideas y pensamientos, sino que es parte de la libertad de expresión, que se refiere a acceder al uso de mis datos, a la información que debería ser pública, a lo que me dicen los medios de comunicación, a otras posibilidades de medios, a recibir y consumir cualquier información que yo considere.

En la medida en que más personas entiendan por qué es importante que en una democracia exista el periodismo, probablemente lo defenderán. Pocas veces nos damos a la tarea de subrayar la importancia de lo que hacemos: un servicio a la comunidad.

¿Cómo involucramos a la ciudadanía?

Desde nuestra trinchera, que son los medios de comunicación, creemos que con tirar bombazos de grandes investigaciones involucramos a la ciudadanía pero se nos olvida que los hábitos de consumo de la población han cambiado. Ahora la cultura es mucho más audiovisual, y no quiere decir que se deban detener las investigaciones, pero hay que pensar otro tipo de productos más digeribles. Contenido que va al punto y que intente captar al lector o lectora más joven. Al final nos interesa que se conozca la información.

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Mencionaste antes que estos ataques a la prensa ponen en riesgo a la democracia, ya no solo de un país, sino de la región. Hemos visto ejemplos claros como los ataques a periodistas en Guatemala; el caso de Bukele en El Salvador; periodistas exiliados y presos políticos en Nicaragua, donde la situación parece insostenible. ¿Quién vela por los periodistas?

Falta educar a la gente sobre por qué es importante la labor periodística para que defiendan el periodismo.

El bloqueo de las instituciones del Estado para obstaculizar a medios de comunicación es una realidad centroamericana, y el caso más escandaloso es Nicaragua, donde usan a la policía, usan al sistema judicial para bloquear a medios de comunicación. Ahora está pasando en Guatemala y en El Salvador.

El riesgo a la democracia lo marca la estigmatización, el discurso del odio, el bloqueo sistemático, que tiene que ver con el poco o nulo acceso a la información pública y el uso de instituciones para censurar. Pero la más dura es la mordaza y la represión.

Vemos con preocupación comentarios de funcionarios diciendo que “a los medios habría que regularlos”, que “en El Salvador se respeta a la prensa, pero algunos medios deberían estar pagando por las investigaciones que están haciendo”. Si controlan el Estado no es muy difícil adivinar hacía dónde vamos.

Hay posibilidad de que en un futuro cercano en El Salvador se detenga a periodistas, se clausuren medios de comunicación. La evidencia está allí y vemos otra vez el espejo nicaragüense, que es lo más burdo que se está haciendo y en El Salvador se está siguiendo a rajatablas.

A Daniel Ortega le tomó diez años tener el control estatal y a Bukele le ha tomado dos. Sin embargo, hay algo positivo en Nicaragua que se ha mantenido firme y es su periodismo, que pese a las diferentes restricciones y trabas que hay en el acceso a la información, se mantiene inspirador.

En El Salvador tenemos claro que ante mayor cierre del espacio ciudadano, ante un quiebre de la democracia inminente, ante el alza del autoritarismo, el periodismo debe mantenerse.

También podemos construir un andamiaje de protección para periodistas. Desde la Asociación (de Periodistas de El Salvador) pretendemos ayudar a que el ambiente para hacer periodismo se mantenga. Que las y los periodistas se sientan respaldados. Hemos visto algo interesante en la APES y es que muchas personas se están acercando para soportar los impases.

Nuestro mandato es proteger a los periodistas y hay un sentimiento de gremio que yo no había sentido antes. Cuando me preguntan qué es lo positivo de esta administración, yo digo que están haciendo que los periodistas se unan. Están haciendo que los periodistas cada vez sean más conscientes de sus derechos y de lo importante que son para esta sociedad.

¿Por qué el gremio se organiza ahora en la dificultad?

Porque entiende que haciendo grupo somos más sólidos y más difíciles de arrancar. El gremio es como una mazorca, si estamos juntos podemos afrontar la situación de mejor manera.

¿Hay organización periodística a nivel centroamericano? ¿Podría ser ese un camino para ser más sólidos?

Podría ser un camino. Al menos para visibilizar que los periodistas de Centroamérica estamos unidos. Eso podría hacer una presión internacional más grande.

Una luz de esperanza la recibí en una marcha en El Salvador, el 15 de septiembre, que coincidió con los 200 años de independencia. Había un montón de gente protestando por muchas cosas, entre ellas el Bitcoin. Pero además estaban protestando por el autoritarismo, la falta de independencia judicial y había una que no era de periodistas sino de sociedad civil, y yo pensé que algo bueno estamos haciendo.Vi una pancarta que decía: “Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia”. Que la sociedad defienda a su periodismo es muy importante. Estamos haciendo algo y la gente se ha comenzado a dar cuenta. En un futuro cercano vamos a necesitar ese apoyo. Vamos a necesitar que la sociedad nos defienda.

Cuando más atacada está la democracia, es cuando más se necesita que los periodistas hagan su trabajo. Es algo que me gusta recordarle a los colegas porque en estas circunstancias es entendible tener miedo, es entendible querer hacer otra cosa o incluso querer tirar la toalla, pero es nuestro servicio a la comunidad.

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