Después de las tormentas
Manchón Guamuchal
Además del ecocidio, en Manchón Guamuchal hay otra amenaza
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En junio del año pasado ocurrió un ecocidio en el humedal Manchón Guamuchal, en la costa del Pacífico de Guatemala. Seis meses después ya no se observan rastros de la mancha negra y aceitosa que provocó la tragedia ambiental. Tampoco hay ningún resultado de las investigaciones de las autoridades. Pero esa no es la única amenaza que enfrenta el humedal: un taponamiento de arena y basura de tres kilómetros de longitud, en el río que lo alimenta, deja sin vida a sus aguas y a la comunidad Tres Cruces.


Amanece. En el humedal solo se escuchan las aves y el motor de una lancha que se acerca entre los mangles. El sol se cuela entre las ramas que amurallan los laberínticos canales de agua. Es jueves, 21 de enero de este año. 

–¡Buenos días! –gritan tres jóvenes desde otra lancha. Mayra Martínez López responde con el mismo saludo. Los observa atenta. Lo hará con todas las barcas con las que se encuentre en el trayecto. Ella es la guardarrecursos del Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP).

Martínez patrulla los canales del Manchón Guamuchal que rodean Tres Cruces, la aldea donde vive con su hijo de 12 años. Es guardabosques desde noviembre de 2014. Sus herramientas de trabajo son una lancha de motor, un teléfono celular, unos binoculares, un cuaderno y un lapicero. 

Mayra Martínez, la guardabosques de Tres Cruces/ Foto: Carlos Alonzo

–Hacer recorridos como estos no tiene precio. No es trabajo. Es bellísimo ver el mangle a buena mañana –dice sonriente. Quizás olvida los riesgos de su trabajo: hacerle frente a taladores y cazadores durante sus recorridos sin compañía.

Hace seis años, en una reunión, casi todos los vecinos de Tres Cruces votaron para que ella fuera la nueva guardabosques. Ella se negó. Cambió de opinión después de que un hombre asegurara que una mujer no podría con el trabajo. 

–Veo todas las manos levantadas, menos las de los dos candidatos que yo había escogido para que fueran guardarrecursos. Uno de ellos dijo: “No es que yo quiera ser, pero pienso que una mujer no puede”. Esas palabritas fueron las que me hicieron decir: “Yo creo que sí podría” –relata, mientras la lancha se dirige al azolvamiento del río Ocosito, la fuente de agua dulce del humedal ubicado en la costa sur del pacífico, entre San Marcos y Retalhuleu.

Este canal es uno de los varios en los que se ramifica el río en la costa del Pacifico de Guatemala. 

La barca llega a su destino. Es una explanada fangosa cubierta de maleza, como un campo de fútbol sin podar. Debajo hay arena y basura. Mayra le pide a su hijo que no baje porque la superficie no es firme como lo aparenta. También se lo impide porque la zona se ha convertido en territorio de serpientes.

El taponamiento –la franja verde claro– de la fuente de agua dulce del humedal/ Foto: Carlos Alonzo

La que debería ser la principal arteria del río para el manglar hoy es una masa de al menos tres kilómetros que obstruye su paso. Esa fue la longitud que estimó CONAP en un informe de septiembre de 2020. Desde la altura de un dron, se observa como un largo camino cubierto de vegetación. Antes era la vía que llevaba agua al humedal.

–De aquí sacamos costales de plástico, pero es por gusto. La basura, las bolsas, los frascos de medicina, la arena se sigue acumulando– explica la guardabosques que desde hace tres años observa cómo el taponamiento crece sin control.

En este lugar, que ahora ocupa el amasijo, se pescaba y las mujeres de la comunidad lavaban ropa. Hoy solo acumula arena y basura que arrastra el río desde municipios de Quetzaltenango y Retalhuleu.

–Da pena, da tristeza. No tenemos apoyo de las autoridades, del gobierno –lamenta Mayra Martínez.

Ella aprendió a nadar en las aguas del Manchón Guamuchal y quiere morir acá, donde llegó a vivir con su familia a Tres Cruces, cuando tenía seis años. Donde vio por primera vez el mar. Aquí donde, el año pasado, también presenció cómo aquella sustancia oscura y oleosa cubrió el humedal.

Sin culpables, sin soluciones

A mediados de junio del año pasado, en el humedal una sustancia mató todo a su paso. Los peces y camarones flotaban muertos. La vida para los mangles que empezaban a retoñar acabó. Ahora, el agua ya no es negra y los pescadores lanzan de nuevo sus redes. 

Nadie ha sido acusado por el ecocidio. Tampoco se ha responsabilizado a ninguna finca, empresa o autoridad municipal, por la tragedia en este humedal compuesto por bosques de mangle y lagunas de agua dulce y salada. 

En 1998, el Gobierno de Guatemala declaró este lugar como área protegida y desde 1995 posee el título de sitio Ramsar, otorgado por la UNESCO a los manglares de importancia internacional por su diversidad biológica. 

El área protegida del humedal tiene una extensión de 13,942 mil hectáreas, equivalentes a 19,500 mil canchas de fútbol. De estas, 7 mil 650 están cubiertas de mangle, la mayor cantidad de todo el país, según un perfil elaborado por CONAP. La Finca Tamashan estima que 7,700 hectáreas forman parte de su reserva natural privada. 

–Se dice que pasó por las camaroneras, otros dicen que fue por los químicos y desechos de la palma, otros dicen que fue por la bananera –dice la guardabosques de Tres Cruces. 

La Fiscalía de Delitos Contra el Ambiente recogió las primeras muestras tres meses más tarde, en septiembre. 

Aura Marina López, jefa de la unidad hasta febrero de este año, justifica la demora con que dependían de la disponibilidad del personal del Ministerio de Ambiente para viajar hasta el Manchón Guamuchal, pues en la fiscalía no hay técnicos especializados para realizar ese trabajo y es la cartera de Ambiente la que designa a sus expertos. 

Foto: Carlos Alonzo

La fiscal también menciona que la pandemia de COVID-19 ha impedido que las instituciones trabajen con todos sus empleados debido a los protocolos sanitarios y porque algunos han enfermado. La funcionaria asegura que eso impide que actúen con celeridad. 

El caso que se abrió por la muerte de flora y fauna continúa en la fase de investigación. El Laboratorio Nacional de Salud, el mismo que se encarga de las pruebas de COVID-19, aún no entrega los resultados de los exámenes a los que debían ser sometidas las muestras de agua tomadas en septiembre. 

López explica que los resultados quizás podrían revelar a un sospechoso, pero no hay certezas. La fiscal dice que el Laboratorio Nacional de Salud tiene como prioridad la pandemia y no hay otros laboratorios que puedan realizar las pruebas por protocolos legales.

–Debería ser el Inacif (Instituto Nacional de Ciencias Forenses), pero no tiene las herramientas –lamenta. 

El ecocidio ocurrió el año pasado, pero el taponamiento del río crece desde hace casi dos años y medio. 

–Empezó en octubre de 2018, cuando hubo una lluvia bastante fuerte. Se trajo desechos sólidos y la arena suelta de cultivos. El taponamiento era grande, de un kilómetro, y poco a poco se ha ido azolvando más –explica David Barillas, subdirector regional del CONAP en la Costa Sur. 

Barillas explica que el taponamiento pone en riesgo al humedal, pues esta vena del río Ocosito es su única fuente de agua dulce. La falta de ésta, asegura el funcionario del Consejo, amenaza a todo el ecosistema del Manchón Guamuchal. 

–El humedal es una entrada tanto de agua dulce como de agua salina. Al momento de que el río no lleve suficiente agua, habrá un daño ambiental al manglar. ¿Por qué? Porque si no hay suficiente agua dulce, entrará más cantidad de agua salada. Y la especie de mangle blanco que necesita agua dulce para sobrevivir, morirá. Entonces habrá un efecto bastante grande –expone Barillas. 

Los manglares son el hábitat de especies terrestres y marinas. Un refugio de aves migratorias. Son además una barrera natural que protege a las comunidades costeras, como Tres Cruces, de eventos climáticos como huracanes e inundaciones.

Un ave en uno de los canales del humedal / Foto: Carlos Alonzo

–Aunque se haga un dragado ahora del río, el año entrante estará igual o peor, porque no hay un manejo integrado de la cuenca del río. Hasta que el guatemalteco no entienda que no debe tirar basura en la calle, que no debe tener un basurero clandestino, que debe tener drenajes, que debe tener plantas de tratamiento, que debe tener un manejo adecuado de desechos sólidos en todos los municipios que abarcan la cuenca, el humedal no dejará de sufrir– asegura Barillas.

Las bifurcaciones del río atraviesan 15 municipios: Champerico, El Asintal, Nuevo San Carlos, San Sebastián, San Felipe, San Mateo, Retalhuleu, Concepción Chiquirichapa, San Martín Sacatepéquez, Colomba, Coatepeque, Flores Costa Cuca, Génova, El Palmar, Ocós. Todos ubicados en Retalhuleu, Quetzaltenango y San Marcos. 

El Ministerio de Ambiente atribuye el taponamiento a la “deficiente gestión municipal de los residuos y desechos sólidos en los centros urbanos y comunidades que se encuentran dentro de la cuenca del río Ocosito, de los departamentos de Quetzaltenango, Retalhuleu y San Marcos“. Los primeros dos, asegura, son los que mayor basura aportan.

Otro de los orígenes de la muralla de arena y basura, o azolvamiento, es el “desvío del caudal para irrigar plantaciones de agroexportación y agroindustrias“, de acuerdo un informe elaborado en septiembre del año pasado por CONAP. Sin embargo, el Ministerio de Ambiente considera que no es de las principales causas del problema. 

–La disminución o aumento del caudal del río Ocosito por captación o lluvia no es el causante directo del taponamiento– , indica la cartera en un documento entregado por su equipo de comunicación. 

Elaboración de Rüdiger Escobar Wolf

La aldea olvidada

En Tres Cruces no hay cableado de energía eléctrica y no hay agua entubada. Quienes pueden, cuentan con paneles solares o generadores que funcionan con gasolina. Extraen el agua de pozos que abren a mano. La comunidad forma parte del Manchón Guamuchal y pertenece al municipio de Retalhuleu.

La rodea el mar y el humedal. Es uno de los cinco caseríos que se esparcen alrededor del humedal. Los otros son La Barrita, El Chico, El Manchón y Tilapa. 

La aldea se encuentra a siete horas de la Ciudad de Guatemala. El trayecto más usado para llegar a la comunidad incluye un viaje en lancha de 15 minutos y luego un recorrido en cuatrimoto de 20 minutos, o una hora y media a pie, en una playa desértica. Es un recorrido en el que no hay viviendas, no hay huellas de personas, no hay huellas de perros, solo el rastro infinito de estos vehículos conducidos por adolescentes. 

En Tres Cruces la señal de teléfono apenas llega a la orilla de la playa o debajo de unas palmeras cercanas al estero. Algunas familias tienen antenas que les permite ver partidos de fútbol internacional, como el de hoy entre Real Madrid y Alcoyano. Es la tarde del miércoles 20 de enero de 2021. Belter Rolando García López y otros muchachos del caserío disfrutan del juego.

Belter García es el único trabajador del Ministerio de Salud contratado para atender a las aproximadamente 100 familias que habitan la aldea.

––En este caserío bajó el agua negra. A simple vista se miraba la división del agua contaminada con el resto del agua. Era negra y tenía olor fétido. En la comunidad se sentía. Cuando la gente iba a pescar se miraban los peces muertos, flotaban. Y no solo eso, murieron aves, y el mangle que empezaba a crecer también fue víctima ––recuerda García.

El trabajador de salud de la aldea/ Foto: Carlos Alonzo

 El “agua negra” causó el ecocidio y también enfermó a los pobladores de la aldea Tres Cruces. 

–Fue justamente cuando apareció esa agua negra que algunos habitantes presentaron padecimientos en la piel– asegura el enfermero que desde hace siete años debe atender a los pobladores, brindar métodos anticonceptivos y cuidar de las mujeres embarazadas y los niños desnutridos.

[Así de lo contamos:Otro ecocidio, ahora en un manglar en Retalhuleu]

Los más afectados fueron los pescadores y los criadores de camarones, es decir, la mayoría de la comunidad. 

El manto oscuro de 2020 en la comunidad no fue novedad. Desde hace un par de años lo han visto llegar con las primeras lluvias. Aunque nunca con las dimensiones del año pasado. Además, sufren los efectos del azolvamiento del río.

Alguien que lo sabe bien es Juan José García Veliz, un hombre de 75 años que, recostado sobre una palmera, con la camisa desabotonada, escucha atento al enfermero Belter. Vive desde hace unos 50 años en Tres Cruces.

Juan García trabaja en los criaderos de camarón de la Finca Tamashan.

––Sacábamos 800 quintales o 1,000 quintales de camarón, pero esta vez sacamos ajustadamente como 300 quintales­­– explica.

En los últimos meses se ha dedicado a la siembra de ajonjolí en un terreno cercano a su casa. Fue la alternativa para afrontar la tragedia del año pasado y la falta de pesca. 

–Siempre siembro ajonjolí, por eso es que estoy sobreviviendo. Guardé de ahí unos mis centavitos, porque de la pesca ya no se agarra nada, ya no se gana nada. Acá había pescadales porque era hondo. Todo esto tenía tres metros de profundidad en marea seca. Ahora todo se ve seco. Ahí eran criaderos de pescado –dice mientras señala hacia lo profundo del manglar.

Juan García, el pescador / Foto: Carlos Alonzo

García menciona otro elemento que él observa que ha causado el deterioro del humedal: la captación del agua del río que hacen las fincas de banano y palma africana cercanas al humedal.

––Empezó a cambiar por ahí en 2005. Cuando las fincas bananeras y de palma comenzaron a agarrar el agua del río. Pensamos que no afectaría porque en el primer año fue poco. Pero con cada año vimos cómo fue afectando. De 2015 para acá fue más grande el problema ––relata mientras la luz del sol se extingue y el partido de fútbol termina.

Juan antes de irse a casa deja claro que teme que el taponamiento provoque inundaciones o algo peor.

–Al haber un temporal como Agatha, Stan o Mitch, será una matazón de gente, animales y cultivos porque el río no tiene salida ––predice.

El temor del campesino no es infundado. En 2019, la CONRED determinó que en la comunidad Tres Cruces hay riesgos de inundaciones debido al taponamiento y el uso del agua del río Ocosito de parte de la agroindustria. 

En imágenes satelitales que fueron procesadas por Rudiger Escobar Wolf, profesor asistente de investigación en ingeniería y ciencias geológicas y mineras de la Michigan Technological University, se observa cómo crece el taponamiento a partir de 2018. 

Escobar afirma que los visuales evidencian que el color azul oscuro del río cambia a un color verde intenso. Eso significa que cierta vegetación cubrió la superficie de esa parte del río. Tal como lo explicaba la guardabosques de Tres Cruces. 

Explica, además, que en las imágenes no se percibe una disminución del ancho del río a diferencia de otros ríos como Madre Vieja, que hace cuatro años ya no llegaba al mar por los desvíos que hacían fincas de monocultivos. 

Dejar la aldea

–Hace cuatro años se lograba pescar normalmente durante invierno y verano. Todavía uno se sostenía. Pero por la situación, la gente ha migrado, así como su servidor– dice Joel Wilfredo Archila, expresidente del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de Tres Cruces.

Desde hace cuatro meses vive en La Blanca, San Marcos, municipio cercano a la aldea. En Tres Cruces trabajaba como pescador. Ahora, en este nuevo pueblo, se gana la vida elaborando bloques de construcción y, de vez en cuando, acarreando plátanos. 

Archila no es el único hombre que ha dejado Tres Cruces. En los últimos años, otros más han buscado empleo en comunidades aledañas o han migrado hacia Estados Unidos. Los peces en el manglar ya no son suficientes para llenar el estómago ni la billetera. 

–Ahora se pesca entre ocho y 10 libras de liseta, pero hace unos años se pescaban hasta 70 libras –lamenta. Vendía cada libra a Q3. 

El pescador asegura que la mancha negra solo agravó una crisis que ya estaba instalada en Tres Cruces. La pandemia de COVID-19 hizo estragos antes. Las restricciones de movilidad dictadas por el gobierno y el miedo a la enfermedad impidieron que sus compradores de siempre llegaran por el pescado y los mariscos. El coronavirus además dejó a la escuela de primaria de la comunidad sin sus tres maestros. Los niños supieron de ellos hasta el segundo semestre del ciclo escolar. Llegaron a dejar un par de tareas para justificar el año.

[Lee también: Enseñar en la incertidumbre: La pandemia desde la experiencia de los docentes]

Ante la denuncia del ecocidio, el Estado los dejó solos una vez más. Sin respuestas, como en los últimos tres años, en los que Archila pasó de una mesa técnica a otra. En estos encuentros, en teoría, se hallarían soluciones para la contaminación del manglar y el azolvamiento del río. En las reuniones hubo representantes de diferentes entidades gubernamentales como el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales. Pero nunca se concretó ningún plan. 

––Cuando ya miraban las cosas grandes, cambiaban de autoridades. Volvíamos a empezar las reuniones. Siempre un montón de pretextos ––critica. 

Unas semanas después, el Ministerio de Ambiente confirma las palabras de Joel: se crean mesas de trabajo, pero ninguna tiene frutos. 

“El ministerio ha asumido el liderazgo para realizar mesas técnicas de trabajo con respecto a esta problemática, también se hizo un mapeo de actores, se determinó el área afectada, las causas y se han planteado diferentes acciones. La iniciativa más inmediata consiste en hacer una evaluación para limpiar los canales y el cauce natural del río Ocosito en su desembocadura, lo cual está en evaluación por la complejidad en cuanto a la tenencia de la tierra y que es un área protegida; y por supuesto las acciones y recursos necesarios para llevarlo a cabo”,indica la cartera en un documento compartido por su equipo de comunicación. Esa fue la única respuesta oficial de la cartera, no se facilitó una entrevista con las autoridades como insistió Agencia Ocote.

El dragado del río que tanto pidió Joel está lejos de ser una realidad. El Ministerio de Ambiente dice que esa alternativa también es analizada en una de las mesas técnicas.

El pescador se cansó de esperar. Cambió su lancha por una motocicleta y el manglar por las calles de La Blanca. Atrás quedó Tres Cruces, la comunidad que añora la llegada de agua dulce en el manglar y en los pozos de sus viviendas.

La aldea Tres Cruces Foto: Carlos Alonzo

Palma africana

––Acá la palma únicamente crece y se riega ––dice Christian Mora, gerente de operaciones de Agroaceite, mientras cruza en un vehículo la Finca Las Maravillas, propiedad de la empresa. Es un terreno ocupado por 303 hectáreas de palma africana, unas 424 canchas de fútbol. El calor no es sofocante como es usual en esta zona en la que se llega a alcanzar los 38°C. Aún sopla una brisa. Es la tarde del 21 de enero.

Después de seis meses, algunos pobladores aún acusan que la mancha negra que provocó el ecocidio en Manchón Guamuchal se originó en esta plantación de palma africana. La empresa niega cualquier responsabilidad sobre el hecho e insiste en su inocencia.

En agosto de 2020, Agencia Ocote reveló la situación del humedal en el podcast “Manchón Guamuchal: un ecocidio en Retalhuleu”, que recogía los señalamientos de algunos habitantes contra finca Las Maravillas. Aunque durante la preparación del reportaje los directivos optaron por no dar declaraciones, luego de publicada la nota, Javier Aguirre, director corporativo de Agroaceite se comunicó para rebatir las acusaciones y asegurar que la contaminación no provenía de esta finca de palma. En el texto se publicaron sus declaraciones posteriores. Además, insistieron en su disposición para que periodistas de Agencia Ocote visitaran la finca para conocer sus procesos. En febrero de este año, los autores de esta nota visitaron la finca.

Durante el trayecto entre la palma africana, Mora explica, junto a otros directivos de la corporación, que en la Finca Maravillas no se encuentra ninguna planta de procesamiento de aceite. Esto, debido a que algunos entrevistados afirmaban que la apariencia aceitosa de la mancha negra se pudo deber a algún derramamiento proveniente de esta finca de Agroaceite. 

El gerente de operaciones aclara que la única planta de procesamiento para la extracción de aceite crudo de la compañía se encuentra en la Finca Pensilvania, ubicada a un par de kilómetros de la Finca Maravillas. Plantaciones de banano y algunos caseríos las separan. Mora hace énfasis en que no se emplea ningún químico durante las fases de extracción de aceite crudo, únicamente agua. 

Plantaciones de palma africana de Agroaceite Foto: Carlos Alonzo

Luego de ese procedimiento, el agua sobrante es trasladada a biodigestores para su tratamiento. Tras pasar por estos, el agua sirve para regar las 64 hectáreas de palma africana de la Finca Pensilvania, según Mora. 

En total, Agroaceite cuenta con 7,162 hectáreas de palma africana en el Suroccidente del país, equivalentes a 10 mil canchas de fútbol. Esas plantaciones están dispersas en fincas ubicadas en municipios de San Marcos, Quetzaltenango y Retalhuleu. Algunas de estas son Finca Pensilvania, Finca Maravillas, Finca Mojarras, Finca Campo Verde, Finca Monte María. Las siembras de esta empresa empezaron en 2008.

El gerente de operaciones detiene la camioneta cuando llega a una compuerta de metal instalada para regular el agua de sus conductos de riego. Se encuentra en unos de los límites de la Finca Maravillas. Mora explica que con esta se evita el desborde de los canales de riego durante la temporada de lluvias. El agua rebosante es lanzada hacia una veta que se conecta con las ramificaciones del río Ocosito. Pero, asegura, que en esta no se vierte ninguna otra sustancia. 

El 2 de febrero, unos días después del recorrido dentro de las fincas de palma africana, a través de una videollamada, Javier Aguirre, director ejecutivo de Agroaceite, explica que las plantaciones de la corporación son regadas con agua de pozos, de lluvias y del río Ocosito. Aunque dice no recordar con exactitud qué fincas emplean el agua de este afluente, solo menciona una de nombre Mojarras.

Aguirre asegura que hacen el “mayor esfuerzo“para usar la menor cantidad de agua posible del río.

–Hemos hecho el esfuerzo de reunirnos con otros actores, del sector público y privado, para hacer un uso racional del agua. No se trata de desvío de ríos, o algo por el estilo, porque al final están los otros vecinos que necesitan el agua –comenta. 

Aguirre asegura, además, que el uso que hacen del agua del Río Ocosito no genera algún impacto que ponga en riesgo a la comunidad Tres Cruces o al humedal. Cree que la captación de agua no disminuye el afluente, ya que ocupan un espacio “minúsculo“ en la cuenca del río, apenas el 2%. 

–Deben tener en cuenta también que en la cuenca hay diversos usuarios: palma, caña, hay hule, hay pequeños productores, hidroeléctricas y municipalidades. Todos usan el río – indica. 

Otro sector de los cultivos de Agroaceite. Foto: Carlos Alonzo

Agencia Ocote pidió al Ministerio de Ambiente, a través de la Ley de Acceso a la Información Pública un listado de las otras empresas, fincas y comunidades que utilizan agua del río Ocosito, pero no se recibió una respuesta después de casi un mes. El departamento dice que aún siguen recopilando la información. 

El equipo de comunicación indicó que la cartera aún no cuenta con un registro oficial de los usuarios de los cuerpos de agua del país, pero que empezará a elaborarlo gracias a un acuerdo emitido este año. No informó cuándo comenzarán ni cuándo estará listo. 

––Nuestra idea del uso racional del agua, se basa en dos principios: que se mantenga el caudal ecológico del río, es decir, que al tomar el agua no lo afectemos, y que el agua siempre llegue a la desembocadura o al mar. En este caso tendrá que estar llegando siempre el Manchón Guamuchal–– explica Aguirre. 

En la videollamada, el directivo ofrece enviar una explicación detallada sobre las fincas de Agroaceite que emplean agua del río Ocosito. Pero hasta el momento de la publicación de este reportaje no se recibió ninguna información. 

––No tengo ningún inconveniente en compartirles qué fincas usan agua, no sé si tenemos el registro así y no estoy claro de qué fincas la utilizan, lo que te podría compartir es que fincas están inscritas en el inventario del Ministerio de Ambiente. En general, si la idea es ver qué fincas usan agua de los ríos, prácticamente todas ––dice el director de la corporación.

Unos minutos atrás, aclaraba que dos de las fincas de Agroaceite, Finca Maravillas -la finca señalada por los pobladores- y Finca Pensilvania, no empleaban agua del río, solo de pozos y lluvias. 

El Estudio Nacional del Agua, elaborado en 2014 por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, estimó que durante ese año se emplearon 2,571 millones de metros cúbicos de agua para 667,344 hectáreas de palma africana. Es decir, 3,853 metros cúbicos de agua por cada hectárea o un poco más de una piscina olímpica por cada hectárea.

En este sentido, Raúl Maas, director del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad de la Universidad Rafael Landívar, dice que la disminución de los caudales de los ríos en la costa del Pacifico no puede atribuirse únicamente a la producción de palma africana. Explica que esta también se origina por el uso que hacen del agua otros monocultivos como la caña de azúcar y el banano, así como las siembras de hortalizas, la industria ganadera y los poblados que se encuentran en las cuencas. 

––Los usuarios siguen incrementando. Es una disputa por el agua que no empieza solo en las zonas bajas, sino también en las regiones altas de las cuencas––, indica. Sin embargo, hace hincapié en que la agroindustria utiliza un 75% del agua que se extrae de los cursos de los ríos en el país. 

Maas añade otro elemento a esta problemática. En Guatemala no existe alguna regulación sobre el uso de los recursos hídricos. Hasta hoy las fincas pueden emplear el agua que necesitan para sus plantaciones o ganado sin rendirle cuentas a nadie. 

Pescadores en una laguna del humedal / Foto: Carlos Alonzo

––¿Cree entonces que una ley podría regular la cantidad de agua que debe usar la agroindustria? –– se le pregunta a Maas. 

––Sí, podría ayudar. Pero esto es como la fábula ¿Quién le pone el cascabel al gato? –– responde. 

En este caso el gato es la agroindustria y la ley es el cascabel, aclara Maas. 

El director ejecutivo de Agroaceite también explica que en la actualidad cualquiera puede “tomar agua“ de los ríos “porque no hay reglas, ni instrucciones“. Pero asegura que como corporación están anuentes a cumplir, si se llegara a aprobar, la ley que regule el uso del agua en el país.

––¿Es decir que no existe alguna regulación para captar el agua, y se capta porque pasa dentro o al lado de las fincas sin que nadie lo controle? ––se le consulta al representante de la empresa. 

–Lamentablemente así es. No hay regulación. El mandato de la Constitución dice que se debe crear una ley que regule todos estos aspectos que estamos discutiendo ––contesta. 

Desde 1990, se han presentado 13 iniciativas para regular el uso del agua en Guatemala. Hasta ahora ninguna ha sido aprobada por el Congreso. 

No solo la reducción de los afluentes pone en riesgo la vida de los manglares como el Manchón Guamuchal, sino la calidad del agua que llega a estos, afirma Maas. 

–Esta disminuye por los desechos de la agroindustria y de los ganaderos que son vertidos en los ríos e incluso por el agua que usamos para bañarnos y para lavar los platos. Todos vamos sumando un poco –dice. 

***

Mientras llegan los resultados de las muestras que tomó la fiscalía, no hay ninguna acción que impida que en el taponamiento se acumule más arena y más basura. No hay nada que evite que en Tres Cruces y en el Manchón Guamuchal haya menos peces y menos vida. 

Foto: Carlos Alonzo

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