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No estábamos locas

En 1984, bajo el mandato del general Oscar Mejía Víctores, muchas y muchos sindicalistas, intelectuales y estudiantes fueron detenidos, desaparecidos y asesinados. El Grupo de Apoyo Mutuo nació por las mujeres que comenzaron una búsqueda frenética. Ante las negativas del Estado, salieron a las calles, se encerraron en la catedral y se encadenaron en el Palacio de Gobierno. Entre ellas estaba Nineth Montenegro. Este es el tercer episodio de Y sin embargo, se mueve; una serie de Radio Ocote Podcast que narra las historias de las personas que en medio de la oscuridad, del caos y del miedo decidieron hacer algo.

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo Música: Mabe Fratti Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí: Narradora: Nineth tiene …


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo


Música: Mabe Fratti

Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí:


Narradora: Nineth tiene 25 años. Es una mujer bajita y delgada, tiene el pelo oscuro, grueso y ondulado, cortado a la altura de la nuca. Es un sábado de 1984. Se prepara para salir de casa, en la zona 7 de Ciudad de Guatemala. Tiene un almuerzo familiar. Lleva a su

hija de un año, Alejandra. Es el cumpleaños de su cuñada, la hermana de su esposo Fernando.

Nineth llega a la casa de su suegra Emilia. Ahí está toda la familia, pero Fer  nando aún no llega. Le había dicho que se encontrarían allí, así que Nineth supone que se habrá retrasado. Al principio no le da importancia.

Pero las horas pasan y ella arranca en angustia. Al final de la tarde, Nineth decide tomar a Alejandra y regresar a casa. Tal vez ahí está Fernando. Va presurosa. 

Entra en casa, pero está vacía…

Nineth Montenegro: Busco a mi suegra. Las dos juntas no sabemos qué hacer porque empieza a anochecer.

Nineth Montenegro: Tocan a la puerta, pero no la puerta del garage, si no la puerta de adentro y me sorprende. Me han hecho un silbido como el que Fernando siempre me hacía y yo pensé que era él.

Narradora: Esperanzada, Nineth abre la puerta. Seguro era Fernando, tenía que ser él, ¿quién más? Pero al otro lado hay unos hombres armados. Entran casi a la fuerza y le dicen que van a buscar unos papeles.

Nineth Montenegro: Me dicen cosas confusas, como que quieren que entregue todo lo que yo tenga de Fernando, que eran sus amigos.  Después dicen que no, y yo, bueno, voy hacia el cajoncito que teníamos ahí, doy los documentos que él tenía, que eran documentos de la universidad, del sindicato, porque él estaba sindicalizado pese a tener prohibición por ser empleado de confianza.

Narradora: Hoy, casi 40 años después, en esa misma casa de dos niveles, con un jardín al frente, Nineth señala los lugares por los que pasaron los hombres. Cómo entraron a cada cuarto, también al de su hija Alejandra. Vieron de arriba a abajo, abrieron gavetas, armarios y cajones. Emilia y Nineth observaron la escena, impotentes. Después de registrar todo, los hombres salieron de la casa.

Nineth Montenegro: Ya cuando se van me dicen: «Dependiendo de lo que encontremos, es que regresa a Fernando». Y yo ahí entendí lo que estaba pasando. Fue terrible para mí. Trato de salir a hablarles y empiezan a saltar del techo de la casa otras personas, que yo ni me di cuenta en qué momento se subieron al techo de la casa. Veo los carros. Es un carro rojo, uno blanco sin placas y se van.

Narradora: Nineth vio cómo los carros se alejaban al doblar en la cuadra de su casa. Ya era la madrugada del domingo. Fue entonces cuando Nineth se dio cuenta de que tendría que empezar la búsqueda de su esposo. 

Soy María Olga Domínguez, periodista de Ocote y en este episodio de «Y sin embargo, se mueve» conocerás la historia de Nineth Montenegro. Una de las fundadoras del Grupo de apoyo Mutuo, GAM, que años después sería diputada del Congreso de Guatemala. Una mujer que nunca se cansó de exigir respuestas. En un momento de oscuridad y de terror decidió seguir moviéndose para encontrar la verdad, a pesar de todo. 

Cuando desaparecieron a Fernando, el 18 de febrero de 1984, él tenía 25 años. 

El término desaparecido,  para Guatemala, para Latinoamérica es tan comprensible, porque justamente surgió acá. Fue el eufemismo para nombrar a las víctimas del terrorismo de Estado de la dictadura militar en Argentina entre 1976 y 1983. Como explica el periodista Julián Casanova en El País «El término desaparecido ya lo había definido uno de los golpistas del 24 de marzo de 1976, el general Rafael Videla, en respuesta a las primeras indagaciones y presiones internacionales sobre la represión: “Mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”». 

Fernando García estaba desaparecido.


Edgar Fernando García tenía una sonrisa amplia y un tupido cabello oscuro que llevaba corto. Estudiaba ingeniería en la Universidad de San Carlos de Guatemala y trabajaba en la empresa Centroamericana de Vidrios, donde se había integrado al sindicato como secretario de actas y acuerdos. 

Fernando llevaba tiempo formando parte de movimientos sociales. Estaba involucrado en la Juventud Patriótica del Trabajo, del Partido Guatemalteco del Trabajo, y también había participado en la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU).

Fue en una asamblea de la AEU en donde conoció a Nineth. Empezaron a salir juntos. Pronto se casaron y tuvieron una niña: Alejandra García Montenegro. 

Nineth trabajaba como maestra, estudiaba derecho en la Universidad de San Carlos y cuidaba a su hija. Los dos sabían que estar vinculados en movimientos sociales los ponía en peligro.

Nineth Montenegro: Él trataba de que no me preocupara porque vivíamos un ambiente de terrorismo de Estado, en el que cualquier persona por pensar diferente, o ser opositor o era detenida desaparecida, o era asesinada.

Narradora: El contexto era hostil. Se vivían los años más crudos del conflicto armado en Guatemala, que duró desde 1960 hasta 1996. Treinta y seis años.

En el gobierno de Romeo Lucas García, entre el 78 y el 82, operaban con fuerza los escuadrones de la muerte. La oposición política y los grupos sindicales en la capital eran perseguidos.  

Según el Resumen de Inteligencia Militar, del Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que resguarda decenas de documentos de Guatemala; para 1982 ya se habían puesto en marcha operaciones contrainsurgentes en Quiché. 

Ese mismo año el general Efraín Ríos Montt dio un golpe de Estado contra el gobierno de Romeo Lucas García. En el mandato de facto de Ríos Montt se ejecutaron planes que buscaban destruir los pueblos y aldeas sospechosas de apoyar a la guerrilla.  Un telegrama desclasificado por la CIA revela que, en ese momento, el Ejército estaba convencido de que la población ixil apoyaba a estos grupos. En este período también aumentó la vigilancia y control sobre sindicalistas y estudiantes, y también la desaparición forzada.

El Estado desató una ola de desapariciones y ejecuciones extrajudiciales en esos años, en especial contra estudiantes organizados, sindicalistas e intelectuales. Esto respondía al plan “Firmeza 83”, un plan contra la insurgencia de la ciudad de Guatemala. 

Según la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, 45,000  personas fueron víctimas de desaparición forzada durante la guerra. 

Narradora: En ese contexto de violencia contra la población civil, con un alza en las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales, en 1984 tras un nuevo golpe de Estado, Oscar Mejía Víctores toma el poder como Jefe de Estado.

Fernando García desapareció ese año. En ese contexto de represión, Nineth comenzó la búsqueda. 

Nineth Montenegro: Ahí empieza mi martirio en buscar a Fernando. No aparece en cárceles, no aparece en lugares para personas con alguna enfermedad mental, en hospitales. Voy todos los días a los cementerios porque diariamente aparecían cadáveres. No aparece. 

Narradora: Pasaron días, semanas, meses.  Las opciones comenzaban a agotarse. Los suegros de Nineth, junto a ella, habían organizado misas donde pedían por la aparición de Fernando. También publicaron su retrato en campos pagados en medios de comunicación.

En ese tortuoso camino de diligencias, papeleo e ir y venir entre estaciones de Policía y oficinas del Estado, Nineth conoció a más mujeres que pasaban por lo mismo. Se habían llevado a sus hijos, esposos, hermanos y no aparecían. Algunas de ellas fueron María del Rosario Godoy de Cuevas, Beatriz Velásquez de Estrada y Aura Elena Farfán.

Hablaron y decidieron trabajar juntas. Se encontraban en diferentes cafeterías de la zona 1 de Ciudad de Guatemala.y entre todas redactaban escritos con los que  recorrían  instancias del Estado. 

Nineth Montenegro: Sentíamos que siendo más, tal vez había más…, como que se nos escuchaba más. Y empezamos a hacer inicialmente escritos pidiendo otra vez la misma ronda que quizá todas habíamos hecho. Con Mejía Víctores, con el jefe de la Policía, con el jefe de la Policía Judicial, que en esa época había con el jefe de la Policía Militar, con el ministro de Gobernación. Con el Ministerio Público. Y en cada una poniendo recursos de exhibición personal, ya no solo cada quien en lo individual, sino más colectivos. Y en cada una, pues las respuestas eran bastante negativas. 

Narradora: Nadie parecía querer ayudar. 

Nineth Montenegro: «No están», «no aparecen», «no se sabe», «a lo mejor se fueron de braseros a Estados Unidos». Otros llegaban a decirnos que quizá nunca habían existido, que nosotras estábamos imaginando cosas.

Narradora: Nineth se desesperaba. Ya habían pasado cuatro meses sin Fernando y seguía sin tener ninguna pista que le ayudara a tener respuestas. Encontraba fuerzas en las demás mujeres

Nineth Montenegro: Creo que el estar juntas nos dio  ese sentir que no estábamos solas, que lo mismo que estaba sintiendo yo estaba sintiendo la otra persona. Y que, por supuesto no estábamos locas y que sí habían existido, ¿verdad? Incluso descubrimos ahí que, pues entre ellos varios se conocían y eran amigos. 

Narradora: En junio de 1984 nació el Grupo de Apoyo Mutuo, más conocido por sus siglas: GAM. Lo fundaron Nineth Montenegro, Emilia García, María del Rosario Godoy de Cuevas, Beatriz Velásquez de Estrada. Raquel Linares, Isabel Chomóm de Castañón, Aura Elena Farfán y Héctor Gómez Calito. 

El GAM comenzó a recibir apoyo de Brigadas de Paz. Esta organización internacional, les ofreció protección y un espacio para sus reuniones. Su sede estaba en la zona 11 de  Ciudad de Guatemala. A la primera reunión llegaron 25 personas.

Nineth Montenegro: Ahí era donde nos reuníamos para poder idear, qué es lo que tendríamos que hacer, si ya habíamos explicado, si ya habíamos pedido cita, si habíamos agotado todos estos recursos legales que nos quedaban… entonces empezamos a tomar medidas de hecho.

Manifestantes: Vivos se los llevaron, vivos los queremos. Vivos se los llevaron, vivos los queremos. 

Narradora: Una de las primeras acciones del GAM fue organizar manifestaciones. Algo poco usual en un país acallado por las dictaduras y la represión. Cuando aún había un profundo temor a protestar e incluso de reunirse, la organización y los familiares de desaparecidos tomaron las calles para exigir respuestas. 

Nineth Montenegro: Fue una de las primeras acciones que tomamos, de hecho, pese a que había estado de excepción. No se podía hacer eso, nosotros tomamos ese desafío. No, nos importaba, había que hacerlo. Y, pues eso empieza a llamar la atención de los medios de comunicación; que mujeres y la mayoría jóvenes desafiaran al sistema.

Narradora: Para 1985, Nineth, Rosario, Aura Elena, Emilia y Héctor, ya se habían vuelto rostros reconocidos en la lucha contra la desaparición forzada. Empezaron a recibir amenazas. 

El 30 de marzo de ese año  secuestraron y asesinaron a uno de los fundadores y líderes del GAM. Héctor Gómez Calito. Hallaron su cuerpo con señales de tortura. Le habían cortado la lengua. Cinco días después, el 4 de abril, fue asesinada Rosario Godoy de Cuevas, una de las caras más visibles del grupo, junto a su hermano y su hijo de tres años.  

Narradora: Para entonces había pasado ya un año desde la desaparición de Fernando, el esposo de Nineth.  

Nineth Montenegro: Las negativas sistemáticas, la desesperación, la angustia que crecía el tiempo pasaba el tiempo, era letal para nosotros. Nosotros pensábamos que cuanto más tiempo pasaba, obviamente había más posibilidades de que ellos los ejecutaran en las cárceles clandestinas o los matarán a torturas. 

Narradora: Ante el silencio, en octubre de 1985 la junta consultiva del GAM, en la que estaba Nineth, consideró que tenían que hacer una acción más contundente. Decidieron tomar la Catedral Metropolitana. 

 Nineth Montenegro: Lo planificamos muchos días antes. ¿Cómo íbamos a hacer? ¿Cuándo no había feligreses? ¿Cuándo estaba vacía la iglesia? Nos organizamos para estar haciendo como vigilancia, ahí sí que haciendo inteligencia, casi que verdad, pero inteligencia civil. 

Narradora: Se turnaban para caminar cerca de la iglesia, en el centro histórico de la capital de Guatemala, frente al Parque Central; y observar. El 31 de octubre a las 9 de la mañana, cuando no había nadie cerca, alrededor de 80 personas del GAM tomaron la Catedral Metropolitana. Adentro había quince personas que, en las primeras horas de la tarde, fueron dejadas en libertad.     

 Luego de eso cerraron las enormes puertas de madera. No saldrían de ahí hasta que no atendieran sus peticiones: querían de vuelta, con vida, a los detenidos y desaparecidos. Querían que empezara una búsqueda real. 

Según una nota de La Hora de ese mismo día,  era la primera vez que un grupo de personas irrumpía en las instalaciones de la Iglesia con un fin político o humanitario.

El grupo entró para quedarse. Se encerraron tras las puertas de la Catedral y cuando llegó la noche se acomodaron cerca de las entradas, para asegurar el espacio. 

Nineth Montenegro: Hubo gente muy maravillosa que tocaba las puertas de la Catedral y nos llevaba comida. Nos llevaba comida, así es, era increíble que había siempre un ser humano maravilloso que nos llevaba apoyo.

Narradora: Estuvieron así un par de semanas. Ese año, 1985, se celebrarían en Guatemala las primeras elecciones de la llamada “era democrática”. 

Vinicio Cerezo, el candidato puntero de ese momento, llegó a la Catedral, habló con ellos y les dijo que si era electo abriría las puertas de las cárceles clandestinas y liberaría a los detenidos, así lo recuerda Nineth. Bajo esa promesa y con la esperanza de encontrar a los detenidos desaparecidos entregaron la catedral y salieron. 

Te cuento más después de la pausa. 


Narradora: Vinicio Cerezo ganó las elecciones en noviembre de 1985. Iniciaba el primer gobierno democrático y civil, luego de casi 30 años de inestabilidad, violencia y mandatos de facto. 

Cerezo les había hecho una promesa y Nineth y sus compañeras querían cerciorarse de que la cumpliera. Desesperadas sabían que las acciones contundentes no podían parar, especialmente ahora.. 

Se reunieron entre 10 y 15 personas.

Nineth Montenegro: Entramos al Palacio, le pedimos una cita. Él no nos deja entrar, nos atiende desde el balcón y lo que dice es que. Algo así como que los detenidos desaparecidos no están, que no hay ninguno, pero que él ofrece a las familias de los detenidos desaparecidos apoyo en alimentos y cuestiones de ese tipo. Que era algo que no se había pedido. Él había hablado de abrir las cárceles secretas.

Narradora: Y no lo había hecho. Llenas de rabia y de impotencia, ese mismo día, sin analizarlo mucho, se metieron a la fuerza al Palacio Nacional.

Nineth Montenegro: Según nosotros no íbamos a salir hasta que él nos dijera. ¿Por qué había ofrecido? Porque él sí sabía, según lo dijo cuando llegó a la Catedral, que los detenidos desaparecidos estaban en cárceles secretas y ahora no. Y que cumpliera su promesa, que comida no se le había pedido. 

Narradora:Pero aquello no fue suficiente. 

Pasaban las cinco de la tarde cuando el grupo de mujeres entró en el Palacio Nacional. A las ocho de la noche el Ministro de Gobernación de aquel entonces, José Rodil Peralta, dio órdenes de desalojarlas a como diera lugar. 

Los policías comenzaron a entrar a Palacio. Nineth y sus compañeras estaban a oscuras, solo escuchaban los murmullos y los pasos de los agentes. 

Nineth Montenegro: Entonces, cuando nosotros oímos que iban a desalojarnos, nos encadenamos en…. siempre dicen que nos encadenamos el Palacio y es mentira, sino que nos unimos en cadenas humanas. Nos abrazamos unas a otras en cadenas humanas con los brazos para no dejar que nos sacara así juntas. Pero de forma violenta, no frente al público, de forma violenta, los policías nos empezaban a casi que arrancar los brazos para separarnos. 

Narradora: Se escuchaban los gritos de las mujeres. Los brazos empezaron a soltarse, no podían ante la fuerza de los policías. Ellas se aferraban unas a otras, se empujaban contra el suelo, no se iban a ir sin que las atendiera el presidente. 

Nineth Montenegro: Nos arrastraban, nos sacaron casi que del pelo como pudieron. Ya afuera, ya pusieron a mujeres, etcétera, pero al principio adentro a solas nosotras, fue terrible. 

Narradora: En la calle había más personas y medios de comunicación.

Las sacaron a rastras. A Nineth la tiraban del suéter, de los brazos. Ella se resistía. Aquella imagen quedó inmortalizada en una foto que se publicó en los medios. En ella se ve cómo dos agentes de la Policía arrastran a Nineth de los brazos.

Para ella los recuerdos son vagos, fue un momento de mucha tensión. 

Nineth Montenegro: Yo solo oigo ruido de radio patrullas, luces rojas, no veo a nada, no veo a nadie. Oigo que una compañera me grita. Nos querían meter a las radio patrullas y nuestro terror si nos metían a la radio patrullas, a lo mejor no desaparecían como hicieron con esos familiares, ¿verdad?

Narradora: Nineth confirmó que ni con un gobierno civil y elegido democráticamente iba a tener respuestas. Su esposo llevaba dos años desaparecido, no tenía la menor idea de dónde lo tenían, ni si seguía con vida. A pesar de ello, Nineth y las otras mujeres que buscaban a sus personas amadas no se daban por vencidas.  

Nineth Montenegro: Nosotras éramos mujeres muy corajudas, muy corajudas, que hicimos algo que quizá otras mujeres no han repetido en la historia de este país y de verdad estábamos dispuestas a todo. Muy corajudas, no se imagina usted cuánto coraje teníamos  Y era coraje, injundia y también grima, por lo que nos habían hecho. Era o los devuelven o los devuelven eso era.

Narradora: Nineth sigue convencida que hizo lo necesario, hizo lo que pudo, aunque al final no lograra cumplir con el objetivo de encontrar a Fernando. 

Nineth Montenegro: El GAM nunca debió haber existido, ninguna organización de familiares de detenidos desaparecidos, porque debió haber siempre prevalecido en Guatemala el estado de derecho. Y cualquier persona, por muy delincuente que fuera tiene derecho a defenderse, cualquier persona en lugar de ser detenida y posteriormente desaparecida, debió haber sido llevada al sistema de aplicación de Justicia.  O sea lo que ocurrió es inaceptable y verdaderamente imperdonable.

Narradora: Para Nineth Montenegro, tener un familiar detenido desaparecido es un drama y un sufrimiento inexplicable. La desaparición nunca se cuenta en pasado, queda en presente para siempre.  No sabes si la persona que quieres está viva, si la asesinaron, dónde dejaron sus restos, para hacer ese ritual tan humano del duelo. Nineth siguió activa en el GAM hasta 1994, 10 años después de la desaparición de Fernando. 

Nineth Montenegro: Y yo me recuerdo muy bien que cuando Fernando tenía 10 años de secuestrado… Para que mi hija no oyera siempre que lloraba me encerraban en la bañera. Y me encerré en la bañera y lloré muchísimo, muchísimo, muchísimo y allí entendí que si algún día Fernando iba a regresar, iba a hacer en huesos. Ahí entendí que nunca más lo iba a volver a ver. Y también entendí que no iba a olvidar.

Narradora:Años después el rostro de Edgar Fernando García apareció en el Diario Militar, un documento que registró información sobre personas que pertenecían a organizaciones, sindicalistas, periodistas. Personas consideradas subversivas por el aparato estatal, que fueron detenidos y la mayoría ejecutados. Es decir, cualquiera que trabajara o participara en algún espacio que se considerara un peligro para el sistema autoritario. 

Nada se sabe de su paradero hasta la fecha.

Narradora: En 1996 Nineth llegó al Congreso de la República con el partido Frente Democrático Nueva Guatemala. Durante las cinco legislaturas que fue diputada, impulsó leyes a favor de la niñez y las mujeres. 

Más adelante fundó el partido político Encuentro por Guatemala. En 2015, durante su última legislatura, formó parte de la comisión pesquisidora que tenía que determinar si debían o no quitarle la inmunidad al presidente Otto Pérez Molina, luego de haberse visto envuelto en un caso de corrupción. 

Desde su curul, Nineth Montenegro todavía guardaba esperanza de que Fernando apareciera. En 2005, la Procuraduría de Derechos Humanos descubrió millones de documentos de la extinta Policía Nacional, que más adelante servirían para fundamentar casos de ejecuciones extrajudiciales y desaparición forzada.  Como el caso de la desaparición de Edgar Fernando García. Es ahora el Archivo Histórico de la Policía Nacional.

Alejandra García Montenegro:Tener estos archivos y lograr tener esta información para mí es tener una parte de él, es encontrarlo aunque sea en papel, pero yo voy a encontrando  a mi papá y voy armando ese rompecabezas para mí que he tratado de construir desde que yo soy niña y tener esa visión de quién era mi papá. Me lo han permitido incluso los archivos de la policía porque yo he logrado ver su letra, cómo era su firma en los documentos que han aparecido, que él era una persona comprometida con el sindicato, que tenía ciertas expectativas de vida… Todo eso yo lo he logrado encontrar por acá.

Narradora: Escuchas a Alejandra García Montenegro, hija de Nineth y Fernando, en una entrevista del documental Granito: Cómo atrapar a un dictador, de la cineasta Pamela Yates. 

Para Alejandra, Nineth y la demás familia de Fernando, el descubrimiento del Archivo Histórico fue un paso crucial. A partir de esos documentos comenzó a construirse el caso y parecía que la justicia al fin llegaría. 

Noticiero: El tribunal octavo de sentencia inició el juicio por detención ilegal, secuestro y abuso de autoridad en contra de Hector Ramirez Rios y Abraham Lancerio Gómez. Dos de los ex policías que habrían participado en la desaparición forzosa del sindicalista Fernando García, esposo de la actual diputada Nineth Montenegro. 

Narradora: Entre los archivos, aparecieron documentos donde se registra un “Operativo de Limpieza y Patrullaje” ejecutado por la Policía Nacional, durante el cual fue capturado Fernando García. La captura de Fernando también se encuentra registrada en el Diario Militar, donde  aparece registrado en una sección titulada “control de folders de elementos ya trabajados”.  

En él se encontraban los nombres, el nombre de los familiares y las direcciones de las personas a las que detenían. En una de las páginas estaba el nombre de Fernando, su dirección, lugar de trabajo. También registraron la fecha de su secuestro en la zona 11 de la ciudad capital. 

 El 18 de Octubre de 2010 comenzó el juicio. En este caso estaban sindicados el coronel Héctor Bol de la Cruz, exdirector de la Policía Nacional y  Jorge Alberto Gómez López, exjefe del cuarto cuerpo.

El 20 de septiembre de 2013, la jueza Yassmín Barrios, presidenta del Tribunal A de Mayor Riesgo, dictó sentencia. 

[Sentencia del juicio de Fernando García ]

Yasmin Barrios: Este tribunal al resolver por unanimidad declara: Primero que los sindicados Héctor Rafael Bol de la Cruz y Jorge Alberto Gómez López son responsables como autores del delito de desaparición forzada cometido en contra de la libertad y seguridad de Edgar Fernando García. Segundo, por tal delito se les impone a cada uno la pena de cuarenta años de prisión inconmutables. 

Narradora: Diez años después, en marzo de 2023, ligaron a proceso a Hugo Rolando Gómez Osorio, también señalado de la desaparición forzada de Fernando. 

Gómez Osorio fue agente de la Policía Nacional. Tenía una orden de captura emitida en 2009. Lo capturaron cuando regresaba a Guatemala en un vuelo de deportados, desde Estados Unidos. En el momento en el que grabamos este episodio, el caso en su contra estaba en etapa intermedia.

La condena para quienes desaparecieron a Fernando llegó. Aunque el paradero de Fernando García aún se desconoce. 

Nineth Montenegro: Y si hice un análisis hacia atrás y me di cuenta de todas las acciones que habíamos hecho, que habían sido verdaderamente inéditas,  extremas, quizá para el momento, únicas, irrepetibles posiblemente, riesgosas, pero lo hecho, hecho estaba y había una justeza en la causa que nos animó a hacerlo.  

Narradora: Al pensar en el presente, en cómo ha evolucionado el país en los últimos 40 años, Nineth considera que aunque hay un estado de derecho débil, las cosas no son tan terribles como eran antes.

Está segura de que falta unión. Tal vez como la que ella algún día gestó.

***

Narradora: El guión y las entrevistas de este episodio los hice yo, María Olga Domínguez Ogaldes. La edición es de Carmen Quintela y Liliana Villatoro. La música es de Mabe Fratti. Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical con la asistencia de José Manuel Lemus. La ilustración de portada es de Óscar Donado.

Ixmucané Us es coordinadora de comunidad y audiencias de Ocote. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

María Olga Domínguez Ogaldes

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