Después de las tormentas

Fotografiar para salvar el espacio público. Fernanda Alvarado.
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La fotografía y la calle han sido amigas desde sus orígenes. Sin embargo, el trabajo fotográfico de Fernanda Alvarado, las conecta también como un acto de resistencia.


Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

Fernanda Alvarado es fotógrafa y vive en la zona 12 de Guatemala de la Asunción, un espacio en el que podemos imaginar bodegas, tráilers, tráfico. Si tuviéramos que preguntarnos por un parque para visitar, es posible que la única respuesta sea la Universidad de San Carlos, o el IRTRA pero, pues, es un atentado llamarle parque a un centro de recreación privado, aunque lo sea. Alvarado habla de su trabajo como fotografía urbana, y habrá quien quiera llamarle también fotografía callejera, o ya foto a secas.

“Tomo fotos desde que tengo recuerdos, desde que podía quitarle el teléfono a mi mamá hasta que ya tuve los míos y tomaba fotos de cualquier cosa. Y es lo que continúo haciendo, documentando”, nos explica mientras, mentalmente, podemos calcular que si está por cumplir 25 años, efectivamente, creció jugando con teléfonos y cámaras digitales en la década del 2000.

Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

Walter Benjamin dedicó buenas páginas de su obra filosófica a un cierto tipo de personaje, el flaneur, un personaje que camina, que observa, que participa, que es cómplice de las calles y de quienes trabajan en ellas, amigo de los cantineros, de los ancianos, de los obreros. El flaneur camina, recorre el mundo a pie, y lo interpreta. Alvarado y Benjamin hubieran tenido una bella conversación sobre esto.

“En Guatemala no hay tantos espacios peatonales, no hay mucha interacción con otros seres humanos en la calle. Del trabajo, a la universidad, a mi casa”, nos cuenta y nos recuerda una realidad indiscutible de Guatemala de la Asunción, encerrada en sí misma, detrás de una garita que escanea ilegalmente documentos de identificación, básicamente. Pensar en la fotografía como una ruta de emancipación de la ciudad en sí, puede leerse, cuando menos, con curiosidad.

Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

“Mis primeras fotos son todas documentación de mi casa o de mi colonia, pero no había gente, no había esta interacción, no era un espacio seguro, que es también lo que me ha gustado de la foto urbana en el Centro Histórico: ocupar espacios públicos como una forma de resistencia, en un país que es tan violento, y en nuestro caso como mujeres que además sufrimos acoso callejero, el poder apropiarnos de los espacios también es un acto político”.

Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

Fernanda habla de la fotografía como narración visual, y cuando cruzamos narrar con el Centro Histórico podemos entender la profundidad de la propuesta visual de la artista. Podríamos hacer el ejercicio redsocialero de “define a la humanidad usando solamente dos palabras” y podríamos decir: contar historias. Es parte de nuestra esencia, y pensar una imagen en esta dirección podría explicar también por qué nos conmueve tanto.

Salir a la calle detrás de la fotografía lo convierte en una aventura, explica Alvarado, una aventura y un encuentro “tengo la certeza de que voy a encontrarme con la belleza, y esto me permite dejar de ver al otro como peligro, esto me ayuda a soltar prejuicios y a apreciar al humano que tengo delante de mí”. Siguiendo el mismo ejercicio de síntesis, para describir el habitar en ciudades como Guatemala en una palabra, podríamos decir: miedo.

“El miedo no está solo de mi lado sino también del de las otras personas, todos andamos a la defensiva con este país… la fotografía me ha permitido interactuar de manera indirecta con desconocidos, no necesariamente hablando, muchas veces solo cruzando miradas, sonriéndonos, ya sea antes o después de la foto y se genera de alguna manera un diálogo interno, este sentirnos seguros y acuerpados y acompañados en las calles con completos desconocidos y eso se siente muy bien”. La idea nos sugiere una fuerza clave de la fotografía, el encuentro. La posibilidad que tanto el resultado final, como la búsqueda y el proceso, es un interactuar con alguien más a través de una muy particular forma de invasión, una máquina que se pone frente a tu cuerpo para “robarte el alma”, y lo hace, es una forma de rapto de la belleza.

Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

“El empezar a compartir parte de esas fotos en redes sociales me di cuenta que tenía potencial para algo más, porque estaba conectando con la gente y estaba teniendo un impacto en los demás, no solo en las personas ajenas a la fotografía que las miraban, sino en quienes se encontraban en las fotografías”. Más adelante en la conversación retoma, “disfrutar el gozo ajeno, por ejemplo un señor que estaba bailando y disfrutándose a sí mismo y siendo genuino. A pesar de todo lo que le estaba sucediendo, de la pandemia, de los problemas familiares y económicos, el poder encontrar esa luz entre todo lo que sucede y poder compartirla, para mí eso es resistir”.

Fernanda Alvarado Fotografía contemporánea Guatemala

La fotografía detiene algo que sucede en la cotidianidad, hay una relación con el olvido tanto como con la memoria. La parte de la memoria está más a la mano, pero es un hecho que también el “reconocerse” en las imágenes nos habla de algo que habíamos dejado de ver, que habíamos olvidado que sucedía, o más radical aún, que existía. “El Centro Histórico era un espacio nuevo para mí, todo me sorprendía, me parecía bello o duro. Y eso me gusta mucho, todo es muy real, muy genuino, es lo que intento capturar con mi trabajo, principalmente las partes tiernas. Creo que las partes sobre violencia ya las conocemos muy bien, pero también está esta otra parte con los diversos matices”.

Finalmente, existe una especie de intimidad pública, de complicidades que solo se pueden explicar por experiencias concretas “una mujer se siente más cómoda al ser fotografiada por otra mujer. Yo comprendo bien cómo se siente esa invasión, y por eso cuido de no transmitir esta sensación”. Y acá una particular luz en su trabajo, la resignificación de las violencias “utilizar este conocimiento a nuestro favor, ayudar a otra mujer a sentirse cómoda en la calle, a sentirse cómoda en general”.

Por ahora sigue revisando y editando su archivo, caminando por las calles del centro con su cámara. Buscando, que es lo que siempre ha hecho la fotografía, asomarse curiosamente por la rendija de la cotidianidad y ver cómo nos transformamos en los pequeños gestos, cruzando una mirada. 

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