Después de las tormentas

Bicentenario de la vergüenza
Por:

El Ministerio de Cultura de Guatemala inicia oficialmente la conmemoración del bicentenario de la independencia encargando a un artista una pintura por 1.3 millones de quetzales, monto que despierta no solo desconfianza, sino señala las falencias de un sistema que desprecia a la cultura.


Las circunstancias e intensiones por las cuales se decide celebrar el bicentenario de la “independencia” ya son de por sí, por lo menos, muy cuestionables. La emancipación del virreinato (lo que a grandes rasgos consideramos ahora América Central) se dio con el objetivo de trasladar el control político y económico de los españoles a sus descendientes criollos. La República de Guatemala se fundaría mucho después (1847 e.c.), pero que en toda su historia se ha caracterizado por saquear, marginar y explotar para que su beneficio se condense en un pequeñísimo porcentaje de la población, el cual está emparentando con esos “próceres” que lucharon únicamente por intereses propios.

En la historia del Estado, han sido pocas las excepciones en las que sus funcionarios se han destacado por trabajar por un beneficio común hacia la población en general; siendo muchos de estos pocos esfuerzos loables, el tratar contener a los corruptos y personas que han atentado contra la vida y dignidad de muchos. La creación de esta nación artificial que surgió por su colonización es compleja, y muy lejano que se acepte cualquier visión crítica hacia ella, principiando por su nombre, importado desde tierras que actualmente es México, que ha sido impuesto sobre los nombres autóctonos que se traducen como “Tierra de Maíz” en sus muchas variantes.

Tras la dudosa celebración, se puede discutir en la forma que se realiza, los elementos que reunirá y los fondos que dispondrá. De la poca información disponible, son intervenciones arquitectónicas cercanas al Parque Central de la Capital y eventos que se realizarán en Iximché. Pero la información es escasa y con pocos detalles. Lo que emergió con más fuerza, fue el encargo de forma directa a Christian Igor Escobar Martínez (con el lamentable pseudónimo Chrispapita) por 1.3 millones de quetzales para un tríptico que en su totalidad no supera los 9 metros de largo por 1.85 mts de alto. El encargo fue dado por el Ministerio de Cultura y Deportes amparándose en que “es el precio del mercado”, excusándose por tratarse de un “pintor en ascenso”.

El hecho de ser un encargo directo a un solo artista, sin un concurso previo, ya es de por sí sospechoso. No se sabe que requerimientos y parámetros debe cumplir el proyecto, qué grupo de “expertos” revisó el proyecto y dio su aprobación; y aún peor, si siquiera cumple algún requisito la propuesta artística. A esto sigue la evaluación de la carrera de Escobar Martínez, la cual no se puede verificar al no existir información fácilmente disponible (la mayoría de artistas de una carrera seria, dispone de una página web o cv en la web de su galería), en donde se pueda comprobar su curriculum (formación, premios, becas, exposiciones realizadas y reconocimientos). A menos que se de una sorpresa extraordinaria y por el conocimiento del gremio artístico que dispongo, la carrera de Escobar Martínez se basa en la realización de pinturas hiperrealistas decorativas, que no han sido presentadas en espacios que marquen alguna trascendencia en las artes visuales (por ejemplo, Tate Gallery, Museo Tamayo, Fundación Jumex, PS1, Centre Pompidou, Reina Sofía, MALBA, MACBA, etc., o participante en alguna evento destacado como la Bienal de Sao Paulo, Bienal de Venecia o Documenta de Kassel y otro gran número de otros espacios en donde muchos otros artistas guatemaltecos sí han sido reconocidos).

Brevemente, al abordar su “obra”, se trata de pinturas realizadas con cierta destreza técnica, pero sin ningún contenido o substancia, siendo además una forma o técnica ya completamente desfasada, copiando malamente al movimiento del hiperrealismo, que se dio en la década de los 60 y 70 en Estados Unidos y Europa, pero que fue importante por su contexto y el contenido de sus obras. Al desconocer la Historia del Arte y al guiarse únicamente por la fachada o “imagen”, a muchos les podrá parecer que las pinturas de Escobar Martínez son destacables, cuando realmente son todo lo contrario. Combinando el nulo aporte técnico y de contenido en su forma, junto con la igualmente nula carrera, se puede establecer que el “valor de mercado” de sus obras debería ser basada únicamente en la decoración. La relación del precio de las obras, su exposición a través de espacios de “validación” y su incorporación (gradual) a importantes colecciones privadas y museos, es constante en el mundo del arte. Esto, al no existir de ninguna forma con Escobar Martínez, se puede establecer que los precios defendidos por el Ministro de Cultura y Deportes son producto de completa especulación.

A esto sigue evaluar el precio que se le otorgó a este encargo, la cantidad de 1.32 millones de quetzales (alrededor de U$ 172,000 dólares). Recordemos que los precios grandilocuentes que escuchamos en casas de subastas en Londres, París o Nueva York, nunca son cifras que en ningún porcentaje reciben los artistas o sus descendientes, sino únicamente agentes, dueños previos y marchantes. Artistas de reconocimiento mundial podrían rondar esos precios, pero estamos hablando de personas como Gabriel Orozco, Takashi Murakami o Yayoi Kusama, con cuatro o mas décadas de carrera, centenares de exposiciones alrededor del mundo y obras repartidas en colecciones de referencia. Precios como estos, se dan en espacios donde existe una gran industria cultural y la situación socioeconómica es muy distinta a la de Guatemala. Solo el hecho de tasar una obra localmente por esos precios, por parte  del Estado, es éticamente dudoso, aún mas de tratarse de la especulación absoluta que rodea a Escobar Martínez.

Éticamente dudoso también es el hecho de este personaje aceptar dicho encargo, en un contexto como este, conocedor no solo de las carencias, sino también de la ausencia de validez de su trabajo. Existen numerosas posibilidades de opciones qué tomar en cómo ejecutar el gasto de dichos fondos, que puedan representar un beneficio más amplio a la población; desde mejorar la instalaciones de la Enap, mejorar la educación en arte a nivel básico, dar becas a personas para continuar estudios artísticos u otorgar ayudas a varios de los artistas ya reconocidos que viven situaciones económicas muy delicadas a pesar de sus décadas de destacada carrera. Eso sin tomar en cuenta las muchas otras carencias a otros niveles que existen. Pero no, se decide aplicar estos fondos para una propuesta desfasada, apolillada desde su concepción, una pintura que trata de emular murales ya en desuso, completamente inservibles en el panorama del arte actual, destacables hace 100-80 años en México. Tan en desuso, que inclusive los antimurales de los años 60-70 ya son anticuados.

Lamentablemente, no es de extrañarse la corrupción continua e ingente que se da de forma constante. Pero tenemos que denunciar y exigir castigo a sus autores y una cada vez mayor transparencia en la gestión de estos fondos. Estamos rodeados de recursos y talento, que de forma continua se desperdician debido a este tipo de personajes despreciables, que solo nos condenan a sobrevivir con la carencia que provocan. La corrupción es la fuente de todos los males, que afectan a muchísimas más personas de las que podemos imaginar, afectan a su posibilidad de alimentarse correctamente, acceder a salud, recibir una educación de calidad, la preservación de su patrimonio cultural o tener un trabajo que permita vivir dignamente. Esto se alcanzará no solo encerrando a estos energúmenos despreciables, sino también corrigiendo actitudes propias o de personas cercanas, que buscan de formas mas “benignas” el aprovecharse de los demás o ignorando actitudes corruptas, en ocasiones por miedo y en otras solo por pereza. Esto nos ha sumido en un gran bache en el cual nos encontramos, plagados de corrupción, en un contexto en el que los pocos que combaten contra ella están amenazados constantemente de quedarse solos en un frente de lucha gigantesco.

[Te puede interesar: Mirarnos desde el arte, una colaboración de Alberto Rodríguez para el especial Estación del silencio]


Alberto Rodríguez Collía (1985) Artista visual, vive y trabaja en Guatemala. Con su obra ha tratado de explorar la memoria histórica, los aspectos sórdidos del ser humano y el ridículo de las sociedades que avasallan y se imponen ante las demás. Su obra está en la Colección Obayashi de Tokio, la Biblioteca Nacional de España en Madrid, en La Casa de las Américas, La Habana, Cuba; en el Centro de las Artes de San Agustín Etla, Oaxaca, México y en el Taller Experimental de Gráfica de Guatemala.


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

TE PUEDE INTERESAR

Subir
La realidad
de maneras diversas,
directo a tu buzón.

 

La realidad
de maneras diversas,
directo a tu buzón.