Jose Rubén Zamora, un periodista en el alfaque

Una semana después de salir de prisión, el periodista Jose Rubén Zamora no tiene certeza de que su libertad esté asegurada. La persecución judicial continúa y es cruenta. En esta entrevista habla sobre la democracia y Guatemala, sobre quienes le han perseguido y sobre la fundación que mantiene el acoso en su contra. Habla también de resistencia.

Por: Alex Maldonado y Alejandra Gutiérrez Desde que volvió a casa, 1,295 días después de haber sido capturado y llevado a la cárcel, Jose Rubén Zamora no ha descansado demasiado. …

Por: Alex Maldonado y Alejandra Gutiérrez


Desde que volvió a casa, 1,295 días después de haber sido capturado y llevado a la cárcel, Jose Rubén Zamora no ha descansado demasiado. El periodista de 69 años,  fundador de elPeriódico, asegura que tiene altas posibilidades de que «lo regresen».  

Vive en el filo, a contrarreloj. Con un pie en la iluminada casa, de techos altos, con las paredes cubiertas de arte y el traspatio boscoso; y otro en la bartolina en la que, ha insistido, vivió secuestrado por el Estado y sufrió tortura

Jose Rubén Zamora Marroquín, periodista y fundador de elPeriódico. Foto: Christian Gutiérrez

Aunque el juez Máximo Morales le otorgó arresto domiciliario, continúa la espada de Damocles sobre su nuca.  Zamora sabe que el Ministerio Público y la Fundación Contra el Terrorismo (FCT) insistirán en entrampar su caso. 

Zamora no pierde tiempo. Ha dado unas 14 entrevistas, planificó un chequeo médico y aprovechó para solicitar la cancelación de la FCT —la Fundaterror, la llama él— ante el Registro de las Personas Jurídicas.  

A pesar de todo, es cordial y se ve tranquilo. Los únicos signos de su encierro son la flacura, que esconde con unos jeans holgados y una camisa de leñador a cuadros, y una casi imperceptible lentitud al subir las escaleras.

No tiene prisa en terminar la entrevista que le hacen de un medio europeo, antes de la de Agencia Ocote. Al terminar, y despedirse, ayuda a acomodar las sillas, ofrece su casa como un set: «Elegí el lugar que querrás», dice al periodista con la cámara.

Mientras se instalan las luces, Zamora emprende una carrera vertiginosa por una hoja de vida del infortunio: todas las amenazas, vigilancias y agresiones que ha sufrido en sus 36 años como fundador y director de dos medios, que son parte ya de la historia poco contada del periodismo guatemalteco. 

Sicarios, vigilancia en helicópteros y en autos, llamadas por la madrugada, un secuestro que casi le cuesta la vida. Todo en diferentes tiempos y bajo diferentes gobiernos. Enumera ahora el acoso, que en su momento contó siempre en las páginas de los diarios que dirigía.

La prisión, digamos, es el último episodio de una serie en la que en cada temporada se van acumulando los enemigos. Aquellos que eran protagonistas de las investigaciones que se publicaban. Calcula que le quedan al menos tres años de proceso judicial para salir de este kafkiano caso en su contra.

«Pero uno decide que tiene que seguir. Uno decide que tiene que seguir cada hora. Tuve que aprender a pensar en las siguientes 24 horas. Así aprendí a sobrevivir».

Aprendió a vivir en períodos de 24 horas, encerrado…

Entendí que el universo de mis hijos era otro y que el mío era otro. Construí un pequeño universo.

¿Cómo describe ese pequeño universo?

Yo sentía que era como un cadáver viviente. Que por un plazo indefinido estaba presenciando mi propia agonía. Los libros fueron importantes para mí. Gracias a Dios, pude tener acceso a libros. Unos 7 mil libros debo de haber leído. Leí a Tolstoi, a Dickens, leí a Kundera, a Rulfo, García Márquez, Julián Marías padre e hijo…. Pero el que más me marcó fue La condición humana de André Malraux. Leía ese libro como si viera una película. Y, después de ese libro, todo lo veía así. O sea, me fugaba de mi cuerpo y estaba viendo el libro proyectado en la pared.

Ahora sale en libertad, pero viene a una casa vacía. Sin su familia, que está en el exilio. ¿Se siente solo?  

Pues, la verdad, jamás me he sentido solo. Siempre los he sentido conmigo.

Esto ya es más metafísico, pero en la bartolina hasta sentía la presencia de mi abuelita y de mis dos mamás. Un amigo murió, lo sentí ahí, y al otro día me dijeron que había muerto. Escribí una nota sobre él.

A pesar de todo, siguió escribiendo.

A mano. Pliegos y pliegos que ya están mecanografiados; pero que aún no se publican. 

Ha dicho que tiene certeza de que lo van a devolver a prisión. De alguna manera vive a contrarreloj. ¿Por qué dedica este tiempo a dar entrevistas? 

Yo pienso que hay una alta probabilidad de que me regresen. Arriba del 70 por ciento. De repente pasa algo imponderable y no me llevan, pero lo veo poco probable. Y, ¿por qué doy entrevistas? Pues yo, como ustedes, estuve en un medio y busqué que gente nos concediera entrevistas porque nos parecía importante. 

Entonces yo no me puedo negar a recibir a nadie, al contrario, lo agradezco. Primero, porque sé que si lo piden es porque les parece que es importante y segundo, ahora no estaría fuera sin el apoyo de la prensa independiente. No solo de Guatemala, sino de la región y del mundo. Todos han sido claves para que yo salga.

Puede ser que con el cambio de correlación de fuerzas que ha habido, de repente me quede aquí. Pero, creo que el odio visceral que me tienen es muy fuerte. Lamento esto, pero tampoco haría lo contrario. Conociendo el resultado de mi vida, yo volvería a hacer lo que hice. 

El periodista Jose Rubén Zamora en su domicilio durante una entrevista con Agencia Ocote. Foto: Christian Gutiérrez

Usted aseguró que Guatemala era el laberinto perfecto, pero, como en un fractal, pareciera que su caso es también ese laberinto perfecto. Da la sensación de que el proceso en su contra no tiene salida.

Pero hay salida. Tengo evidencia de todo. Esos dos casos creo que se van a caer muy rápido. En el caso de tráfico de influencias no presentó ninguna evidencia el MP, me declaró inocente (el juez), a pesar de todo el poder de Giammattei. 

En el caso de chantaje no presentaron un solo testigo. Ahorita el juez que me liberó le llamó la atención al fiscal y le dijo: «Mire, Zamora y su defensa no tienen que probar su inocencia. Ustedes tienen que probar que él es culpable». Pero han sido buzos, porque en algún momento hasta yo pensé que era culpable de algo (ríe).

Y, además de dar entrevistas, puso una demanda contra la Fundación Contra el Terrorismo.

Debemos encontrar alguna manera de quitarla de la mesa para que Guatemala pueda tener un futuro decente y con fortuna. Y sí, era muy prioritario, aunque estuve un poquito dudoso.

Les puse esta demanda que afecta a su organización. Pero, al mismo tiempo, yo que los he visto, creo que nunca les podría tener rencor u odio porque es gente que sé que está enferma. Es gente que tiene problemas psicológicos. Ellos son sádicos en un sentido clínico, preciso y estricto. 

Es paradójico que uno de los  hombres de los que habla, Ricardo Méndez Ruiz de la FCT, haya sido  columnista de elPeriódico

A pesar de que yo he impulsado y apoyado el debate público plural, incluyendo gente que me disgustara como escribía, yo siempre apoyé que sus plumas y sus pensamientos pudieran salir impresos en el periódico. En el caso de Méndez Ruiz me opuse personalmente por mil razones.

Pero, de repente, vi que salió publicado. Cuando me quedé completamente al frente del diario, una de mis primeras decisiones fue pedir que lo retiraran a él.

No lo había pensado, pero ahorita que me lo dicen, de repente debí haber favorecido que él se quedara. Tal vez sus frustraciones hubieran seguido siendo publicadas.  Es mejor que escribiera sus pensamientos horrorosos, que se desahogue escribiendo, a que sea lo que estamos  viendo ahora y que cause tanto daño a la sociedad.

Él ha asesinado reputaciones, patrimonios, desintegrado familias. Pero, también pienso, que se sobredimensiona el poder de Méndez Ruiz.

Se dice que él no actúa solo, sino que representa a una estructura que tiene financistas, que nunca han sido públicos.

Él creció porque fue financiado por gente económica y financieramente muy importante. Sin embargo, hoy creo que ya tiene energía propia. Tanto Méndez Ruiz como el propio (Raúl) Falla. Ya son gente millonaria.

Se publicó que Falla compró una propiedad en Marina del Sur, que es un lugar residencial muy exclusivo. Eso es de multimillonarios. Del lumpen de los ricos.

Con el tiempo pueden ser un búmeran para los mismos que los financiaron. Hay que reconocer que en las élites de Guatemala prevalece el fascismo.

Cuéntenos más sobre esas élites.

Es lamentable, pero aquí no hay gente que tenga convicción democrática profunda. No han tenido convicciones ni con la libertad, ni con la democracia, ni con la transparencia, ni con el Estado de derecho, ni con el respeto a los derechos humanos. Sus afinidades políticas han estado con el autoritarismo, el verticalismo, los privilegios y con un mercantilismo muy extremo.

¿Cree usted que esas élites empresariales son las que han estado detrás de la fundación desde sus inicios o que puedan continuar ahí?

Cuando hablo de élites, también hablo de élites académicas, de élites militares y de otros grupos sociales y de presión. Y, claro, también, en el sector empresarial hay élites. De esas élites hay gente muy fuerte que es fascista.

Incluso algunos, que no son extremistas, no saben que el comunismo acabó con el colapso de la Unión Soviética. 

En Guatemala con la firma de la paz dijeron: «Entremos en la democracia». Fue el paso de un autoritarismo a una democracia, sin siquiera entender qué es la democracia ni qué significa. Es solo un barniz de democracia muy superficial. 

Eso sí, otros grupos han sido profundamente democráticos. Y lo que hay que hacer es seguir apostando por la democracia. 

¿Cómo es el estado de la democracia en Guatemala?

Estar encerrado y ver que capturaron a la gente de 48 Cantones fue una sorpresa. ¿Cómo es posible? Estamos hablando de que con las elecciones en 2023, son  los 48 Cantones los que salen a defender la democracia.

Es triste y es deprimente ver que los grupos de derecha progresista no digan: «¡Ala, es un éxito! Que gente que no ha recibido nada del Estado, que esté en la marginación, sean quienes salen a defender y a marchar por la democracia»

Deberían haber quemado cohetes en lugar de meterlos a la cárcel.  Grupos que jamás son atendidos, vienen y desfilan en la ciudad por defender una democracia que solo les sirve a grandes grupos y a las clases medias. Es inaceptable. Es una monstruosidad. Está bueno que la agarren conmigo, pero a ellos les debían haber aplaudido.

De repente, lo que quieren otra vez es regresar al fascismo.

[Entonces, Zamora se lanza en un recorrido acelerado sobre la migración, sobre un sistema que ha expulsado a millones de guatemaltecos, sobre el conflicto armado, sobre la firma de la paz, sobre el rol de Estados Unidos en el conflicto…]

Usted menciona a Estados Unidos, a la embajada -con mayúscula- . Entendemos que usted siempre tuvo conversaciones con ésta. Es crítico del rol de Estados Unidos durante la guerra, pero, ¿cuál es su evaluación de la embajada de Estados Unidos en su propio caso?

Creo que estoy vivo y sentado aquí porque he tenido el apoyo de la embajada. Desde 1989, si no me he muerto, si no me han asesinado, ha sido en parte por la embajada.

Hemos tenido embajadores excepcionales, como el señor Tom (Thomas) Stroock, como el señor (Stephen) MacFarland. No tuve relación con la embajada, por ejemplo, en tiempos de Portillo.

A mí, en lo particular, me decían: «No ceda, no baje la guardia, su trabajo es excelente, cuentan con nosotros». Y eso se sentía como un espaldarazo y seguimos trabajando.

Luego, con (William) Popp (de 2020 a 2023), la política exterior ya era solo tweets. Y cuando caí (en prisión) Popp se desapareció. Pero hubo gente en la embajada que luchó por mí. Pero eso no cambia mi opinión de que los enfoques en años anteriores hayan provocado las migraciones que ahora no quiere el señor (Donald) Trump.

Es un hecho que ha habido golpes duros contra los medios. Que lo llevaron a usted a prisión, y sumamos a los periodistas en el exilio, al cierre de elPeriódico. Ha habido persecución y criminalización. ¿Cómo describe el estado de salud de la prensa en Guatemala?

La situación es muy compleja. Sobre todo en la parte financiera. Estamos en una transición y hay un riesgo enorme para todos los medios.  No puede haber democracia sin libertad de expresión y no hay libertad de expresión si no hay medios independientes.

Prensa Libre, a su manera, sigue. Pero cada vez con menos recursos y con menos anunciantes. A pesar de eso, los he visto mantener su pluralismo y, en mi caso, apoyarme con mucha fuerza, que incluso les pudo haber costado el cierre.  Veo otros medios muy fuertes con mucho colmillo, pero siempre con el problema de dónde conseguir recursos. Hay que garantizar algún esquema financiero.

Eso sí, las empresas grandotas ya tienen su propio medio, que es República GT. Y ya con eso sienten que no necesitan que nadie más sobreviva.

Jose Rubén Zamora Marroquín, periodista y fundador de elPeriódico. Foto: Christian Gutiérrez

En una entrevista en Plaza Pública, en 2015, usted dijo sobre las amenazas de muerte que había recibido que «las casas donde celebraría más mi muerte y la de  elPeriódico no sería en casa presidencial, sino en la casa de gente muy importante de capital tradicional y en la de algunos capos». ¿Sigue pensando que ahora hay gente de capital tradicional y capos celebrando que usted sufra esta persecución?

Llegaron  amigos, grandes empresarios, a verme a la cárcel y, según me contaron, había muchos empresarios que decían: «Pues es cierto, él no cometió ningún delito, pero qué bueno que esté en la cárcel».

¿Tiene más amigos que enemigos? 

Más amigos. Más amigos.

Se han creado monstruos. 

Hay que desmochar todo. Sí. 

Volvemos a su solicitud de la cancelación de la personería jurídica de la FCT, ¿esperaría que el gobierno de Arévalo haga algo?

Tengo la certeza de que sí, porque su convicción es respetar la ley desde cualquier perspectiva. Y él respeta la ley de manera extrema. Quizás ese va a ser su legado.

Esto que presenté está en un reglamento para las ONGs que hizo Giammattei. Seguro que con la asesoría de Fundaterror. Pero, la vida es paradójica. Ahí dice exactamente que si usted no cumple sus estatutos como ONG tiene que desaparecer y da un plazo. Y está documentado todo el tipo de acciones y barbaridades que han hecho (la FCT). 

Usted ha fundado y dirigido dos medios de referencia (elPeriódico y Siglo Veintiuno). Pero, en retrospectiva, ¿cuál considera que es su legado?

Yo siempre vi el escenario de la cárcel. Era un escenario que siempre estaba a la vuelta de la esquina. El otro era que me pudieran balear, que pudieran dañar a mis hijos, el boicot publicitario.

Yo miraba cada nuevo gobierno como un ciclo. Comenzaba el primer año y ya sabía cómo eran, el segundo año qué hacían, el tercero, y tenía que resistir hasta el cuarto.  Siempre que terminaba, yo sentía que era un veterano de la guerra de Vietnam. Siempre me preguntan cómo me siento; yo digo: «Muchacho, yo siento que tengo 150 años». 

Y, ¿el legado?

Tal vez el coraje, el no dejarse. Si es necesario, solo sentado en una silla, aguantando la presión. Como esas piedras de jade que adentro tienen lo que se supone que es ADN de dinosaurio. Pues hay que saber fosilizarse y quedarse ahí. Y resistir. 

Persistir. 

Resistir, resistir. Cuando viene la ola, el alfaque, ríos, tsunami o lo que fuera,hay que dejarse llevar. Eso me arruinó al principio. Hay que dejarse llevar para quizás sobrevivir mejor. Hay que flotar con el agua. No enfrentar. Cuando ya la fuerza es más grande que vos, tenés que dejarte ir y no pelear. Si peleás es peor para vos.

Pero, no hay alfaque, no hay huracán, no hay tornado, no hay Mitch, no hay Ríos Montt que dure toda la vida. Tarde o temprano desaparecen. Y hay que seguir. ¿Verdad?


Redacción: Alex Maldonado y Alejandra Gutiérrez

Edición: Carmen Quintela

Fotografías: Christian Gutiérrez


¿Quieres saber más sobre la persecución en contra de Jose Rubén Zamora y de periodistas de elPeriódico? Puedes escuchar este podcast sobre la exdirectora del medio, Julia Corado.

También te invitamos a explorar el especial «En el exilio», sobre cómo las políticas autoritarias de los gobiernos de Jimmy Morales y Alejandro Giammattei obligaron a decenas de periodistas, fiscales, jueces, magistrados y activistas a irse de Guatemala para salvaguardar su libertad y su vida.

Redacción Ocote

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