Cooperativas de mujeres desafían la desigualdad en el trabajo de cuidados y del hogar

En la región del trifinio, donde Guatemala y Honduras comparten fronteras, las trabajadoras del hogar enfrentan graves obstáculos para que los Estados y la sociedad reconozcan que las tareas que realizan no son «ayuda o favores» sino trabajo que debe ser reconocido y remunerado. En ambos países, dos cooperativas lideradas por mujeres demuestran que son posibles otros modelos para dignificar el trabajo de cuidados y del hogar. Desde el 2024 funciona la CoopCuidados en Honduras y en Guatemala, próximamente será Servi Cuidados.

Explora aquí el especial completo «El trabajo invisible» Cuando tenía 14 años, en el 2012, Eda Luna comenzó a cuidar niños y limpiar casas en Honduras. En ese momento, el trabajo …

Mujeres de cooperativa CoopCuidados en Honduras
Cooperativa de Cuidados (CoopCuidados) Honduras

Explora aquí el especial completo «El trabajo invisible»

Cuando tenía 14 años, en el 2012, Eda Luna comenzó a cuidar niños y limpiar casas en Honduras. En ese momento, el trabajo que realizaba era nombrado como «una ayuda, un favor» a cambio de pequeños gestos o concesiones. 

«Yo no sabía que tenía derechos, ni que lo que hacía era un trabajo», recuerda. 

Agrega: «Creía que -los empleadores- me estaban haciendo un favor al dejarme estudiar los fines de semana».

Pero la historia de Luna no se quedó en resignación. Mientras estudiaba en un colegio para personas trabajadoras, conoció a un grupo de mujeres que hablaban sobre derechos laborales. 

Fue la primera vez que escuchó que tenía derecho a vacaciones, salario digno y respeto. 

«La curiosidad me llevó a organizarme», dice sonriendo. «Empecé a sentir que esa era mi identidad», añade.

Fundadoras de la Cooperativa de Cuidados

Luna cuenta que pasó de ser aquella adolescente que limpiaba casas en Honduras, a formarse en organización social y como lideresa. 

Tiempo después, junto a otras mujeres fundaron la Cooperativa de Cuidados (CoopCuidados) que se dio a conocer públicamente el 29 de octubre de 2024, como un espacio creado por y para trabajadoras del hogar.

Trabajadora del hogar en Honduras. Fotografía Agua Mala para Coopcuidados

Es la primera cooperativa de esa naturaleza en Honduras y la primera a nivel centroamericano.  Hasta noviembre de 2025, 16 mujeres la integran y la mayoría proviene del área rural.

Ofrecen diversos paquetes de servicios de cuidado a niñez y personas adultas mayores, lavandería, limpieza y preparación de alimentos, todo bajo un modelo cooperativista.

Según el tipo de servicio, tipo de empresa, casa o persona particular, el período de tiempo o necesidades específicas, los precios oscilan entre 300 (unos US$11  dólares) hasta 22,000 lempiras (unos US$ 836 dólares).

Esa dinámica de trabajo permite que la cooperativa pueda intermediar en los contratos, horarios y salarios, en lugar que cada trabajadora haga la negociación sola y sin asesoría.

Bajo esa dinámica, un 15 % de los ingresos que las mujeres obtienen se destina a ahorro y bienestar colectivo, que incluye atención médica, formación, espacios de autocuidado y seguridad ocupacional. 

«Nosotras también necesitamos cuidado. La cooperativa nos enseña que el cuidado empieza por nosotras mismas», señala Luna.

No obstante, reconoce que el cambio más profundo ha sido emocional y ahora se proyecta en la forma como las trabajadoras se nombran.

«Antes nos daba pena decir que éramos trabajadoras domésticas. Sentíamos que era algo que esconder, como si no valiera. Ahora nos sentimos orgullosas, porque sabemos que nuestro trabajo sostiene hogares y vidas», cuenta Luna.

El Estado sigue en deuda

En Honduras  no existen leyes específicas para las trabajadoras del hogar y tampoco para regular el trabajo de cuidados.

Para las mujeres que integran la CoopCuidados, su propuesta cooperativista no suplanta la necesidad de políticas públicas, pero muestra pasos concretos que sí cambian sus vidas. 

Luna y sus compañeras perciben esas transformaciones, no solo al mejorar sus ingresos y el acceso a la seguridad social, también en el creciente debate público sobre la importancia de aprobar o ratificar instrumentos como el Convenio 189 de la OIT aprobado en 2011.

Actualmente, las  integrantes de la CoopCuidados participan en mesas de diálogo para promover una Política Nacional de Cuidados, que reporta avances en su integración y debate sobre la temática.

«No podemos seguir esperando que el Estado cambie las cosas por nosotras. Tenemos que proponer nuestros propios cambios», afirma Luna.

En un país donde el trabajo doméstico sigue siendo invisible, la meta de Luna es replicar el modelo de la CoopCuidados en otros departamentos, sumar más mujeres y empujar la agenda pública para transformar la forma en que se reconoce y remunera el cuidado.

El trabajo en el hogar es socialmente invisible. La CoopCuidos busca dignificarlo y reconocerlo. Fotografía: Agua Mala para Coopcuidados

Guatemala: una cooperativa de mujeres en camino

En Guatemala, como sucede en Honduras, la historia de una cooperativa de mujeres trabajadoras del hogar comienza a concretarse.

Zulma Rivera, del Centro de Apoyo para Trabajadoras de Casa Particular (CENTRACAP), confirma a Agencia Ocote que ya están en proceso de la inscripción legal de la cooperativa Servi Cuidados, la primera en su tipo en Guatemala.

«Ya firmamos los documentos legales y estamos en proceso de inscripción. Se llamará Servi Cuidados y está organizada por trabajadoras domésticas», explica Rivera.

Aún no se tiene una fecha prevista para el lanzamiento público, pero para este proyecto, Rivera indica que trabajan desde el 2024 con Socodevi, una organización canadiense. 

En paralelo, como sucede con las integrantes de la CoopCuidados en Honduras, Rivera dice que forman parte de una mesa multisectorial junto al Ministerio de Trabajo y la Secretaría Presidencial de la Mujer (SEPREM) en Guatemala donde se discute la importancia de reconocer el trabajo de cuidados.

También asegura que los desafíos son estructurales y deben existir cambios a nivel de políticas públicas. 

«En Guatemala el trabajo de casa particular sigue viéndose como servidumbre. No hay voluntad política ni conciencia social sobre su valor», asegura.

Convenio de la OIT para trabajadoras del hogar

En Honduras y Guatemala, como sucede en otros países de Latinoamérica, las leyes específicas para las trabajadoras del hogar no se toman como prioridad.

En Guatemala, CENTRACAP, trabaja junto a SITRADOMSA, otra organización en defensa de las trabajadoras del hogar e impulsan la iniciativa 49-81 para la ratificación del Convenio 189 de la OIT.

La iniciativa 49-81, busca garantizar derechos laborales básicos a las trabajadoras domésticas, seguridad social, contratos claros, entre otros. 

Sin embargo, el Congreso de Guatemala aún no la aprueba luego de unos 9 años de intentos. Rivera reitera que, aunque la cooperativa es importante, también se necesita la ratificación de los instrumentos internacionales que ya existen, para el reconocimiento pleno del trabajo que sigue invisible.

«Las mujeres que antes vivían en las casas donde trabajaban, ahora ya tienen su propio hogar y trabajan por día. Pero muchas terminan haciendo jornadas dobles, cuidan familias ajenas y luego cuidan la suya sin descanso. Es el trabajo invisible del cuidado.», señala.

Condiciones precarias en la región

El Boletín Competitivo Regional del Consejo Hondureño de la Empresa Privada – (COHEP) muestra que la tasa de empleo informal es alta en Guatemala (83.2%) y Honduras (82.6%9), que ocupan el primer y segundo lugar en esa medición.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas de Honduras (INE), las personas dedicadas al trabajo del hogar remunerado o no remunerado ascienden a 134,087  de las cuales 116,714 son mujeres y 17,373 hombres.

Además, el ingreso promedio mensual para este tipo de trabajo es de apenas 4,795 lempiras (unos US$195 dólares), según la Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples en 2024.

En Guatemala, la situación refleja una tendencia similar. Según la ENCOVI 2023 del INE, el 70.3 % de la población ocupada trabaja en el sector informal, mientras que solo el 29.7 % tiene un empleo formal.

La brecha de género es evidente: en las áreas rurales la tasa de informalidad entre mujeres alcanza alrededor del 89.9 %, y en zonas urbanas menos densas ronda el 76%. 

En términos de ingresos, un análisis basado en datos del INE, con datos de 2023, indica que las mujeres perciben en promedio Q 2,335 al mes (unos US$304 dólares), frente a Q 3,143 para los hombres.

En paralelo, un estudio de CONLACTRAHO en 2022 destaca que en Guatemala existen cerca de 266,481 trabajadoras del hogar, y que sin la ratificación del Convenio 189 siguen enfrentando jornadas de hasta 17 horas.

A nivel de la región, según la Confederación Sindical de las Américas, el 95.7 % de las personas asalariadas en trabajo del hogar son mujeres.

Las mujeres dedican más tiempo a los cuidados

Datos de ONU Mujeres muestran una marcada desigualdad de género en el trabajo no remunerado de cuidados y doméstico en Centroamérica: en Honduras, las mujeres dedican 16.9 % de su tiempo a estas labores, frente al 3.1 % de los hombres. 

En Guatemala, la brecha es aún más amplia, con mujeres que destinan aproximadamente 20.6 % de su tiempo a este tipo de trabajo, frente a solo 2.1 % de los hombres

Ante esta panorámica, las cooperativas también pasan a conformar una alternativa frente a la migración forzada en la región.

Luna recuerda que durante la pandemia de Covid-19 y los huracanes Eta e Iota que azotaron varios países centroamericanos, varias mujeres hablaron de irse de Honduras. 

«No encontraban salida aquí… la CoopCuidados fue también un intento de ofrecer una alternativa digna para quedarse», dice.

Trabajadora del hogar de CoopCuidados. Fotografía: Agua Mala para Coopcuidados

La colectividad frente a la adversidad

Las cooperativas CoopCuidados y Sevi Cuidados, cuentan con alianzas, trayectorias, informes y datos que sustentan su existencia. 

Damaris Ruiz, directora regional de We Effect, que realizó realizó un estudio sobre la caracterización del trabajo de cuidados en la región del trifinio, reitera que las trabajadoras del hogar remuneradas enfrentan las peores condiciones laborales en Centroamérica.

«Una de las vías más efectivas para dignificar su trabajo es la organización colectiva, y las cooperativas ofrecen esa alternativa», señala.


Asimismo, organizaciones como WIEGO y la OIT también han documentado, de forma global y regional, esas condiciones informales y feminizadas del empleo.

Ruiz señala que pese a los esfuerzos de diversas organizaciones e instituciones, «No basta con organizar a las mujeres, también necesitamos que la sociedad reconozca y contrate a las cooperativas, en lugar de seguir buscando servicios informales y mal pagados».

Aunque las cooperativas son viables, Ruiz advierte que «estos procesos no se logran en dos años ni con proyectos de corto plazo», por lo que se requiere continuidad, acompañamiento y voluntad política de los Estados.

Para Ruiz, el cambio estructural pasa por reconocer su importancia desde las políticas públicas y la economía, también desde lo cotidiano. 

«Si queremos coherencia, las primeras en contratar a cooperativas deberíamos ser las organizaciones que defendemos derechos humanos y equidad como las organizaciones de sociedad civil, organizaciones internacionales, embajadas, etcétera», afirma.

La narrativa sobre el trabajo de cuidados y del hogar ha comenzado a transformarse. Eso lo tiene claro Eda Luna.  «Sin nosotras, nadie podría salir a trabajar, estudiar o cuidar. No es un favor, es trabajo. Y ahora, por fin se reconoce como tal», puntualiza.

Créditos:
Texto: Andrea Godínez
Fotografías: Cooperativa de Cuidados (COOPCUIDADOS)
Edición: Lourdes Álvarez Nájera

También te puede interesar