Damaris Ruíz: «Promover los cuidados como una condición para impulsar la participación política de las mujeres»

En el trifinio, entre la frontera de Guatemala, Honduras y El Salvador, el cuidado sigue siendo un trabajo invisibilizado y, en su mayoría, no remunerado. Damaris Ruíz, directora de la organización We Effect en Centroamérica, explica por qué urge un sistema integral de cuidados: las mujeres dedican entre seis y doce horas diarias al trabajo de cuidados y los hombres menos de tres. Esa «pobreza de tiempo» que padecen las mujeres, limita estudios, salud y empleo. El Estado, las empresas y la sociedad deben corresponsabilizarse para garantizar condiciones dignas para ellas.

En Centroamérica, el debate sobre cuidados avanza despacio. En este estudio We Effect menciona cómo los esfuerzos se dispersan entre las mujeres, en su mayoría, y las comunidades. Sin embargo, …

Mujer lavando en una pila.
Foto: Sandra Sebastián

En Centroamérica, el debate sobre cuidados avanza despacio. En este estudio We Effect menciona cómo los esfuerzos se dispersan entre las mujeres, en su mayoría, y las comunidades. Sin embargo, en el trifinio, frontera entre Guatemala, Honduras y El Salvador, por parte de los gobiernos predominan respuestas puntuales y dispersas que no alcanzan a resolver las realidades que viven muchas mujeres y familias.

En Honduras, en 2024, abrieron sus puertas el Centro de Cuidado Infantil «Graciela Amaya» y el Centro de Cuidado Infantil Policial «Iris Xiomara Castro Sarmiento». Además, Tegucigalpa gestiona 17 centros municipales, pero fuera de la capital la oferta es limitada. 

En Guatemala, la Secretaría de Bienestar Social regula los Centros de Cuidado Infantil Diario con cobertura limitada y desde enero de 2025, se discute una iniciativa de ley para crear una red nacional. 

En El Salvador existe una política de cuidados pero no hay leyes que garanticen los derechos de las personas que cuidan. 

La falta de datos comparables, diagnósticos territoriales y presupuestos específicos dificulta pasar del reconocimiento del problema a la implementación de servicios y políticas públicas a cargo de los Estados. 

Para profundizar en el tema y saber qué se necesita para construir un sistema integral de reconocimiento a los cuidados, conversamos con Damaris Ruíz, directora de la organización We Effect para Centroamérica. 

En la entrevista, Ruíz describe las piezas que faltan: medir el tiempo de cuidado en encuestas oficiales, priorizar la primera infancia, planificar servicios de atención para personas adultas mayores y asegurar financiación sostenida. También insiste en el cambio cultural y en la coordinación regional como claves para que la región pase de pequeños esfuerzos aislados a políticas concretas. 

¿Cómo describiría el estado actual de las políticas públicas de cuidados en los tres países que conforman la región trifinio (Guatemala, Honduras y El Salvador)?

En Centroamérica tenemos muy pocos avances a nivel de políticas públicas. De hecho, política pública de cuidado como tal no tenemos en estos tres países. Lo que sí tenemos son algunos programas específicos o algunas políticas muy particulares. 

En el caso de El Salvador aprobaron hace poco tiempo un programa que le apuesta fundamentalmente a la niñez en esa primera etapa de vida. En Guatemala está todo el programa que lidera la primera dama, Lucrecia Peinado, y creo que en este caso sí se pueden evidenciar iniciativas específicas de centros de cuidados en diferentes partes del país.

Considero que en los últimos dos años o tres, estos países han estado viendo de qué manera pueden avanzar. En el caso de Honduras ya existe una mesa interinstitucional de los cuidados que se instaló el año pasado y en donde ya están hablando de cómo los cuidados van a pasar a ser un pilar fundamental del sistema de protección social. 

Es importante decir que Centroamérica es de las regiones menos avanzadas en este tema. Mientras otros países han dado pasos significativos como México o Uruguay, que son nuestro primer ejemplo. Hay avances súper importantes y nuestra región apenas está empezando a dar estos pasitos, que ojalá se puedan sostener. 

¿En materia de cuidados, cuáles son las principales deudas pendientes de los Estados del trifinio?

Una de las deudas pendientes y que es absolutamente injusta, es que las mujeres seamos las que tengamos que asumir casi la responsabilidad total de estos trabajos.

Estos trabajos tienen que ser compartidos con el Estado. El Estado sí tiene que hacerse responsable por el cuidado de la niñez, sí tiene que hacerse responsable por el cuidado de las personas adultas mayores y dependientes.

Pero también los hombres, porque de manera muy cómoda se han integrado al mercado laboral remunerado y se han dedicado exclusivamente a eso. Los hombres han estado disponibles cien por ciento para el mercado, mientras que las mujeres para poder entrar al mercado laboral remunerado, hemos tenido que asumir dobles o triples cargas de trabajo porque los cuidados no son compartidos por nadie a lo interno de los hogares.

También hay que decir que las empresas privadas tampoco han asumido lo que les corresponde. O sea, las empresas privadas son las principales beneficiadas de que las mujeres seamos las únicas responsables de estos trabajos de cuidados, porque mientras nosotras estamos cuidando, les garantizamos que otras personas puedan disponer de la totalidad de su tiempo. 

Foto: Sandra Sebastián

Desde su experiencia, ¿qué debería contener un sistema integral de cuidados adaptado a la realidad del trifinio?

Se tiene que partir de un diagnóstico que pueda decir qué situación tenemos y cuáles son los principales desafíos. Entonces, parte de este diagnóstico tiene que hacer que las encuestas nacionales puedan integrar módulos para medir el tiempo dedicado a los cuidados. Esto es fundamental. Si no sabemos cómo estamos, difícilmente vamos a poder decir cuáles son nuestros principales desafíos y cómo podemos avanzar.

Luego se tiene que hacer una revisión integral de qué priorizar. Muchos países han empezado a poner como prioridad el cuidado de la niñez porque esto permite que las mujeres y todas las personas que tienen a sus cuidados niños puedan entrar en mejores condiciones al mercado laboral. 

Es importante resaltar que nuestros países están dejando de tener población joven en proporción mayoritaria. Los Estados tienen que preparar las condiciones para ver qué va a pasar con estas personas mayores. ¿Nos vamos a quedar en casa para poderles cuidar? ¿El Estado y los demás actores van a facilitar las condiciones? Entonces, los sistemas de cuidados tienen que tener información clara.

Y por supuesto, los sistemas de cuidado deben contar con financiación. Es imposible que sea solo declaratorio. Si no hay financiación, difícilmente se va a poder implementar todo.

Como organización, ustedes realizaron el estudio «Caracterización de los cuidados en la región del trifinio». El resultado muestra que las mujeres dedican entre seis y doce horas diarias a los cuidados, mientras los hombres menos de tres. ¿Qué riesgos sociales y económicos implica seguir invisibilizando ese trabajo?

Las mujeres tienen que renunciar a la posibilidad de estudiar o de irse a hacer sus chequeos médicos. También tienen que renunciar a la posibilidad de trabajos remunerados y  mejores condiciones, porque no pueden irse muy lejos de la comunidad o del barrio. Tienen que trabajar lo más cerca posible para poder estar cuando sus hijas o sus hijos regresen de la escuela. 

Muchas mujeres que pudiesen tener la oportunidad de conseguir un trabajo mejor  remunerado, con mejores condiciones, pero no pueden aceptarlo porque tienen que estar al pendiente y esto agrega una carga mental muy injusta.

A todo esta sobrecarga de los trabajos de cuidado les estamos llamando «pobreza de tiempo», porque no tenemos el tiempo para poder gozar de los otros derechos que tenemos.

Foto: Sandra Sebastián

¿Cómo podemos promover la corresponsabilidad con hombres, familias y comunidades en el trabajo de cuidados?

Si no logramos que cambien las narrativas, las percepciones, los comportamientos, las creencias, etcétera, difícilmente vamos a lograr que los cambios sean sostenidos. Porque la vía punitiva no es la que da los resultados sostenibles.

Tener un sistema de protección social que integre como pilar los cuidados puede conseguir avances significativos, pero si logramos que cambie la creencia de que las mujeres somos las ideales para hacer este trabajo; las únicas responsables para que lo hagan. 

Eso significa que los hombres van a asumir sus responsabilidades, que las hijas y los hijos también. La encuesta del trifinio también refleja que las mujeres estamos asumiendo trabajo de cuidado sobre personas que no necesitan los cuidados. 

Si lográramos cambiar eso, va a ser importante y por supuesto, que para que esto cambie necesitamos a las y los comunicadores, al periodismo, las escuelas, la cultura, las iglesias haciendo también su parte porque desde allí se refuerzan todos estos imaginarios y estas normas sociales. 

¿Qué rol puede jugar la cooperación internacional y las organizaciones sociales en este proceso?

Creo que la cooperación internacional debe generar evidencia, desarrollar pilotos específicos pero también apoyar iniciativas concretas. 

Promover los cuidados como una condición para impulsar la participación política de las mujeres. Una condición para procesos de empoderamiento económico de las mujeres. Como cooperación debemos garantizar a las organizaciones socias, que todavía no conocen el tema de cuidados, que cuenten con las condiciones para poder saber de qué se trata y cómo pueden incluirlo en sus procesos.

Para eso es fundamental que se designe el presupuesto. Tenemos que disponer  a las organizaciones de los recursos para que puedan hacer esos ajustes en sus procesos de cambio.

A la cooperación internacional quisiera decirle que en este contexto tan desafiante que vivimos con reducción de fondos, el llamado es a la articulación. Que apoyemos agendas como estas que son sumamente significativas para promover sociedades más igualitarias.

Foto: Sandra Sebastián

¿Qué puede cambiar en la vida de las mujeres del trifinio si se reconociera el derecho a cuidar y a ser cuidadas en condiciones dignas?

Si lográramos cambiar esta situación, lo que vamos a tener es la aspiración de sociedades más igualitarias. No puede ser que el 51% de la población siga viviendo de manera tan marginal y siga siendo excluida de las oportunidades que nos puedan ofrecer.

Si esto llegara a cambiar, las mujeres vamos a poder participar en igualdad de condiciones que los hombres. Eso significa que vamos a poder ser alcaldesas, concejalas, diputadas, presidentas, ministras… 

María Olga Domínguez Ogaldes

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