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Mónica Chub: «perdí el miedo»

Mónica Estefanía Chub, tiene 31 años y vive en San Pedro Carcha, Alta Verapaz, es una mujer indígena trans que trabaja para hacer visible que en los pueblos indígenas también hay personas diversas. Para lograrlo, usa su voz, a veces habla en español y otras en q´echi´.

«Perdí el miedo», dice Mónica Chub y agrega «soy la piedra en el zapato de muchas instituciones». Hace una pausa, queda en silencio y después ríe. Su voz se escucha  …

«Perdí el miedo», dice Mónica Chub y agrega «soy la piedra en el zapato de muchas instituciones». Hace una pausa, queda en silencio y después ríe. Su voz se escucha  firme a través de la pantalla del Zoom que nos sirve para realizar esta entrevista.

Alguien tiene que recordarles  a las y los empleados públicos que todas las personas tienen derecho de acceso a la justicia y a la salud, dice Mónica y ella está dispuesta a hacerlo. Mónica  ha visto que las personas después de ser cuestionadas deciden informarse y mejoran la atención.   

Alta Verapaz está en el norte de Guatemala y para llegar desde la capital hay que recorrer 221 kilómetros.  En  ese departamento, Mónica inició en el 2016 con la defensa de los derechos de las personas LGBTIQ+ de los pueblos originarios, pero después otras personas se acercaron y le pidieron acompañamiento para exigir sus derechos.

Esta mujer indígena apoya a sobrevivientes de violencia sexual y otros tipos de  violencias, personas con VIH, niñez y juventud, defensoras y defensores de derechos humanos criminalizados. Cuando es necesario se une a manifestaciones y en otras ocasiones acude a las instituciones públicas para fiscalizar.  

En junio de 2023, Monica Chub participó en una caminata del orgullo LGBTIQ en el territorio q´eqchi´. (Fotografía: cortesía Mónica Chub)

Mónica estudió sólo hasta tercero primaria. Para ser activista y defensora de derechos humanos se ha formado por tres años en talleres y eventos. En 2016 participó en un encuentro departamental de activistas y defensores de derechos humanos a donde llegó con la indumentaria maya de las mujeres: y habló sobre la existencia de las mujeres trans indígenas.

Tres años después, el  8 de marzo de 2019, Día Internacional de la Mujer, Mónica caminaba junto a una compañera que había escapado de su casa porque su familia la rechazaba por ser una mujer trans. Regresaban de las actividades por el 8M y se encontraron con la familia de su amiga. 

El padre y el hermano  quisieron llevársela a la fuerza, la agredieron verbalmente y le gritaron: «sos un hombre, un macho, compórtate como un macho».  

Mónica evitó que se llevaran a su amiga, les dijo que les denunciaría. La amiga no pudo seguir viviendo en el municipio, tuvo que empacar su ropa y migrar a la ciudad de Guatemala. Su familia era parte de un grupo religioso y no la aceptaron. 

Este no es el único caso sobre desplazamiento forzado que conoce Mónica, quien ha despedido personalmente y por teléfono a varias compañeras que migran para huir de la violencia y el rechazo. 

«Deben irse, es muy triste, indigna bastante y da coraje. Tenemos que decirle a la sociedad que basta, tenemos derecho a estar en nuestros territorios y comunidades”, dice Mónica. 

Agrega que todo empieza desde el núcleo familiar, considera que desde ahí debe iniciar la aceptación. Con el rechazo, aparecen las faltas de respeto de la familia, que se extienden a la comunidad y entonces es necesario el desplazamiento. 

Recuerda el caso de Nanci Sacul, mujer trans que migró desde Chisec, Alta Verapaz, a la capital a los 17 años. El 22 de julio de 2022, cuando tenía 34, la mató Bersavi Revolorio Najarro, quien la había amenazado por ser una mujer trans.   

«Puede ser que no acepten nuestra orientación o nuestra identidad, pero tienen que respetar y tolerar nuestra existencia porque tenemos derechos. Que seamos distintas no quiere decir que no tengamos los mismos derechos humanos que los demás», dice Mónica.

Monica está acostumbrada a no quedarse callada, se siente cómoda con los discursos. (Fotografía: cortesía Mónica Chub)

Para Mónica la falta de información provoca que las comunidades rechacen a las mujeres trans y a otras personas LGBTIQ+. 

«Tenemos que informarnos. Escucho a niños de 8 o 9 años gritándome “hueco”», dice Mónica y añade:  «es importante que se hable de estos temas en los pueblos originarios y romper con el machismo».

Mónica piensa que es muy importante escuchar las voces de las luchas y resistencias en los territorios porque todo está centralizado y siempre se buscan historias cercanas a la ciudad de Guatemala. 

“Guatemala tiene 22 departamentos y en cada uno hay luchas y resistencias, es necesario contar cómo es la realidad en otros departamentos y las historias”, dijo Mónica. 

Ella sueña con que las personas LGBTIQ+ puedan tener una vida digna en sus pueblos, que puedan caminar por la calle sin miedo a insultos, amenazas o agresiones físicas. “También sueño con el espacio laboral, porque ven tu orientación sexual o tu identidad de género y  no te dan trabajo.Puedes ser apto, pero debes dejar de usar tu ropa, tu maquillaje, para poder tenerlo”.


Nota de la editora: el 4 de septiembre de 2023 se actualiza esta nota con los datos de contacto de Mónica Chub, para quien desee apoyar su labor.

Correo electrónico: chubmonica6@gmail.com

María José Longo Bautista

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