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Una postal distinta de Petén a bordo de una combi amarilla

Petén no solo es el verde de su selva, el naranja de los atardeceres en el lago Petén Itzá, el turquesa de sus nacimientos de agua, los sitios arqueológicos. Petén, igual que otros departamentos de Guatemala, también tiene una historia de horror y de violencia. De música, de fútbol y de política. Lo sabe bien un piloto que viaja en su combi amarilla; un guía que habla de lo turístico y también de lo macabro, lo lúgubre y lo peculiar de este lugar al norte Guatemala.

Un microbús se desliza sobre una carretera de Petén. El aire cálido de la región se cuela entre las ventanas entreabiertas del vehículo. Afuera, un verde frondoso. El microbús lo …

Un microbús se desliza sobre una carretera de Petén. El aire cálido de la región se cuela entre las ventanas entreabiertas del vehículo. Afuera, un verde frondoso. El microbús lo conduce Fredy Reyes, un piloto experimentado. En el pasado fue trailero, en el presente lleva a turistas de un lado a otro de Petén, un departamento que es destino para muchos viajeros. Lo hace a bordo de su combi amarilla. 

El sol hoy alumbra sin la interferencia de ninguna nube. Cielo azul despejado a media mañana. Es el 25 de enero de 2023. En el microbús suenan canciones de la Sonora Dinamita y Los Ángeles Azules. Don Fredy, como lo conocen en San Benito, el municipio donde nació y donde vive, tiene muchas historias que contar. 

En su rostro moreno resalta un bigote algo canoso y un par de arrugas que se le empiezan a marcar a los 53 años.

Don Fredy a bordo de su combi amarilla, por una carretera de Petén. Fotografía: Carlos Alonzo.

Mientras avanza en la carretera, saluda a otros vehículos con el sonido de la bocina. Si en el camino encuentra a algún policía, disminuye la velocidad y les deja un «buenos días». No parece tener premura. 

Hoy por la mañana, dice, encontró a varios agentes y a un par de patrullas afuera de su casa. Ayer hubo un robo millonario a menos de media cuadra de su vivienda. El atraco fue la comidilla en San Benito, que queda a unos tres kilómetros de la Isla de Flores, la cabecera y uno de los principales destinos turísticos de Petén. 

El rumor era que hombres armados y vestidos con ropa militar se habían llevado casi Q5 millones después de amarrar y golpear a los trabajadores de la bodega de una empresa que transporta y resguarda el efectivo para cajeros. Pero eso no fue cierto. Así lo concluyeron los investigadores. No hubo pistolas ni amenazas. Los mismos empleados de la empresa habían planeado todo. A tres los capturaron al día siguiente. Todavía tenían el uniforme de la compañía. Se dice que uno más huyó con todo el dinero en un carro de color corinto. 

***

Este no es el único crimen del que Don Fredy ha estado cerca. Hace casi doce años lo despertaron en la madrugada. Un par de reporteros locales le pidieron que los llevara a una aldea donde había ocurrido una masacre, de las peores que se han registrado después del conflicto armado en Guatemala. 

Los Zetas habían matado a 27 personas en una finca. Solo el cuerpo de una de ellas estaba completo. Las demás habían sido decapitadas. 

El crimen ocurrió el 14 mayo de 2011. La finca se llama Los Cocos, y está ubicada en el municipio de La Libertad, a 28 kilómetros del Cráter Azul, un famoso nacimiento de agua. 

El cártel mexicano manchó las paredes de una vivienda con la sangre de las víctimas. Escribieron un mensaje para el dueño: «Te voy a encontrar y te voy a dejar igual. Att Z200». 

Don Fredy recuerda que a la mañana siguiente las radios locales de música y entretenimiento estaban de luto. Sus locutores lamentaban las muertes. Las canciones, dice, no se escuchaban igual. 

Nueve hombres fueron condenados en 2014 por esa masacre. 

Una bala, un cocodrilo

El piloto le da un par de sorbos a la botella de té frío que lleva para hidratarse. Ya ha entrado la tarde. Al observar el lago Petén Itzá desde la carretera que va de Flores al parque arqueológico de Tikal, Don Fredy recuerda otra historia que ocurrió en ese lugar hace un par de años. 

Es una sobre un cocodrilo en El Remate, una pequeña aldea a orillas del lago, conocida por la tranquilidad de sus aguas y por sus atardeceres. 

Un día, un cocodrilo apareció sobre uno de los muelles. Se asoleaba, acostado panza abajo. No era común ver a uno tan cerca de lugares habitados. Fue noticia. Hubo notas que explicaban qué especie era (un crocodylus moreletii) y otras si era peligroso para los visitantes. Era mayo de 2021.  

 «Un día lo mataron, solo por joder», dice el piloto. Hasta ahora no se sabe a ciencia cierta si el animal que mataron era el mismo que apareció sobre el muelle. Pero un año después, apareció un cocodrilo muerto, flotando sobre las aguas del lago. Una bala le había atravesado la cabeza. Los medios locales reportaron que lo habían matado por diversión.

«Decían que dejaron vivir a sus dos crías», cuenta Don Fredy. Sobre eso no hay certeza. 

La historia del cocodrilo no es la única que el piloto sabe sobre animales salvajes. Un día, en el ingreso del parque arqueológico de Tikal, apareció un jaguar que perseguía un pizote. Ahí, delante de todos, lo alcanzó, lo atrapó y  se lo llevó selva adentro. Dice que fue una cuestión de segundos. 

El futbolista que es alcalde

A veces, la política y el deporte en Guatemala se entrecruzan

«La gente lo va a volver a elegir, andan felices con él», dice con toda seguridad el piloto. Se refiere a Juan José Paredes, un famoso portero de fútbol que desde 2020 es alcalde de San Francisco. Su municipio colinda con La Libertad, donde ocurrió la masacre de Los Cocos, y está a 65 kilómetros de México. 

JJ Paredes, como es conocido, tiene 38 años. Fue el portero de la selección nacional de Guatemala y también del Comunicaciones, uno de los dos clubes más importantes en la historia del fútbol guatemalteco. También fue campeón de la liga nacional con el equipo de Guastatoya. 

«Ahí, en San Francisco, los tiene a todos ganados con el asfalto que está echando. Ningún alcalde antes lo había hecho», dice Don Fredy. Y no solo con eso. Desde 2020, cuando asumió la alcaldía, decidió reducirse el salario hasta Q3 mil quetzales, 14 veces menos que su antecesor. Algo que, según los registros públicos, ha mantenido hasta ahora. Dijo que lo hacía para ahorrar fondos e invertirlos en el municipio. 

En su historial tiene una mancha. Hace cinco años, cuando aún no era funcionario, la policía lo encontró al lado de una narcoavioneta. 

Varios medios reprodujeron la información de que lo habían capturado junto con otros dos hombres, uno guatemalteco y el otro mexicano. Las autoridades luego salieron a aclarar que al futbolista solo lo habían retenido. En los informes policiales se reportó que se les incautaron cinco pistolas, una subametralladora y un fusil.

Dice una vecina de San Francisco que cuando JJ Paredes asiste a un partido en Petén, llega custodiado y es presentado ante la afición como el guardameta que fue en el pasado y como el alcalde de San Francisco que es hoy. 

Los Astros y el accidente de avión

«¡Campesino, campesino, canta, canta, canta, lamenta tu pobreza…!», canta Don Fredy mientras conduce. Nadie sigue la letra. Con un tono de indignación pregunta si no conocen la canción. Se sorprende al recibir un «no» como respuesta. Dice que fue un hit en Guatemala durante los ochenta. 

Es de una banda llamada Los Astros de Petén, un grupo originario de ese departamento. Grabaron vinilos, sonaban en las emisoras locales y hacían giras en la región. Don Freddy dice que eran famosos a finales de los setenta y en los ochenta. Tocaban trova y reggae y en sus letras había mensajes con crítica social.

En redes sociales los vecinos de Petén los recuerdan con covers, fotografías de sus integrantes e imágenes de sus discos. 

La canción que suena y que Don Fredy canta es El Campesino. Cuenta la historia de un jornalero que no encuentra a su hija en casa porque fue violada por su «patrón» en un río. Ella había rechazado el dinero que le ofrecía a cambio de estar con él. Al final de la historia, el encarcelado por el crimen no es el dueño de la finca, sino el campesino.

Tuvieron otros temas famosos, como La chica de la u, una canción sobre un hombre que ama obsesivamente a una muchacha universitaria.

«Los salones se llenaban. Cuando uno los escuchaba pensaba que eran una banda extranjera, cantaban calidá en inglés», dice el piloto.  

Su vocalista se llamaba Jorge Manuel Canchan. Don Fredy dice que provenía de una familia beliceña y por eso su inglés era perfecto.

En enero de 1986, un avión de la compañía Aerovías que volaba de Ciudad de Guatemala a Santa Elena, en Petén, se estrelló en un cerro cercano al lago Petén Itzá. El cantante era uno de los pasajeros.

 «En todos lados se escuchó cuando cayó el avión», dice el piloto. En total murieron 93 personas. Entre ellas estaba un jurista y político venezolano llamado Arístides Calvani. Murió con su esposa y sus dos hijas. La familia había venido a Guatemala a la toma de posesión del presidente Vinicio Cerezo. Habían tomado el vuelo para llegar a Tikal. 

Jorge Manuel Canchan, el vocalista de Los Astros de Petén, también murió ese día.

Entonces no quedó claro qué había pasado. Se dijo que el accidente pudo haber sido causado por la neblina o un fallo mecánico. Meses después, una comisión que se conformó para investigarlo determinó que los pilotos tenían poca experiencia en este tipo de aviones y que interpretaron mal el altímetro de la aeronave. 

Don Fredy a bordo de su microbús amarillo con el que recorre Petén. Fotografía: Carlos Alonzo.

***

Las historias que relata Don Fredy terminan cuando el anaranjado del atardecer desaparece y las luces de las viviendas empiezan a brillar en las orillas del lago Petén Itzá. 

La oscuridad envuelve a la carretera, pero el conductor tiene una sorpresa para los pasajeros. Presiona un interruptor y decenas de foquitos intermitentes, rojos, verdes y azules en tonos neón alumbran el interior del microbús.

José David López Vicente

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