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“También somos gente”, una conversación de literatura y periodismo
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Michelle Recinos ganó dos premios de cuento con dos historias que parten de la realidad, el periodismo le ha llevado a conocer de primera mano a personas, lugares, voces que narran desde su propia vida aquello que luego le toca trasladar a las páginas de la Prensa Gráfica, donde trabaja. Porque la realidad, tal cual nos cuenta, es un gran punto de partida para escribir:

“Yo soy periodista de investigación de la sección de Investigaciones de La Prensa Gráfica, tengo dos años de formar parte del equipo. Cubro temas principalmente de medio ambiente, justicia género, temas de la problemática social. Entonces pasó, por ejemplo, en el caso del cuento con el que gané el premio Carátula, el cuento se llama Daysi Miller es un relato que trata el tema de la cosificación y la violencia en contra de la mujer y la trata; surge a partir del caso de la fosa de Chalchuapa, no sé si escucharon de él.  

Para hacer un resumen del caso, Chalchuapa es un municipio de Santa Ana, al oriente de El Salvador, en donde en el patio trasero de un ex policía, encontraron fosas clandestinas con más de 30 víctimas. A mí me tocó cubrirlo un día que estaba de turno, así como nota dura -también hicimos un especial de investigación-; puedo decir que he hablado con familiares de la gente que acusaron, con gente que conoció al asesino, con familiares de las víctimas, entonces de ahí fue que surgió el tema de ese cuento.

Barberos en huelga -el cuento ganador del Monteforte 2022- surge directamente del régimen excepción, tenemos seis meses en El Salvador de que nos han quitado nuestros derechos constitucionales, ya van más de 50,000 capturas, muchas de estas son capturas arbitrarias de gente inocente. No me acuerdo cuál es la cifra exacta, pero sí sé que son más de 50 personas que han muerto en los centros penales.

Hay un montón de implicaciones de fondo por el tema del régimen, pero nadie dice nada en el sentido de que ninguna institución lo está deteniendo, no hay nadie: la Asamblea no existe, solo va a decir que sí; no hay Procuraduría de los Derechos Humanos, o sea, el procurador entró a la cárcel a decir que sí que todo estaba bien. Entonces creo que los trabajos con los que he ganado los premios sí están bien permeados por la realidad, también por el trabajo periodístico y creo que por lo menos yo sí siento que cumplí con la función de querer dejar un registro de lo que estaba pasando. Quizás dentro de 50 años, si es que El Salvador sigue existiendo, la gente puede leerlo y decir “¡hey!”; así como nosotros leemos a los escritores de la guerra y decir ¡estas cosas estaban pasando realmente!

Entonces por ahí y creo que me parece súper chivo (bonito en salvadoreño) que hayan sido estos cuentos los ganadores de los premios, porque es una buena oportunidad de que la gente, por lo menos en la región, pueda poner los ojos en El Salvador”.


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La ganadora del Monteforte 2022 publicó su primer libro de cuento en 2021, Flores que sonríen (Editorial Los sin pisto, 2021), y nació en 1997. Su formación y crecimiento en el mundo de la literatura también describen a su generación y a su tiempo:

“Llegué a la universidad tenía como 20 años, había más gente interesada en esto de la literatura y la escritura, pero para serte bien honesta, eran círculos en los que yo no me sentía tan cómoda, porque, es mi percepción, pero normalmente estos círculos son círculos, no sé cómo decirlo, a veces hasta malvibrosos.

Yo trabajé y estudié durante toda la carrera, entonces no es como que me quedaba tiempo de sentarme de escribir, de asistir a talleres, a conversatorios, ese tipo de cosas a los que normalmente se tiene la concepción de que una persona que escribe tiene que asistir o hacer. Trabajé dos años y medio en call center, así es, yo era callcentera orgullosa (risas). Honestamente en esos tiempos es que estás tan metida en el sistema del call center que una llega a pensar, “me voy a morir aquí, me voy a graduar, pero no voy a conseguir un trabajo de lo que estoy estudiando, me voy a morir aquí”, eran jornadas de 5 a 12 de la noche y de 7 a 1 clase en la U. Era era una cosa de zombie, no me quedaba tiempo, cómo iba a andar escribiendo en ese entonces”.

Y, efectivamente, encontró el tiempo para hacerlo. Y su praxis literaria nace también de una conciencia del tiempo que habita. Para Recinos la literatura tiene una función esencial en la historia, dejar una marca. Esto se ve tensado y contrastado con una realidad social que vive una coyuntura particularmente intensa, nos referimos a El Salvador del presente, pero por extensión a Centroamérica. De las tantas cosas que hay que hablar de esta región, ese “hablar de lo que está pasando” es parte de la propuesta literaria de Recinos:

“Hablando desde el punto de vista de la producción literaria, pareciera, y esto es pura percepción personal, que no nos queda tiempo de pensar en qué estamos produciendo. Pareciera que la coyuntura política y social, es como un enorme tsunami que se viene y arrasa con todo; y todos los ojos están puestos en la coyuntura, que claro es muy importante, pero no queda mucho espacio para pensar. Creo que sí me me tocó escribir y existir en un contexto bien, bien complicado y bien tenso. Pero creo que de una u otra forma lo chivo, en el sentido de que quizás estoy haciéndolo bien, es que yo considero que la literatura también tiene función de registro. Entonces si bien los temas que yo trato no son solo de la coyuntura, también me interesan las emociones y la complejidad de las emociones humanas, pero creo que también es bueno darse un espacio para escribir de todo lo que está pasando, aunque no sea también recibido el “digamos lo que está pasando”. Y no sé si aquí me estoy dejando llevar demasiado por por mi labor periodística, pero bien, hay que decir lo que está pasando”.

Al entender la literatura también como registro de un tiempo es inevitable afirmar que vaya tiempo el que vivimos en Centroamérica, Recinos describe su tiempo, su El Salvador, así:

“Hablar de cómo es el contexto en el que estamos escribiendo, en el que estoy escribiendo ya sea periodísticamente o literariamente, es hablar de un tiempo bien complejo. Para nadie es un secreto que la situación política de El Salvador ahorita está complicada. Estamos viviendo en un régimen ya de dictadura. Hay mucha gente que todavía se resiste a llamarla dictadura porque no han visto periodistas muertos, pero las constante violaciones a la democracia, a los derechos humanos, los ataques a la prensa, nos dejan en ese contexto”.

Y la pregunta que se ha convertido en parte irremediable de nuestra realidad regional, también se la preguntamos a ella, ¿qué hacer con todo esto?, ¿qué hacemos con esta realidad?

“O sea creo que y esta es una cosa que tendríamos que empezar a hablarla y creo que tendríamos que empezar a analizarla. Analizar también el tema de la salud mental, la gente lo dice de chiste, pero en realidad en El Salvador no hay un solo día de paz. También pensando en la información, a cada minuto hay algo nuevo y algo nuevo y algo nuevo y siempre estás consumiendo información.  Las noticias de El Salvador no siempre, casi nunca, son alentadoras. Entonces no lo voy a negar, sobre todo cuando uno está metido en el trabajo periodístico. Me gusta el epígrafe del documento de la Comisión de la Verdad de la de la guerra civil de El Salvador, no sé si es un verso o un pedacito de un canto indígena, no me acuerdo, pero dice algo así como “todo esto pasó entre nosotros”, entonces creo que eso es lo que uno piensa, todo esto realmente está pasando entre nosotros, y no voy a decir que, por mucho que uno intente hacerse la fuerte de que “es mi trabajo” y aquí de superhéroes -porque normalmente se tiene la creencia que el periodista, que el superhéroe, el paladín de la democracia- pero ellos, o sea nosotros, también somos gente, ¿no? También sentimos.”

Bien lo decía Michelle algunas líneas arriba, la importancia de poner los ojos en El Salvador, en Centroamérica, también pasa por leer la literatura que habla de eso que nos pasa, de ahí que Recinos nos recomendara la revista Café Irlandés y la Editorial Los Sin Pisto para acercarnos a la literatura contemporánea salvadoreña y a esas otras voces que imaginan desde esta región. Hasta ahora siguen siendo pocos los premios centroamericanos de literatura -el premio de la Revista Carátula en Nicaragua, el Monteforte Toledo en Guatemala, el Rogelio Sinán en Panamá-, pero como puente, como canal de difusión y actualización de nuestras lecturas siguen funcionando como una referencia esencial.


“Este contenido, producido, editado y publicado por Ocote contó con el apoyo financiero de Fundación Paiz para las Educación y la Cultura, como parte del modelo de patrocinios del plan de sostenibilidad del medio; en que se garantiza la independencia del medio.


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