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Condena por el femicidio de Luz María López, una excepción en el sistema

El Tribunal Segundo de Sentencia Penal de Femicidio condenó a Jorge Rafael Zea Mejía por el femicidio de su esposa Luz María del Rocío López Morales, investigadora criminalística del Ministerio Público (MP). Los jueces construyeron su sentencia con testimonios, fotogramas, análisis científicos y seguimiento de señales telefónicas. Este fue uno de los pocos casos de femicidio que alcanzan una sentencia condenatoria en Guatemala.

«A mí la gente aquí me veía gritar, andar marchando como loca. Mucha gente nos criticaba por andar pidiendo justicia, pero si no lo hacíamos, ¿De qué manera íbamos a …

«A mí la gente aquí me veía gritar, andar marchando como loca. Mucha gente nos criticaba por andar pidiendo justicia, pero si no lo hacíamos, ¿De qué manera íbamos a conseguir justicia en Guatemala?», dijo entre lágrimas Ada Morales, madre de Luz María López, a la salida de la audiencia en la que se dictó sentencia por el femicidio de su hija. 

Ada Morales, Madre de Luz María López. Fotografía: José David López.

Jorge Zea, esposo de López, fue encontrado culpable por el Tribunal de Segundo de Sentencia Penal de Femicidio, que le dictó una pena unánime de 50 años de prisión. 

 «Fue una muerte atroz, una muerte que debe conmocionar a la sociedad», dijo el juez Héctor José Rosales Marroquín antes de dictar la condena.

Rosales y sus compañeros Carlos Humberto Pacay Poou y Ana Margarita Leonardo Segura argumentaron que Zea debía enfrentar la pena máxima por el delito de femicidio, por la saña con la que mató a su esposa la noche del 19 de enero de 2021.

Los jueces del tribunal, durante la lectura de la sentencia. Fotografía: José David López.

Los jueces establecieron que la estranguló y que mientras agonizaba le prendió fuego con gasolina. «Luego, de manera despreciable, lanzó su cuerpo a un tragante de agua sucia», concluyó el juez Rosales Marroquín.  

López fue encontrada tres días después, el 22 de enero de 2021. Estaba dentro una alcantarilla cercana a la oficina del Modelo de Atención Integral de Niñez y Adolescencia (MAINA), donde ella laboraba como investigadora criminalística. «El hecho de que el cadáver lo dejara frente a su trabajo es un símbolo de la violencia que él ejercía contra ella», afirmó el juez. 

La pena, dijo, también debía ser la máxima porque la hija de la pareja, que entonces tenía un año y nueve meses, presenció el crimen.

Una excepción en el sistema de justicia 

Entre lágrimas, a la salida del juicio, Ada Morales, la madre de López agradecía la condena contra Jorge Zea y remarcaba que en Guatemala no es común que la justicia llegue tan rápido. 

La familia de Luz María López. Fotografía: José David López.

Sus palabras reflejan una dura realidad en Guatemala. Pocos casos de femicidio terminan en una sentencia condenatoria como la que se dictó el 11 de octubre en contra de Zea. 

En 2021, el año en que ocurrió el crimen de Luz María López, se registraron 143 femicidios y solo 39 condenas por ese delito, según un estudio del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN), elaborado a partir de datos del MP. Es decir, que en 2021, por cada 100 casos de femicidio registrados, se contabilizaron únicamente 27 sentencias condenatorias. 

Ese índice fue menor en 2020. El informe detalla que ese año se registraron 156 casos y 41 condenas. Eso equivale a 22 sentencias condenatorias por cada 100 casos abiertos.

La justicia es tardía en los casos de femicidio en Guatemala. Edgar Gómez, jefe de la Fiscalía de Femicidio lo reconoce. «Nosotros tenemos juicios que llevan de tres hasta cuatro años esperando», dice. Es un mal sistémico. 

La acumulación de casos en los juzgados y en las fiscalías. El poco personal. Pruebas que llegan tarde. Las suspensiones de audiencias porque faltó un abogado, porque el reo no fue trasladado. Aplazamientos que implican meses de espera porque hay más expedientes en cola. Una pandemia que supuso más retrasos. Esa es la realidad del sistema de justicia en Guatemala, explica el fiscal. 

«En algunas ocasiones hemos esperado hasta cinco meses para que las compañías telefónicas nos envíen los registros que solicitamos», añade. 

Para Edgar Gómez, uno de los motivos por los que el caso de Luz María López es una excepción fue la participación de la familia de la funcionaria en la investigación. «Brindaron información inmediatamente, a diferencia de otros casos en los que las familias deciden no declarar, no colaborar, porque tienen miedo», dice el fiscal.

[Lee aquí: El testimonio de un hermano]

La condena en el caso del femicidio de López se dictó un año y nueve meses después de que se cometiera el crimen. 

Las pruebas que desmintieron a Zea y demostraron su culpabilidad

El tribunal tejió la sentencia con los testimonios, fotogramas y análisis científicos aportados por la fiscalía durante el juicio. «La investigación no solo ha sido exitosa, sino que ha cumplido con los parámetros de la debida diligencia», afirmó el juez Rosales Marroquín. Luego, le pidió al fiscal Marlon Ordoñez, a cargo del caso, que se lo hiciera saber a sus compañeros de fiscalía. 

El fiscal, Marlon Ordóñez. Fotografía: José David López.

El fallo estableció que la última persona que estuvo con López fue Jorge Zea. Lo comprobaron con los videos en los que se ve que ella aborda el vehículo que conducía su esposo. Esto ocurrió alrededor de las 4 de la tarde del 19 de enero de 2021. Iban hacia su casa, en la colonia La Hojarasca, en Mixco. 

Más tarde, en ese lugar tuvieron una discusión. Después Zea la estranguló. Eso lo corroboró, según el fallo, un peritaje forense que detectó las marcas en el cuello de la víctima. 

[Lee aquí: Juicio por el crimen de Luz María López. Un peritaje clave]

El tribunal también determinó que, antes de morir, ella intentó defenderse. La prueba: las lesiones que su esposo tenía en su cuerpo. El juez enfatizó en que esas marcas no eran «chupones» como Zea trató de hacerle creer a un médico forense. 

El fallo evidenció otras mentiras de la pareja de López.  Él había declarado que la mañana del 20 de enero de 2021 había llegado a dejar a su esposa a su trabajo ubicado en la avenida Simeón Cañas, de la zona 2. No fue así. Con fotogramas de las cámaras de vigilancia del lugar se estableció que ninguna persona bajó de su vehículo ese día. 

La otra mentira que desvanecieron las pruebas fue que Zea había buscado a su esposa en su trabajo en horas de la tarde de ese día y que en el lugar le dijeron que no sabían nada de ella. 

Esto el tribunal lo desacreditó con los fotogramas que dejan ver que Zea únicamente estuvo 22 segundos en el ingreso de su oficina. Eso, concluyeron los jueces, hace imposible que hubiera preguntado por ella en el MAINA.

Esa misma tarde fue cuando Zea introdujo el cuerpo de López al tragante ubicado a pocos metros de su trabajo. De acuerdo con la sentencia, la transportó dentro de su baúl y mientras conducía, su hija también iba en el vehículo. Los rastros de sangre hallados en periódicos, mascarillas y otros objetos que estaban en la parte trasera del vehículo lo evidenciaron. 

Una oración y un gracias 

Antes de que empezara la última audiencia del juicio, la madre, el padre y el hermano de Luz María López formaron un círculo con sus familiares y amigos. Todos se abrazaron y oraron. Unos minutos después, los tres entraron a la sala judicial, donde el tribunal escuchó sus peticiones como víctimas.

Ada Morales fue la primera en pasar el estrado. Su voz se cortó unos segundos después de empezar a hablar ante los jueces. Entre lágrimas pidió una condena. “Con mi corazón en la mano, hoy suplico a ustedes que con su letras (..) puedan ayudarme para que esta persona reciba todo el castigo de la ley, no solo por el asesinato, sino también por haber dañado tanto a su propia hija, por eso pido la pena máxima”, dijo. 

Jorge Zea escuchaba atento. Los separaba sólo un biombo. Con la cabeza negaba los señalamientos de Morales. 

Jorge Zea, durante su intervención. Fotografía: José David López.

El tribunal estableció que la  hija de Luz María López y Jorge Zea presenció el crimen cuando apenas tenía un año y nueve meses. “Yo soy la voz de una hija víctima y también la de una niña que hoy no puede estar porque sería hacerle demasiado daño”, dijo Morales.  

Fuera del Centro de Justicia de Delitos de Femicidio y otras Formas de Violencia contra la Mujer, otros familiares y amigos de López portaban carteles con los que exigían justicia. 

Después de pasar en silencio durante todo el juicio, que empezó el 26 de julio, Jorge Zea habló. Negó la acusación y pidió su libertad. Señaló que los medios de comunicación lo habían criminalizado. «Quiero recuperar a mi hija», dijo. 

El tribunal rechazó la solicitud de Zea y lo condenó. En la calle, la familia y los amigos de Luz María López aplaudían. Otros encendían cohetillos. Su madre agradecía al fiscal Marlon Ordoñez, a los periodistas y a las personas que la acompañaban. 

«Hoy cerré un ciclo. Luché hasta el final para conseguir justicia para mi hija», dijo. 

José David López Vicente

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