Después de las tormentas
Radio Ocote
Episodio 45 // Un año de hambre y fuego: las crónicas de Rayuela
Por:

Esta es la historia de cómo un restaurante, sus dueños y cientos de voluntarios se convirtieron en una fuerza humanitaria que alimentó a miles de personas de la capital de Guatemala durante la pandemia. Esta es la historia de Rayuela y de su proyecto humanitario: La Olla Comunitaria.


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo. 

Si te gustó, aquí puedes leer la transcripción del episodio:

GUION

Video bomberos voluntarios: Un incendio se produce en el interior de un comercio ubicado en la sexta avenida y cuarta calle de la zona 1, bomberos voluntarios se encuentran en el lugar.

Narración: Así terminó el año el restaurante Rayuela. Con un incendio. Esto fue el 12 de diciembre. Apenas dos días después de que el Arzobispado de Guatemala dio a Byron Vásquez y a Emilio Molina, dueños del restaurante, la orden Monseñor Juan José Gerardi por su trabajo humanitario en la llamada Olla Comunitaria.

Byron Vásquez:  A las siete de la mañana que recibo la primera llamada y me dicen, “Venite a Rayuela porque se está quemando, ¿verdad?” y me mandan un video de los bomberos donde están entrando.

Narración: El es Byron. El gestor de la Olla Comunitaria, Él calcula que, en 2020, el año de la pandemia, sirvieron 150 mil platos de comida gratis a quienes lo necesitaran. El es Emilio Molina:

Emilio Molina:  Cuando llegué (…) puta, me desmoroné, va, vos. Nunca había pasado por algo así, la verdad.

Narración: Tras un año de cocinar incansables, de préstamos, de busca de donaciones, del trabajo de hasta 200 voluntarios, Rayuela terminó el año en llamas.

Byron Vásquez: Fijate que (…) nosotros habíamos estado preparando la reinauguración, ¿verdad? La reinauguración era el día después del incendio.

Narración: Soy Alejandro García, periodista de Agencia Ocote. Hoy te contaré de cómo Rayuela, de cómo un restaurante, sus dueños y cientos de voluntarios se convirtieron en una fuerza humanitaria que alimentó a miles de personas de la capital de Guatemala durante la pandemia. De cómo inspiraron a otras personas a hacer lo mismo. De cómo, también, fueron víctimas de amenazas y hostilidades. Y, también, de cómo Rayuela recién abrió sus puertas en el mismo local que, semanas atrás, amaneció en llamas.

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Narración: Para Rayuela, el 2020 inició como cualquier otro año desde su apertura en octubre del 2016. Comida gourmet, cervezas artesanales, abrazos entre amigos y, claro, música en vivo. Ubicado en la 6ª Avenida y 4ª Calle de la zona 1, está, además, a dos calles del Parque Central y en un sector donde caminan estudiantes, oficinistas, músicos, policías y turistas, por igual.

Byron Vásquez: Ya teníamos toda la planificación y en enero y febrero se venía toda la planificación de los eventos.

Narración: Aquí está Byron Vásquez. Tiene 41 años, es DJ y propietario de Rayuela.

Byron Vásquez: De hecho, es una página que se llama MIC (Movimiento Internacional de la Canción) entonces íbamos a traer a varios cantautores mexicanos y hacer un intercambio y llevar cantautores guatemaltecos a México. Y hacer una gira allá.

Emilio Molina: Bueno, nosotros estábamos como en un proceso de (…) restructurar cosas aquí en Rayuela y poder crecer, ¿verdad?

Narración: Escuchan ahora a Emilio Molina, el copropietario de Rayuela. Emilio es, también, músico, bajista de la banda de rock alternativo Razones de Cambio.

Emilio Molina: Estábamos (…) habíamos agarrado justo a finales de enero los dos locales, uno al lado derecho y uno al lado izquierdo de donde está Rayuela y pues nuestra idea era ambientar los tres lugares a modo de crecer con el café. Íbamos a tener una parte de cerveza artesanal y el resto íbamos hacer el café, más grande y con un escenario ya para poder presentar, pues tener más actividades culturales, artísticas.

Narración: El espacio original de Rayuela, ese primer local, tiene una capacidad de 15 personas, según Byron. Tenía mesas pegadas a las paredes. Taburetes frente a la ventana cuyo marco servía también de mesa. Era, pues, un pasillo. Este nuevo espacio triplicaría el aforo del restaurante. Pero, en febrero, cuando Byron pidió un crédito de 60 mil quetzales, unos 7,500 dólares, para adecuar esos dos nuevos locales, el Sars-CoV-2 se acercaba al continente.

Byron Vásquez: Primero lo veíamos un poco lejano, va. Algo como que mirabas que solo estaba pasando en Europa, China, así.

Narración: Todo pasó muy rápido. Byron y Emilio recibieron los dos locales el 10 de marzo. Dos días después el banco le aprobó el crédito a Byron. Y el 13 de marzo.

Video Alejandro Giamattei Primer caso: Debo principiar por anunciar algo que, no es esto (…) es la llamada que jamás hubiera querido recibir. Declaro que, en este momento, es oficial la entrada del coronavirus en Guatemala. Tenemos el primer caso.

Emilio Molina: Recuerdo que estaba en un concierto (…) en una prueba de sonido con Razones de Cambio. Resulta que nosotros sí teníamos agendado con Razones una serie de conciertos. Y nos asustamos porque dijimos, “Ahorita se va a ir a la madre todo el trabajo”.

Byron Vásquez: Ya en ese momento yo ya estaba empezado en preocuparme, pero yo ya había firmado los contratos, ¿verdad? Entonces ya no me podía hacer para atrás.

Emilio Molina: Se me vino a la cabeza el café.Se me vino a la cabeza el colegio de mi hijo porque dije, “Aquí nos van a encerrar, nos van a empezar a (…) como a limitar, digamos, pero las cuentas van a seguir, yo no creo que nos vayan a dejar de pasar cuentas”.

Narración: Entre el 14 y el 16 de marzo el presidente Alejandro Giammattei anunció medidas para intentar contener el contagio del virus. Suspendió la Semana Santa, las clases a nivel público y privado, anunció el cierre de fronteras. Guatemala, prácticamente, cerró. Rayuela también. Byron y Emilio no hablaron por un par de días.

Emilio Molina: Cuando Byron me dijo, “Mirá, la comida que (…) el súper que habíamos hecho para el café, se va a perder”. Y entonces Byron me dijo, “Juntémonos tempranito, agarremos la comida y regalémosla, porque así mejor.

Narración: Al día siguiente fueron a Rayuela. Abrieron la refrigeradora. Encendieron la estufa. Empezaron a cocinar. Pastas, salsas, fruta congelada; todo lo perecedero. Y se lo ofrecieron a la gente que pasaba sobre la sexta avenida. No es la primera vez que Rayuela hace algo así. Ofrecen el llamado “Café Pendiente”, en que un cliente puede dejar pagado un café para alguien que no lo puede pagar. Y así, nació la Olla Comunitaria. Byron explica.

Byron Vásquez: Yo solo lo hablé con Emilio Molina y le dije, “Mirá, fíjate que tenemos los locales, tenemos tiempo y tenemos el dinero”.

Narración: “Dinero”, dice Byron. Se refiere a los 60 mil quetzales que había recibido del banco.

Byron Vásquez: Y es que yo sí fui un poco extremista porque yo ya cuando vi que el país estaba cerrado y todo dije, “Bueno, se acabó el mundo”. Y entonces, “El mundo se fue al carajo y pues yo tengo el dinero, tengo los locales, montemos una cocina, le damos comida y vemos hasta dónde llegamos”, porque yo pensé que de esto ya no nos íbamos a levantar nadie.

Narración: Con ese dinero fueron a Price Smart a comprar más comida. 

Emilio Molina: El primer día dimos como unos 40 platos, no dimos mucho. Pero conforme nos fuimos encerrando y la situación del país se empezó a poner compleja, la fila mucho, ¿va?

Byron Vásquez: Fue un poco de boca en boca, verdad. Pasó una señora que justo se estaba quedando en un albergue que hay en el Hipódromo del Norte, por ahí hay un albergue y ella me dijo, “Ay, yo mañana le traigo clientela”, y se vinieron 200 personas de una vez.

Narración: “Todo fue muy rápido”, dice Byron. Las restricciones impactaron el trabajo de millones de personas en el país. Según una publicación de la Escuela de Negocios INCAE, publicada en junio del año pasado, hasta el 34.4% de los empleos en Guatemala fueron afectados por la pandemia. Esto se traduce a recorte salarial, desempleo y despidos. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), toda Latinoamérica presenta datos similares. Doy estos datos, porque Byron y Emilio pensaron, en un inicio, que la fila de comensales iba a ser, en su mayoría, de personas en situación de calle.

Byron Vásquez: Ya después empezamos a toparnos con gente camionetera, digamos. Choferes de camioneta. Después nos empezamos a topar con gente bartender. Luego llegamos un día que tuvimos una (…) toda la cuadra se llenó de carros, de gente de Uber que nos decía, “Mirá, es que hay muy poco tiempo para trabajar, entonces nos liberaron a todos, pero todos tenemos las mismas necesidades y entonces yo rento el carro, tengo que pagar la cuota, la gasolina, entonces no me queda para la comida, entonces vengo a comer aquí con ustedes”.

Emilio Molina: Entonces ya mirabas una realidad económica como más cercana a la tuya y decís, “Puta la onda sí está bien ruda, ¿va?”.

Narración: Byron recuerda un caso en particular.

Byron Vásquez: El primero fue un señor que salió de la Antigua y empezó a caminar porque tenía hambre, salió a las cinco de la mañana y en la Roosevelt alguien le dijo que había algo en la zona 1 donde estaban regalando comida y se vino a la zona 1. Toda la ruta a pie. Porque era cuando ya no había buses, ya no había nada. Solo recibió el plato de comida y se fue, para la Antigua, de vuelta, ¿va?

Narración: Al principio, Rayuela daba almuerzos. Solo almuerzos. Pero Emilio cuenta que un día, antes de abrir, ya había una fila de gente esperando. Al día siguiente llevaron atol y se corrió la voz que daban desayuno y almuerzo. Hasta ahora, he hablado de Byron y Emilio, pero también es importante mencionar a los voluntarios. Tan pronto iniciaron, hubo gente que se acercó a ofrecerles ayuda. Unos ayudaban en el restaurante, entregando la comida. Otros, recibían las donaciones en casa y preparaban la comida, la cocinaban. Unos más, donaban dinero o víveres. Durante el primer mes no veían la necesidad de pedir donaciones a través de las redes sociales. Durante ese tiempo Byron usó el dinero que recibió del banco. Para finales de abril quedaba muy poco. Y es que además de la comida, debían pagar la luz, agua y la renta de los tres locales. Estaban al borde de la quiebra. Pero…

Byron Vásquez: De hecho, sucedió un efecto ahí extraño, porque tuvimos un problema con un político. Roberto Arzú. A raíz de eso la Olla creció un montón.  

Narración: Roberto Arzú, hijo del exalcalde Álvaro Arzú y quien, en el 2019, fue candidato a la presidencia de Guatemala de la coalición PAN-Podemos.

Emilio Molina: A nosotros nos llegó el chisme que nos iba a venir (…) que iba a venir a dejar una donación. Byron me llamó como a las ocho menos veinte de la mañana, yo estaba llegando al café, y me dijo, “Mirá, fíjate que va a pasar esto, esto y esto”.

Narración: Emilio se lo contó al resto del equipo. Muchos se negaron a recibir la ayuda. Una voluntaria amenazó con dejar de ayudar si aceptaban la donación.

Emilio Molina: “No, que cómo le vamos aceptar eso a ese cerote, que no sé qué”, empezaron a alegar, va. Pero les decía, “¿Saben qué? Miren, pues, si él viene en buena onda, si se (…) si se baja del carro (…) o que ni se baje y manda al guarura, o alguien y diga, ‘Miren, muchá, en la palangana traigo pollo’ bájenlo, quédenselo y yo me voy a la mierda’. Y yo digo, ahí nos quiere ayudar, ¿va? Es la persona que nos quiere ayudar.

Narración: Lo que sucedió después, fue grabado en un video y se hizo viral. (PAUSA). Más después del corte.

***Pausa Radio Ocote***

Narración: El 25 de abril el político Roberto Arzú llegó, a las 8:30 de la mañana, en un pickup de doble cabina a Rayuela. En la palangana llevaba 200 libras de pollo. Lo que escuchan es el video que subió Rayuela ese mismo día.

Emilio Molina: Pero resulta que yo bajando el pan ese día, vos y cabal viene él. Y cuando volteo a ver cabal, venía como que fuera estrella de rock, va, vos.

Narración: En el video vemos al político a un lado del pickup. Junto con él está su guardaespaldas, mientras una mujer —que también iba con él— habla con los voluntarios.

Video Roberto Arzú—Mujer: Una consulta (…) Voluntaria: Es con él que tiene que hablar, seño. Mujer: Gracias, muy amable.

Narración: Vemos, en el pickup cajas blancas, bolsas de basura negra, donde llevaban el pollo. Es aún temprano en la mañana. El cielo está despejado.

Emilio Molina: Entonces cuando yo llegué me vio (…) él me vio y me dijo, “Mirá, quiero hablar con el encargado”. “Soy yo, ¿en qué le puedo servir?”. “Ah es que mirá yo estoy siguiendo la ayuda que ustedes están dando, que no sé qué”. Y yo lo dejé hablar porque dije, “Tal vez dentro de su (…) dentro de (…) tiene algo”, le vi todavía la esperanza que me fuera decir, así como, “Mirá este es para (…) demostrar que sí lo vine a entregar”, va (risas), una cosa así, “Por eso lo estoy grabando”, qué se yo. Entonces no me dijo nada de eso, yo dije, “Ah mire, qué pena, pero no se lo voy a recibir”, va.

Video Roberto Arzú—Emilio: Fíjese que, no le vamos a poder recibir la donación.

Emilio Molina: Me (…) me (…) me pegó mucho en ese momento que, viendo el problema del país, que él y su familia se han cagado en el deporte, en el país, en tanto negocio perverso, tanto desempleo que se generó, épocas muy difíciles en el país. Dije, “Eso no es así”.

Narración: Esto es lo que le dijo Emilio a Roberto Arzú:

Video Roberto Arzú—Emilio: “Lo que le vamos a pedir, por favor, es que usted tiene todas las influencias del mundo y todas las influencias respectivas dentro del gobierno y dentro del poder que algunos, algunos le han depositado. Le pido, por favor, si usted nos quiere apoyar, vaya a ver cómo madre, esa gente, tiene trabajo y está protegida por un sistema de salud (…) que ustedes han tenido la oportunidad (…) que eso no nació ayer. Esa fila no viene hace quince días. Esa fila viene (…) hace años tiene esa fila ahí”.

Narración: El video tenía potencial para la viralidad: un ciudadano molesto se enfrenta a un político controversial y poderoso y le hace un desplante. Lo que no era previsible fue la solidaridad que despertó: Donaciones, subastas, conciertos. 

Emilio Molina: Vino más pollo del que él traía.

Byron Vásquez: La gente se volcó. Tanto así que tuvimos que habilitar (…) la pizzería 502 nos dio dos espacios para usarlo de bodega. Teníamos nuestra bodega propia y teníamos otra bodega en otra casa, verdad. Sí, en ese momento se volvió súper sostenible

Emilio Molina: Yo me acuerdo que a partir de eso ya no (…) ya (…) púchica, dábamos chorizo, longaniza, pollo, carne, espagueti, dábamos platos de un almuerzo (…) a partir de ahí empezamos a dar almuerzos más cargaditos, ¿va?

Byron Vásquez: El movimiento creció mucho y en algún momento tuvimos médico, tuvimos peluqueros, tuvimos masajistas, entonces el médico me decía, “Mirá es que esta comida no está balanceada”. Entonces empezamos a hacer un listado de la comida que teníamos e irla combinando para crear un balance en la comida, ¿verdad?

Narración: En las próximas semanas otras personas, inspiradas por la Olla Comunitaria, abrieron otras Ollas en Quetzaltenango, en Antigua Guatemala, Cobán, en Santiago, Atitlán, en Totonicapán. Víveres que recibían en Rayuela, ellos luego lo entregaban a otras Ollas. Pero con el apoyo vinieron, también, críticas, amenazas, hostilidad. El audio que escuchan pertenece a un video donde dos agentes de EMETRA intentan clausurar el trabajo de Rayuela.

Video Agentes EMETRA—Agente: Mire, pues, lo que pasa es de que (…) nosotros, como policías, debemos resguardar el paso peatonal. Esto es un espacio público y peatonal. Entonces, yo lo que les pregunté, a la señorita, es que si tenían algún permiso para venir y tomar la calle. O sea, esta banqueta (…)

Byron Vásquez: En un inicio lo que nos sucedió fue que empezamos con el alcalde auxiliar de la zona 1 que quería cerrar Rayuela porque estábamos poniendo feo el centro histórico porque traíamos indigentes a la zona 1, ¿verdad?

Emilio Molina: Venían patrullas a pedirnos el DPI, a quitarnos (…) me pedían mi DPI y mi licencia y me lo venían a devolver después, va.

Byron Vásquez: En agosto que sí empezaron a traer perros todos los días y nosotros sacábamos la basura, la dejábamos en un lugar y ellos venían a romper las bolsas y a olerlas, a querer inspeccionar las bolsas.

Emilio Molina: Nos paraban en los retenes, nos dejaban ahí un ratito, va, vos, que mirabas que paraban otros carros y se iban y nosotros seguíamos ahí, va.

Narración: Pero la Olla continuó su labor. Para agosto la Olla Comunitaria de Rayuela entregaba 600 almuerzos todos los días. Entregaba alimentos también a albergues y en la calle, a quienes pedían ayuda en semáforos. Rayuela mudó la entrega de alimentos al Parque Central. Las filas de comensales se extendían hasta el Portal del Comercio, sobre la Sexta Avenida, por todo el país. La Olla Comunitaria recibió el apoyo de la diáspora guatemalteca en Estados Unidos y Europa. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció la labor de la Olla y la nominó al Premio Solidaridad en Acción 2020 (PAUSA). El 15 de agosto Anarquía Visual y Cronopio Cinema lanzaron un documental titulado “La Olla Comunitaria”.

Trailer “La Olla Comunitaria” (0:39) Voz de voluntaria: De tantas cosas negativas que hay al nuestro alrededor, ver que todavía tenemos gente que está dispuesta a ayudarnos, no importa la edad, no importa que (…) de dónde venís, solamente con el deseo de ayudar y hacer algo por alguien que no conocés. Es como, así, impresionante. Sigue sintiéndose bonito. Voz de Byron: Creo que es muy satisfactorio, por ejemplo, ver que este movimiento ya no es de Rayuela sino ya se convirtió en algo más. Creemos que ya es un movimiento ciudadano, porque toda la gente está colaborando. Nosotros creemos que es importante porque la idea no es solo repartir comida, sino que el gobierno empiece ya a asumir su rol. Voz de Emilio: Realmente no estamos solucionando un problema.

Narración: El 15 de septiembre del 2020, después de seis meses y tras entregar un aproximado de 150 mil platos de comida, la Olla Comunitaria de Rayuela entregó su último almuerzo.

Emilio Molina: Porque lo pasa es que nosotros realmente no estábamos resolviendo nada. Entonces no podíamos caer nosotros en un tema de (…) paternalista, digamos, de resolverle la vida a las personas. Y el apoyo pues ahí va a estar, pero ya era cansado. Ya no éramos 64, ya éramos 8 en la cocina y 8 para entregar. Éramos ocho que hacíamos todo. La ayuda siempre se mantuvo, aunque mermó.

Narración: Los dueños de Rayuela decidieron detenerse. Pero la historia no había terminado para Byron y Emilio. En octubre y noviembre Rayuela recolectó y distribuyó donaciones para ayudar a los afectados por los huracanes Eta e Iota. Retomaron, también, el proyecto de “Café Pendiente” y en diciembre, recibieron una llamada inesperada. Nery Rodenas, director de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) les dijo que habían sido seleccionados para recibir la Orden Monseñor Juan José Gerardi.

Byron Vásquez: Para mi la verdad es que esa noticia me llenó de mucho orgullo, digamos.

Emilio Molina: Sí me emocioné un montón, porque (…) porque (…) por eso es la Orden Gerardi, va. Me sentí motivado también. Mucho muy motivado.

Narración: Recibieron la Orden el 10 de diciembre. Fueron a comer. Celebraron. Al día siguiente Byron y Emilio enviaron víveres a Cobán. Limpiaron los locales de zona 1. Se tomaron un par de cervezas. Emilio se fue temprano, pues tenía concierto con Razones de Cambio. Byron y su novia salieron de Rayuela a las 11 de la noche.

Video Incendio: Un incendio se produce en el interior de un comercio ubicado en la sexta avenida y cuarta calle de la zona 1, bomberos voluntarios se encuentran en el lugar.

Byron Vásquez: A las siete de la mañana que recibo la primera llamada y me dicen, “Venite a Rayuela porque se está quemando, ¿verdad?” y me mandan un video de los bomberos donde están entrando y yo le digo a mi novia, “Levantate y nos vamos”. Y ya agarramos camino.

Emilio Molina: Y como a las siete de la mañana me llamó Jorge y me dijo, “Profesor, el (…) Rayuela agarró fuego”. Yo le dije, “Ah no esté chingando, con eso no jugués”. “Profesor, no estoy jugando. Véngase”. Y desperté a mi hijo y le dije, “Ponete zapatos, nos vamos”. Me decía, “¿Qué pasó?” todo dormitado. “No sé, no sé, espérate, no sé”.

Byron Vásquez: Entonces en lo que nos tardamos un montón de gente empezó a escribirme, “Rayuela se está quemando, ¿qué está pasando? Contame”.

Emilio Molina: En el camino iba llamando a Byron y no me contestaba, iba llamando a todos y no me contestaban. Cuando llegué (…) puta, me desmoroné, va, vos. Ya no habían bomberos, no había nadie aquí. No nos esperaron. Solo apagaron el fuego y se fueron.

Byron Vásquez: Entonces cuando ya yo logró entrar ya a Rayuela, veo aquel desastre, todo quemado.

Emilio Molina: Le dije al Byron, “Vos, yo entre mi compu y mi carro, calculo que junto unos 20 mil pesos y ahí vamos viendo cómo nos paramos”. Por momentos le decía, “Vos, yo no sé si vamos a poder”.  

Narración: De inmediato se inició una campaña para recaudar fondos y ayudar a Rayuela. Byron y Emilio admitieron a un socio más que aportó fondos a la restauración del lugar. Empresas también apoyaron al restaurante. Grupo Cerámica donó el piso. Saúl E. Méndez les dio una estufa y una mesa de trabajo. El bar 39Taps les regaló la cristalería. Cuando entrevisté a Byron y Emilio estaban en el restaurante supervisando la reconstrucción del lugar.

Emilio Molina: Nosotros con Byron nunca nos hemos dado a la tarea de rendirnos, fíjate.

Byron Vásquez: Ahora ya no (…) ya no podemos decir, “No se puede hacer”, ¿verdad?

Emilio Molina: Nosotros decíamos, “No, aquí hay que luchar y vamos a seguir y, ¿qué?” va. O sea, en ningún momento hubo un, “Vamos a parar, vendámoslo todo”. No.

Byron Vásquez: Ahora todo lo vemos diferente porque logramos dar más de 150 mil platos de comida sin mayor presupuesto.

Emilio Molina: Yo me acuerdo un día que íbamos para Xela. Y me dijo, “Ya te has dado cuenta que para nosotros los ‘no puedo’ como que no nos van,” va. O sea, el no poder decir que no podemos hacer las cosas es un tanto complejo, entonces ese tipo de pláticas que íbamos teniendo se volvía como implícito el seguir trabajando en el café y seguir generando para (…) para poder tener esa energía de velar por el espacio, verdad. Por lo que es Rayuela.

Narración: Dicen que el activismo y las actividades humanitarias van a continuar. Pero, “ahí se van a ir enterando”, sonríe Emilio. Al momento que fue realizado este podcast, el jefe de la Oficina de Información del Departamento de Información y Prensa, del Ministerio Público, Juan Luis Pantaleón, dijo que la investigación del caso continúa en desarrollo. Según Pantaleón, la fiscalía tiene pendiente ampliar la declaración del arrendatario, tomar declaración al propietario del lugar y de varios testigos. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), apuntó que para finales del 2020 la pandemia aumentará en un dos por ciento el número de personas que viven en pobreza y pobreza extrema. Esto quiere decir que, actualmente, 59.9% de guatemaltecos viven en pobreza y 21.8% en pobreza extrema. En septiembre del año pasado, el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), reactivó el programa de Comedores Sociales en todo el país, luego de haberlo cerrado en marzo, para evitar aglomeraciones y posibles focos de contagio. Un mes después el MIDES inauguró el comedor número 15 en el país, en La Unión, Zacapa.


Créditos

Investigación: Alejandro García
Guión: Alejandro García
Edición de guion: Alejandra Gutiérrez Valdizán
Locución: Alejandro García
Montaje y diseño sonoro: José Monterroso
Ilustración: Maritza Ponciano
Música: Juancarlos Barrios

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