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El 89% de los fallecidos por COVID-19 en Guatemala no estaban vacunados

Desde que inició la vacunación en Guatemala, nueve de cada diez personas que murieron por COVID-19 no estaban vacunadas, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social. El 27% de los fallecidos tenían enfermedades previas. La diabetes es la más común.

Entre el 26 de febrero de 2021 y el 8 de marzo de 2022 en Guatemala murieron 10,411 personas por  COVID-19, según datos obtenidos a través de la oficina de …

Entre el 26 de febrero de 2021 y el 8 de marzo de 2022 en Guatemala murieron 10,411 personas por  COVID-19, según datos obtenidos a través de la oficina de información pública del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS). El periodo analizado por Ocote empieza un día después de que se empezaron a administrar las vacunas en el país.

El 7% de los fallecidos (715 personas) tenían una dosis de la vacuna y el 4% (430 personas) tenían dos dosis. 

El 89% de estas personas (9,266) no contaban con ninguna dosis de las vacunas contra la COVID-19. De estas, el 40% eran mujeres y el 60% hombres. 

El 7% de los fallecidos (715  personas) tenían una dosis de la vacuna y el 4% (430 personas) tenían dos dosis. 

El 70% por ciento de las personas que murieron sin vacuna tenían más de 50 años. El 24% tenía entre 31 y 50 años, y el 6% tenía menos de 30 años. 

Estos porcentajes cambian considerablemente al compararlos con los de personas que estaban vacunadas con dos dosis. Los datos del Ministerio de Salud muestran que el porcentaje de adultos jóvenes que murieron es menor entre los que habían recibido ambas dosis

De acuerdo con los registros, la gran mayoría de las personas vacunadas que murieron (el 90%) tenían más de 50 años. El 8% tenía entre 31 y 50 años, y el 2% tenía menos de 30 años. 

Esto significa que en Guatemala murieron más adultos jóvenes que no estaban vacunados, en comparación con los que sí tenían las dos dosis

Albertina Argueta, epidemióloga investigadora de la Universidad Rafael Landívar, explica que las muertes de COVID-19 se concentran siempre en las personas que son mayores de 50 años, pues su sistema inmunológico es más débil y suelen padecer otras enfermedades. “Por esa razón la vacunación fue escalonada y se priorizaron a estas personas”, dice. 

Argueta también aclara que el hecho de que el porcentaje de menores de 30 años que murieron sea considerablemente más bajo (el 2%) entre quienes estaban vacunados se debe a la protección de las vacunas. 

Adrián Chávez, epidemiólogo y exviceministro de salud, comparte esta conclusión: “Los datos podrían demostrar cómo la vacuna pudo haberse convertido en un factor protector, evitando así que menos personas jóvenes fallecieran por COVID-19”, dice. 

Personas con enfermedades previas 

Las cifras de fallecidos entregadas por el Ministerio de Salud corresponden a las personas cuya principal causa de muerte fue la COVID-19. La base de datos incluye información de padecimientos o enfermedades crónicas previas que tenían estas personas, como diabetes, hipertensión o cáncer.

El 27% de las personas que murieron y no se habían vacunado tenían alguna enfermedad. Ese porcentaje aumenta entre las personas que habían recibido las dos dosis. De acuerdo con los registros, el 39% sufría algún padecimiento

Esto significa que las personas que no están vacunadas tienen más probabilidades de morir aunque no tengan enfermedades previas

“Nuevamente podemos observar que el fallecimiento es mucho mayor en quienes no estén vacunados,”, dice Erwin Calgua, epidemiólogo clínico del Hospital General San Juan de Dios y profesor investigador de la Facultad de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac).

La diabetes es la enfermedad más común entre las personas que murieron de COVID-19 y tenían algún padecimiento previo. Casi la mitad de las personas no vacunadas con enfermedades tenían diabetes: el 47%. El 22% tenían hipertensión.

Alicia Chang explica que una de las hipótesis apunta a  que la COVID-19 arrecia aun más la inflamación y desgaste que la diabetes y la hipertensión causan en los vasos sanguíneos de los pacientes. 

La epidemióloga Albertina Argueta también comparte la opinión de Chang. Explica que con la COVID-19 los pacientes que tienen diabetes e hipertensión tienden a sufrir de inflamación generalizada y por eso aumenta el riesgo de muerte, pues esta es una enfermedad inflamatoria aguda.

Como puede verse en la gráfica, es más probable que las personas sin enfermedades previas mueran de COVID-19 si no tienen las dos dosis de la vacuna.

“Si una mayor cantidad de personas hubiera estado vacunadas contra la COVID-19 en Guatemala, por supuesto que el número de fallecidos sería mucho menor”, dice Alicia Chang. 

La especialista lamenta que hasta ahora sólo el 35% de la población esté vacunada contra la COVID-19 con dos dosis. De acuerdo con el Tablero de COVID-19, hasta el 16 de mayo de 2022, solo 6.2 millones de las 17.4 millones personas que habitan Guatemala -según las proyecciones de población- habían sido vacunadas con dos dosis. 

El ministerio también registra que 8.2 millones de personas han recibido una dosis, es decir, el 47% de toda la población. 

Adrián Chávez, exviceministro de salud, agrega que la diferencia entre los fallecidos que estaban vacunados y los que no habían recibido ninguna dosis demuestra la efectividad de la vacuna.

Hospitalizados con COVID-19 aumentaron en 2021

En 2020 fueron hospitalizadas 25,008 personas con COVID-19 en los centros Ministerio de Salud de Guatemala. En 2021, la cifra de ingresos aumentó a 33,627. Eso significa que hubo un aumento del 26%, pese a que ya se contaba con las vacunas contra esta enfermedad. 

Alicia Chang explica que esto podría deberse a la llegada a Guatemala -en agosto de 2021– de la variante Delta, la cual es más agresiva y contagiosa a comparación de las anteriores a esta.

Además, añade Chang, la vacunación en Guatemala fue escalonada y lenta, “entonces, tiene mucho sentido que hubiera más hospitalizaciones en 2021 que en 2020”.  

Jorge Francisco Meneses, viceministro de hospitales, concuerda con Chang. El funcionario confirma que el incremento en las hospitalizaciones durante 2021 se debe a la variante Delta: “La tercera ola provocada por esta variante inició a principios de mayo y duró hasta septiembre”, explica. 

El viceministro asegura que otro factor que supuso el aumento de hospitalizaciones fue la baja administración de vacunas en Guatemala. “Cuando esta variante llegó al país había pocas personas con el esquema completo de vacunación”, dice. 

Según el tablero de COVID-19,  el 31 de julio de 2021 había 2 millones de personas vacunadas con una dosis en Guatemala y solo 356 mil con dos dosis, es decir el 12% y  2% de la población, respectivamente.

El funcionario descarta que el incremento de hospitalizaciones en comparación con el 2020 esté relacionado con la variante Ómicron, que empezó a registrarse en Guatemala durante la segunda quincena de diciembre de 2021. “No es estadísticamente significativo en la cantidad de hospitalizaciones registradas durante el año”, agrega. 

Meneses recuerda además que el aumento en las hospitalizaciones durante 2021 fue algo que también ocurrió en otros países. En mayo de 2021, la Organización Panamericana de Salud reportó un aumento en las hospitalizaciones por COVID-19 en toda América, en comparación con 2020.

José David López Vicente

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