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COVID-19
Las variantes del coronavirus y su efecto en las vacunas
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Durante el proceso de vacunación contra la COVID-19 se han identificado nuevas variantes del SARS-CoV-2 que circulan en varios países. A partir de esto, surge una duda: ¿siguen siendo efectivas las vacunas actuales ante las nuevas cepas? Hasta ahora, especialistas aseguran que sí, las vacunas son fundamentales para evitar las muertes y el desarrollo de síntomas graves. En algunos casos, dependiendo de la variante y de la vacuna, la eficacia puede disminuir, aunque el mayor riesgo está en personas que aún no han sido inmunizadas. Por eso, recomiendan agilizar la vacunación y continuar con el uso de mascarillas y el distanciamiento, incluso en personas ya vacunadas.


Hasta el 17 de agosto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) había identificado 11 variantes del virus SARS-CoV-2, que produce la COVID-19. Cuatro de ellas son consideradas por la OMS como “variantes de preocupación”, después de comprobar el aumento de los contagios y la gravedad de los síntomas.

En Guatemala, según el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), ya han sido identificadas 6 de las 11 variantes. Entre ellas, las cuatro cepas de preocupación: alfa, beta, delta y gamma.

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A pesar de los cambios en la estructura del virus, la evidencia científica indica que las vacunas que se administran actualmente son eficaces contra todas las variantes.

Esto se debe a que las variantes siguen siendo muy similares. Dalia Lau-Bonilla, bióloga química especializada en microbiología y docente de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC) explica que “los seres humanos tenemos un genoma (material genético) similar del 99.5%, lo cual nos hace de la misma especie. El 0.5% restante es lo que nos diferencia entre personas”. “El resto de seres vivos tienen un esquema similar”, añade. Por ejemplo, los virus como el SARS-CoV-2.

Debido a esto, “es posible combatirles de la misma forma”, indica Lau-Bonilla, aunque algunas variantes “hacen más eficiente la entrada del virus a las células humanas y por eso se cuestiona la eficacia de las vacunas ya desarrolladas”, añade.

“Sabemos que todas las variantes son sensibles a las vacunas; es decir que generan inmunidad contra cualquier variante. Incluida la delta”, asegura Francisco Coma, viceministro de Hospitales de Guatemala.

Carissa Etienne, médica y directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) afirmó durante una conferencia de prensa en junio que “hasta el momento, la OPS ha constatado que el impacto de las variantes de preocupación en la eficacia de las vacunas contra la COVID-19 ha sido mínimo”.

Aumenta el riesgo de contagio

El 24 de mayo de 2021,Luke O’Neill, profesor de la Escuela de Bioquímica e Inmunología de la Universidad de Dublín hizo una publicación en The Conversation, un medio donde académicos publican artículos sobre temas de su experiencia. O’Neill recordó en su texto que la función de una vacuna es detener la enfermedad grave y que, en ese sentido, las vacunas que se están administrando contra la COVID-19 han demostrado ser efectivas, dados los altos niveles de anticuerpos que generan.

Aun así, en su artículo, el académico menciona que diversos estudios han concluido que el riesgo de infección del virus ha aumentado en personas vacunadas. O’Neill explica que uno de los cambios importantes en las variantes de preocupación es que la proteína espiga (que recubre el material genético del virus) tiende a adherirse más fácilmente a las células de una persona y por eso el SARS-CoV-2 se propaga más rápido.

Sin embargo, añade que aunque la calidad de los anticuerpos puede ser menor contra estas variantes, si la cantidad de anticuerpos aumenta (como consecuencia de la vacunación), se pueden adherir más fácilmente a la proteína para desactivarla.

O’Neill cita a un grupo de científicos de Qatar que concluyeron en un estudio publicado el 8 de julio de 2021, que Pfizer había alcanzado un 90% de efectividad contra la variante alpha, un 88% ante la variable delta y un 75% frente a la beta. El estudio indicó que AstraZeneca (AZD1222), había logrado un 75% de efectividad frente a la variable alpha y un 60% ante la variable delta. Estos porcentajes corresponden a la probabilidad de contagio y no al desarrollo de síntomas graves.

En Estados Unidos, un estudio del centro de investigación Mayo Clinic publicado el 8 de agosto de 2021 demostró que la vacuna Moderna era efectiva en un 96% contra el riesgo de contagio de la variante alpha, y en un 88% ante la variante delta.

Sputnik V, desarrollada en Rusia, ha demostrado tener un 92% de efectividad ante la variante alpha. Según publicó el pasado 12 de julio un grupo de investigadores de ese país, la vacuna presentó una reducción en la efectividad de riesgo de infección ante las variables beta, gamma y delta. Los investigadores aseguraron que eran necesarios más estudios comparativos para poder dar detalles de los porcentajes de en los que se pudo haber reducido la efectividad.

Según informó la agencia de noticias Reuters el 11 de agosto, Mikhail Murashko, ministro de Salud de Rusia, aseguró que Sputnik V protege en un 83% del contagio de la variante delta.

El 5 de agosto, Erin Bromage, inmunólogo y profesor de Biología en la Universidad de Massachusetts dijo a The New York Times que las vacunas ofrecen gran protección contra la COVID-19. Sin embargo, indicó que la variante delta ha demostrado que puede ser transmitida y aumentar los contagios incluso en personas ya inmunizadas. Bromage añadió en el artículo que tener contacto con una persona no vacunada que posee una carga viral alta podría ser riesgoso.

En la misma nota, la periodista Tara Parker-Pope mencionó que en Estados Unidos, a la fecha de la publicación, el 97% de las personas hospitalizadas por COVID-19 no habían recibido vacuna y que en Singapur se había demostrado que cuando una persona vacunada es hospitalizada por contagio de la variante delta, es menos probable que necesite oxígeno suplementario.

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Más vacunas, mascarillas y distanciamiento

Carissa Etienne, directora de la OPS, remarcó en la conferencia de prensa del 30 de junio que las vacunas que se están administrando siguen siendo efectivas contra la enfermedad. “A medida que más personas se vacunan, menos se enferman de gravedad”, recordó.

Es por esto que Lau-Bonilla enfatiza en la necesidad de agilizar la vacunación en Guatemala. La química bióloga recuerda que una variante se crea cuando una persona se contagia y el virus se reproduce en su cuerpo y modifica su estructura: “Cada persona contagiada puede generar variantes, aunque después no las esparza”.

“La aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 hace que esta sea una carrera contra el tiempo. Es importante que la vacunación avance rápido, porque cada persona infectada es una máquina de incubación de posibles mutaciones”, remarca.

Esther Serrano-Conde, microbióloga y residente del Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada, dijo a elDiario.es que ante la posibilidad de que variantes como la delta puedan transmitirse a quienes ya se vacunaron, incluso las personas inmunizadas deben cumplir con las medidas de distanciamiento y el uso de mascarilla para frenar los contagios.

Si el virus sigue circulando, incluso entre vacunados, le damos tiempo para mutar y crear otras variantes, y esas sí que podrían anular la efectividad de las vacunas”, señaló.

En Guatemala, al 10 de agosto de 2021, 2,462,592 personas habían recibido la primera dosis de la vacuna y 404,698 personas tenían la pauta completa de dos dosis.

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