Lo que Noel de Jesús Beteta calló

La muerte de Noel de Jesús Beteta Álvarez, exintegrante del Estado Mayor Presidencial sentenciado por el asesinato de la antropóloga Myrna Mack, vuelve a poner en el centro uno de los casos más emblemáticos en la lucha contra la impunidad en Guatemala. Para Helen Mack, hermana de la víctima, el cierre llega con muchas preguntas abiertas y varias lecciones sobre uno de los procesos que abrió camino a la justicia transicional del país.

Noel De Jesús Beteta Álvarez, especialista del Ejército e integrante del Estado Mayor Presidencial (EMP), fue condenado por el asesinato de la antropóloga Myrna Elizabeth Mack Chang, ocurrido el 11 …

Foto: Archivo Fundación Myrna Mack / Luis Echeverría
Luis Echeverría archivo Fundación Myrna Mack

Noel De Jesús Beteta Álvarez, especialista del Ejército e integrante del Estado Mayor Presidencial (EMP), fue condenado por el asesinato de la antropóloga Myrna Elizabeth Mack Chang, ocurrido el 11 de septiembre de 1990 en la Ciudad de Guatemala. 

Mack falleció en el lugar tras haber recibido 27 puñaladas frente a las oficinas de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, AVANCSO, donde trabajaba en ese momento.

El 12 de febrero de 1993, la justicia guatemalteca lo sentenció como autor material del crimen, en uno de los primeros casos en los que un miembro militar fue condenado por un delito vinculado al conflicto armado interno.

Beteta murió el sábado 7 de marzo de 2026, a los 61 años, mientras permanecía en prisión. Según el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), la causa de muerte fue neumonía.

Con su muerte se cierra una posibilidad de conocer detalles que, hasta la fecha, no han sido esclarecidos sobre la cadena de mando militar implicada en el asesinato de Mack.

La antropóloga, Mack, investigaba el desplazamiento forzado de comunidades indígenas durante el conflicto armado interno y documentaba las consecuencias que la violencia estatal, ejercida principalmente por el Ejército y estructuras de inteligencia militar, había provocado en distintas regiones de Guatemala. 

Foto: Archivo Fundación Myrna Mack

Las investigaciones judiciales establecieron que Beteta, como parte del Estado Mayor Presidencial (EMP), había ejecutado el ataque después de que Myrna Mack fuera vigilada por estructuras de inteligencia militar.

El EMP era una unidad encargada formalmente de la seguridad presidencial, pero durante los años del conflicto armado también operó como un aparato clave de inteligencia del Estado

Beteta fue condenado a 25 años de prisión por el asesinato de Mack. Posteriormente, la pena fue ampliada a 30 años por otros delitos relacionados con el caso, entre ellos lesiones a otra persona durante el ataque, según reportes de prensa.

En el caso en su contra, también fueron señalados como autores intelectuales los militares Edgar Augusto Godoy Gaitán, Juan Valencia Osorio y Juan Guillermo Oliva Carrera. Sin embargo, el proceso no logró establecer responsabilidades completas en la cadena de mando: sólo uno de ellos —Juan Valencia Osorio— fue condenado, mientras los otros dos quedaron absueltos.

Valencia, posteriormente se fugó y permanece prófugo de la justicia. Asimismo, la condena de Beteta se vio afectada luego que se confirmara su participación en una fuga ocurrida en 1993, cuando escapó del Centro de Prevención Pavoncito junto a otros privados de libertad. Fue recapturado el mismo día.

Años después también se le vinculó a otros episodios de evasión dentro del sistema penitenciario. Sin embargo, no existen registros públicos claros sobre cuánto se amplió su pena a partir de estos hechos.

NWV5GNKQMVFWRMMKDEFT5LZLWE

Beteta desde prisión: «Me quitaron mi vida por la tuya»

Mientras cumplía su condena, en mayo de 2002, publicó el libro Mi vida por la tuya, en el que reconstruye su versión de los hechos y sostiene que fue condenado por un crimen que no cometió.

En el texto incluso se dirige a Mack y afirma que nunca la conoció en vida. Además, siempre negó haber participado en el asesinato de Myrna Mack.

«Ahora estoy convencido de que quienes te arrancaron la vida (…) inútilmente, me quitaron mi vida por la tuya», escribió.

Helen Mack: Se cierra un capítulo

Biografia-Helen-Mack-1024x675

Cuando Helen Mack Chang supo que había muerto Beteta, dice que lo primero que sintió fue desconcierto. 

«Yo primero me quedé shockeada», cuenta por teléfono a Agencia Ocote

Para Mack, «es muy difícil explicar emocionalmente lo que uno siente», luego de más de tres décadas desde el asesinato de su hermana Myrna.

La noticia le provocó sentimientos encontrados: «Por un lado sentís tranquilidad. Pero por el otro también te hace pensar en todo lo que pasó».

Recuerda que cuando comenzó a exigir justicia por el asesinato de su hermana, no tenía experiencia en derechos humanos ni en el sistema judicial.

«Yo era una ciudadana común y corriente, trabajaba en el sector privado, era administradora de empresas».

Fue durante esos años, mientras el caso avanzaba lentamente en tribunales, que comenzó a darse cuenta del impacto que la búsqueda de justicia tenía para otras personas.

Un día, antes de asistir a una audiencia judicial, cuenta que se detuvo a comprar una hamburguesa durante su hora de almuerzo. 

Cuando intentó pagar, el vendedor se negó a cobrarle. «Me dijo: “Para mí es un honor regalársela porque usted está haciendo lo que yo no puedo hacer”».

Helen recuerda ese momento como uno de los que le permitió comprender que su lucha ya no era sólo personal. «Ahí fue cuando entendí lo que realmente estaba pasando», dice.

Hoy recuerda una escena que, dice, nunca olvidará. Ocurrió durante una audiencia en la Granja Modelo de Rehabilitación Pavón, en Fraijanes, cuando avanzaban los procesos contra los autores intelectuales del asesinato. 

En un receso, Noel Beteta se acercó a hablar con ella. «Me dijo: “Mire, Lic., usted que es de derechos humanos, debería apoyar también que investiguen las violaciones de derechos humanos en el sistema penitenciario”». 

En ese momento, Helen le respondió que su prioridad era esclarecer quiénes habían ordenado el asesinato de su hermana. Pero Beteta insistió.

«Me dijo: “Yo soy inocente. Los verdaderos culpables son los que están ahí enfrente. Ellos son los que dieron la orden”».

Ella recuerda que le respondió que, aun así, estaba cumpliendo una condena por el crimen. «Entonces bajó la mirada y me dijo: “Usted tiene que entender que lo hago por mi familia y por mis hijos”».

El episodio la dejó pensando durante años en una discusión frecuente dentro del campo de los derechos humanos. «Eso te hace pensar en el tema de víctima y victimario. Son gente a la que fuerzan para matar gente».

Durante los años en prisión, Beteta también sobrevivió a distintos episodios violentos dentro del SP. Según recuerda Helen Mack, uno de esos momentos ocurrió en el contexto del Operativo Pavo Real, en 2006 realizado en la Granja Penal de Pavón

«Él estaba en el listado de los que iban a matar… y de repente alguien lo sacó de la fila», recuerda Mack. «Por eso te digo que creo que él sí se dio cuenta de cómo funcionaban esas cosas dentro del sistema penitenciario». 

Registros posteriores ubican a Beteta en Pavón a partir de 2007, Mack vincula ese episodio a las dinámicas de control dentro de las cárceles en esos años,marcadas por disputas de poder entre estructuras criminales y actores estatales.

La violencia dentro del sistema penitenciario no era excepcional en esos años. Casos como el del investigador policial Mérida Escobar —quien denunció irregularidades y advirtió sobre riesgos dentro del sistema antes de ser asesinado— evidencian el nivel de conflictividad y opacidad que marcaba estos espacios.

Para Mack, la muerte de Beteta marca el cierre de una larga etapa. «Creo que ahí se cierra el capítulo… pero con muchas lecciones», afirma. Asegura que el legado más importante del caso está en otro lugar. «El caso de mi hermana abrió camino», dice.

Un caso de inflexión en la justicia

Para Iduvina Hernández, investigadora y directora ad honorem de Seguridad en Democracia (SEDEM), el proceso judicial donde se condenó a Beteta marcó un punto de inflexión en el sistema de justicia guatemalteco.

«Todos los procesos de justicia por graves violaciones a derechos humanos que han llegado a tribunales en Guatemala están parados sobre los hombros de ese proceso», explica Hernández.

Según la investigadora, el caso permitió evidenciar cómo funcionaban las estructuras de inteligencia del Estado durante el conflicto armado.

«Se organizó una institucionalidad que sustentaba una lógica de terrorismo de Estado», afirma.

Además de los prófugos de ese caso, Hernández recuerda que durante el juicio también fueron absueltos altos mandos vinculados a estructuras de inteligencia. «También fue condenado el director del archivo Juan Valencia Osorio. Los otros quedaron absueltos en una resolución que demuestra cómo todavía estas estructuras se protegían», afirma.

Foto: Fundación Myrna Mack

Una puerta para otras víctimas

Para Carlos Juárez, abogado del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), la condena contra Beteta también representó un precedente para otras familias que buscan justicia por crímenes cometidos durante el conflicto armado.

«Es un caso icónico, de esos que permitieron a muchas familias darse cuenta de que la justicia era posible», señala.

Sin embargo, organizaciones de derechos humanos como el GAM, el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH) y la Fundación Myrna Mack, reiteran que el proceso dejó responsabilidades pendientes dentro de la cadena de mando militar.

Juárez lamenta que con la muerte de Beteta también se perdió la posibilidad de obtener información que podría haber ayudado a esclarecer responsabilidades más amplias.

«Se fue con el secreto de seguir protegiendo a los perpetradores intelectuales, no solo del asesinato de Myrna Mack, sino de muchos crímenes cometidos en Guatemala», señala.

Historias como la de Myrna Mack no se cierran del todo. Este caso forma parte de una historia más amplia sobre memoria, justicia e impunidad en Guatemala. Te invitamos a explorar otras investigaciones de Agencia Ocote sobre el conflicto armado interno y sus consecuencias hasta hoy.

Redacción: Andrea Godínez
Edición: Lourdes Álvarez
Fotografías: Archivo

También te puede interesar

ocote-icono-negro