A estas alturas del siglo XXI sobradamente justo es decir que hay muchas formas y lugares de ser guatemaltecos, centroamericanas. No tenemos certeza de que la palabra “diáspora” hable con …
A estas alturas del siglo XXI sobradamente justo es decir que hay muchas formas y lugares de ser guatemaltecos, centroamericanas. No tenemos certeza de que la palabra “diáspora” hable con claridad de una identidad expansiva, un guatemalteco americano o una guatemalteca francesa. Esa expansión, podemos seguir elucubrando, trae consigo una voluntad de crear, conectar, ser red y puente entre el más acá y el más allá sin exclusividad de quién sea quién. Dicho esto Christina Chirouze Montenegro es una guatemalteca francesa que ha dedicado largos años de su vida a esa doble ruta.
En Francia, Chirouze coordina una empresa familiar de café que, claramente, lo vende; pero también lo enseña, educación para el café digamos: La Caféothèque. Pero la conexión viene de otro grano, del maíz. Chirouze es curadora, es gestora y es escritora; gran parte de su trabajo lo ha dedicado Guatemala y Centroamérica; literalmente utiliza el concepto de “corredor centroamericano en Europa” bajo su proyecto cultural “Mazorca”.

La residencia
Mazorca, además de una posibilidad de conexión de artistas centroamericanos en Europa, en París concretamente; ha mutado y expandido sus posibilidades como proyecto. La más notoria desde 2022, la Beca-residencia artística de Mazorca y la Cité International des Arts en París, una prestigiosa residencia para artistas desde 1965. Chirouze logró no solo que su organización fuera considerada entre los codiciados cupos de esta residencia parisina, sino que la empresa privada Guatemalteca se sumara a financiar la parte local como contraparte, altas proezas ambas. La residente de 2024 será Celeste Mayorga, una artista activista que, para esta residencia, trabajará un proyecto sobre justicia, género y comunidad entre mujeres víctimas de la violencia.
La primera residente fue la artista Cecilia Porras-Sáenz en 2023; Porras ha recorrido con libertad la pintura, las instalaciones espaciales y la actuación; versátil y desenfadada, esta artista produjo en la residencia parisina la obra “Jardín” que estará expuesta hasta finales de febrero en La Nueva Fábrica (LNF), en Santa Ana, Antigua Guatemala.
El Jardín
“Tigra forma parte de Jardín. Ella apareció de forma inexplicable en mi mente, en una ceremonia, en visiones. Era claramente una tigra rosa”, escribe Cecilia Porras sobre su pieza. Una tigra rosada, con una mirada entre el delirio y el deseo, nos mira fijamente desde la pared. Tres luces neón en el centro sugieren una forma de fuego, rosado también, que arde mientras nosotros, espectadores, giramos en círculo caminando sobre unas hojas secas que parecieran haberse caído de la flora pintada con arcilla en la pared. Un jardín a todas luces, ¿de qué espacio y de qué tiempo?, no sería justo responderlo. Entre otras cosas porque el universo al que este tigre rosado obedece, parece habitar en algún extraño rincón de nuestros gustos contemporáneos. Detalle importante, hay un audio de bosque mezclado con una sonido senoidal que coquetea entre la sicodelia y la ciencia ficción. Entonces tampoco es arriesgado pensar que la experiencia en Íntimo (la pequeña y sensible sala de LNF) también habla de un tiempo que habitamos en el que las fronteras de la taxonomía se van un tanto al carajo y si los géneros se expandieron con generosa fluidez, ¿por qué no habría de reclamar su propio fluir la naturaleza? Siendo así, quizá tigre rosade sea una más atinada manera de describir la pintura principal de esta obra nacida en un ir y venir Guatemala-París en 2023.

La alquimia
La última pieza de Mazorca ahora está de este lado del mapa. El domingo 11 se inauguró en la zona 2 de Guatemala de la Asunción la “Casa Alquimia”, un espacio físico gestionado por Chirouze en donde, sueña ella, se instale una suerte de laboratorio, mercado, estudio, espacio de encuentro y residencia, que permita no solo la expansión del proyecto de residencias; sino un punto de encuentro entre lo que entendemos como arte contemporáneo y artesanía; saltar o sanar la brecha y generar una casa con comunidad y vecinos. Esto último nunca más literal para el evento inaugural que, aunque efímero (fue solo ese día), convocó al vecindario y a un guapo grupo de artistas.
Artistas de largo recorrido como Erick Boror, Marlov Barrios, el taller de artistas salvadoreños “La Fábrica”, Lourdes de la Riva o Jorge Linares, compartieron espacio con Cecilia Porras-Sáenz, Byron Blanco, Juan Ramón Meza o Raquel Alvizures quienes en puro cálculo numérico serían poéticas más recientes, sin duda en el campo de la profundidad e investigación compleja no habría que hacer ninguna diferencia, entre otras razones, porque compartieron curadora, sí, la guatemalteca francesa que restauró esta bella casa para que nos encontremos, ojalá, de nuevas formas. Y lo cumplió, don Arnulfo Gómez el sastre del vecindario, además es un talentoso artista de la cumbia y los covers, Para quien quiera decir que esta reseña tiene que ver con que este que escribe estaba invitado a leer poesía, he de confesar que no leí: no había nada que leer una vez iniciado el baile, qué mejor poema habría que un grupo de vecinos y artistas cantando “golpe con golpe yo pago, beso con beso devuelvo” en una potente exposición que duró una única jornada el 11 de febrero de 2024.
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