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Stacy Velásquez: “En Centroamérica hay una embestida de grupos conservadores que presionan para poder pasar leyes regresivas”

Stacy Velásquez es activista y defensora de los derechos de las personas LGBTIQ+. En esta entrevista, realizada en el Foro Centroamericano de Donantes 2021, explica cómo la organización comunitaria ha sido fundamental para el acompañamiento de las poblaciones más vulnerables durante la pandemia de COVID-19 y habla sobre los retos y aprendizajes del trabajo en red.

Una entrevista a la activista Stacy Velásquez en el Foro Centroamericano de Donantes 2021.

Stacy Velásquez es gestora comunitaria, experta en incidencia política y en derechos humanos de las comunidades LGBTIQ+. También es directora de OTRANS Reinas de la noche, una organización guatemalteca que trabaja por los derechos de las mujeres trans, y es referente en Guatemala para la Red Latinoamericana y del Caribe  de Personas Trans.

Durante los últimos diez años, Velásquez y su equipo se han dedicado a hacer incidencia política y a acompañar a personas en situación de vulnerabilidad. La activista asegura que el camino nunca ha sido fácil, pero en los últimos dos años se ha complicado.

Ante la pandemia de COVID-19, la llegada de las tormentas Eta y Iota en noviembre de 2020, la falta apoyo del Gobierno, los procesos burocráticos para conseguir fondos y la constante amenaza de grupos conservadores y religiosos, Velásquez asegura que la organización comunitaria ha sido fundamental para que los colectivos sobrevivan.

Esta entrevista, que reproducimos a continuación en texto, fue realizada el 26 octubre de 2021 en el espacio de Radio Ocote podcast del Foro Centroamericano de Donantes (CADF) 2021, un encuentro organizado por Seattle International Foundation que busca crear redes para promover el desarrollo y los esfuerzos de la filantropía en Centroamérica y que reúne a líderes de empresas, Gobierno y organizaciones.

¿Cómo han vivido los últimos dos años las personas LGBTIQ+? ¿A qué amenazas se han enfrentado, además de la pandemia de COVID-19?

Para nadie son un secreto las leyes que se están pasando en Guatemala con respecto a los derechos humanos de la población LGBTIQ+. Hay una embestida en Centroamérica de grupos conservadores, grupos evangélicos, que están presionando mucho en los congresos y en las asambleas legislativas para poder pasar leyes regresivas.

En el marco de la pandemia creo que estos contextos se vuelven un poco más crueles para las poblaciones, porque esta presión que hacen los grupos en los Gobiernos, lo que hace es desplazar a las poblaciones LGBTIQ+ de los servicios esenciales como la educación, la vivienda, la salud, la alimentación.

Entonces se vuelve difícil gestionar a la comunidad con todas estas restricciones de movilidad, toques de queda, con estos horarios limitados… No solo a los compañeros que ejercen trabajos formales, sino a los que realizan trabajos informales.

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¿Cuáles han sido los retos de las organizaciones sociales para atender la crisis estos últimos dos años?

Primero, fue bien difícil gestionar fondos de emergencia de las organizaciones cooperantes, y creo que esto es algo que deberían reflexionar esas instituciones que nos apoyan. Nos encontramos con procesos tan burocráticos que al final de cuentas nunca llegaron a las poblaciones LGBTIQ+ cuando lo necesitaban. Nos dimos cuenta de que, aunque eran fondos de emergencia, la situación burocrática era la misma que antes.

En medio de la pandemia y en medio de las tormentas Eta e Iota fue difícil gestionar recursos para las poblaciones que cortaban café, que estaban en contexto de trabajo sexual, que estaban en las bananeras, que estaban en movilidad humana.  En nuestra organización atendemos a 2 mil compañeras al año y, de ellas, el 10% es migrante. Entonces poder solventar las necesidades de las compañeras migrantes era difícil porque viven en hoteles o en habitaciones de paso.

Dentro de la misma población LGBTIQ+ hay personas que se encuentran en una situación de vulnerabilidad mayor. Por ejemplo, las personas migrantes, o las personas de la tercera edad. ¿Los Gobiernos de la región están haciendo algo para garantizar sus derechos?

Hasta la fecha no hay registros de compañeras o compañeros que hayan entrado a los programas (de apoyo social) que hizo el Gobierno de Guatemala.

De las bolsas solidarias debo rescatar que el diputado Aldo Dávila gestionó unas bolsas para la población y creo que fue el único ejercicio que como Gobierno se hizo. Después fueron solo engaños.

Por ejemplo, el Cocode de Petén le ofreció a la referente de Petén bolsas solidarias, cajas solidarias, las metieron en un listado a las compañeras y compañeros y al final nunca  llevaron la ayuda. La referente de Suchitepéquez también hizo el mismo ejercicio de meter al listado a compañeros y compañeras que sabían que estaban pasando penas por la pandemia y los efectos de las tormentas y tampoco recibieron ayuda.

No hubo bonos. Por ejemplo, muchos caseros de casas de alquiler se quedaron con los mil quetzales de las compañeras.  Muchas compañeras tuvieron que salir de esas casas porque les robaron el bono. Yo pienso que, de toda la población LGBTI, quizá un 2% recibió ayuda del Gobierno.

[Escucha aquí el episodio de Radio Ocote podcast “Retar al tiempo”]

¿Y en otros países de Centroamérica?

En Honduras fue fatal la situación. Las compañeras iban en las caravanas de migrantes que se dieron en 2019 y 2020.  Iban hasta 200 compañeras, compañeros y compañeres LGBITQ+ de Honduras.

En El Salvador sí hubo un poco de ayuda de parte del Gobierno. Llegaron bonos, llevaron alimentación… No a todos, quizás un 30% o 40% por ciento de la población fue beneficiada.

¿Cómo ha afectado el machismo y el conservadurismo en la región y cómo amenazan a las organizaciones?  

El conservadurismo y esta presión evangélica que está en la región les costó la migración a muchas compañeras, les costó aguantar hambre, les costó llorar.  No he visto ningún ejercicio de alguna iglesia que haya dado apoyo, que haya abierto sus puertas.

Y debo de hablar de este poder relativo que se está dando entre el Gobierno y la empresa privada. Porque igual la empresa privada también se presta mucho a poder duplicar este  discurso de odio en contra de las poblaciones LGBTI.  En el triángulo norte, estamos ante esa presión, que está dejando efectos terribles. Solo en Guatemala, en 2019 y 2020 asesinaron a 19 mujeres trans. Y muchas más migraron también.

Además, en todos los pasos de migración, existe casa del migrante. Pero lo que sucede con estos centros es que cuando llegamos, no nos permiten el ingreso, porque dicen que vamos a tener relaciones sexuales, porque dicen que generamos problemas. Me parece que hay un clasismo, porque no puede ser que solo los heterosexuales o solo las personas cisgénero sean las que migran. No, las personas trans, las personas que somos de la diversidad sexual migramos.

¿Hay esfuerzos regionales entre organizaciones LGBTIQ+ por atender a personas desplazadas y refugiadas que no reciben apoyo de otras instituciones?

Almenos nosotras, que pertenecemos a la Red Latinoamericana y del Caribe de personas trans y a la Coalición LGBTIQ+ Trabajo Sexual en Las Américas, ha sido muy importante informar a las compañeras para que su tránsito sea formal y no informal. Cuando hablamos de esto es que vayan identificadas, identificados e identificades.

La pobreza está ahí instalada en la región. Es difícil decirle a las compañeras “no te vayas,” cuando le han dado 24 horas para salir de su colonia, o no tiene trabajo y su familia no la acepta. Si está viviendo en parques, o está viviendo de posada, o se queda donde le da la noche.

Al final te toca informar y decirles que si van a migrar, lo hagan formalmente. No es abonar a la migración, es abonar a la vida de las personas migrantes, que esa compañera llegue con bien a su destino y que, cuando llegue, tenga esas garantías.

Por ejemplo en México está la red nacional de mujeres trans y en Estados Unidos hay varias en Houston, Texas; Casa Ruby en Washington DC, está TransLatina en Los Ángeles y New York… Creo que todas estas redes han sido muy importantes y estamos en comunicación, porque tenemos objetivos similares: que las desplazadas lleguen bien.

[Lee aquí la crónica “Las saladas del penal”]

¿Cómo se transforma el trabajo de tu organización a raíz de la pandemia? ¿En qué decidieron priorizar sus esfuerzos?

Se construyeron redes de apoyo. Hasta la empresa privada estuvo involucrada. Lo que debemos de rescatar de estas situaciones, de desastres causados por fenómenos naturales y pandemias, es que no sabes cuándo vienen, que lo único que debes de estar es organizada. La organización estructural de las organizaciones es una buena base para resistir.

Si no hubiéramos estado organizadas, organizados y organizades, nos hubiera tocado muchísimo peor de lo que nos ha tocado.  La organización no gubernamental es muy importante, tuvimos que terminar haciendo acuerdos con Walmart para poder gestionar que las bolsas de víveres fueran más baratas.

Creo que estas alianzas se fueron dando así como “¿qué hacemos?”, “Solo tenemos esto”, “¿cuánto podemos invertir en esto?”, “Si invertimos para comida no podemos invertir para aseo”. Era una locura.

Por ejemplo, utilizamos hasta discotecas para que fueran centros de acopio. Me pareció muy importante todo esto que hicimos, porque estos lugares a veces también son lugares donde hay discriminación y convertirlos a centros de acopio era también trasladarles que aquí todos necesitamos ayuda en este momento.

Creo que fue muy buen ejercicio para las comunidades. Para reflexionar mucho en la discriminación que se vive internamente entre los mismos colectivos. Eso también despeja toda esa discriminación que había y hoy hay como más comunidad, más solidaridad entre los colectivos LGBTIQ+.

Entonces creo que sanar en red se volvió una obligación de nosotros, nosotras y nosotres. Básicamente hemos resistido con donaciones que se han hecho comunitarias, o sea entre la misma sociedad, entre las mismas poblaciones.

¿Cómo se vive el duelo dentro de las comunidades LGBTIQ+ y cuál ha sido el reto de las organizaciones sociales para acompañar y vivirlo?

Ha sido difícil porque no tenés tiempo. Creo que el tiempo se ha vuelto uno de los desafíos más grandes para poder sanar. Pero esta apuesta política ya la venimos trabajando desde un poquito antes de la pandemia, de poner la sanación y el autocuidado como centro de la resistencia.

En el tema de la sanación hay que gestionar espacios seguros. Y esto lo gestionás cuando te resistís a ir a lugares que no lo son. Esto puede ser convulsivo para los movimientos, pero yo personalmente he dejado de ir a espacios donde lejos de sanarme me hieren más, me abren más la herida. 

Y esto me cuesta visibilidad de la agenda para la cual trabajo, mi posicionamiento político, me cuesta muchas cosas, pero no puedes ir a un lugar donde se siguen burlando de tu identidad de género. Donde no eres mujer para este sector, donde no te tratan como una ser humana. Creo que de estos espacios hay que irse retirando.

Poner la sanación y el autocuidado como centro de nuestras luchas es muy importante, me parece esencial que se hagan este tipo de procesos, que a veces deben ser colectivos y gestionados.

Según los registros, hubo una baja en los índices de violencia al inicio de la pandemia, pero ¿qué pasó en el contexto de las personas LGBTIQ+? ¿Se dio la misma dinámica?

La violencia física ha bajado, pero la violencia institucional ha aflorado. Por ejemplo, si llegabas a los centros de salud, no te atendían si no tenías COVID-19. O sea, te violentaban el derecho a la salud.

La corrupción es la principal causa de la violencia institucional hacia las poblaciones LGBTIQ+. Pero si bien para todas las poblaciones la violencia ha bajado, para las mujeres trans la violencia se ha incrementado.

Han subido las agresiones de los policías. A muchas compañeras trans les quitaron el cabello en cinco horas de haber ingresado a un penal. A muchas las capturaron por violentar el horario de toque de queda.

La violencia institucional combinada con la violencia física es algo que hay que documentar. Solo nosotras hemos documentado 300 casos de violencia en el 2020 y lo que va del 2021.

¿Cómo puede hacer la sociedad civil y las organizaciones comunitarias para documentar la violencia ?

Hay algo que casi no hacemos las organizaciones: hacer de los datos abiertos una herramienta para que sean accesibles. Por ejemplo, el Centro de Documentación y Situación de Violencia de Personas Trans de Latinoamérica y el Caribe me parece que es comunitario, es fácil, lo hemos construido entre todas las compañeras que pertenecemos a la red.

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¿Cuál es el reto de las organizaciones en Centroamérica para combatir la homofobia, la transfobia, la represión de los gobiernos, la discriminación de la sociedad?

Tenemos que construir una cultura de paz, una cultura de no discriminación. Una de las cuestiones que hemos tomado en cuenta es hacer alianzas con las instituciones de Gobierno.

Últimamente hemos estado dando capacitaciones a policías, al Sistema Penitenciario, al Instituto de la Defensa Pública Penal… porque creemos que desde ahí también hay desconocimiento de los procesos o de la orientación sexual y de la identidad de género. Como organización le apostamos mucho a la educación. Entre más educación, menos violencia.

Creo que el reto en Honduras es que los compañeros y compañeras vayan a las urnas, que voten por el candidato que mejor los represente. En El Salvador, que nos involucremos en la construcción de la nueva constitución política, que la debatamos, que la resistamos.

Y en Guatemala, combatir la corrupción en todos los ámbitos. Es uno de los desafíos más grandes que tenemos. Desestructurar todas estas plataformas que sirven para seguir ostentando el poder. Es un desafío que tenemos a dos años de las Elecciones. Hay que llamar a que los grupos progresistas se unan para poder tener unas elecciones paritarias.

¿Crees que el futuro de la lucha por los derechos humanos y de las personas LGBTIQ+ es en red?

Sí. No estamos en realidades distintas. El futuro de las poblaciones LGBTIQ+ es en red. Las pandemias vienen, vemos toda esta globalización de la economía mundial, esta guerra económica entre Estados Unidos y China, todo esto debe reflexionarse en nuestros colectivos. Quizás no podamos combatir a Estados Unidos ni a China, ni a la corrupción, ni a desastres causados por fenómenos naturales, pero unidos vamos a poder resistir mejor si estamos organizados y unidos.

Melisa Rabanales

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