Después de las tormentas

Lo que hicieron Izabal y Huehuetenango para triplicar su porcentaje de población vacunada en tres semanas
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Durante julio y agosto de 2021, en áreas urbanas de Huehuetenango se vacunó a personas mayores de 18 años cuando en el resto de Guatemala el proceso estaba abierto sólo para mayores de 35. La estrategia de ampliar el rango de edad había sido ideada por el Ministerio de Salud para aumentar la vacunación en comunidades rurales, pero el Área de Salud del departamento la aplicó en cabeceras municipales e incluso en la departamental. El ministerio reconoce que los resultados fueron positivos, ya que aumentó el porcentaje de personas vacunadas, aunque cuestiona que un plan dirigido a zonas de difícil acceso y con índices altos de pobreza haya beneficiado a población urbana. Médicos especialistas aseguran que la estrategia ha sido beneficiosa y recalcan que lo importante es aumentar el ritmo de vacunación.


Durante las dos últimas semanas de julio y la primera de agosto de 2021, el departamento de Huehuetenango triplicó el número de personas vacunadas con primera dosis. Según el tablero COVID-19 del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), pasó del 6.6% de población vacunada, el 20 de julio, al 21.9% el 10 de agosto.

El ritmo de vacunación se aceleró en todo el país en esas semanas, ya que había más disponibilidad de dosis luego de que el Gobierno recibiera 3 millones de Moderna, donadas por Estados Unidos. Pero en algunos municipios de Huehuetenango, el incremento de personas vacunadas fue mayor que en otros lugares.

Este avance se identificó en municipios del departamento en los que, desde finales de julio, se vacunó a cualquier persona adulta sin que se respetaran las directrices de registros por edad.

El 8 de septiembre, el Ministerio de Salud abrió el registro para mayores de 18 años en todo el país pero en las últimas semanas de julio, el Plan Nacional de Vacunación contemplaba únicamente a los mayores de 35 años. Aunque había establecido una excepción: una estrategia dirigida a las comunidades rurales de todo el país.

Fotografía: MSPAS

La vacunación comunitaria

El 9 de julio de 2021, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social aprobó la “Adenda al Plan Nacional de Vacunación contra la COVID-19”, a través del acuerdo 135-2021.

En este complemento del plan de vacunación se indicó que la inmunización podría realizarse en comunidades rurales sin registro previo “para todos los rangos de edad, con base en la disponibilidad de vacunas, priorizando a los grupos de mayor riesgo”. La estrategia se llamó “mini-concentración en comunidades rurales con difícil acceso”.

Según el Departamento de Comunicación del MSPAS, una comunidad rural se define como aquella “alejada del casco urbano, que carece de acceso a modalidades para su inscripción, sin facilidad de transporte y con dificultades para acercarse a la vacuna por diversos factores”.

Dos semanas después de que el ministerio aprobara la adenda, y ante el aumento de la disponibilidad de vacunas tras la donación de Estados Unidos, la Dirección de Área de Salud de Huehuetenango conversó con líderes comunitarios y decidió abrir la vacunación para todas las edades en 14 municipios: Santa Cruz Barillas, San Mateo Ixtatán, San Miguel Acatán, San Sebastián Coatán, San Juan Atitán, La Democracia, Nentón, San Antonio Huista, Jacaltenango, Tectitán, Santa Eulalia, San Rafael La Independencia, Petatán y Unión Cantinil. Días después amplió esta estrategia a la cabecera departamental de Huehuetenango.

Juan Francisco Robles, el director del Área de Salud de Huehuetenango, anunció la decisión. “La estrategia es llegar a todas las comunidades posibles, a esas personas donde hemos tenido baja aceptación de vacuna y sus comunidades quedan bastante retiradas”, dijo entonces. Esto estaba respaldado, según indicaron, por el Plan Nacional de Vacunación.

Karla Mendoza, trabajadora social del área de salud, explica que se eligieron comunidades específicas de esos municipios por tratarse de “áreas rurales, muy dispersas en sus territorios, con altos índices de pobreza y en su mayoría fronterizos”. Según las cifras del tablero COVID-19 del MSPAS, en la mayoría de estos municipios se registró un aumento en los porcentajes de vacunación mayor que en los municipios de Huehuetenango en los que no se decidió vacunar a mayores de 18 años.

Por ejemplo, en municipios que ampliaron el rango de edad, como en Tectitán, en tres semanas se pasó de un 4.2% de población vacunada con primera dosis a un 38.7% (un aumento del 34.5%). Jacaltenango pasó de 6.5% a 39.7% (un aumento del 33.2%); y en San Juan Atitán de un 3.3% a un 34.9% (un aumento del 31.6%).

En cambio, en municipios donde no se aplicó esta estrategia y se vacunó sólo a mayores de 35 años apenas se incrementó el porcentaje de vacunación. Por ejemplo, en Santa Bárbara, pasó de un 0.5% a un 2.2% y en Cuilco de un 4.1% a un 7.9%.

Durante las últimas semanas de julio y la primera de agosto, el porcentaje de vacunación en los municipios que ampliaron el rango de edad también fue mayor que en otros lugares de Guatemala que entonces respetaban las directrices del Ministerio de Salud.

Tectictán y Jacaltenango son los municipios de todo el país que más aumentaron su porcentaje de población vacunada en esas semanas. En tercer lugar está la capital, Ciudad de Guatemala, y en cuarto lugar, San Juan Atitán, también en Huehuetenango.

Mendoza asegura que en algunas comunidades de estos municipios se vacunó al 85% de la población, aunque no entregó a Fáctica estos datos segregados.

Según la trabajadora social, las vacunas llegaron a personas que, de otro modo, no hubieran podido desplazarse con facilidad a la cabecera departamental o a puestos de salud. “En San Miguel Acatán y San Antonio Huista incluso se vacunó a personas yendo de casa en casa”, añade.

Después de comprobar el incremento en las cifras de Huehuetenango, otras áreas de salud decidieron implementar la estrategia de vacunar a mayores de 18 años en determinados municipios.

Izabal también lo aplicó a finales de julio. Al comparar sus cifras de vacunación con los demás departamentos, puede verse que las curvas de crecimiento son similares a las de Huehuetenango.

Las cifras por departamento confirman la tendencia. En Los Amates se pasó de un 6.1% de población vacunada a un 28.8% después de esas tres semanas, y en Morales, de un 6.2% a un 24.1%.

Turismo de vacunas interno

Desde que comenzó el proceso de vacunación, y ante la lentitud estatal para inmunizar a la población, ciudadanos de Guatemala han viajado al extranjero, en su mayoría a Estados Unidos y México para vacunarse.

También, cuando Huehuetenango e Izabal abrieron la vacunación para mayores de 18 años en julio, personas de otros puntos de Guatemala se desplazaron a estos departamentos.

Según Karla Mendoza, a los puestos de salud que habilitaron en Huehuetenango, “vino gente de Totonicapán y de Quetzaltenango”. Mendoza añade que los ciudadanos no necesitaban demostrar que residían en Huehuetenango para recibir las vacunas: las dosis se aplicaron a cualquier persona que llegara.

Janet Conde, coordinadora del departamento de promoción del Área de Salud de Izabal, asegura que “en Navojoa (una aldea de Morales, Izabal), que es área rural, nos dimos cuenta que estaba llegando gente de otros departamentos a vacunarse”.

Dice que en áreas rurales de Puerto Barrios, la cabecera de Izabal, también se había instalado un puesto de vacunación para mayores de 18 años, pero al ver que llegaba gente de otros municipios y departamentos, decidieron cerrarlo a las dos semanas.

Fotografía: MSPAS

La llamada de atención del Gobierno

Esta estrategia de vacunación le valió a la Dirección del Área de Salud de Huehuetenango una llamada de atención del Sistema Integral de Atención en Salud (SIAS) y del Presidente del Gobierno, Alejandro Giammattei. El plan se había ideado únicamente para comunidades de difícil acceso, pero en el departamento se estaba vacunando también a población urbana.

El 26 de julio, en una conferencia de prensa (minuto 10:35), Giammattei reprendió a Juan Francisco Robles, el director del Área de Salud de Huehuetenango, por haber vacunado a personas en cabeceras municipales. “El señor fue llamado al orden. El doctor en un exceso de entusiasmo dijo algo que no era correcto. No podemos cubrir a todos los mayores de 18 años en todo el país. En este momento no tenemos suficientes vacunas para eso”.

Fáctica trató de localizar a Juan Francisco Robles para consultarle acerca de la decisión. En la Dirección del Área de Salud indicaron que Robles atendería la solicitud el 8 de septiembre, pero al cierre de esta publicación no había respondido las llamadas ni los mensajes.

Según Efraín López, supervisor de la Unidad de Supervisión, Monitoreo y Evaluación (USME) del Sistema Integral de Atención en Salud (SIAS), las fases del plan de vacunación se establecieron porque era necesario llegar primero a la población más vulnerable. López explicó a Fáctica que no se contaba con las vacunas necesarias para toda la población adulta y por eso era necesario segmentar por edades.

El tablero COVID-19 del MSPAS no genera la información de los grupos de edad vacunados segregada por municipio, lo cuál dificulta conocer si con la estrategia de Huehuetenango se dejó de vacunar a población de edades avanzadas. Tanto Conde, en Izabal, como Mendoza, en Huehuetenango, aseguran que en esas tres semanas siguieron vacunando a personas vulnerables.

Efraín López aseguró a Fáctica que Eliú Mazariegos, coordinador del SIAS, del Ministerio de Salud llamó a la reflexión a Robles, para que redireccionara la vacuna a zonas de difícil acceso. Luego de esto, el 18 de agosto, la Dirección de Área de Salud de Huehuetenango decidió cancelar la vacunación de mayores de 18 años en zonas urbanas, donde solo colocarían segundas dosis a las personas que recibieron la primera.

Karla Mendoza, la trabajadora social, asegura que en el municipio de Huehuetenango la vacunación a mayores de 18 años se dio únicamente en las aldeas de los alrededores (donde se instalaron 14 puestos de vacunación) y no en el centro urbano.

Aun así, admite que a inicios de agosto comenzaron a vacunar a cualquier mayor de edad en la zona militar y en el centro comercial Pradera, según dice, para aumentar la inmunización. La vacunación en estos dos lugares continuó las semanas siguientes.

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La necesidad de vacunar con rapidez

A pesar de la llamada de atención de Giammattei y de Mazariegos a la Dirección de Área de Salud de Huehuetenango, Efraín López dijo a Fáctica que el Ministerio de Salud ve positivo el aumento de vacunados en el departamento.

López aseguró que la vacunación a mayores de 18 años en Huehuetenango sirvió como experiencia piloto para otras comunidades de Guatemala, ya que se demostró que, al abrir el rango a mayores de 18 años, más personas se han vacunado en áreas rurales.

El epidemiólogo Edgar González Barreno asegura que la decisión del Área de Salud de Huehuetenango está justificada por las fechas de vencimiento de los viales: es importante aplicarlas antes de que caduquen, señala.

Alicia Chang Cojulún, infectóloga pediatra, comparte esta visión: “Somos un país subdesarrollado con un sistema hospitalario colapsado por la COVID-19. Lo ideal es que se acabaran las vacunas porque se administraron todas y no porque se hayan vencido”, expone. Chang asegura que el Gobierno tardó demasiado en abrir el registro para cualquiera mayor de 18 años que quisiera vacunarse.

Aun así, González Barreno recuerda que la prioridad deben seguir siendo los grupos más vulnerables. Sobre esto, Karin Slowing Umaña, investigadora social e integrante de la iniciativa ciudadana Laboratorio de Datos, explica que “la vacunación comunitaria es un método positivo para zonas con dificultades para asegurar su vacuna, pero las ciudades (cabeceras municipales y departamentales) no son las que deben tener prioridad”, comenta.

El 3 de septiembre, Laboratorio de datos presentó un comparativo en el que mostró cómo en los municipios con mayores niveles de pobreza y menos educación, el Ministerio de Salud había hecho menos pruebas para detectar la COVID-19.

“La atención de la pandemia está siendo urbano-céntrica. Los centros de vacunación están pensados para clases sociales con facilidad de tiempo y de transporte para obtener la vacuna”, dice Slowing.

La información recabada por Laboratorio de Datos muestra cómo esta desigualdad también se observa en los grupos étnicos. Según su estudio, al 31 de julio de 2021, el 85% de las dosis se habían administrado a población ladina, el 14% a población maya, el 0.3% a población garífuna y 0.25% a población xinka.

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Acerca de esto último, Janet Conde, coordinadora del departamento de promoción del Área de Salud de Izabal, comenta que, a pesar de que la vacunación comunitaria se llevó a cabo en todos los municipios de Izabal, en El Estor y Livingston hubo menos aceptación.

El tablero del MSPAS registra que ambos municipios son los que menos avanzaron en la vacunación en Izabal las tres semanas que se inmunizó a mayores de 18 años: El Estor pasó apenas de un 2.5% a un 9% y Livinstong de un 3.5% a un 11.3%.

Según los especialistas consultados, esta poca aceptación está muy relacionada con el poco acceso a información sobre las vacunas que las personas tienen en su idioma. El Estor y Livinstong son municipios con una mayoría de población indígena. Según datos del Censo 2018, en El Estor, un 91% de las personas se identifican como maya. En Livingston, un 53% como maya y un 2% como garífuna.

Conde asegura que, para resolver esto, se han reunido “con los alcaldes, líderes comunitarios y líderes indígenas de estos municipios para trabajar una campaña de sensibilización y aceptación a la vacuna”. “Ya se llevaron a cabo las primeras charlas el sábado 11 de septiembre en idioma q’eqchi, para transmitir los beneficios de vacunarse”, explica.

Añade que, para informar a las poblaciones garífuna y q’eqchi’ sobre la vacunación, han trabajado cápsulas radiales con la Academia de Lenguas Mayas, la Defensoría de la Mujer Indígena y la Comisión Presidencial Contra la Discriminación y el Racismo (Codisra).

Estos mensajes han sido transmitidos por radios comunitarias, medios de comunicación digitales, redes sociales y a través de perifoneo.

Cápsula informativa sobre la vacunación contra la COVID-19 en idioma garífuna. Crédito: MSPAS.

Para llegar a poblaciones del área rural, dice Conde, “incluso un sacerdote de acá de Puerto Barrios (Anton Grech) nos dio permiso para promocionar su imagen con la frase ‘por mis feligreses me vacuno’”.

Campaña de vacunación del MSPAS, con la imagen del sacerdote Anton Grech, de Puerto Barrios, Izabal. Crédito: MSPAS.

Efraín López, el supervisor del MSPAS, asegura que los líderes comunitarios, religiosos y las comadronas han sido fundamentales para que la población se acerque a los centros de vacunación.

La desinformación como barrera

Conde explica otro de los factores que influye en la poca aceptación de las vacunas en muchas comunidades es la desinformación. En Huehuetenango, Mendoza comparte que durante las campañas de vacunación comunitaria se han topado con personas que no quieren recibir la vacuna porque no consideran que la enfermedad sea real.

Menciona que en los departamentos de San Pedro Soloma y Santa Bárbara, el escepticismo ha sido alto. “O quieren una marca en específico porque no creen en unas, o no creen en las vacunas”, dice.

“Que si tienen un chip que controla, que si van a vivir solo tres años más, el imán en el brazo, que lo que quieren los dueños de las vacunas es que se muera mucha gente de su comunidad…”, Conde enlista las principales razones de rechazo hacia las vacunas en Izabal.

Alicia Chang considera que, para combatir esto, la estrategia de vacunación comunitaria requiere mayor atención personalizada por parte del Ministerio de Salud: “En muchas comunidades, el personal médico necesita contestar preguntas, acercarse y conversar con la población. Lo que usualmente se piensa sobre las vacunas son juicios desinformados. Al establecer un vínculo y comunicar datos certeros, se puede informar mejor. No se trata solo de campañas masivas”.

Por eso, según Chang, cada área de salud debe tener autonomía en sus decisiones. “Las poblaciones son diferentes en cada comunidad, de cada departamento. Basados en esas diferencias pueden decidir cómo emitir mensajes e informar”, concluye.

El epidemiólogo Edgar González recuerda que “quienes se movilizan para vacunarse son la población con más acceso a información, por eso hace falta una campaña especializada para las personas que aún no se vacunan”.

[Lee aquí: La desinformación contribuye a la indecisión y al rechazo hacia las vacunas]

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