Después de las tormentas
Radio Ocote
Episodio 43 // La cultura descentralizada (o “hagamos locuras”)
Por:

Cada departamento en Guatemala ofrece diferentes oportunidades para sus artistas. En este episodio de Radio Ocote hablamos con creadores de varios sectores del país: Quetzaltenango, Jutiapa, Livingston, San Marcos y Santa Cruz del Quiché. Cada uno nos cuenta cómo fue y es hacer arte en estos lugares, cómo fue y es sobrepasar obstáculos, cómo fue y es ser un artista fuera de la Ciudad de Guatemala.


Escucha este episodio dándole play aquí abajo:


-GUION-

Narración: Escuchan a la banda quetzalteca Glass Collective, con su canción “¿Dónde está el tiempo?”. A mediados de febrero Glass fue declarada la banda ganadora del Tigo Sounds. Pero el apoyo y exposición que recibió la banda, durante los primeros meses del 2020 —cuando apenas era finalista— fue suficiente para multiplicar su escuchas y seguidores. “Y eso que solo hemos tocado dos veces en la capital”, dice su guitarrista Tavo Salazar.

¿Qué hace falta para que un artista pueda hacer carrera en Guatemala? ¿Qué pasa si estás en otro departamento? Entonces estás lejos de la capital, donde se centralizan los medios de comunicación masiva que permiten difundir más tus creaciones, en donde hay -o había antes – más diversidad de espacios culturales. ¿Qué sucede si el género musical que tocas le atrae a poca gente? ¿Dónde encuentras escenarios o más diversidad de espacios? ¿Se necesita, como con Glass Collective, el apoyo de una marca o basta coincidir con otros locos? Estos locos encuentran cómplices, crean espacios. En los departamentos hay riquezas culturales y oportunidades, pero también carencias. Sabemos que en Guatemala las políticas culturales y el apoyo estatal es casi nulo, sabemos que es un país centralizado.

Soy Alejandro García, periodista de Agencia Ocote. Hoy recopilo una serie de historias que nos ilustran cómo es hacer arte en Quetzaltenango, en Jutiapa, en Livingston, en San Marcos, en Santa Cruz del Quiché, allá, donde no hay librerías especializadas, pero sí muchas tiendas de instrumentos. Hoy escucharás a músicos, escritores, productores y poetas hablar de cómo es hacer arte fuera de la capital. La capital, Guatemala de la Asunción, que pareciera que centraliza, pero a la vez funciona como una centrífuga desde donde se toman las decisiones y se visibilizan los esfuerzos. Quienes conversan hoy en este episodio reclaman más recursos, escenarios y fondos para trabajar. Este episodio queda abierto, no está agotado. La cultura bulle, el arte, en sus diversas expresiones, en cada uno de los departamentos, resiste.

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Max Laynez: De pequeño tengo como recuerdos de la orquesta de la zona militar, que amenizaba las tardes de los domingos en el parque.

Narración: Él es Maximiliano Laynez. O Max. Max nació hace 34 años en Santa Cruz del Quiché. Le pregunté a qué tipo de cultura tenía acceso él en los años noventa.

Max Laynez: Lo que sí sucede mucho en el Quiché, en los alrededores es que llegan las bandas de marimba orquesta a tocar, cuando son fiestas patronales o 15 años, depende del presupuesto de la familia que lo está celebrando, ¿va?

Narración: Max es compositor, productor y sonidista. Ha participado en proyectos como esQuisses, Sesiones de Micros Abiertos y Sofar Guatemala.

Max Laynez: Allá hay mucho concierto de fiesta patronal, mucho concierto de familias que contratan a estos (…) tipo Los Conejos, Miguel Ángel Tzul.

Narración: Así suena Miguel Ángel Tzul y su Marimba Orquesta. Dice Max que incluso décadas antes, la situación era similar. Marimba y cumbia en los parques. Dice que su abuelo, en su juventud, antes de un concierto compraba un casete nuevo, para su grabadora. Le conseguía baterías nuevas. Salía de casa. Caminaba hasta el parque. Se sentaba cerca de la banda. Pero no tan cerca. Y grababa el concierto, pues las marimbas orquesta no grababan sus canciones.

Max Laynez: Pero yo sí desde que tengo conciencia para vacaciones me iba a tomar cursos, cursos vacacionales que ofrecía la catedral.

Narración: Ahí aprendió Max a tocar guitarra. Pero aclara que…

Max Laynez: La primera cultura musical a la que yo accedí, la banda de (…) en ese momento se llama banda de guerra. Y creo que es mucho del primer contacto que tienen muchos chavitos.

Narración: Y así, poco cine, poco teatro. ¿Bibliotecas? 

Max Laynez: Hay librerías que venden (…) que tienen libros de literatura para entretenerte, pero son cosas muy generales. Es decir, Miguel Ángel Asturias, Virgilio Rodríguez Macal, cosas que yo creo que piensan que van a pedir los colegios. Y estaba la biblioteca municipal que sí tenía un poquito más de cosas. Pero tampoco es una gran biblioteca. O sea, es muy poco lo que yo sé que se fomenta la lectura por allá o que se demanda.

Narración: Que no quiere decir que en Quiché no haya cultura. Solo es otro tipo de cultura. Diferente al de un joven que creció escuchando Viernes Verde y admira hoy a Jorge Drexler.

Max Laynez: Porque como te digo, o sea, vos mirás un concierto de Los Conejos, un concierto de Miguel Ángel Tzul y esos conciertos se llenan. Hay un lugar en el centro del Quiché que se llama El Tomelón que lo llena Bohemia y lo llenan Los Conejos y ese concierto es como el concierto que se hace para las fiestas patronales, cuando se celebra Santa Elena. Entonces, para mí son un concierto grande, pero si me pongo a contextualizar incluso cómo son los convites y todo eso, pues sí ha habido (…) hubieron conciertos más grandes.

Narración: Una situación similar es la de Jutiapa. Él es Teto Díaz.

Teto Díaz: Nosotros veníamos de otras bandas, ¿va? Pero en realidad tal vez nunca pudieron salir a flote porque acá en nuestro pueblo, nunca había nada.

Narración: Teto Díaz es guitarrista de la banda de rock El Sargento Pimienta, que nació en febrero del 2013.

Teto Díaz: Como en realidad estamos predominados por las marcas, ¿va?, había música en vivo que las marcas nos traían, ¿va? Antes del 2013, ponele que, de las bandas más conocidas, tal vez Viernes. Bohemia creo que vino a Jutiapa en el 2016. Las bandas de cabecera eran, ponele, Malacates, Viento en Contra. Las que andaban así con las marcas. Más que todo fue para las ferias, ¿va, vos?

Gabriel Azmitía: Prácticamente nosotros comenzamos, así como en casas o cosas de colegios.

Narración: Él es Gabriel Azmitía, el vocalista de El Sargento Pimienta.

Gabriel Azmitía: Aprovechamos toda esa onda de que estábamos en el aula y de “Muchá, tengo un grupo, vamos a escucharlo”, entonces nos reuníamos, por ejemplo, aquí, en mi casa de ensayo y aquí se armaban los toques. Fiestas así clandestinas de chavos de nuestra edad.

Narración: En algunos bares locales, pues, sí había música en vivo. Pero eran bandas tocando canciones de Marisela, Rocío Durcal o José José. De nuevo, “otro” tipo de cultura. En este caso de fuera. Gabriel señala, también, que la mayoría de niños sueñan con ser futbolistas. Incluso hoy. Pero eso no los detuvo. Hablaron con dueños de bares. Los dejaron tocar. Pero como dice Gabriel, la gente no iba a verlos. Iba a tomar y de casualidad ellos estaban tocando ahí.

Teto Díaz: La aspiración siempre llegar a ser grandes, ¿va? Pero el único detalle o tropiezo, en realidad, era acá el pueblo, pues.  

Narración: De hecho, al año de empezar a tocar, tuvieron su primer toque fuera de Jutiapa. En la vecina Jalapa. Fue un toque que marcaría a la banda.

Teto Díaz: Nos invitan, ¿va? Nos vamos, ahí sí que a ciegas. Cuando entramos nos dimos cuenta de que era un salón con mesas plásticas, creo que (…) y no parecía una disco. O sea, era un salón normal, ¿va, vos?

Gabriel Azmitía: Y pues la gente súper con otra música que nada que ver con el rock n’ roll o el rock. Entonces, de repente apagaron la música, “Bueno, va a tocar el grupo.”

Narración: Así suena El Sargento Pimienta. Es un rock n’ roll veloz y afilado, muy a los Beatles, a Los Brincos. Al escuchar sus canciones sabemos la energía y resistencia física que necesitan para tocar en vivo. Pero…

Teto Díaz: Porque sabes que el público y el músico es así como retractivo, “dámela que te la doy”. Y nunca recibimos nada del público. Nosotros terminamos de tocar y terminamos de tocar y la gente lo que hizo fue (…) el DJ puso la música, todos se levantaron y armaron aquel despelote. “Juepuchis”, dijimos nosotros, “no somos de aquí”.

Narración: Cabizbajos y derrotados, desconectaron sus instrumentos y se bajaron del escenario. Pero ya era tarde. Pasada la media noche. No quería manejar de vuelta a Jutiapa. Y, bueno, pensaron que el dueño les había conseguido un hotel.

Gabriel Azmitía: Que no, que todo estaba ocupado, que no había encontrado y pero, pues, “Ah, pero miren aquí hay donde dormir, hay colchonetas y pues (…) ¿quieren cerveza, va? Ya con la cerveza ya ni van a sentir dónde van a estar durmiendo”.

Teto Díaz: Nos acostamos así bien cansados, ¿va? Al otro día nos vimos las caras y, “Muchá, ¿qué estamos haciendo aquí?”.

Gabriel Azmitía: Estábamos tirados en las colchonetas, con la ropa y las guitarras a un lado y todos bien desilusionados, “O sea, ¿esta es la vida del músico. Qué duro”.

Teto Díaz: Yo me acuerdo que Gabriel hizo una broma y dijo…

Gabriel Azmitía: “Mejor le hubiera hecho caso a mi mamá, ella siempre me dijo que me hiciera futbolista”. Mi mamá siempre me dijo, ‘Mijo, ¿por qué no te gustó el fútbol? ¿Por qué no fuiste futbolista, mejor, va?’”. Y yo, “Ah, ¿por qué no la escuché?”. En ese momento yo estaba así bien triste, bien desilusionado. “No puede ser, ¿va?, la vida del músico es dura. No es como se ve en las películas. No es como los videos (ríe). Todo ese glamour, ¿dónde está?”.

Narración: Desde entonces El Sargento Pimienta ha lanzado dos discos de estudio, “Tornasol” y “Panorámico sur”. Pero para hacerlo tuvieron que salir del Oriente del país. En la capital encontraron un público que consume su música, que paga por ir a verlos. Encontraron también una disquera: Bajo Presión Records. Estudios de grabación, productores, festivales. ¿Es esta la regla y no la excepción para los artistas, en Guatemala? Tal vez no. La experiencia del poeta garífuna Wingston González fue completamente diferente a la de Max y los Sargento Pimienta.

Wingston González: Siempre ha estado muy disponible en el sentido de que, pues, como soy garífuna y crecí entre los garífunas, pues hay una serie de festividades, de festivales, de tradiciones, de formas de entender el mundo que se traducen en eventos culturales al uso, ¿va, vos? Encontrás pues expresiones culturales de todo tipo, desde música y recitación en los velorios, en las fiestas comunales, en las fiestas religiosas, incluso, tanto de la iglesia católica, como de la iglesia (…) perdón como de la cosmovisión garífuna, de las ceremonias garífunas, como el chugú.

Narración: Wingston González nació en Livingston, Izabal, hace 34 años. Tiene la misma edad que Max Laynez, de Quiché. Pero su experiencia con el arte y la cultura fue diferente. Wingston explica que él consumió indiscriminadamente todo lo que tenía enfrente. Radionovelas eslovenas, relatos del escritor portugués José Saramago, Public Enemy, Ray Charles, heavy metal y claro, toda expresión cultural garífuna. ¿Es esta la clave?

Wingston González: De hecho la escena musical livingsteña, es una escena musical potentísima. Y que hay conciertos, hay bailes típicos, hay eventos deportivos, hay eventos escolares, en las que toda la comunidad de artistas (…)y de que van desde cantantes de covers de pop hasta cantantes de dancehall, de afrobeat, de puntarock, de parranda, que es un género poético musical garífuna (…)

***Pausa Radio Ocote***

Narración: Livingston es un municipio ubicado al nor-oriente del país, en el departamento de Izabal. El lugar colinda con la Bahía de Amatique, con el Oceano Atlántico. Viven ahí, según el último censo realizado en el 2018, 18 mil personas, en su mayoría garífunas, descendientes de personas africanas y caribeñas. Antes del corte Wingston contaba de las expresiones culturales y artísticas disponibles allá. Habló de música, como la que escuchan, del cantautor Aurelio Martínez. Habló de discotecas al lado de la playa. Pero hay más. Mucho más.

Wingston González: Ahora, en cuanto a la literatura que me preguntabas (…) pues Livingston cuenta (…) en mi tiempo, contaba con una sola biblioteca que era la biblioteca de la parroquia y era, pues, la biblioteca donde asistíamos los estudiantes a hacer nuestras tareas cuando no había internet. Me encontré (…) ahí fue donde descubrí la poesía, leyendo a Espronceda en una Enciclopedia Juvenil Jackson.

Narración: Wingston pasó días en la biblioteca leyendo. Ahí encontró revistas Life, novelas policiacas, libros de autores del Boom, antropología guatemalteca. Nos recuerda a Augusto Monterroso, quien dijo, “Era una biblioteca tan pobre que sólo tenía libros buenos”. Y esa variedad se extendía también a la televisión.   

Wingston González: Y pues el cable aparte de los canales típicos, ¿no? Canal de las Estrellas, Univisión y demás, me (…) ponía a veces canales muy raros.

Narración: Canales españoles, el XHGC de México, canales científicos, radios rusas, eslovenas, dice. Wingstón creció escuchando radio novelas cubanas, en la televisión. Los servicios de cable que llegaban a Livingston, a la casa de Wingston, no eran los tradicionales. No eran “autorizados”. Eran compañías particulares que interceptaban la señal de las emisoras y retransmitían los canales a los hogares afiliados. Por eso, a veces los canales duraban una o dos semanas y desaparecían. Cuenta, por ejemplo, que allá no llegó el MTV, sino el BET, el Black Entertainment Television, un canal de hip hop.

Wingston González: Estaba incluido claramente por el hecho de que (…) de que era para la construcción de una cultura negra y por (…) y seguramente por la gran cantidad de livingsteños que viven en Nueva York, ¿no?

Narración: Además del reggae y el afrobeat, Wingston creció escuchando rap. Y explica…

Wingston González: El rock en Livingston nunca pegó. Yo me enteré del rock estando en San Marcos, por ejemplo, ¿no?

Narración: San Marcos, dice Wingston. A los 14 años, cuando terminó los básicos, Wingston fue forzado a emigrar para hacer el bachillerato. En ese entonces no estaba disponible en Livingston. Algunos se fueron Chiquimula, otros a Jalapa, a Petén. Wingston recibió una beca para estudiar en San Marcos. Le pregunto sobre la disponibilidad de cultura allá.

Wingston González: Fue más todavía porque no solo tenía acceso a la biblioteca del pueblo, que ya se me había acabado un poquito, sino que tuve acceso a librerías, como la Librería Marquense. Tenía acceso también a la biblioteca del colegio, que era bastante basta y (…) ya pude empezar a comprar mis propios libros.

Narración: Fue el voraz e indiscriminado apetito por la lectura de Wingston que lo llevó a disfrutar cualquier libro. A encontrar oportunidad en los rincones más inesperados. Por eso dice que:

Wingston González: Los espacios de cultura y de lectura y de literatura siempre están, es una cosa que he descubierto viviendo en muchos lugares ¿no? Siempre están. Y el acceso siempre está abierto. Incluso en los pueblos más pequeños de San Marcos (…) o de cualquier aldea de Guatemala, hay un espacio donde hay una biblioteca a la que muy poca gente va. Entonces si los buscás, terminás encontrándolos. Yo me los terminé encontrando en Livingston, en San Marcos, en Comitancillo, en (…) en San José Ojetenam (un pueblo en el altiplano de San Marcos), en Tacaná hay una biblioteca bastante buena, ¿no? Ahí tienen una colección de poesía guatemalteca de los ochentas súper interesante y eso que solo fui como dos veces a verla.

Narración: En San Marcos, Wingston formó parte de una nutrida comunidad literaria.

Wingston González: Nosotros con mis amigos que estábamos en aquel tiempo muy aburridos pues formamos espacios para no aburrirnos, ¿no?(ríe).

Narración: La Tertulia Poética con escritores como Rodolfo Luis López, Carmen Reina y Marta Cristales. Compartió además con escritores como Elisa Ángel y Jeremías de León. Y en el 2005, mientras aún vivía en San Marcos, Wingston publicó su primer libro, Los magos del crepúsculo (y blues otra vez) con la Editorial Cultura. Fue hasta el 2011 cuando se mudó a la capital y fue para vivir con su pareja. Es cierto que el caso de Wingston es diferente al de El Sargento Pimienta. Al de un grupo de rock que necesita un circuito de lugares e interactuar con su público para avanzar su carrera. La literatura parece más sencilla, en ese aspecto. Esa autogestión es ya una tradición en el país. Desde Grupo Nuevo Signo, en los años sesenta. Editorial X, Magna Terra y F&G Editores en los años noventa. Catafixia en los dosmil. La verdadera fuerza editorial en Guatemala proviene de las editoriales independientes. La última vez que una editorial comercial operó en Guatemala fue en el 2015. Hablo de Alfaguara, la cual dejó el país ese año después de más de dos décadas de labor y tras publicar a autores guatemaltecos como Marco Antonio Flores y Eduardo Halfon. En el 2016 Editorial Santillana, la editorial que trajo Alfaguara a Guatemala, lanzó su sello loqueleo. Sin embargo, se enfoca en literatura infantil y juvenil. ¿Qué pasa con los poetas, con los ensayistas, con los novelistas? Van a Editorial Cultura, que opera con fondos públicos, a alguna de las editoriales independientes que acabo de mencionar, se auto publican o, incluso, inician su propio sello editorial.

Miriam Ochoa: Pues nosotros trabajamos libros de manera muy sencilla en el sentido que todo lo hacemos en la casa.

Narración: Ella es Miriam Ochoa, poeta y maestra de educación primaria. Miriam colabora con la Pequeña Ostuncalco Editorial. La Editorial POE, en Quetzaltenango y que ha publicado a autores como Daniel Caño y Carmen Tocay Gómez.

Miriam Ochoa: Se trabajan libros de poesía especialmente. Nos enfocamos principalmente en publicar autores mayas y los autores mayas de los pueblos y traducimos los textos a los idiomas mayas, al mam, que es el idioma que se habla acá, al quiché, al jakalteco, es la última publicación y siempre estamos como que buscando. Ahorita lo más reciente que tenemos es haber organizado varios certámenes de micros, de poesía en video y lo más (…) que ya cerró, pero estamos trabajando, es una residencia artística para un escritor que (…) pues mandaron sus (…) hicieron convocatoria y pues el ganador va a estar una residencia artística en la comunidad y el resultado va a ser un poemario.

Narración: Para Miriam, la entrada a la poesía fue a través de Otto René Castillo. Una maestra le regaló una copia de “Vamos patria a caminar”. “Fue mi primer libro de poesía”, dice Miriam. Pero lo que realmente la marco fue el poder conocer y compartir con poetas guatemaltecos, gracias a la gestión del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Otro movimiento literario independiente, que inició en el 2001 y dirige el también poeta Marvin García.

Miriam Ochoa: Por ejemplo, Carmen Lucía, digamos, que eran parte de la organización o Julio Serrano o incluso Daniel Matul que es de Costa Rica, pero siempre venía al festival. Ya más adelante, comenzamos a escuchar a Sabino Esteban. Recuerdo una poeta de la capital que se llama Vanesa Ramos que su poesía muy feminista.

Narración: En una entrevista Marvin declaró que desde el principio quiso que el festival rompiera la idea de que la poesía y la literatura es para la élite. “Queríamos presentarla a todo el público”, dijo. Eso se traduce en lecturas, sí, en librerías y centros culturales. Pero también en escuelas, colegios, institutos. En la calle. En el 2017, por ejemplo, Miriam leyó su poesía en la Comisaría 41 de la Policía Nacional Civil de Quetzaltenango. Es esta cercanía la que inspiró a Miriam, la que, acaso, inspira cada año a cientos de jóvenes en Quetzaltenango. Allá donde, hoy, vibra y se multiplica uno de los movimientos literarios más relevantes del país.

Miriam Ochoa: La última FILGUA había, por lo menos, de Xela, si no estoy mal seis o cinco editoriales en FILGUA. O sea, en el contexto que vivimos, para mi es algo que se tiene que sobresalir, porque sí se trabaja mucho y se hace un gran esfuerzo (…).

Daniela Barrios: Usualmente tocamos en un lugar que se llama Casa de Artistas Chocoyos, en Casa Kiwi, que es una terraza; también hemos tocado en estadios de fútbol.

Narración: Ella es Daniela Barrios, la vocalista de Glass Collective, también de Quetzaltenango.

Tavo Salazar: Hay como cuatro lugares nada más, aquí en Xela solo hay cuatro lugares. Casa Kiwi, La Terraza, antes estaba Leyendas, pero se quemó. Nativos.

Narración: Y él es Tavo Salazar, el guitarrista y uno de los miembros fundadores de Glass Collective. Es, además, productor audiovisual.

Tavo Salazar: Yo siento de que como es pequeño, si hacés un evento en determinado lugar, la gente va porque no hay tantas actividades tampoco y como es pequeño, suponete, “El sábado va a tocar Wacha”, entonces mucha gente va, “El Gordo va a tocar el viernes, el jueves toca otro”. Y eso es lo bonito que como es pequeño, la gente va y se llenan los lugares.

Narración: La banda comenzó en el 2015 y desde entonces tuvo acceso a un pequeño, pero concurrido circuito de bares y lugares donde tocar. Esto existe desde principios de los dosmil, cuenta Tavo, quien entonces tenía 15 años y estaba en una banda de covers. Ahora tiene 25 y conforma una de las bandas de más rápido ascenso en el país. El año pasado, a pesar de la pandemia, a pesar de haber cancelado una gira que los llevaría a varios puntos del país, Glass Collective sumó cientos de nuevos seguidores gracias al apoyo de Tigo.

Daniela Barrios: Ala Tigo nos ha servido bastante para expandir nuestra música. Principalmente porque, pues obviamente es una red de telecomunicaciones, ellos pueden como que pagar las pautas y entonces la publicidad como viral, el marketing viral le llegó casi a media Guate.

Narración: A principios del año pasado, Tigo lanzó el concurso Tigo Sounds. El concurso ofrecía, al ganador, la producción de un EP, asesoría de expertos y que su música la escucharan miles de personas a través de la plataforma de Tigo. Participaron más de 150 bandas. Glass Collective resultó la ganadora y a la fecha que fue realizado este podcast, el video que grabaron con el apoyo de Tigo, supera las 85 mil vistas. Esto, inevitablemente, motiva la pregunta, ¿es necesario que una banda guatemalteca reciba el apoyo de una marca para prosperar? Recordemos, las bandas que van a Jutiapa, según cuentan los Sargento Pimienta, son, precisamente, aquellas que tienen el patrocinio de marcas.

Tavo Salazar: Creo que cuando una marca apoya a cierto proyecto es un poco más creíble. Pero no es casualidad que estemos ahí sino lo hemos buscado y nos ha ayudado a tener credibilidad y en el sentido de una ventana.

Daniela Barrios: Definitivamente no nos gustaría vendernos a lo comercial, regalarnos, porque nos gusta hacer lo que hacemos.Creo que lo más (…) realmente la gente de Xela nos ha apoyado bastante. Sí han estado como bastante pendientes, pero creo que algo difícil es que nuestra música de por sí no es muy comercial.

Narración: Daniela señala algo importante. Glass Collective toca una mezcla entre disco, funk y pop. ¿Hay un nicho para estos géneros en Guatemala? Uno muy pequeño quizás. Pero como también mencionó, no quieren venderse a lo comercial. Sobre tener éxito Tavo dice:

Tavo Salazar: Pienso que se requieren dos cosas. Seguir produciendo música y videos, y una propuesta diferente y luego con ese material irnos a otro país. Pero el objetivo es que, si lo logramos en Guate, pienso que lo podemos lograr en otro lado. Entonces es como lograr llegar a otras fronteras y sí, claro, tocar y todo, pero irnos con material.

Narración: Para quienes conocen a Glass Collective saben que Daniela es su miembro más reciente. Ella se unió al grupo en el 2019. Antes escribían canciones instrumentales. Antes, Daniela pensaba que dedicarse al arte era imposible.

Daniela Barrios “Bueno, yo lo que voy a seguir es medicina”, y así, lo que creo que la mayoría pensamos al salir del cole. Justo me metí a la banda.Creo que sí definitivamente no pude evitar enamorarme de eso. Entonces fue un (…) todo un año de pláticas, de pensarlo, de analizarlo y hoy te puedo decir que sí, ya, es una decisión concreta.

Narración: Este es un sentimiento que comparten muchos de los otros entrevistados. Max de Quiché, quien tiene su propio estudio de grabación y actualmente trabaja con la cineasta estadounidense Jasmine Murell, estudió ingeniería civil. Gabriel Azmitía, además de músico, es maestro. Y Teto Díaz, guitarrista de El Sargento Pimienta, tiene una licenciatura en mecánica automotriz. Consideraron y, de alguna forma, ejercen otras carreras. El poeta livingsteño ofrece un importante e incisivo análisis sobre las oportunidades para los artistas en Guatemala.

Wingston González: Sabiéndola buscar, encontrás escena vibrante en (…) por lo menos en las cabeceras, ¿no? Que ahí están. Y si no, toca hacerlas. Seguramente hay tres o cuatro locos, igual que uno, que también tienen ganas de hacer las cosas. Bueno no es que si uno busca va a encontrar instituciones, grandes instituciones abiertas, no, tampoco. No permite que haya un mercado mayor. Y por el lado de las instituciones ya no digamos. Sin embargo, cuando decía que si buscás encontrás, encontrás aliados. Y encontrás, otra vez, gente que está dispuesta a sentarse con vos a ayudarte y a decir, “Bueno, hagamos locuras, porque me interesa tanto como a vos”. Y es lo que te decía, que, si no hay, lo terminás armando vos.


Créditos

Investigación: Alejandro García
Guión: Alejandro García
Edición de guion: Alejandra Gutiérrez Valdizán
Locución: Alejandro García
Montaje y diseño sonoro: José Monterroso
Ilustración: Maritza Ponciano
Música: Juancarlos Barrios

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