Después de las tormentas

Doble carga de malnutrición, de las deficiencias a los excesos.
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La desnutrición y la obesidad son dos rostros de una misma crisis. Los problemas de nutrición en Guatemala son uno de los puntos más vulnerables de la sociedad. No es nada más un problema estructural, es la vida de personas, y un círculo de pobreza y exclusión.


La transición epidemiológica-nutricional en Guatemala, no responde necesariamente a un proceso en donde la histórica desnutrición crónica se reduzca de manera significativa y superemos finalmente el círculo de hambre-pobreza-exclusión. Por el contrario, no hemos aún superado la desnutrición y ya sumamos otro efecto de los ambientes no adecuados que influyen en la alimentación y el estilo de vida: el sobrepeso y la obesidad.

Al parecer los problemas nutricionales en Guatemala, saben coexistir, de tal manera que pueden habitar en la misma persona en distintas etapas de la vida. Una persona que padeció desnutrición crónica en la infancia, puede presentar sobrepeso u obesidad en la edad adulta. Asimismo, en un hogar, pueden pueden coexistir niños o adolescentes desnutridos, con adultos obesos. Los efectos de la malnutrición, son tangibles de manera económica: reducen la productividad, incrementan la morbilidad, afectan individuos, hogares y países.

La Organización Mundial de la Salud define la malnutrición como las carencias, los excesos o los desequilibrios de la ingesta de nutrientes de una persona. Los efectos de la malnutrición en el organismo comprenden dos grupos de afecciones: por deficiencias, la desnutrición y por excesos, el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles.

El primer grupo, el de la desnutrición, es el asociado a la deficiencia en la ingesta de nutrientes que provienen de los alimentos, son provocados por una ingesta insuficiente, por poca variedad de alimentos, por condiciones sanitarias deficientes o por un mal aprovechamiento en el organismo de los nutrientes ingeridos.  Estas deficiencias como resultado nos dan una serie de afecciones que se manifiestan principalmente en las poblaciones vulnerables: niños menores de cinco años, mujeres embarazadas y mujeres en edad fértil. Entre ellas, el retraso de crecimiento, que es una estatura inferior a la que corresponde a la edad; la emaciación o delgadez, que es un peso deficiente para la estatura; y la carencia especifica de nutrientes esenciales como el hierro, ácido fólico y zinc conocida también como el hambre oculta, entre otras.

En el segundo grupo de afecciones asociadas al exceso en la ingesta, encontramos el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con el régimen alimentario. Dentro de este grupo de enfermedades se incluye diabetes, cánceres, accidentes cerebro vasculares y cardiopatías. Cabe resaltar, que la evidencia apunta a que los excesos en la ingesta, la mala selección de los alimentos y el sedentarismo, son las causas principales del sobrepeso y la obesidad, sin embargo los orígenes de éstos, lejos de un enfoque individualista son resultado de los denominados ambientes obesogénicos, que por definición son un conjunto de factores ambientales y sociales a los que un individuo está expuesto y que son motivo para que gane peso corporal hasta rebasar el límite ideal que le garantice un buen estado de salud.

La doble carga de malnutrición implica una coexistencia de altas prevalencias de las afecciones ya descritas. Según UNICEF, OMS y LANCET los criterios para clasificar un país con una doble carga de malnutrición comprende que, a nivel poblacional existan en el grupo de deficiencias, una desnutrición aguda (emaciación) mayor al 15%, un retraso del crecimiento (desnutrición crónica) mayor al 30%, o delgadez en mujeres mayor al 20 %, y que en el grupo de excesos exista una prevalencia de sobrepeso mayor al 20% en niños o mujeres. Guatemala cumple con los criterios, al presentar una prevalencia de obesidad en mujeres de 56.6%, y prevalencia de retardo de crecimiento en niños menores de cinco años de 46.7% (Batis C, Mazariegos M. et.al). Por lo tanto, nos enfrentamos a un coste económico y social de gran magnitud.

Un análisis de la situación de la doble carga de malnutrición en Guatemala y los efectos económicos que representan para el país realizado por PMA-CEPAL-INCAP y un Comité asesor integrado por diversas instituciones, concluyó que la desnutrición, el sobrepeso y la obesidad en el 2018 tuvieron un costo de USD12,034 millones, lo cual representa el 16.3% del PIB. Las consecuencias estimadas a futuro proyectan que el ausentismo laboral aumentará 80% en los próximos 25 a 30 años por enfermedades asociadas a sobrepeso y obesidad, si no tomamos acciones inmediatas.

Las políticas en favor de la salud deben traducirse en acciones concretas, efectivas y sustentadas por la evidencia científica. Nos encontramos en el momento oportuno de realizar los cambios que nos permitan mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos, las intervenciones educativas, el mejoramiento de los ambientes, la información a los consumidores, la salud mental, en general las políticas integrales que procuran el bienestar de la población son la vía. Los costos económicos son evidentes, sin embargo el consenso debe venir de todos los sectores, no únicamente del Estado.

¿Cuándo el capital humano será la prioridad?

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*Kimberly Corado, nutricionista egresada de la Universidad de San Carlos, trabaja en Salud Pública y como activista en causas relacionadas con la Seguridad Alimentaria Nutricional.


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