Hace 11 años, en las elecciones guatemaltecas de 2015 —aquellas que ganó Jimmy Morales— Sandra Torres, que buscaba la presidencia por la UNE, remataba algunos de sus tuits de una …
Hace 11 años, en las elecciones guatemaltecas de 2015 —aquellas que ganó Jimmy Morales— Sandra Torres, que buscaba la presidencia por la UNE, remataba algunos de sus tuits de una manera muy específica y bastante rompedora para un electorado conservador. Un emoji con la bandera arcoiris y un hashtag reconocible en la defensa de los derechos LGBTIQ+: #LoveWins.
No los busques en X (en aquel entonces Twitter) porque no los vas a encontrar. Sorpresa, hace años borró cualquier vestigio de aquel espíritu incluyente. Pero quien guarda siempre encuentra y por aquí somos muy fans de la hemeroteca digital:

Cuatro años después, Sandra Torres cambió la estrategia radicalmente. Dio un timonazo al horizonte conservador en su campaña. Se pronunció a favor de leyes antiderechos y dejó clara su postura contra la educación integral en sexualidad y contra el matrimonio entre personas del mismo sexo —«Como Dios lo instituyó, que es la base de la nación»—.
#LoveWins, pero el que a mí me parece, y de acuerdo a mis necesidades.
Elecciones 2027: el discurso conservador que asoma
Menciono a Sandra Torres —porque es especialmente burdo cómo se subió de una campaña a otra a la narrativa conservadora y al discurso de odio para arañar votos y apoyos de sectores claves— pero podríamos hablar de decenas de candidatos a la presidencia, al Congreso o a las alcaldías que encuentran réditos en el discurso de la exclusión y del odio desde hace años.
En las elecciones de 2019, 15 binomios presidenciales firmaron la «Declaración vida y familia» en la que se comprometieron a «defender a la familia y al matrimonio tradicional». Zury Ríos enarbolaba el «no al aborto» y Lucrecia Palomo desinformaba sobre la orientación sexual de las personas. En 2023 la situación no mejoró.
Ahora, el mapa político de las elecciones de 2027 ya se empieza a trazar y, por lo que ya se intuye, lo más seguro es que estos comicios se sigan escorando hacia un pensamiento de extrema derecha y conservador. Lo vimos estas últimas semanas,con el concejo municipal de Antigua Guatemala —con Juan Manuel Asturias a la cabeza— que intentó prohibir la marcha del orgullo LGBTIQ+. Una amenaza que no banalizamos: es un rasgo autoritario que trata de borrar de un golpe derechos constitucionales básicos.
Nos preparamos para ver variedad de campañas en nombre de Dios que articulan, además de mucha desinformación, y paradójicamente, mucho discurso de odio.
Las afectadas no son sólo las personas de una orientación sexual o identidad de género específica —que también y mucho—. Estas narrativas y políticas tienen un riesgo para la democracia y para los derechos humanos que ya estamos viendo en otros países de América Latina.
De nuestra parte, seguiremos cubriendo, verificando e investigando como hemos hecho desde hace más de siete años, qué dicen estos discursos, quiénes están detrás y qué intereses tienen. Los próximos meses vienen especialmente intensos y sabemos que lo que está en juego va a necesitar de mucho periodismo.





