Rebeca Lane: «El sistema se beneficia si nos sentimos aisladas, sin esperanza o espacio para la ternura»

Rebeca Lane es reconocida como una pionera del hip hop feminista en Guatemala. Las letras de sus canciones se corean más allá de los conciertos y acompañan expresiones de lucha social por los derechos de las mujeres y de las niñas en la región. En abril, junto a la cantante, compositora y psicóloga argentina Miss Bolivia conmemoraron 13 años del lanzamiento de Libre, atrevida y loca.

Rebeca Lane ahora es madre. Ese rol, junto a la creación artística como rapera, poeta y gestora cultural, conforman una parte  fundamental de su vida. «La maternidad y la creación …

Rebeca Lane
Christian Gutiérrez

Rebeca Lane ahora es madre. Ese rol, junto a la creación artística como rapera, poeta y gestora cultural, conforman una parte  fundamental de su vida. «La maternidad y la creación lo ocupan todo», afirma.

Lane nació en Guatemala en 1984 y también es activista por los derechos humanos, el feminismo y la memoria histórica. En abril reciente,  junto a la cantante, compositora y psicóloga argentina Miss Bolivia conmemoraron 13 años del lanzamiento de las icónicas frases «Libre la que ríe, la que gime, la que grita, la que baila, la que goza, la que explota»

Los fragmentos conforman la canción Libre, atrevida y loca y se han convertido en un referente de la música y movimientos feminista en América Latina.

Mientras la pequeña hija de Rebeca Lane descubre las instalaciones de Agencia Ocote, ella conversa sobre el presente, el futuro, su trayectoria artística y la importancia de preservar la ternura en un país donde según datos oficiales, se sigue responsabilizando a las mujeres por no denunciar la violencia machista, cuando existe una serie de barreras de acceso a la justicia y dinámicas de violencia estructural en su contra.

La industria musical es voraz sobre el tiempo fuera de foco o el que se dedica a la familia. ¿Cómo has redefinido desde tu maternidad las dinámicas de una industria que te exige disponibilidad absoluta?

Es bien difícil lograr combinar estas dos facetas. En general, para las mujeres siempre está la frase «tenemos que trabajar como si no maternáramos y maternar como si no trabajáramos». 

En la industria musical mientras tu maternidad interfiera menos con tu carrera, es lo mejor. Desde los medios glorifican que a los cinco meses postparto algunas artistas ya están bailando o de gira. A mí me costaba cantar, bailar. 

A los cinco meses, mis músculos todavía no estaban en su lugar y mi hija dependía mucho del pecho. El primer año y medio, ella estaba en todos los backstage. Si no le daba leche materna, se me rebalsaba, tenía que estar con sacaleches o arreglando cómo dejarle antes de irme.

Estoy consciente que, a pesar de todo, también estoy en una situación de privilegio respecto a muchas mamás que en el mundo laboral no tienen la posibilidad de poder empatar su maternidad, tomando en cuenta también los casos donde existe ausencia de los papás.

Las actividades de cuidado y de crianza, usualmente siempre están delegadas a las mujeres.

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Rebeca Lane. Fotografía Christian Gutiérrez

En el tema de cuidados ¿Qué crees que debería cambiar o mejorar para que desde los centros culturales hasta la sociedad, se propicien espacios seguros y habitables para artistas y público general?

Lo primero es que deberían ser espacios libres de alcohol. Esto permite que los eventos sean en horarios amplios y que puedan entrar todas las edades. Creo que tenemos demasiado normalizado que los patrocinios o que el consumo en espacios culturales y artísticos sea a través del alcohol. 

Eso es un problema en el mundo, particularmente en Guatemala, donde cervecerías o licoreras son los patrocinadores más grandes.

En el primer festival feminista al que yo fui en Chile, mi nena tenía 5 meses. Me quedé impactada porque tenían espacio de cuidado para infancias. Había dos o tres chicas que tenían agrupados a los niños por edades y estaban haciendo actividades con ellos mientras las mamás podían participar. 

Algunos encuentros de mujeres zapatistas también tienen su espacio de cuidados. Eso me abrió la mente.

En cuidados también importan otros temas, como la accesibilidad de personas que usan silla de ruedas, que se le quebró el pie, personas mayores, o con otro tipo de necesidades. 

Socialmente, el entretenimiento está pensado en un solo tipo de cuerpo. 

En un país como Guatemala sin leyes claras sobre la protección al artista, ¿cómo defiendes tus derechos laborales?

Cuando se viene desde la precariedad de nuestros sistemas culturales, tampoco hay mucha noción de cuáles son las cosas básicas a las que debiéramos aspirar cuando nos estamos dedicando al arte.

Por ejemplo, ahora estoy produciendo un evento con un artista internacional y es impactante la cantidad de permisos, lugares a los que hay que notificar y personas a pagar para que un evento pueda suceder. 

Como artista no percibo esos beneficios sobre lo que estoy pagando para sacar adelante el evento.

No existe un marco regulatorio que vea diferencias. No hay políticas públicas para separar cuando hay productoras o artistas que son independientes versus productoras que tienen millones de capital.

También pasa que, si como artista independiente querés lanzar una canción y no tenés 5 mil quetzales para pagarle a alguien que te haga ese trabajo -de medios de comunicación- no hay formas accesibles para acceder a esos medios y que te pasen tu canción.

Y respecto a la censura, ¿En algún momento te llegaste a sentir silenciada, por tu cuenta o por otros, al abordar alguno de los temas que recitas en tus canciones?

Lamentablemente el único lugar en el que me han pedido mi lista de canciones y después me han dicho cuáles puedo tocar y no, han sido espacios de aliados de organizaciones de derechos humanos. 

Pasó en Alemania también. Por una canción que habla de la menstruación, pero el espacio de la presentación era «más queer» y el tema podía ser incómodo.

Pero no es la norma y no es equiparable de ninguna forma con la censura estructural. 

En Guatemala, si elegiste ser este tipo de artista, no te invitan a festivales, no vas a tener patrocinios, no sos una artista «chapina». El concepto «identidad chapina» fue construido para marcas e inversores como Banco Industrial o cerveza Gallo.

A mí la «chapinidad» me parece una identidad construida sobre el racismo y el exterminio. En los años 80 si cantabas lo que pensabas y estabas en contra del sistema, te suprimían o te mandaban al exilio. Ahora nadie invierte en ti.

También hay casos en Europa o Estados Unidos donde se implementan mecanismos muy sofisticados de censura para armar casos judiciales contra artistas, entre ellos el caso de Pablo Hasél

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Fotografía: Christian Gutiérrez

En un mundo cuesta arriba, donde hablar de derechos humanos, derechos de las niñas o de las mujeres pareciera que solo se pueda hacer desde una postura defensiva ¿Qué lugar ocupa en ti la ternura? 

Para mí la ternura es un lugar que hay que proteger. Yo noto la diferencia entre cómo una canción que nace de la rabia tiene mejor posicionamiento que una que habla desde la ternura.

La rabia y el enojo son emociones muy fuertes, como un fuego. Cuando hablamos de la ternura o de la esperanza, también son fuegos pero que tenés que sostener en el tiempo. Es el fuego de una hoguera que tiene que calentar un hogar, le vas poniendo tu maderita poquito a poco.

Creo que eso habla mucho de cómo estamos como sociedad en general. Tal vez no tenemos mucha perspectiva a futuro, estamos pensando de aquí a uno, tres o seis meses. 

Nos cuesta pensar en términos de cuidados a largo plazo, esos que se sostienen sobre el amor, la ternura y estar pendientes unos de otros. 

Es una postura que también va en contra del capitalismo, que se beneficia de que no tengamos redes, que estemos aisladas, para que podamos suplir nuestras necesidades afectivas a través del consumo.

El sistema se beneficia mucho si nos sentimos aisladas, sin esperanza o espacio para la ternura. 


Texto: Con información de María Fernanda Antón

Edición: Lourdes Alvarez Najera

Fotografías: Christian Gutiérrez

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