Marvin De Paz se mudó a la aldea Pasabien, Zacapa, en los años noventa. Aunque nació en la cabecera municipal, migró «por amor» después de casarse. Desde que alcanzó la …
Marvin De Paz se mudó a la aldea Pasabien, Zacapa, en los años noventa. Aunque nació en la cabecera municipal, migró «por amor» después de casarse.
Desde que alcanzó la mayoría de edad, De Paz se dedicó a la agricultura. Trabajó en la producción de bananos en la Costa Sur. También jugó fútbol en un equipo de tercera división.
Ahora, a sus 53 años, conduce un mototaxi. Complementa sus ingresos con la venta de limones, plátanos y otros productos que cosecha en una parcela que arrienda al Estado.

Esta se ubica frente al río Pasabien, que desciende de las montañas de la Sierra de las Minas, una cadena montañosa de 240,537 hectáreas en el noreste del país.
En 1990, la Reserva de Biósfera Sierra de las Minas (RBSM) fue declarada área protegida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Es coadministrada por la Fundación Defensores de la Naturaleza (FDN) y por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap).
La parcela también se encuentra a unos 200 metros de la entrada a la hidroeléctrica Pasabien.
Un proyecto manchado por el conflicto
La hidroeléctrica fue fundada en 1993 dentro de la zona de amortiguamiento de la RBSM. En esa época, el panorama de la comunidad era distinto.
«Aquí eran unos subinables (formaciones de arcilla o barro arenoso) los que habían. Todo esto era monte alto», recuerda Rufino González, agricultor de 85 años que también arrienda el terreno estatal.
Décadas atrás el acceso a agua potable era inexistente. Las comunidades (y los agricultores) la obtenían por medio de «tomas de agua», un sistema artesanal de canales que toman el agua necesaria del río y la redirigen hacia las comunidades y parcelas.
Pero este sistema, además de verse dañado por catástrofes naturales, la captación y distribución de agua está comprometida por la represa de la hidroeléctrica.
Las comunidades la acusan de apropiarse el agua e impedir su uso para consumo humano. Además de realizar el desfogue posterior a 11 de las comunidades.
Santa Rosalía Mármol es una de las comunidades en conflicto con la hidroeléctrica. El 29 de julio de 2025, la Policía Nacional Civil (PNC) desalojó a comunitarios que ocupaban una propiedad sobre la cual la empresa asegura tener derecho.
Los vecinos y la municipalidad de Río Hondo aseguran que el terreno no ha tenido un dueño continuo desde 2014 y desde 2017 el Estado también entró al litigio por su tenencia.
El operativo, realizado por orden del Ministerio Público (MP), buscaba facilitar el ingreso de los trabajadores de la hidroeléctrica. Fue acompañado por la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH), que reportó que 200 personas quedaron atrapadas en la comunidad tras un estallido de violencia.
Dos personas y un agente de la PNC fallecieron. La hidroeléctrica acusó a los comunitarios, en un comunicado de prensa, de ser integrantes de un «grupo criminal».
Entre diálogos y más acusaciones
A partir de esto, la diputada distrital Carolina Orellana realizó una mesa técnica interinstitucional para solucionar el conflicto. Involucró a autoridades de instituciones como el Conap, la Procuraduría General de la Nación (PGN) y el Registro General de la Propiedad (RGP).
Las sesiones de dicha mesa técnica revelaron irregularidades sobre el funcionamiento de la hidroeléctrica. Por ejemplo, la municipalidad de Río Hondo asegura que la empresa opera sin una fianza de cumplimiento (requisito legal necesario). Además de hacerlo con un estudio de impacto ambiental que concluyó que no era factible operar.
Cinco meses después del conflicto, la municipalidad de Río Hondo convocó a una consulta municipal donde los vecinos decidirán si autorizan la instalación de proyectos hidroeléctricos. Se realizará el 21 de diciembre.
La alternativa: sistemas agroforestales
En el pasado, agricultores como De Paz y González se dedicaban a producir únicamente maíz y frijol. Estos granos les permitían subsistir junto a sus familias. Sin embargo, en los últimos años, la productividad disminuyó.
«Ya no da nada porque la mancha de asfalto (una enfermedad causada por hongos) ya no deja cargar la milpa. Casi no hay veneno para esa enfermedad», dice González.

Ante esto, y como una manera de combatir la inseguridad alimentaria de la región, la FDN comenzó a promover la conformación de «parcelas biodiversas» en 2020. Se trata de sistemas agroforestales conformados por cultivos anuales (como yuca y maíz), árboles frutales y árboles energéticos (que pueden talarse para leña, sin dañar el bosque).
Iniciaron junto con los productores, con una planificación de finca. Formularon un análisis situacional de la parcela y, a partir de ello, un plan de manejo a cinco años.
El diseño agroforestal utilizado en el terreno se basa en los cuatro puntos cardinales. Al norte y al sur, en los cercos, se siembran árboles frutales, porque crecen más. De esta forma no cubren el sol para el cultivo anual (yuca, frijol, maíz y loroco), ubicado en el centro.
De oriente a poniente, se siembran los árboles bajos o los energéticos, utilizados para leña. Estos pueden talarse tres o cuatro años después de sembrarse.
De Paz tiene sembradas plantas de limón, loroco y tomate. También árboles de mango, aripín y cacao. Al fondo de su parcela cosecha caña.
«A unos 15 metros hacia arriba, va una “toma”, un canal con agua. Entonces (la parcela) es regable», dice Leonel Ramírez, integrante del Consejo Comunitario de Desarrollo (Cocode) de Pasabien.
De la mano de la conservación
La siembra agroforestal ha sido acompañada por procesos de sensibilización con los agricultores. Se les comunicó la importancia de la conservación de la naturaleza dentro de sus parcelas a partir de la incorporación de otras especies.
«No dejar la práctica de trabajar el maíz y el frijol. Pero también una diversidad de especies frutales que pueden tener en diferentes épocas del año», explica Evelyn Mateo, técnico de la FDN.
La implementación de sistemas agroforestales ha permitido contribuir a la biodiversidad del territorio.
«También (combate) la erosión de los suelos. Trabajar diferentes prácticas favorece a la fertilidad de la tierra y la filtración del agua, que no escurra», explica Mateo.

Una iniciativa replicada
En Pasabien, 14 productores tienen parcelas productivas. Esto equivale a dos manzanas de tierra.
Dicho terreno está ubicado frente a la entrada del Balneario Pasabien, un destino turístico natural. Esto facilita la comercialización de sus productos (especialmente, los limones) a las ventas de comida cercanas.
En total, existen 101 hectáreas de sistemas productivos con enfoque agroforestal, acompañados por la FDN en este distrito. La asesoría técnica que les brindan les permite, por ejemplo, identificar plagas y cómo tratarlas.
Implementar sistemas agroforestales impacta de manera positiva en la productividad y rentabilidad del espacio, pues produce más, de manera diversificada y en distintas temporadas del año.
A los productores «les ayuda bastante a la conservación del suelo, a enriquecerlo. Esto les ayudará en su próxima cosecha porque el suelo fertilizado tiene mayor productividad», explica Mateo.
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El proyecto es acompañado por otras iniciativas. En el vecino municipio de Gualán, la FDN también apoya a un grupo de apicultores. También han iniciado un proceso de formación para comercializar aguacate.
La biodiversidad y conservación de la Sierra de las Minas también se beneficia de los sistemas agroforestales.
Cinco años después de iniciar a trabajar de forma diversa su parcela, De Paz se siente «contento», dice.
«Lo que uno siembra, cosecha… Pero hay que sembrar para cosechar», finaliza.






