SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Una mujer lee poemas al aire

Los Acuerdos de paz fueron una marca de tiempo en la década de los 90, algo pasó además del final del conflicto armado. El arte, la juventud, el espíritu de transformación tomaron las calles en esta década y un movimiento de artistas inició un camino que deja huella hasta el presente.

Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo Música: Mabe Fratti Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí: Narrador: En el …


Este es un episodio de podcast. Para escucharlo, dale play al enlace de abajo


Música: Mabe Fratti

Si quieres leer la transcripción de este episodio, la dejamos aquí:


Narrador: En el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala hay un pasadizo elevado sobre la 12 calle que conecta dos alas del edificio de Correos y Telégrafos. Fue diseñado durante la dictadura de Jorge Ubico, a finales de los años 20. 

El puente entre los dos edificios forma un arco que se convirtió en uno de los emblemas arquitectónicos del Centro Histórico de la capital de este país centroamericano. Ese arco también es símbolo de aquella dictadura que realizó tanta obra pública monumental, como acciones represivas en contra  de la población durante 13 años.

En agosto de 1999, a 12 metros de altura, el centro de ese arco sostuvo, a través de arneses y cuerdas de alpinismo, el cuerpo de una joven. Colgada en medio de la calle, la mujer leyó una selección de poemas sobre la violencia de género. 

Vestía un vestido blanco traslúcido. Llevaba los pies descalzos y el cabello largo y suelto.

Abajo los autos reducían la velocidad y las personas se detenían, podemos imaginar que lentamente y viendo hacia arriba. 

La calle intentaba seguir el ritmo de un viernes normal al mediodía, en una zona de tráfico y ruido, pero también de mucha gente, afortunadamente, curiosa. Más y más personas se acercaban a ver y escuchar lo que allí pasaba. Y cada vez se hacía más tráfico. Se corrió la voz. Aparecieron periodistas, cámaras, y un micrófono.

Regina José Galindo: Pues muchos nervios, imagínate tremenda acción de tomar el espacio público, el edificio, lanzarme al aire al vacío. Nosotros intentamos hacer un ensayo el día anterior y yo no me atreví a lanzarme al vacío. Yo dije: lo voy a hacer mañana porque es el performance, pero hoy no lo quiero hacer, y no me atreví. 

Narrador: Esa joven que colgaba del arco era Regina José Galindo, quien se convertiría en una de las artistas más reconocidas del performance latinoamericano. Ese día, el día en el que se atrevió a dar el salto a un vacío sostenido, cumplía 25 años, trabajaba en una agencia de publicidad y para entonces dividía su creatividad entre los copos de la agencia y su poesía.

Hablé con ella en su casa en Sacatepéquez, Guatemala, a finales de mayo de 2023. Acababa de regresar de Corea del Sur, donde había hecho una pieza relacionada con la memoria histórica de aquel país. La memoria, de hecho, es uno de los motivos recurrentes de su trabajo.

El salto de Regina desde el Arco de Correos es uno de los eventos artísticos más recordados de la historia reciente de Guatemala, o debería serlo.

Esta performance fue una de las actividades del Segundo Festival del Centro Histórico en 1999. Los Acuerdo de Paz se habían firmado recién en diciembre del 96, y uno de los resultados trágicos de 36 años de guerra fue el exilio, asesinato o desaparición forzada de un importante número de artistas e intelectuales, el arte había sido uno de los canales en que la sociedad guatemalteca manifestaba las injusticias y abusos de las dictaduras militares. De ahí que luego de un largo camino de terror, las manifestaciones artísticas llegaran contraídas a finales de la década de los 80. Esto hizo que hubieran pocos espacios de expresión, y que las galerías de arte tuvieran un espíritu más decorativo que crítico y sensible.

Guatemala intentaba  reinventarse en la postguerra. Con el punto de partida de unos Acuerdos de Paz, que incluyeron poco las luchas simbólicas y donde el arte no aparece ni una vez nombrado.

Así, surgió un movimiento de artistas jóvenes, que abrieron paso a una forma de entender y vivir la cultura urbana. Trabajo colectivo, juventud organizada, sueños compartidos y acciones para demostrarlo.

Soy Julio Serrano Echeverría, cofundador y coordinador creativo de Ocote y este episodio  es parte de la serie de Radio Ocote podcast, Y, sin embargo, se mueve. En esta entrega, te acompañaré en un recorrido a una década agitada, en la que la esperanza se transformó en acciones en el espacio público que mostrarían la fuerza colectiva del arte.

Regina José Galindo: Al día siguiente me costó durante el performance soltarme. Hay algunas fotos donde yo estoy agarrada de la barandilla. Y alguien me tiene que mover los dedos y soltarme. A mí me dio como un ataque de miedo. Ya cuando estoy con el arnés me doy cuenta que es bastante cómodo y que no pasa nada. Y me siento ya en la libertad de leer los textos que tengo colgando, que yo hago una selección de textos de mi libro ‘Personal e intransmisible’, que tienen que ver con violencia de género. Y el performance se llamaba Lo voy a gritar al viento porque yo quería hablar de cómo la voz de la mujer se seguía perdiendo en el aire. 

Narrador: La performance de Regina José Galindo apareció en varios de los principales medios impresos de entonces, e incluso ocupó la portada de uno de ellos.

Una acción poética ocupaba un espacio privilegiado en los medios de comunicación. Para empezar, ponía sobre la mesa la discusión sobre el uso del espacio público. Hasta ese momento no era común ver intervenciones artísticas contemporáneas en los espacios abiertos de la ciudad. 

También llamaba la atención de los medios de comunicación hacia el arte y la cultura. En este sentido sí había esfuerzos desde el periodismo cultural, casi siempre limitado a una página de las ediciones impresas –en muchos casos compartida con farándula y sociedad– pero este tipo de intervenciones generaba contenidos que podían ocupar espacios importantes fuera de la página de cultura como tal, fotografías de portada, por poner un ejemplo

Regina José Galindo: Y entonces no vas viendo que yo estoy en mi performance bien contenta porque hay mucha gente abajo, el gran relajo, cuando veo que me zampan un micrófono. Y entonces ese micrófono no era mío sino de un medio, pero entonces le perdía por completo la intencionalidad, y me arruinó las fotos, arruinó el momento. Porque en toda la documentación aparece un microfonote gigante, que te da la sensación que yo lo estoy leyendo en voz alta, cuando la intencionalidad de la obra era que la voz se perdiera. 

Narrador: Pero para que aquel momento llegara, para que Regina José pendiera del arco, muchas personas habían estado trabajando. Un año antes de la performance de Regina, y dos años después, de la firma de los Acuerdos de Paz, una generación de artistas, «la generación de la postguerra», como le llamaría la crítica, comenzaría a idear un evento cultural sin precedentes en Guatemala.

José Osorio: Organizar el Festival de la Cultura del Centro Histórico, surge como parte importante un área que se define desde un inicio como Arte Urbano. No podemos definir ahorita un arte urbano como arte urbano. Yo creo que lo que tratamos de hacer realmente es que la gente salga a expresarse, la gente salga a hacer nuevas cosas, que se rompan un poco los espacios tradicionales escénicos y estéticos. Un nuevo lenguaje para la expresión, ya no solamente el que ya conocemos. Que se inventen nuevos lugares, que se busquen lugares, que se usen espacios y que inviten a la demás gente.

Narrador: El audio que acabas de escuchar es parte de una pieza documental audiovisual del cineasta Sergio Valdez Pedroni, Un pensador desde el cine, que ha sido gran influencia para muchos artistas, un personaje esencial en el movimiento artístico de los noventa en Guatemala, el documental al que nos referimos fue filmado en 1998 y puedes buscarlo en Youtube con el título Arte Urbano.

La voz que escuchaste es la de José Osorio, artista visual y gestor cultural que coordinó la producción de las primeras dos ediciones de la sección Arte Urbano del Festival Cultural. 

Sus palabras sintetizan el espíritu de aquel primer evento, que representaba una irrupción de la juventud en ideas, formatos, géneros y visiones que un espacio como la Ciudad de Guatemala no había visto hasta entonces. 

En 1998, el centro histórico de la ciudad de Guatemala era un espacio muy distinto  al que vemos ahora, 25 años después.

Actualmente algunas partes del centro histórico se han adaptado a vías peatonales y mercados para el comercio, pero en aquel 98, la zona 1 tenía mucha más presencia de comercio en las calles, tiendas antiguas, oficinas públicas y otro nivel de caos vehicular. 

Imaginar que durante varios días artistas hicieran obras de teatro en buses, coreografías en atrios de iglesias, lecturas de poesía en calles y bares y murales sobre largos metros de láminas, no era algo a lo que la ciudadanía estuviera acostumbrada.

Narrador: En el parque Concordia, sobre la Sexta Avenida de la zona 1, una joven pinta un mural. 

Yasmin Hage, tiene apenas 22 años. Su obra se convertiría tiempo después en un referente clave del arte contemporáneo del siglo XXI en Guatemala. Entonces, en agosto de 1998, Yasmin pintaba en acrílico sobre una lámina acompañada de otros artistas que compartían las paredes, la pintura y las ideas. Esta es ella, en el documental de Sergio Valdez:

Jazmin Hage: Yo creo que cuando es una presentación pública, de plano tiene que tener una agenda política, o algo, no puede ser solo el arte ese para la búsqueda del yo o algo así. Tiene que llegar un poquito más lejos. Por eso escogí este dibujo, porque quería hablarle a las mujeres con este dibujo. La idea es que una mujer sea una mujer cotidiana y la otra sea una musa, que es una mujer que vive solamente en los cuadros, en la pintura, y otra que vive afuera, en la vida real.

José Osorio: Somos hijos de esa represión que vivió la guerra, digamos. Hijos de la doble moral de la iglesia, hijos de la censura que se vivió en los años 80, de la campaña contra la inteligencia. Mi madre tuvo que esconder libros. 

Narrador: Veinticinco años después de aquella primera edición del festival, José Osorio a quien escuchabas en el documental de Valdez Pedroni, abrió y consolidó varios espacios de gestión durante las primeras décadas de este siglo. El ejemplo más notorio fue Caja Lúdica, un espacio de formación y creación artística para jóvenes que marcó la vida de cientos de personas en poblaciones y barrios populares de Guatemala.

Ahora, nos habla  desde Francia, donde vive desde hace más de una década . 

José Osorio: La firma de la paz y los acuerdos de paz no toman en cuenta el arte y la cultura. No hay ninguna mesa, ningún código, ningún decálogo de los procesos de política de transición que se implementaron ahí. Ni siquiera del programa de resarcimiento. No hay nada que refiera al arte y la cultura, de la necesidad del arte y la cultura en un proceso de reconciliación y de resarcimiento a una sociedad que había sido afectada después de una guerra de 36 años.

Como todo, la firma de la paz, aunque podamos ver retrospectivamente ahora, y sus valoraciones críticas, representaba por un momento una primavera, era un momento donde se convocaba a las ideas, era un momento en donde sentíamos que las ideas tenían mucho sentido.

Narrador: Y efectivamente, varios de los artistas que participaron de aquel evento en la Ciudad de Guatemala, tenían algún tipo de conexión con la guerra. Habían vivido en el exilio, eran hijas e hijos de excombatientes de la guerrilla o del ejército o la policía… Y, hay que decirlo, ninguna persona de Guatemala, ha salido indemne de la guerra. La memoria de esos 36 años incluía para la gran mayoría de estos artistas, haber nacido justo en el corazón de esa larga noche oscura.

Para entender cómo surgió el movimiento, hay que trasladarnos a un pequeño espacio en zona 1: 

José Osorio: Si quiero rescatar algo es el sentimiento colectivo, para mí ese es el punto de partida, la colectividad, y eso fue lo que fundó, de manera muy íntima el 97 en una casa, en el centro. En un centro que estaba olvidado, que no es el centro gentrificado de ahora, sino que era un centro que sobrevivió de años de abandono.

Narrador: La Casa Bizarra era, literalmente, una casa que alquilaba un grupo de artistas. Ahí estaban Javier Payeras, José Osorio, Giovanni Pinzón, Simón Pedroza, Maurice Echeverría, que vivían en esta especie de comuna:

José Osorio: Tratamos de hacer una escuela, un espacio de formación autodidacta donde cada quien ponía, pero además carecíamos de recursos, algunos teníamos algún trabajito por ahí y podíamos contribuir con la renta, pero otros no. Pero fue un modelo de aprendizaje sobre todo, y de mucha generosidad, de mucha tolerancia, de mucha apertura a aprender del otro, no había, me puedo equivocar, pero no había esta idea del arte por el arte, o de ser legitimado en ese momento, sino que era esa libertad que nos provoca un micrófono de pronto, que nos provoca un papel. 

Narrador: Este espacio fue e l territorio germinal de lo que después se convertiría en la primera y segunda edición del Festival del Centro Histórico. Y en el tercer año, el 2000, en el Festival Octubre Azul. 

Un festival que continuó con las acciones de toma del espacio público, y expandió la idea de arte contemporáneo. Era un evento dirigido exclusivamente por artistas, gestores, curadores, escritores y músicos. 

En un conversatorio por los 20 años del festival, José Osorio recordaba:

José Osorio: Octubre azul fue de alguna manera para mí, desde donde yo lo viví, la conclusión de tres años anteriores, y empezó un nuevo momento. Partió, justo con el cambio de siglo, era necesario también vernos desde otro punto de vista. 

 Voltear a una población que estaba viviendo en las periferias, en los espacios urbanos periféricos de la ciudad, que no estaban siendo convocados por la cultura, por la educación ni por la recreación.

Para mí el segundo capítulo después de Octubre Azul fue voltear la mirada, no necesariamente a la ciudad, a la cosmopolita visión que tenemos, sino más bien a la ciudad que no tenemos y que esconde regularmente el Estado.

Narrador: Aunque no se repitió, Octubre azul fue el inicio de muchas otras iniciativas,  Algunas de ellas continúan hasta hoy. 

Volvemos a la Casa Bizarra. Artistas frecuentaban este espacio para intercambiar ideas, sensaciones, palabras, libros.  La habitaban las ideas, las obras improvisadas en sus paredes, las melodías de los pasillos y un pasarla bien entre fiestas, conversaciones de amigos intelectuales que llevaban a más amistades y a más artistas. Ahí fue donde José Osorio conoció a Regina José Galindo:

José Osorio: Yo la vi la primera vez en la Casa Bizarra, leyendo con su grupo de publicistas de Wachalal, que llegaron algunos a leer poesía, entre ellas ella, a ese espacio que convocaba Editoriales del Mundo Bizarro, que para mí son no sólo impresas sino que también espectáculos abiertos.

Narrador: Te sigo contando más al regreso de la pausa.

*** PAUSA RADIO OCOTE PODCAST***

Audio Giovanni Pinzón leyendo poema de Simón Pedroza durante Libertad de expresión. 

Narrador: Escuchas a Giovanni Pinzón, vocalista de la banda Bohemia Suburbana. El músico leyó un poema de Simón Pedroza en la introducción a la participación de Bohemia Suburbana en el Festival Libertad de Expresión ya. Un evento organizado por Prensa Libre en la Plaza de Toros en diciembre de 1994.

Esa historia, la del rock en Guatemala, merece su propia serie, pero no queríamos dejar de señalar los vientos germinales en los que también algunos medios de comunicación importantes, como El Periódico, Prensa Libre o Siglo XXI, no solo dedicaban páginas y especiales, sino en algunos casos participaban produciendo y celebrando el arte como pieza fundamental de la libertad de expresión. Y la complicidad. 

El rock fue, probablemente, la primera pieza del rompecabezas de la cultura urbana de la postguerra. Tanto Pedroza, el poeta, como Pinzón, el cantante, vivieron juntos en la Casa Bizarra donde Galindo la performer y Osorio el productor y artista también se encontraron. 

El 24 de abril de 1998, el obispo Juan José Gerardi participó en la presentación del informe de recuperación de la memoria histórica, Guatemala nunca más. Una  investigación que desveló muchas de las atrocidades cometidas durante la guerra en Guatemala.

Cuatro días después, Prensa Libre publicaba un especial en su primera plana. LUTO era el titular, y abajo, esta frase: repudio generalizado por el asesinato de monseñor Gerardi. El obispo fue asesinado la noche del 26 de abril, en el estacionamiento de la casa parroquial de San Sebastián. Puedes leer más de esta historia en el episodio «Los intocables» de Y sin embargo, se mueve,

Unas semanas después del asesinato de Gerardi, La Casa Bizarra cerró.

José Osorio: La Casa Bizarra cierra alrededor de mayo, y a Monseñor Gerardi lo mataron el 25 de abril. La Casa Bizarra quedaba en la tercera calle, entre novena y décima avenida. Y sabés que el San Sebastián está entre la tercera calle, entre sexta y séptima avenida. Entonces, el ambiente final de la Casa Bizarra, y por algo es muy especial, porque tenías esos últimos tres meses a excombatientes, incluso a gente de la G2, que llegaba a estas noches que abríamos. Había mucha onda, era un caleidoscopio de imaginarios importantes que acudían a este espacio. Algunos probablemente con una agenda oculta, y otros porque probablemente representaba una apertura. Pero no me deja de hacer ruido que las coincidencias son importantes y que para nosotros tal vez en el momento, en el fragor, no tuvimos la astucia de valorar ciertas cosas, Pero más bien vimos la oportunidad de continuar, que siguiera dando vueltas esta rueda que considerábamos que podíamos llegar a contribuir a la cultura.  Dicho esto, la convocatoria del Festival del Centro Histórico creo que surge en junio…

Narrador: La Casa Bizarra cerró por decisión del grupo de artistas en aquel 1998, la renta se había vuelto complicada de pagar y los caminos creativos empezaron a llevarles por otros rumbos. El espacio de comuna compartido en la Casa Bizarra salió de las paredes de una casa, para tomarse distintos espacios públicos de la ciudad. 

La convocatoria  del Festival del Centro Histórico, conservaba el espíritu del trabajo colaborativo entre artistas que se había venido gestando en festivales de música, de literatura, en la experiencia misma de la Casa Bizarra.

José Osorio: Quiero rescatar que lo importante es reconocernos libres y autónomos, y entender que el Estado, muy desde la perspectiva, digamos, en el que fue diseñado para reprimir las expresiones alternativas al poder de turno, no representa, no debería de representar tanto para impedirnos expresarnos. Obviamente para expresarnos dentro de un espacio donde nuestras ideas se puedan escuchar, y esa es la experiencia de nuestro colectivo, de ese colectivo, ahí es donde digo la pertenencia cultural, histórica, la memoria que tenemos, es de haber logrado hacer todo eso. Octubre Azul no se repitió porque no era para repetirlo. Cada uno de esos espacios tenía las características, o la intención, de ser un modelo para armar, es un modelo para armar, convóquense a un espacio, invítense a expresarse a sí mismos, sean generosos, solidarios, congruentes, acompañen a todos, y vean qué pasa. 

Regina José Galindo: Y en Guatemala hubo una especie de momentos utópicos en donde se creía que las cosas se iban a poder cambiar y que iban a mejorar. Hubo un espacio para la revelación, para la revolución, para la toma de conciencia, la toma del espacio público. Y eso sucedía en colectivo. Era una fuerza colectiva que empezó quizás con los movimientos del rock, con los grandes conciertos de rock y con la gente subiéndose a los escenarios a leer poesía y a hacer performances sin saber que eso es lo que estaban haciendo sino que de manera muy intuitiva.

Narrador: De este recorrido de colectividad, imaginación y capacidad de gestión saltamos de nuevo a un presente más cercano, ligado a aquella joven mujer que leyó poemas en el Arco de Correos Traemos a esta historia, dos recientes performances de Regina Galindo que nos muestran esa continuidad y resistencia del trabajo de artistas en el espacio público, y de la posibilidad de crear símbolos de reflexión y pensamiento crítico al alcance de las personas que caminan por las calles.

El primero, en la Sexta Avenida y 11 calle de zona 1, a dos cuadras y 16 años de aquel salto en el arco de Correos. 

Es mayo de 2015. Regina conmemora dos años de la sentencia por genocidio. Reúne a un coro que, en la ruta peatonal de esta transitada avenida. Resuena, polifónica, el resultado de la sentencia

Coro Guatemala canta “Culpable”

Narrador: Para el segundo, te voy a pedir que imagines una marching band con músicos vestidos todos de negro. 

Audio El gran retorno

Al frente, con una batuta, Regina Galindo lleva el tiempo. Todos coordinados marchan hacia atrás. Sí, tienen la mirada al frente pero dan cada uno de los pasos hacia atrás, con el rictus de las marchas militares. 

Esta pieza se llama «El gran retorno» y marchó por toda la Sexta Avenida hacia la Plaza de la Constitución, donde terminó dándole la espalda al Palacio Nacional.


Terminamos este episodio de la serie Y sin embargo se mueve, de Radio Ocote Podcast, así. Escuchando algunos segundos de El gran retorno, mientras imaginamos esa marcha rítmica en retroceso. 

Las palabras de la artista Regina José Galindo nos recuerdan la importancia de sostener los pequeños grandes gestos en el tiempo, y de poder negociar el espacio.

Regina Galindo: Imagínate, hice esa pieza hace cuatro años en época electoral, cuando el slogan de la Muni era «Vamos para adelante» y yo saco este performance en crítica del proceso electoral mismo, los procesos democráticos que estábamos viviendo. Lo que falta es gente que quiera ocupar los espacios públicos, más gente que quiera ocupar los espacios públicos que siguen estando ahí.

Narrador: El guión y las entrevistas de este episodio las hice yo, Julio Serrano Echeverría, coordinador creativo de Ocote. La edición es de Carmen Quintela y Liliana Villatoro. La música es de Mabe Fratti. Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical, con la asistencia de José Manuel Lemus. La ilustración de portada es de Óscar Donado.

Ixmucané Us es coordinadora de comunidad y audiencias de Ocote. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

[Te puede interesar: Los Intocables]

Julio Serrano Echeverría

Es cofundador, coordinador creativo de Ocote y editor de la sección cultural del medio. Poeta y artista multidisciplinar. Poeta y artista multidisciplinario. Ha publicado varios libros de poesía, crónica y literatura infantil. Su obra ha sido traducida a varios idiomas como el q´eqchí, inglés, francés y bengalí. Además trabaja diversos proyectos entre las artes visuales, la fotografía, el cine y el periodismo. Junto al equipo de Ocote ganó el Premio Gabo de Periodismo en 2022.

También te puede interesar

CONTAMOS LA
REALIDAD DESDE MIRADAS DIVERSAS

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

ENCUÉNTRANOS EN NUESTRAS REDES

La realidad
de maneras diversas,
directo a tu buzón.