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Varados en Guatemala

Venezuela está pasando por una crisis económica, política y social. Cada vez más personas buscan salir del país para mejorar sus condiciones o ayudar a su familia. Muchos migrantes viajan a pie hasta Estados Unidos y en el camino, algunos de ellos se han quedado en Guatemala, un país de origen y de tránsito para la migración, donde quienes llegan se encuentran sin apoyo del Gobierno y con la única opción de pedir limosna en las calles para sobrevivir y continuar su camino.

Narradora: Sobre la sexta avenida de la zona 1 de Ciudad de Guatemala Gabriel Ferrer, un hombre de 52 años observa a las personas que caminan. Está parado en una …

Narradora: Sobre la sexta avenida de la zona 1 de Ciudad de Guatemala Gabriel Ferrer, un hombre de 52 años observa a las personas que caminan. Está parado en una esquina, junto a dos muchachos que sostienen un cartel donde se lee «Ayúdame, soy venezolano».

Desde hace meses, el paisaje cotidiano de la paradigmática Sexta Avenida se ha transformado. En 2020, la pandemia pobló las calles de personas con pañuelos blancos que pedían alimentos o dinero.

Poco a poco, conforme todo fue volviendo a la normalidad, los pañuelos blancos disminuyeron. Ahora, otra vez, se observa a más gente pidiendo. Pero se escucha un acento distinto… 

Gabriel usa una gorra desteñida, una playera azul y una pantaloneta beige. Lleva una riñonera a la cintura, donde guarda las monedas o billetes que los peatones le dan. 

Me acerco a él y le pregunto si podemos sentarnos a conversar. Gabriel me sugiere que invitemos a una mujer que está al otro lado de la banqueta de la calle peatonal del centro histórico.

Es Osmary López. 

Osmary está sentada en las gradas que llevan al parque Concordia. Lleva una blusa de manga larga, shorts deportivos y una mochila rosa. Escucha una canción de salsa en su celular.

Caminamos juntos a un café, para protegernos del sol y del ruido de la calle.

Gabriel Ferrer: La vida de Venezuela era muy bonita. Pero ha cambiado todo que nos llevó a una situación salir de ese país para buscar un futuro mejor para mi familia, para mis hijos y la meta que llevo es llegar a los Estados Unidos para tener un buen futuro, para ayudar a mi familia.

Narradora: Osmary y Gabriel vienen de lejos. De más de 2 mil kilómetros al sur. 

Osmary López: Yo soy de Caracas, de la capital. Este… Allá vivía con mi mamá, mi hermano y con mi hijo. Allá yo no estaba trabajando y estaba estudiando, allá. Y, bueno, mi mamá era la que a mí me daba mis cosas y todo eso. Y, bueno, decidí salir de Venezuela por la situación…

Narradora: Gabriel y Osmary son dos de los más de 7 millones de venezolanos que se vieron obligados a salir de su país en los últimos años. Muchos de ellos, no tenemos la certeza absoluta de cuántos, cruzan Centroamérica a pie para llegar a Estados Unidos. 

Para seguir el camino, algunos, como Gabriel y Osmary, piden dinero en las calles del centro de Ciudad de Guatemala, en la avenida Reforma o en estaciones de buses. Pero a diario se encuentran con obstáculos que no les permiten hacer planes de seguir. Cuando hablé con Osmary y Gabriel, en enero de 2023, llevaban cinco días varados en la ciudad. 

Soy María Olga Domínguez Ogaldes, periodista, y en este episodio de Radio Ocote Podcast hablaremos de una parte de la historia de esta crisis migratoria. Hoy, te cuento quiénes son algunas de estas personas que se han quedado en un limbo. En un país, del que también miles de ciudadanos buscan emigrar. Profundizaremos en los porqués de su salida de Venezuela, en las dificultades que han encontrado en el camino y en las respuestas de los gobiernos ante una crisis anunciada.

***

Narradora: Para entender qué hacen personas como Gabriel y como Osmary en Guatemala, vamos a retroceder en el tiempo. Vamos a irnos a la Venezuela de finales de los noventa. 

Durante décadas, Venezuela se había beneficiado de la explotación del petróleo, una economía envidiable en la región. Pero en los 80 empezó a aumentar la deuda pública y el desempleo. Luego vinieron los recortes a programas sociales, subieron los impuestos y se privatizaron empresas estatales. Hubo dos intentos de golpes de Estado, empezaron las protestas ciudadanas… Y la represión.

En ese contexto aparece Hugo Chávez. Un hombre que se gana la confianza de la población y llega a las urnas a finales de los 90. Todo pintaba a que él sería una bocanada de aire fresco para la política tradicional. 

Chávez fue elegido Presidente de Venezuela en 1998. Cuando llegó al poder, implementó programas sociales que aparentemente redujeron la desigualdad. Pero también instauró una nueva Constitución, que le permitió mantenerse en el poder durante 14 años. 

Hugo Chávez (audio de archivo): Impulsaré las transformaciones democráticas necesarias para que la república nueva tenga una carta magna adecuada a los nuevos tiempos. Lo juro.

Narradora: En ese tiempo, la economía de Venezuela empezó a debilitarse.

Sheyla Urdaneta, periodista venezolana y coordinadora de la unidad de investigación de El Pitazo nos lo explica. Sheyla vive en Maracaibo, una ciudad del estado de Zulia, en el noroeste de Venezuela. Por muchos años, Maracaibo fue conocida como el centro petrolero del país. 

Sheyla Urdaneta: Antes había prosperidad. Todas las personas que alguna vez tenían proyecciones, o lo que fuera, querían trabajar en la empresa petrolera más importante de Venezuela y que además estaba súper bien rankeada, que era Petróleos de Venezuela, que era PDVSA. Pero bueno, luego el fallecido presidente Hugo Chávez decidió nacionalizarla. Hubo una huelga nacional y todo vino en picada.

Comenzó a ser un Estado despintado, un Estado donde ya no había la prosperidad de antes, donde el paro petrolero comenzó a hacer fractura en la economía venezolana y que efectivamente afectó a toda la cadena económica del país.

Narradora: En 2014, un año después de la muerte de Hugo Chávez, con Nicolás Maduro en el poder, el precio del petróleo cayó en picado, por el aumento de la oferta a nivel mundial. Esto afectó a la economía y empezó la inflación. 

Para explicarlo de manera simple, la inflación significa una subida de los precios, y una pérdida del valor del dinero. En Venezuela hoy el peso está tan devaluado que, para que te hagas una idea, desde marzo del 2022, el salario mínimo es de 130 bolívares al mes. En ese momento, equivalía más o menos a 30 dólares. Para el 8 de febrero de 2023, ese mismo salario mínimo equivale a 5.51 dólares.

En diciembre de 2022 la Canasta Alimentaria en Venezuela costaba 371 dólares. Las personas que ganan el mínimo necesitan alrededor de 67 salarios para cubrir este costo.

La vida empezó a ser insostenible. Y la gente empezó a irse.

Sheyla Urdaneta: En Maracaibo y en Venezuela sólo estamos mi hija y yo. Toda mi familia. Mis dos hermanos, sus esposas y esposo, sus hijos, la única tía que tengo con sus cuatro hijos y ellos a su vez con esposas e hijos. Todos migraron.

Narradora: Gabriel, el hombre que pide dinero en la Sexta avenida de Ciudad de Guatemala, también salió de Maracaibo. 

Gabriel Ferrer: El lugar donde yo vivía es en el estado Zulia, Maracaibo. Lo que llamamos nosotros… un pueblo que se llama Los Puertos de Altagracia, un pueblo muy lindo. Ese es mi país y donde vivo yo; Los Puertos de Altagracia. Ahí dejé a mi familia, a mis hijos… Tomé la decisión de salir de Venezuela en el 2021. Vengo ‘rondeando’ ya todo lo que es Colombia. De Colombia para acá, pues.

Narradora: En Venezuela, Gabriel trabajaba en la morgue. Era técnico forense. Estudió y se graduó en criminalística. Pero su sueldo no era suficiente para cubrir los gastos en su casa. Ganaba unos 30 dólares al mes.

Gabriel Ferrer: Salimos de Colombia, llegamos a un pueblo que se llama Necoclí y ahí salimos en una lancha a Candil. De Candil salimos a pie, a lo que llaman un refugio de la selva. Ahí quedamos un día.  Ahí agarramos la selva, la selva del Darién, subiendo montañas. Duramos siete días metidos en esa selva.

Narradora: La región de Darién, que se conoce como «El tapón de Darién», es una selva que une Panamá con Colombia. Centroamérica con Sudamérica. 

Es la ruta que siguen las personas que, desde el Sur, migran a Estados Unidos. La selva es tropical, pantanosa y húmeda. El recorrido es hostil y es difícil seguir el paso entre el lodo y las colinas pronunciadas. Los ríos, con sus corrientes caudalosas, hacen la travesía más peligrosa y complicada. Según Osmary, una vez adentro no estás seco ni un segundo. 

Osmary López: Ahí uno no ve el sol, no ve el sol porque todos los días llueve ahí adentro de esa selva, todos los días llueve, los ríos crecen… Por eso es que también hay mucho peligro en ese sentido, porque todos los días llueve y la gente quiere pasar los ríos y buscan la manera. Y por eso también la gente también se ahoga, se lo lleva al río.

Osmary y Gabriel no viajaron juntos, pero siguieron la misma ruta a pie. 

Osmary era estudiante; iba a comenzar la universidad. Vivía con su mamá y con su hijo recién nacido. Pero la vida comenzó a ponerse muy cara en Venezuela, los ingresos ya no eran suficientes, así que decidió dejar a su hijo con su mamá y salir de Caracas en 2017. Migró sola. 

Osmary López: De Venezuela me fui a Perú. Allá en Perú duré un buen tiempo viviendo y de ahí empecé a ver videos y eso y empecé a ver a gente que empezaron a migrar para los Estados Unidos y ya como también la economía en Perú se estaba poniendo un poco también complicada, ya también las cosas también se estaban elevando y todo eso… Entonces también decidí salir también de Perú para irme hacia los Estados Unidos.

Narradora: A principios de 2022, Osmary comenzó a ver en redes sociales videos de miles de venezolanos que intentaban cruzar la frontera en Estados Unidos. 

Estos videos reflejaban una realidad. Según el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, la llegada de migrantes de Venezuela a este país aumentó un 293% en 2022. En la frontera terrestre, el promedio en años anteriores era de 127 entradas de venezolanos al mes. Solo en septiembre de 2022, 33 mil personas de Venezuela intentaron cruzar la frontera a pie.

***

Narradora: Después de llegar a Necoclí, el municipio al norte de Colombia desde el que se accede a la selva del Darién, Osmary se subió a  una lancha. Pagó unos 40 dólares más un brazalete que le vendieron a 300 dólares para poder entrar a la selva.

Dentro del Tapón del Darién hay personas que controlan el territorio y ofrecen guiar a los migrantes. Para pasar por distintos puntos, hay que enseñar este brazalete, que estas personas venden ilegalmente. Quienes no tienen dinero se deben quedar en campamentos improvisados, dentro del Darién, hasta que lo consigan.

Osmary López: A veces había gente, por lo menos cuando yo llegué, habían varias gentes que ya tenían ahí casi una semana, que no tenían ni nada y no podían salir porque son como una pandilla que hay allá, una pandilla como de gente así. Que si tú no le pagas, uno tiene que quedarse ahí, pues. Entonces hay gente que a veces tienen que entregar sus teléfonos, entregar lo poquito que tienen…

Narradora: Según el Proyecto Migrantes desaparecidos, de la Organización Internacional para las Migraciones, al menos 36 personas murieron en la Selva del Darién en 2022.

Osmary López: Adentro, uno no sabe si hoy o mañana tú vas a salir vivo de ahí, porque tanta locura que uno vive ahí, tantas cosas sin poder comer, sin poder dormir bien… Y todo es una preocupación porque tú quieres salir rápido de ahí, tantos días que uno dura y entonces si no caminas rápido, la otra gente te deja y entonces tú tienes como que esperarte para tú no avanzar solo, porque siempre uno tiene que estar en grupo.

Narradora: Gabriel se emociona al escuchar a Osmary. El viaje ha sido duro. Antes de comenzar la entrevista, Gabriel me contó que cuando salió de la selva algunos compañeros de camino lo ayudaron a curar las llagas que tenía en los pies, de tanto caminar.

Gabriel Ferrer: Hemos sufrido mucho y seguiremos sufriendo, pero seguiremos adelante. Queremos llegar a esa meta. Sí, vamos a sufrir, bueno, iremos a sufrir. Pero hay que seguir adelante. Con Dios, adelante, que es el único que nos puede llevar al sitio donde queremos llegar. 

Narradora: La meta de la que habla Gabriel es clara: Estados Unidos. Pero la entrada no es fácil.

Antes de que iniciara la pandemia por COVID-19, el gobierno de Estados Unidos había facilitado la libertad condicional humanitaria. Un acuerdo que permitía a las personas de Venezuela pedir asilo luego de pasar la frontera de manera irregular. Esto se terminó en el 2020, durante el gobierno de Donald Trump.

Carlos Guerra, abogado con experiencia en atención a migrantes en Guatemala, lo explica: 

Carlos Guerra: Fue un gobierno que impuso bastantes medidas restrictivas para los migrantes. Sobre todo, dio lugar a partir de la de la pandemia de COVID-19 imponer medidas que de alguna manera cerraban las fronteras para las personas migrantes. Sobre todo las fronteras terrestres, que afectaron principalmente a todos los migrantes latinoamericanos, principalmente que intentaban ingresar a Estados Unidos vía terrestre.

El título 42, que fue el que se aprobó a partir de bajo la excusa, digamos, de la pandemia, que de alguna manera fue planteado o vendido como un tema de salud pública por la pandemia pero, pues, en el fondo era una excusa más para cerrar las fronteras terrestres del ingreso a Estados Unidos.

Narradora: Meses después de que Joe Biden asumiera como presidente, su administración decidió abrir un programa humanitario que permitiera la entrada mensual de hasta 30 mil migrantes provenientes de Venezuela, Cuba, Nicaragua y Haití a Estados Unidos. 

Carlos Guerra: En papel, pues parece un programa bonito que les ofrece viajar a Estados Unidos de manera segura, porque ya no tienen que atravesar, por ejemplo, el tema de la selva del Darién, que para ellos es uno de los mayores desafíos durante el viaje. Pueden hacerlo vía aérea y de manera segura y ordenada. Pero cuando uno ya ve, digamos, las letras pequeñas y lo que implica o lo que hay que hacer para poder aplicar al programa, pues definitivamente es algo que restringe considerablemente que las personas puedan tener acceso a este programa.

Narradora: Este programa humanitario tiene varios requisitos. Por ejemplo, quienes quieran aplicar, no pueden ingresar por la frontera terrestre. Además, deben contar con alguien en Estados Unidos que les apoye económicamente y deben gestionar el proceso antes de llegar. El acuerdo estableció que las personas de Venezuela que trataran de entrar sin este permiso, serían devueltas a México. 

Esto tuvo consecuencias. Al regreso de la pausa te cuento cómo afectaron estas nuevas disposiciones a Osmary y a Gabriel y del calvario que vivieron al llegar a Centroamérica.

***

[Lee aquí: Los niños «del viaje» buscan un lugar seguro en América Latina]

Osmary López: Y también, por lo menos cuando uno ya sale de la selva, que hay una cruz abajo y cuando uno va bajando la montaña hay una cruz. Ya cuando ya está esa cruz, ya uno ya sabe que ya uno ya salió de la selva, entonces lo que hace es bajar nada más y hay como si fuera un río grande y ahí hay unos barquitos que allá le dicen piragua. Entonces, a esas piragua tú tienes que pagarle 20 dólares, para que te puedan sacar de ahí.

Narradora: Cuando logran salir de la selva del Darién, quienes lo consiguen, llegan, al fin, a Centroamérica. En Panamá hay estaciones de recepción migratoria del gobierno, la OIM y ACNUR, que tienen atención humanitaria. Algo de comer, agua, asistencia médica. Pero a veces son tantas personas que la ayuda no es suficiente.

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, en 2022 casi 250 mil migrantes cruzaron hacia Panamá por la Selva del Darién. Es el doble de lo que se registró en 2021. Dos terceras partes venían de Venezuela. La cifra de migrantes venezolanos se multiplicó por 50. 

Pero ¿por qué aumentó tanto y tan rápido la migración desde Venezuela? 

Como te decía al inicio del episodio, Venezuela lleva varios años en una crisis económica, social y política.

En enero de 2023 el Observatorio Venezolano de Finanzas publicó un artículo en el que alertó que el país está al borde de la hiperinflación. Esto hizo que los productos de primera necesidad ya sean casi imposibles de conseguir.

Y esto no solo afecta a quienes se quedan. También a quienes se van y quieren enviar ayuda a sus familiares en Venezuela.

Además del factor económico, los organismos internacionales de derechos humanos han mantenido a Venezuela bajo la lupa.

En 2021, Amnistía Internacional señaló al Estado venezolano de realizar ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias, desaparición forzada, uso desmedido de la fuerza, juicios injustos y ataques a la libertad de expresión.

La organización venezolana Espacio Público registró en su informe anual sobre la libertad de expresión en Venezuela que solo en 2022 el Estado ordenó el cierre de al menos 80 emisoras de radio del país. El informe estableció que la censura fue de las violaciones a la libertad de expresión más frecuentes ese año. 

Foro Penal, una organización que brinda asistencia legal y vela por los derechos humanos, expuso en su informe de 2022 que hasta octubre había 233 presos políticos y 25 detenidos políticos.  

Todo esto suma, y hace que migrar sea la única opción para muchas personas. 

Osmary López: Por eso uno a veces se arriesga a toda esta locura, porque estas son locuras que uno nunca, nunca llegó a pensar que iba a uno pasar por todo esto. Y uno se arriesga para llegar a otro país para, como quien dice, empezar una vida nueva, empezar otra vez de cero, a trabajar y otra vez empezar a cumplir las metas para ayudar a la familia. 

Narradora: Carlos Guerra, al abogado que escuchabas antes, explica que, históricamente, era más común ver el flujo migratorio de personas salvadoreñas, hondureñas, nicaragüenses y guatemaltecas. Esto ha cambiado. Cada vez más migrantes de otras nacionalidades, como los venezolanos, transitan por Guatemala para llegar a México y luego a Estados Unidos.

Y las nuevas disposiciones del gobierno estadounidense, que te comentaba antes de la pausa, han influido.

Carlos Guerra: Existe esta confusión de las disposiciones que ha tomado el gobierno de Estados Unidos. Aunque ya pasó bastante tiempo, pues sí, seguramente hay un grupo que todavía está rezagado por esto,  que probablemente aún no sepa qué hacer. Y principalmente también el flujo migratorio de venezolanos se caracteriza también porque está compuesto en su mayoría por unidades familiares. Entonces esto de alguna manera, pues considero que complica un poco más la logística y la movilidad de las personas que van en tránsito.

Narradora: Osmary y Gabriel llegaron a Ciudad de Guatemala el 29 de enero. Con lo que consiguen recaudar entre los peatones que les dan algo de dinero, compran comida y pagan un cuarto en un hotel de paso que les cobra 70 quetzales la noche. Cuando no consiguen lo suficiente, deben dormir en la calle. Ya lo han hecho. 

Osmary López: Como todo, hay días que le va a uno bien, hay días que le va a uno mal, entonces por lo menos hemos dormido a veces dos o tres días en hotel, a veces no hemos podido hacer para el hotel, entonces lo poquito que hacemos, como quien dice, lo guardamos y ya con lo que uno guarda ya vuelve otra vez a pedir otro poquito como para hacer para la comida y ya. Y ya uno ve dónde se mete a dormir, así en un lugar que los policías no lo vayan a fastidiar a uno o que la gente no lo vaya a robar a uno lo poquito que uno tiene. 

Narradora: Sus tiempos de comida suelen consistir en pan y café. Necesitan ahorrar lo más que puedan. Osmary me contó que se han encontrado con personas que les ayudan con algo de alimento, que les dejan entrar a sus casas para bañarse y hubo una persona que le regaló artículos de higiene menstrual. 

Los días se hacen largos. Salen alrededor de las 7 de la mañana del hotel, toman sus mochilas y comienzan a caminar. Se colocan en las esquinas y piden dinero a las personas que caminan por la calle. Intentan no alejarse mucho de la sexta avenida porque les da miedo que les roben. Cuando el sol cae, buscan un sitio para dormir y ya no salen de ahí hasta el día siguiente. 

Hasta el 9 de febrero, cuando cerramos la edición de este episodio, Osmary y Gabriel llevaban 10 días en Ciudad de Guatemala. 

Gabriel Ferrer: Estamos esperando tener los recursos para seguir adelante y poner nuestros planes, porque sin dinero no podemos poner los planes para seguir adelante para los pasajes. Estamos frenados, hablando así, estamos frenados en Guatemala. 

Narradora: Además, en Guatemala, se han enfrentado a otro problema: la corrupción y la inseguridad. Me contaron que en el viaje habían gastado entre 2 mil y 3 mil dólares. Al llegar a aquí todavía tenían algo de dinero, pero lo perdieron. 

Osmary López:  Yo cargaba 500 dólares también y en el camino entrando acá es una locura, porque estos policías todo es un trueque. Si no tienes, entonces te quieren mandar… A parte que te montan en la en la camioneta, entonces te montan, te dejan por allá botado, que les pagas… Ellos te quitan la plata y ya tú te vas caminando y ya.

Gabriel Ferrer: Ellos saben cómo hacer las cosas, porque nosotros venimos montando el autobús. Hay diez venezolanos, 15 venezolanos. Primero piden la cédula venezolana, nos dejan ahí. Ahí bajan a la gente de Guatemala para que no vean nada lo que están haciendo con nosotros. Y después de que nos quitan todo, suben la gente de Guatemala otra vez al bus, y ya sabemos que eso es una corrupción.

Darío Rodríguez: Uno viene más o menos con la plata casi suficiente para uno llegar a la ruta o al destino donde uno va a llegar, pero como a uno lo agarra la policía y entonces le quita a uno la plata que le cobran y todo eso, entonces se le hace a uno difícil llegar a la meta.

Narradora: Esta tercera persona a la que escuchas se llama Darío. Darío Rodríguez. Es de Colombia. Se unió a Gabriel y a Osmary, junto con José Méndez, un joven dominicano. Los cuatro se hacen compañía y piden dinero juntos.

Según cuentan, el grupo se ha enfrentado a mucha hostilidad por parte de la Policía de Guatemala desde que llegaron. Dicen que han recibido intimidaciones y también les han robado el dinero que traían. Esto es lo que no les ha permitido seguir. En el día no juntan lo suficiente para conseguir un lugar dónde dormir, algo que comer y comprar los pasajes del bus que los lleve a la frontera con México. 

De hecho, un día después de hablar con ellos, José me mandó un mensaje. Me dijo que la Policía los había detenido en la zona 1. Les pedían 200 quetzales (unos 25 dólares) para dejarles ir. Cuando los soltaron, José me mandó este audio: 

José Méndez: Les tuvimos que dar 200 de acá, 200 quetzales, para que nos dejaran sueltos.

Narradora: Julia González, antropóloga y parte del equipo de la Mesa Nacional de Migraciones, MENAMIG, reafirma que el abuso de poder y la violencia por parte de las autoridades es una realidad para la población migrante.

Julia González: Sí, si lo ha hecho. En las fronteras de El Salvador de Honduras y en la frontera norte de Guatemala, hay organizaciones que han reportado, por ejemplo, controles en buses extraurbanos. O en puestos fronterizos de Policía Nacional Civil y que piden documentos. Y ahí se han quedado personas de otras nacionalidades.

El Estado debe garantizar que de veras el tránsito sea en condiciones dignas, sin violentar los derechos humanos, que no hay unas fuerzas de seguridad que les quiten el dinero, que les roben documentos, por ejemplo. Que no haya grupos que puedan retenerlos para trata de personas, ya sea explotación laboral o explotación sexual, que también sucede. Esos derechos debe poder garantizarnos el Estado.

Narradora: En Guatemala hay algunos esfuerzos por atender a la población migrante que transita por el país. ACNUR, la OIM y el Instituto Guatemalteco de Migración coordinan Centros de Atención a Personas Migrantes y Refugiadas. Estos centros se encuentran en puntos estratégicos que muchas veces son parte de las rutas de los migrantes. Allí se les da asistencia humanitaria, atención psicosocial y orientación sobre el sistema de refugio. 

El Consejo Nacional para la Atención del Migrante supervisa el trato a migrantes que son detenidos por transitar de manera irregular. Y el Instituto Guatemalteco de Migración tiene un albergue para las personas que son detenidas. Ahí hay asistencia médica y legal. 

Pero ¿es esto suficiente para los migrantes que llegan al país y desean seguir su camino hacía Mexico o Estados Unidos? 

Carlos Guerra: No. Actualmente no, no existe, digamos, alguna política o algún tipo de acción enfocada a facilitar la locomoción de las personas en tránsito. Siempre las personas venezolanas cuando las atendían  en el albergue de Casa del Migrante, pues preguntaban sobre esto ¿no? Si existe alguna especie de algún conducto y actualmente pues no, no existe alguna disposición o alguna opción gubernamental que facilite el tránsito. 

Narradora: Según datos del Instituto Guatemalteco de Migración en el 2022, 15,593 personas venezolanas fueron localizadas y detenidas por ingresar de manera irregular al país. Quienes logran pasar la frontera, no encuentran muchas opciones a dónde acudir para pedir ayuda, atención, médica o incluso comida. 

En Ciudad de Guatemala se encuentra la Casa del Migrante, que atiende a personas en tránsito y les brinda refugio, comida y asistencia humanitaria. Pero por la alta demanda sólo pueden ofrecerles una noche y luego deben seguir su camino. A veces la casa está llena y no pueden recibir a todas las personas que lo necesitan. 

Solicitamos entrevistas con el defensor de las personas migrantes de la Procuraduría de Derechos Humanos y con un representante del Instituto Guatemalteco de Migración. La PDH no respondió a la solicitud. En el instituto de migración ofrecieron una entrevista, pero al cierre de edición de este episodio no la habíamos concretado. 

En una ciudad desconocida, en condiciones precarias, Gabriel y Osmary, Darío y José no quitan la mirada de la meta con la que salieron de sus países; llegar a Estados Unidos.

Gabriel Ferrer: Vamos a arriesgarnos a pedir el permiso de entrada legal. Nosotros pensamos entrar legal. Entregarnos allá y hacer el papeleo del permiso. A eso que vamos. No vamos a meternos a saltarnos o nada de eso. Vamos a llegar allá y vamos a entregarnos y a pedir el permiso. Si tenemos que esperar 15 días o un mes, bueno, esperaremos.

Narradora: Tienen claro que, como puedan, van a seguir.

Gabriel Ferrer: A veces nos ponemos a pensar todo, a hablar, conversar, nos ponemos a conversar para ver cómo conseguimos los pasajes para seguir adelante. Y eso es lo que hablamos nosotros mismos, a esperar. No es que uno, si él consiguió, él consiguió, él se va, no. Estamos unidos. Cuando ya tengamos todos, todos los pasajes entre todos, ahí arrancamos todo. 

***

Narradora: El guion y las entrevistas de este episodio los hice yo, María Olga Domínguez Ogaldes. La edición es de Carmen Quintela. La música original es de Lucas Zapiola y Aviram Spies, Isaac Hernández realizó el montaje y la producción sonora y musical con la ayuda de Jose Manuel Lemus. La ilustración de este episodio es de Óscar Donado. 

Ixmucané Us es la gestora de comunidad de Ocote y Magui Medina la coordinadora institucional. La voz institucional de Radio Ocote Podcast es de Lucía Reinoso Flores. Julio Serrano Echeverría es el coordinador creativo. Alejandra Gutiérrez Valdizán es la directora general y editorial de Ocote.

María Olga Domínguez Ogaldes

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