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ES CULPA DE LOS OTROS
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La pandemia dejó al descubierto la incapacidad de muchos gobiernos para trabajar con sus ciudadanos, para el caso guatemalteco, un gobierno que deja caer en la ciudadanía la responsabilidad estructural del cuidado de la crisis.


Este tiempo de pandemia, puso a mucha gente en su lugar. A unos cuantos les demostró que la crisis los superó. A otros, que los ídolos casi siempre, tienen los pies de barro. La mortal enfermedad no está solo arrasando con el mundo, también se llevó por delante a políticos que no supieron enfrentar la crisis en salud que se dio en sus países.

Desde Trump, pasando por Bolsonaro, hasta llegar a Giammattei. Tres claros ejemplos de un fracaso ante la pandemia. Los tres se vieron desbordados y no pudieron guiar a sus ciudadanos para mitigar los efectos mortales del Covid-19. El coronavirus les quitó lo que las urnas les dio: legitimidad, respetabilidad, confianza, seguridad y la gente dejó de creer en ellos y sus niveles de aceptación hoy en día, son de los más bajos.

La vida nos enseña que solo los mediocres, le echan la culpa a los demás de sus propios errores y limitaciones. Venir ahora a decir públicamente que la responsabilidad es de la gente, es demostrar el poco conocimiento que tienen sobre el mismo país que gobiernan. En Guatemala, donde son millones de personas las que conviven y viven de la economía informal, es imposible decirles o prohibirles, que no salgan a las calles ante la necesidad de salir a trabajar, porque viven al día.

Luego de las disposiciones del gobierno el pasado domingo, el lunes el ministerio de Salud, publicó un video donde señalaba a las personas de no ser responsables y ponían imágenes de una de las calles de La Terminal. Eso sí, no mencionan los hospitales colapsados ni mucho menos las colas que se hacen cada mañana en las entradas de las maquilas.

Dicen que la economía debe seguir funcionando. De acuerdo: pero la economía de quién. La población más necesitada no puede quedarse todos los días en su casa, porque están obligados a salir a las calles a buscar la forma de llevar el alimento a sus hogares. El número de personas despedidas y desempleadas es una de las más grandes de la historia reciente del país. ¿Entonces?

Tendrá conciencia el Estado de cuántos niños y niñas, y jóvenes han dejado de estudiar estos meses, porque su familia ya no podía pagar sus estudios, al quedar sin trabajo uno de los progenitores. Le importa esto a alguien del gobierno… ¿Es de esta economía de la que se habla?

Cuando se escucha a una ministra de Salud, en su calidad de mujer, aceptar como “normal”, que durante una cadena nacional de televisión que será vista por millones de personas, la pongan a un costado de tres hombres a quienes sí colocaron en un podio y ella en un segundo plano, minimizada, casi oculta, como si no tuviera valor su cargo ni su calidad de mujer, es lo que demuestra la realidad en que se mueve esta sociedad. Se privilegia lo económico a la salud de la ciudadanía.

De la historia hay que sacar lecciones. La principal es aquella que nos dice que no hay que poner en un pedestal a nadie, porque luego la decepción es aún mucho más grande. Que una cosa es ser un crítico del sistema estando afuera de él, y otra muy distinta, cuando ese sistema te adormece con cantos de sirena y luego te tritura para hacerte parte de él y te silencia y te manipula.

Cuando el poder descubre a un crítico que tiene credibilidad, lo que busca es atraerlo con palabras y seducirlo con promesas. Cuando te atrapó, te pone en un rincón y tapa tus conocimientos e incluso, elimina tus principios. Entonces, debes tener los principios y los valores de ese poder que antes criticabas. Es así de sencillo, y doloroso.

Hay personas que llegan al gobierno con buenas intenciones. Pero el sistema despedaza de a poquito, a quienes buscan el cambio desde dentro. Son pocas y contadas las excepciones de los que han logrado sobrevivir a esa maquinaria nefasta y corrupta. Allí, o te adaptas o te largas. La Covid-19 es una plaga que se lleva por delante a los políticos que han quedado desnudos ante su incapacidad para dirigir de mejor manera la estructura del Estado. Por más que se hayan aprobado miles de millones de quetzales, luego de cuatro meses los hospitales están peor que antes. Eso sí, debemos esperar que se construyan siete hospitales que están en manos de quien, como ministro, no supo o no pudo, cambiar la historia.

Es culpa de los otros. Ellos deben ser responsables. Si no es Chana, es Juana. La gente no entiende. Hay que salvar la economía. El país no aguanta más. Esto no es una feria. No me interesa: con podio o sin podio, cualquier persona tiene su nivel. Que Dios bendiga Guatemala.

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*Haroldo Sánchez es escritor y periodista. Ha coordinado varias de las redacciones más importantes del país, y actualmente es fundador y director del medio digital Factor 4


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

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