El 54% de los guatemaltecos bebe agua con heces fecales, pero en Huehuetenango aumenta al 83%

Un reciente estudio del INE revela que más de la mitad de la población en Guatemala consume agua contaminada con E. coli, una bacteria que revela la presencia de heces fecales. Sin embargo, los datos muestran profundas desigualdades entre departamentos, como que en Huehuetenango el problema aumenta al 83%, en Retalhuleu al 75% y Alta Verapaz al 74%. La disparidad de contaminación y afectación también se evidencia en el área rural.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) realizó la primera Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (Endesa) entre agosto y diciembre de 2025. En ella analizaron, entre otros indicadores, la calidad …

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Foto: Christian Gutiérrez
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El Instituto Nacional de Estadística (INE) realizó la primera Encuesta Nacional de Desarrollo en Salud (Endesa) entre agosto y diciembre de 2025. En ella analizaron, entre otros indicadores, la calidad del agua que la población utiliza y consume a nivel departamental. 

Este estudio reveló que más de la mitad (54%) de la población tiene en su hogar agua para beber contaminada con Escherichia coli E. coli, una bacteria que se encuentra en las heces fecales de los organismos con sangre caliente. 

Sin embargo, el problema aumenta cuando se desglosa por departamentos. Por ejemplo, Huehuetenango tiene la mayor cantidad de población consumiendo agua contaminada: ocho de cada diez habitantes (83%). Le siguen Retalhuleu (75%) y Alta Verapaz (74%) con siete de cada diez habitantes. 

Al otro extremo, los departamentos cuyos habitantes consumen agua menos contaminada son Guatemala (23%), con dos de cada diez habitantes, y Jutiapa (29%) y Sacatepéquez (35%), con tres de cada diez.


El problema de la E. coli

«El problema no necesariamente es la E. coli, aunque hay cepas que sí son peligrosas para el ser humano. Pero al encontrarse en el agua, puede haber otros microorganismos patógenos que puedan causar problemas en la salud de las personas», explica Mónica Martínez, investigadora del Centro de Estudios Atitlán (CEA) de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). 

Algunos de esos microorganismos que conviven con la E. coli son la Salmonella (bacteria), la Hepatitis A (virus) o la Giardia (parásito).

La Endesa midió tanto la presencia de E. coli en los hogares (punto de uso), como en la fuente de abastecimiento (punto de recolección). El 52 % de los lugares de origen también estaban contaminados con la bacteria.

Según Martínez, es de esperar encontrar E. coli en lugares donde se descarguen aguas residuales directa o indirectamente. Sin embargo, no debería encontrarse en fuentes de agua naturales o en agua para consumo humano. 

«Uno de los problemas es que las aguas negras se descargan sin un tratamiento que elimine o al menos reduzca la cantidad de E. Coli, por lo que se contaminan las fuentes que reciben estas aguas, como ríos, lagos, el mar, etc». 

Según una investigación conducida por Human Rights Watch en 2021, Guatemala contaba con  672 plantas de tratamiento de aguas residuales municipales en funcionamiento y 269 plantas municipales no operativas. El 29%, no estaba en funcionamiento.

 Martínez advierte que «otro problema es que la E. Coli también llega al manto freático (aguas subterráneas) por sistemas no adecuados (de tratamiento) que permiten que el agua se filtre por el suelo. Esta agua es la que se utiliza en pozos de extracción», explica la investigadora. 

Un indicador de desigualdad

La población que consume agua con E. coli alcanza cifras alarmantes en tres departamentos: Huehuetenango (83%), Retalhuleu (75%) y Alta Verapaz (74%). 

Agencia Ocote contactó a las gobernaciones de estos tres departamentos por llamadas telefónicas y correos electrónicos. El despacho de Huehuetenango brindó el contacto del encargado del área de salud, quien nos remitió al encargado de infraestructura. Este último no respondió. El resto de las gobernaciones tampoco respondió. 

Estos tres departamentos presentan altos índices de pobreza multidimensional, un indicador que permite entender la pobreza como un fenómeno más allá de sólo los ingresos económicos. Incluye el acceso a cuatro componentes: educación, salud, agua y saneamiento y seguridad alimentaria y nutricional. 

Alta Verapaz es la región más afectada. Allí, el 87.2% de la población enfrenta privaciones en esos cuatro elementos básicos y en Huehuetenango, el 70.3%. En Retalhuleu, departamento ubicado en un sector de desarrollo agroindustrial (suroccidente), esta condición alcanza al 64.1% de sus habitantes. 

Al otro extremo

Según la Endesa, Guatemala (23%), Jutiapa (29%) y Sacatepéquez (35%) fueron los departamentos con los menores porcentajes de población que consume agua de fuentes contaminadas con heces fecales.

En Sacatepéquez, esto se debe a que se ha buscado mejorar los procesos de cloración de las fuentes de agua, según la Gobernación Departamental, consultada por Agencia Ocote.

A nivel departamental, el rango de cloración de Sacatepéquez se encuentra por arriba del 85%. «Los responsables de mantenerlo (el rango) son las municipalidades», asegura Luis Ochoa, técnico de la gobernación.

Por su parte, la Gobernación Departamental de Guatemala, atribuye sus bajos índices de contaminación a la implementación de sistemas con infraestructura más desarrollada. 

De igual forma, «a través del Consejo Departamental de Desarrollo (Codede) de Guatemala se han ejecutado proyectos de sistemas de agua potable», indicó la entidad a través de su oficina de Comunicación Social.

Entre 2025 y 2026, el Codede ha implementado 129 proyectos relacionados con el agua y articulado con instituciones estatales como el Instituto de Fomento Municipal (Infom) y el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS).

Acceso desigual al agua en Guatemala
El acceso al agua en Guatemala es desigual, principalmente entre áreas urbanas y rurales. Foto: Christian Gutiérrez

Urbano y rural

Guatemala es un país marcado por la desigualdad entre las regiones rurales y los entornos urbanos. Según el Índice de Pobreza Humana Multidimensional (IPM-Gt), se estima que el  76.3% de la población rural atraviesa esta condición, en comparación con el 40.8% del área urbana.

Una investigación conducida por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) confirma que hasta 2018, «la brecha geográfica de acceso de los hogares a agua vía tubería ha bajado ligeramente, pero a expensas de un descenso en la cobertura tanto en el área urbana como en la rural». 

Es decir, que si bien el agua entubada llegaba a territorios donde antes no existía, disminuyó la proporción de hogares con este servicio. 

El informe de Human Rights Watch atribuye este fenómeno a la discriminación estructural que enfrentan los pueblos indígenas —cuya población tiene mayor densidad en entornos rurales—. Un fenómeno con raíces históricas. 

Las diferencias

Según la Endesa, la contaminación por E. coli afecta más al área rural (71%) que al área urbana (37%). Esto es secundado por el perfil ambiental sobre agua que elaboró el Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA) de la Universidad Rafael Landívar (URL) en 2023, el cual indica que existe una brecha de cobertura de fuentes mejoradas de abastecimiento de agua potable entre el área rural y la urbana. 

«En el área urbana, el 88% de la población tiene acceso a este tipo de saneamiento mientras que en el área rural es de 61%. Una buena parte de la población del área rural consume agua proveniente de la lluvia, nacimientos o ríos, por lo que el agua muchas veces no pasa por un proceso de desinfección antes de llegar a los hogares», explica Claudia Gordillo, investigadora del IARNA. 

La investigadora considera que existe desigualdad no solo en cuanto a la cobertura de los servicios de saneamiento del agua, sino también en cuanto al acceso al recurso. 

Por ejemplo, según la Endesa, mientras el 83% de la población en Escuintla y Guatemala tiene acceso al agua cuando la necesita, en Jalapa, solo el 56% cuenta con esa disponibilidad. 

Recursos hay, poca ejecución también

Un estudio del Banco Mundial sobre los presupuestos de agua y saneamiento en el mundo afirma que la baja ejecución en estos sectores no se explica solo por «factores y condiciones económicas», sino más bien por una serie de «factores políticos e institucionales», que incluye una gobernanza débil e instituciones ineficaces.

El estudio de Human Rights Watch sobre Guatemala confirma que, en parte, las deficiencias en este rubro se deben a la mala ejecución de los fondos asignados. 

Guatemala actualmente cuenta con más de Q6 mil millones para agua y saneamiento, pero la mayoría sigue sin ejecutarse. En febrero de 2026, el Gobierno de Guatemala anunció que los Consejos Departamentales de Desarrollo (Codede)  tendrían un presupuesto de aproximadamente Q15 mil millones para invertir en sus comunidades. 

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Las municipalidades y los Codedes son los encargados de ejecutar el presupuesto para crear plantas de tratamiento, pero su uso es muy reducido. Foto: AGN

Según el Ministerio de Finanzas, «Q.6 mil 312.1 millones corresponden a un aporte extraordinario que aprobó el Congreso de la República, en la modificación al presupuesto (Decreto 3-2026) para obras de infraestructura para el sistema de agua potable, alcantarillado, tratamiento de desechos sólidos y saneamiento». 

Sin embargo, según el  Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), a nivel nacional, solo se ha invertido Q 73,499,777 de Q 329,867,491 asignados inicialmente para garantizar el acceso al agua y gestionar los recursos naturales. 

Alta Verapaz, por ejemplo, solo ha alcanzado el 37.5% de su meta global en proyectos relacionados con agua y saneamiento. Ningún departamento sobrepasa el 60% de ejecución.

A nivel nacional, se ha alcanzado únicamente el 38.94% de la meta global en esta materia. 

La gran implicación: las enfermedades

La presencia de E. coli es solo un indicador de contaminación de heces fecales. Sin embargo, cuando se encuentra en el agua, también puede haber presencia de otros microorganismos que causan enfermedades, especialmente entericodiarreicas (infecciones del tracto digestivo) o gastrointestinales.

Esto afecta principalmente a bebés, niños, personas de la tercera edad o personas cuyo sistema inmunológico se encuentra comprometido. Estas enfermedades pueden propagarse de manera rápida y muy fácilmente, especialmente, si el agua de descarga llega a la fuente para consumo. 

Según las expertas consultadas por Agencia Ocote, el E. coli y otras bacterias pueden eliminarse de fuentes contaminadas por medio de un proceso de cloración, el cual es responsabilidad de las municipalidades o de quien brinde el servicio de agua domiciliaria. 

Hacerlo por cuenta propia, advierten, es un proceso delicado. 

En 2018 se conformó un grupo de jóvenes que realiza monitoreos de la calidad y cantidad de agua en el territorio Xinka llamado Científicos Comunitarios. Foto: Christian Gutiérrez
Científicos comunitarios realizan monitoreos de la calidad del agua en ríos y afluentes del suroriente de Guatemala. Foto: Christian Gutiérrez

«El técnico encargado del sistema debe tener los conocimientos necesarios para la dosificación del cloro, ya que, si agrega menos del necesario, no se están eliminando estos microorganismos, y si agrega más del necesario, pueden formarse compuestos que también son peligrosos para la salud (compuestos organoclorados) indica Mónica Martínez. 

Y explica que «para instalar estos sistemas se necesitan dosificadores para regular la cantidad de cloro que se administra, comprar el cloro y el técnico que lo supervise».  


¿Cómo tratar el agua? 

En un país con diversas formas de abastecimiento de agua, es responsabilidad de las personas mantener sus recipientes en los que almacenan el agua limpios, desinfectados y tapados, dice Claudia Gordillo. 

En caso de necesitar tratar agua contaminada con E. coli, la experta recomienda: 

  1. Filtrar el agua para eliminar cualquier sedimento.
  2. Asegurarse de que el recipiente que se utilizará para almacenar el agua esté limpio y desinfectado.
  3. Agregar una gota de cloro por cada litro de agua o dos cucharadas soperas por cada tonel de agua .

Otra opción es hervir el agua por  al menos cinco minutos. Previo a hacerlo, también se debe filtrar para remover posibles sedimentos y limpiar y desinfectar el recipiente que se utilizará para almacenar el agua. 

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Kristhal Figueroa

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