Este año, en el corredor seco la sequía llegó cuando la milpa apenas crecía y arrasó con las cosechas de familias que ya vivían en vulnerabilidad.
La sequía que enfrentan las familias que habitan el corredor seco, ubicado en la franja territorial de Guatemala hasta Costa Rica, tiene implicaciones inmediatas en la disponibilidad de alimentos y agua. Las personas se ven obligadas a salir a buscar frutas silvestres o hierbas en las montañas; pero también corren el riesgo de quedarse sin ingresos económicos durante los próximos tres a doce meses por lo que percibían a través de la agricultura.
Un estudio que realizó Oxfam en Guatemala, Honduras y El Salvador evidencia que 8 de cada 10 hogares consultados perdieron entre el 75 y el 100% de su cosecha de maíz.
Ese informe indica que «de aproximadamente 73 mil hogares que sembraron maíz en el ciclo de primera 2026, más de 70 mil reportaron pérdidas —prácticamente la totalidad de los hogares productores— de los cuales el 78.6% perdió entre el 75% y el 100% de su cosecha»
En Guatemala, la organización de Mujeres Indígenas y Campesinas Ch’orti’ y K’iche’ también ha registrado unos 150 casos de mujeres que ante la sequía actual, recurren a buscar alimentos a las montañas de Chiquimula y Zacapa, donde recogen frutas silvestres y hierbas.
Otras estrategia usadas por las mujeres incluye triturar la cepa (el tallo) de los bananos para agregarle harina de maíz y así preparar tortillas para el consumo.
«Es una situación muy dura porque comer cepa de banano, es casi como comer tierra», dice Manuela Castro, de esa organización, que por el momento ha recopilado los testimonios para acciones de apoyo.
El problema que hoy enfrentan las familias en el corredor seco, comenzó desde mayo de 2025, cuando la temporada de lluvia llegó tarde y los obligó a sembrar después de lo planificado. Los cultivos se vieron luego afectados por un déficit de lluvias en los meses de julio y agosto.
Este año, la sequía volvió a afectar a los agricultores de aldeas y caseríos como Guareruche, una comunidad Ch’orti’ de Jocotán, en Chiquimula. Llegó en una etapa donde la milpa estaba aún en pleno crecimiento y mucho antes de la floración, lo que provocó que perdieran todo.
Después de que los agricultores perdieran su inversión con la primera cosecha de 2026, la intención de siembra para la postrera de maíz (el segundo período anual donde se siembra) registró una reducción del 62%. Esta decisión, según el estudio de Oxfam, puede estar asociada con la pérdida de semilla propia, la falta de capital para adquirir insumos y la incertidumbre sobre la continuidad de las lluvias.
«Hay una cantidad importante de productores que no van a querer correr ese riesgo y tienen toda la razón, de hecho, nosotros no recomendamos ese ciclo para (sembrar) maíz o frijol porque el pronóstico es bastante malo», explica Iván Aguilar, gerente humanitario en Oxfam para Centroamérica.
Sin cosechas, también se pierde el trabajo
Además de las implicaciones en las pérdidas en las cosechas, el ingreso de los hogares del corredor seco durante los próximos tres a doce meses también está en riesgo.
En esta región más de cuatro de cada cinco hogares dependen directamente de la agricultura de subsistencia o del jornaleo agrícola. En Chiquimula, por ejemplo, los habitantes también trabajan por períodos en las fincas de café, principalmente en Honduras.
«Este año hasta eso se ha reducido porque los finqueros de café de Honduras se han visto afectados por tantas cuestiones del cambio climático, de precios… De un montón de cosas y ya no contratan a la misma cantidad de personas, aunque el trabajo es el mismo», dice Manuela Castro.
En ese contexto, la única opción es el trabajo informal. Por ejemplo, viajar a las cabeceras municipales a ofrecer servicios domésticos o como «ayudantes» de autobuses.
«La gran mayoría están preocupados, se están acabando las reservas de alimentos y deben migrar para trabajar en el sector de la construcción en áreas urbanas», agrega Miriam Del Cid, gerente general de la Asociación de Servicios y Desarrollo Socioeconómico de Chiquimula (ASEDECHI).
En Chiquimula, «hace 15 días el quintal de maíz valía 215 quetzales y el lunes 7 de septiembre en algunos expendios estaba a 230 y 235 quetzales (…) Todos estos productos las familias ya no los consiguen en las comunidades y deben llegar a los centros urbanos a adquirirlos», indica Del Cid.
Seis de cada diez familias perdieron casi toda su cosecha
En Guatemala la franja del corredor seco atraviesa ocho departamentos y 46 municipios. Además de Chiquimula, otro de los departamentos más afectados es Jalapa, según el estudio de Oxfam, donde las familias perdieron más del 95% de sus cosechas.
En Baja Verapaz también se presentan niveles elevados en pérdidas severas (86.35%).
Estos territorios habitan en condiciones que ya son vulnerables. Por ejemplo, según el análisis del Integrated Food Security Phase Classification (IPC), unas 80 mil personas de la microregión Ch’orti’ (que incluye los municipios de Jocotán, Camotán, Olopa y San Juan Ermita en Chiquimula y La Unión en Zacapa) experimentan una crisis de seguridad alimentaria.
«La exclusión ha sido la norma para los pueblos indígenas en cuanto a las oportunidades de desarrollo y de inversión pública. Entonces, definitivamente las poblaciones que enfrentan estos retos estructurales van a tener más dificultad para afrontar por cuenta propia los impactos de esta sequía», dice Iván Aguilar
El corredor seco «una zona altamente vulnerable a eventos climáticos extremos, donde largos periodos largos de sequía son seguidos de lluvias intensas», según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ve intensificada la problemática por el fenómeno natural El Niño.
Un boletín técnico publicado por el Instituto de Investigación en Ciencias Naturales y Tecnología (Iarna) de la Universidad Rafael Landívar (URL), también detalla que este fenómeno «funciona como un ciclo acoplado entre el océano y la atmósfera del Pacífico tropical que alterna fases cálidas (El Niño), frías (La Niña) y neutras cada dos a siete años». Y este año, el océano alcanzó la temperatura más alta reportada en la historia.
Las sequías intensificadas por El Niño —que según el boletín del Iarna, podría alcanzar dimensiones mayores y convertirse en Súper Niño—, amenazan la seguridad alimentaria de sus más de 10 millones de habitantes, pues la principal actividad económica de la región es la agricultura de granos básicos (maíz y frijol).
En el pasado, los agricultores guardaban una reserva de estos granos. Esta les permitía alimentarse en la temporada de sequía, que generalmente ocurría entre abril y agosto.
Pero, según la investigación de Oxfam, la sequía de 2026, también provocó pérdidas de frijol en los hogares evaluados. El 65.4% perdieron entre 75 y 100% de sus cosechas (seis de cada diez familias). El fenómeno también afectó, en menor medida, la producción de hortalizas y café.
El descenso en el acceso al agua tiene rostro de mujer
Las comunidades del corredor seco también experimentan una crisis hídrica asociada al déficit generalizado de lluvias. Más de 23 mil hogares dependientes de la red de distribución domiciliar experimentan una reducción o interrupción del suministro de agua.
En Huehuetenango, el 90% de las familias han sido afectadas por este problema, según Oxfam.
Las más afectadas por este fenómeno son las mujeres. En los hogares rurales de la región, ellas —junto a las niñas— son las encargadas del acopio y la administración del agua.
Esta reducción en el suministro «se traduce en un aumento directo de la carga de trabajo no remunerado de las mujeres, típicamente mediante mayores distancias o tiempos de espera para el acopio de agua», indica el estudio.
El 73.1% de los hogares productores de aves de corral también han experimentado pérdidas durante esta temporada. En la región, estos animales suelen ser un activo de manejo y decisión femenina utilizado tanto para el autoconsumo como para la generación de ingresos de emergencia.
Su pérdida también presenta una erosión en la autonomía económica de las mujeres dentro del hogar.
Estas situaciones hacen que las niñas y niños —especialmente los menores de cinco años— sean vulnerables a la desnutrición.
«A veces, cuando la época se pone muy difícil, las mujeres comen solo una vez al día porque priorizan que sus hijos más pequeños y los ancianos puedan comer. Ellas tienen que consumir agua con azúcar durante todo el día para pasar el hambre», indica Manuela Castro.

Un futuro con pronóstico desolador para 2027
En conferencia de prensa, este lunes 7 de septiembre, el presidente Bernardo Arévalo anunció –sin precisar fecha– que presentará un plan nacional para atender la emergencia, que contempla los ejes de asistencia alimentaria, apoyo a pequeños productores y reducción de la vulnerabilidad agrícola mediante riego y mejoramiento de suelos.
Este año, las reservas de maíz son prácticamente inexistentes en los hogares del corredor seco. Más de 14 mil hogares que aún las tenían en agosto, señalaron que solo les alcanzarían para tres semanas o menos, según el estudio de Oxfam.
Cuando se acaben, el futuro será incierto. El alcance de programas de protección social (como transferencias monetarias y bolsas de alimentos) es bajo. Menos del 15% de los hogares evaluados en el estudio los reciben.
«Hay una desprotección bastante extendida. Esos programas tienen poca posibilidad de contener este problema», sentencia Aguilar.
El entrevistado cita que en 2021, en la región de Centroamérica durante la pandemia de COVID-19, la cantidad de personas que requirió asistencia alimentaria fue de un poco más de 7 millones de personas, por su situación moderada y severa de inseguridad alimentaria.
No obstante, advierte que este año con el nivel de pérdidas que se registran en el corredor seco, y que se suma a factores de vulnerabilidad y desigualdad preexistentes, la situación puede llegar a ese nivel de severidad alcanzado durante la pandemia.
En este link puedes leer el informe completo de Oxfam sobre el corredor seco
Texto: Kristhal Figueroa
Edición: Lourdes Álvarez Nájera
Fotografías: Christian Gutiérrez




