Es lunes 17 de noviembre, estamos en la casa de Regina José Galindo y conversamos en su estudio que está pintado de blanco y lleno de dibujos pegados en las …
Es lunes 17 de noviembre, estamos en la casa de Regina José Galindo y conversamos en su estudio que está pintado de blanco y lleno de dibujos pegados en las paredes.
Son bocetos e ideas de performances que ella quiere que ocurran.
Su nombre completo es María Regina José Galindo Herrera, el «José» se lo puso a los 10 años. Su papá, que era abogado y le regaló poder cambiarse el nombre.
Regina nació en la ciudad de Guatemala y ahora tiene 50 años.
Al hablar de su infancia, no recurre a una anécdota ligera o tranquila, sino que vuelve a las imágenes de los años de guerra, es lo primero que brinca en su memoria.
Tanques, retenes, cuerpos en la calle, y esa normalización de la violencia que también circulaba en los periódicos.
«Me enteré que estábamos atravesando un conflicto muy tarde, pero esa memoria me marcó», dice.
Regina recuerda que era una niña huraña, que no pensaba en el arte, «la artista de la familia era mi hermana Elena, ella solía dibujar comics e historias».
Pero fue en los años noventa, en un taller del reconocido escritor guatemalteco Marco Antonio, «El bolo» Flores, que la palabra llegó a ella y comenzó sus procesos creativos como poeta.
Luego llegó el performance. Esa expresión artística, por la que es reconocida y ha marcado la vida de Regina.

¿Recuerdas ese primer momento en el que decides que el performance sería tu medio de expresión?
Fue a través de una amiga. Yo trabajaba en una agencia de publicidad y ahí estaba una amiga diseñadora, Jessica Lagunas.
Ella ya había hecho algunas incursiones al arte, le encantaba viajar, ir a a bienales, tenía mucho conocimiento del arte contemporáneo y ella fue la primera que me prestó libros, que me presentó artistas y ella me invitó a mi primera muestra en el año 1999.
¿Qué recuerdas de esa primera muestra?
Hice El dolor en un pañuelo, un proyecto donde yo había estado recolectando noticias sobre violencia de género para escribir poemas o cuentos cortos.
Cuando mi amiga me invita a hacer el performance decido utilizar las noticias para una acción y recuerdo mucha holgadez.
Me sentía completamente cómoda en el medio. Y era una pieza, con cierta dificultad, era un desnudo. Recuerdo que pensé «Eso es lo que quiero hacer». Sí sentí una una certeza de que quería continuar haciéndolo.
¿Te sentiste cómoda trabajando con tu cuerpo en esa ocasión? ¿El desnudo no llegó a ser un problema para ti?
Yo pensaba en la forma de la pieza, era muy racional para pensar en lo que estaba haciendo. No sentía vergüenza por lo que estaba haciendo, sino me interesaba crear esa imagen que tenía en mi cabeza y para eso necesitaba hacer un desnudo.
Fui muy consecuente con mis ideas. No recuerdo haber tenido pudor.
Alguna vez alguien te ha preguntado: «¿Y tú qué haces?» «¿Qué es la performance?»
Bueno, la manera más fácil de explicar que hago performances, es que es una rama, un medio, de las artes visuales en donde se utiliza el cuerpo como medio principal para transmitir un mensaje.
Y si no me entienden, pues les digo: Mire pues es algo que se parece al teatro, pero no es teatro. Y ahí ya me cachan más.
¿Qué implica para ti pensar tu cuerpo como este medio para crear arte desde un contexto como el de Guatemala?
Yo creo que es un reto hacer cualquier tipo de arte en un país como Guatemala. Ya no importa con qué medio lo hagas.
Ya sea a través del cuerpo en un performance, a través de la instalación, a través de video.
Creo que la transgresión está en decidir producir arte en un país que es tan represor especialmente con las ideas creativas y con la libertad de pensamiento.

¿Y cómo has navegado entre el conservadurismo y el escarnio alrededor del cuerpo?
Creo que con ser consecuente con las ideas. Si las ideas requieren un desnudo hay que hacerlo.
En las ideas que requieren una acción en donde vas a sentir algo de dolor, no es que seas masoquista, no te interesa dolor, pero ciertas ideas requerían de ti que sintieras dolor. Piezas como Perra o Himenoplastia.
Entonces, sí navegué años de lucha, de autodefinirme todo el tiempo que yo era un artista y que sabía lo que estaba haciendo, especialmente en Guatemala, porque sí pasé por eso, por él el escarnio en público, por la no aceptación, pero son cosas que las atravesé y era lo de menos.
Mientras esos comentarios flotaban en el aire, yo seguía haciendo un trabajo muy serio, entonces me sostenía con mi propio trabajo.
¿Cómo conviven tu cuerpo y el espacio público en tus piezas?
Pues la verdad es que me sentí siempre muy a gusto con el espacio público, era un espacio que me pertenecía.
No había viajado cuando empecé a hacer arte, yo no podía comparar el hecho de ser guatemalteca y trabajar con un territorio, con la acera, con la tierra que me rodea, que me pertenece, con mi contexto y tampoco había trabajado con un contexto exterior.
Pero esa certeza la fui afianzando con el tiempo porque en Guatemala podemos carecer de muchas cosas, pero el espacio público nos sigue perteneciendo. Y la respuesta del público de la calle puede que sea más interesante, más rica en emociones humanas.
Me gusta tomar ese tipo de riesgos del espacio público, de transgredir en el día a día y en la cotidianidad y romper en su escena cotidiana con algo que quizás no entienden que es arte… y eso seguramente va a conllevar que lo comenten en la sobremesa.
Y eso al final es lo que quiere el arte, ¿no? una artista que su obra genere debate.
Dentro de tu proceso creativo, ¿Cómo nace un performance? ¿Aparece primero una imagen en tu cabeza o a través de una noticia?
Efectivamente, tal como lo dijiste, ambos caminos son válidos y hay muchos más caminos. Vienen de diferentes maneras, cada performance es como una criatura distinta.
No hay un momento de epifanía. Puede venir mientras te estás bañando, lo puedes soñar, después de haber leído un libro, de haber leído una noticia. Hay muchas maneras y todas son diferentes.
Aunque hay algunos ejercicios que yo replico, especialmente cuando trabajo en el exterior y uno de los caminos es leer las noticias.
¿Y cuando nace desde una noticia, qué buscas?
Encontrar que me resuene, que sea un tema que resuene conmigo y si resuena conmigo es porque de alguna u otra manera no es completamente ajeno a Guatemala.
Entonces, prefiero tener una visión crítica sobre un tema que atañe a un país que me está invitando, pero que ese tema de alguna u otra manera esté también relacionado con mi propio contexto para que yo pueda tener un punto de referencia de lo que estoy hablando.
Es encontrar ese equilibrio.
Algunas de tus piezas interactúan con el público, ¿tienes algún recuerdo o anécdota que te haya impactado o marcado?
Un trabajo que hice para la Bienal Paiz del 2010, yo quería hacer una reflexión acerca de cómo un grupo de no videntes reaccionaban frente a una pieza de arte visual.
Yo estaba en un espacio blanco, sobre una peana desnuda y 83 personas ingresaron a un cuarto para relacionarse conmigo.
Yo intuía que se iban a acercar a mí, me iban a tocar e iban a descubrir que era una mujer y se iban a alejar.
Ellos y ellas sabían que dentro del cuarto no había nadie que pudiera ver y cuando se dieron cuenta del cuerpo desnudo frente a ellos empezaron a probar los límites.
Cuando se dieron cuenta que nadie les decía nada, me golpearon, me cachetearon, me taparon la nariz, me picaron los ojos, bromearon vulgarmente conmigo… hicieron una serie de actos porque tenían el poder, el poder les corrompió.
No era lo que yo tenía previsto, pero cuando estaba parada ahí me di cuenta que esto era mucho más duro y más interesante que mi propia hipótesis.
El 6 de noviembre del 2025 hiciste un performance sobre lo que ha sucedido con el periodista José Rubén Zamora ¿Cómo surgió la acción y la idea?
Bueno, yo me imagino que ElPeriódico representó una gran influencia para mí, la sección cultural fue fundamental para mi desarrollo.
En mi juventud tenía cierto apego por ese periódico, además de que históricamente ha representado siempre una voz de ruptura, se enfocaba a informar con la verdad, o sea, literalmente.
Y de alguna manera me he sentido ofendida y llena de rabia por lo que le ha sucedido a su director, José Rubén Zamora.
Empecé a seguir más de cerca el caso y me sentí identificada. Y así como surgen las ideas, un día surgió ¿Y qué pasa si lo busco? ¿Qué pasa si le propongo hacer un proyecto juntos? Mira, a mí me parecía muy hermoso verlo siempre con su traje oscuro. Es mantener la dignidad ante cualquier crisis.
Él es un ser humano al que no le han podido tocar la dignidad y que no han podido robarle su libertad. El título del performance era una frase que él repite, porque podrá estar encarcelado ya durante todo este tiempo, más de 3 años, pero su espíritu sigue firme y él se siente libre.
Contra su lucha, contra la verdad, no pueden hacer nada, nadie lo va a silenciar.

¿Cómo te relacionas con el periodismo? ¿Crees que hay relación con tu práctica artística y la libertad de expresión?
Soy artista, no soy defensora de derechos humanos, pero trabajo sobre sobre aspectos de derechos humanos.
No soy periodista, pero hablo con la verdad. Compartimos ciertas áreas, nos interesa que la voz prevalezca, que la verdad prevalezca. Lo he visto.
Claro, la sección cultural de ElPeriódico es una muestra de eso, de la relación entre arte e información y periodismo… las cosas se dan, surgen en algunos casos, los campos se tocan, se mezclan, pero no es algo que uno planifique.

Muchas de tus piezas tienen que ver con la memoria histórica, ¿Te has encontrado con la crítica de hablar «otra vez de lo mismo», especialmente cuando se tocan temas de la guerra?
Me la he encontrado dentro del sistema del arte y fuera del sistema del arte. «¿Otra vez con la con temas de la guerra?», «Hay que dejar los temas de la guerra en paz, hay que vivir en paz». Son reacciones conservadoras fachas.
¿Y crees que hay un arte que si reivindique la memoria?
Sí, pero no es la labor del arte. O sea, hacer memoria no es una obligación del arte. Hay artistas que les interesa, que les conmueve, que les toca, que sienten empatía, que sienten necesidad de hacer esa búsqueda, esa investigación y trabajar por esos temas y por supuesto que en Guatemala hay muchos, muchas y muchos artistas que trabajan dignamente sobre esa memoria.
¿Cómo ves la situación del sector cultural en Guatemala?
Yo tengo más conocimiento del arte contemporáneo y es un desarrollo tremendo, increíble, maravilloso, pero que no es gracias, ni depende, ni está impulsado bajo ninguna circunstancia por el Estado de Guatemala.
Las artistas y los artistas que logran sobresalir, traspasar fronteras, lo hacen desde su individualidad, desde sus propios esfuerzos.
La presencia de artistas guatemaltecas y guatemaltecos en el exterior es muy notable,todo el movimiento de arte maya en Guatemala está presente en todas partes. Los hermanos Poyón, Edgar Calel, Antonio Pichelá, Marilyn Boror, Benvenuto y Manuel Chavajay.
¿Qué acciones concretas podrían impulsar el trabajo de artistas desde las instituciones?
Con fondos, dar más oportunidades para que las artistas y los artistas de Guatemala puedan salir de las fronteras. Eso te abre oportunidades. También más inversiones en artistas porque es inexistente.
Los artistas de Guatemala trabajamos por nuestros propios medios, el Estado es nulo, inexistente.
En el futuro ¿hay temáticas o acciones que te gustarían explorar?
A mí no me gusta hablar del futuro, porque siento que es de mal agüero.
Pero, te puedo hablar de la última pieza que hice en Nueva York, Estados Unidos, fue muy emotiva. Se llamaba La fuerza de la izquierda.
Yo la había propuesto muchas veces antes de que sucediera la elección del alcalde Zohran Mandami, que tiene a toda la ciudad tan contenta.
La pieza era muy sencilla, era un grupo de voluntarias y voluntarios que me levantaban con el brazo izquierdo y me cargaban solamente con el brazo izquierdo. Es muy difícil mantener la fuerza y el peso con tu mano izquierda.
Se volvió una especie de celebración de Nueva York porque, claro, todo el mundo tenía esta sensación de haber obtenido un logro colectivo. Entonces, tuvo un buen timing la pieza.






