¿Cómo afectará la crisis de la cooperación a la agenda de los cuidados?

En los últimos años, la cooperación internacional dio un giro: comenzó a invertir en la economía de los cuidados, apoyando desde políticas públicas hasta proyectos comunitarios. Sin embargo, los recortes recientes —particularmente de Francia, Suecia y Estados Unidos— amenazan con desmantelar avances y dejar sin respaldo a cientos de organizaciones feministas.

Hace cinco años tuve la oportunidad de dar una entrevista a Agencia Ocote sobre la importancia de priorizar la economía de los cuidados. Si bien llevaba décadas trabajándose por feministas …

Hace cinco años tuve la oportunidad de dar una entrevista a Agencia Ocote sobre la importancia de priorizar la economía de los cuidados. Si bien llevaba décadas trabajándose por feministas como Karina Batthyány (CLACSO), Ana Güezmes García (CEPAL) o Valeria Esquivel (OIT), todavía no era una prioridad para la cooperación internacional. Esta se había centrado especialmente en la violencia y el empleo hacia las mujeres.

Lo anterior hacía que los recursos fueran más limitados. La posibilidad de financiar un ecosistema más amplio de organizaciones de la sociedad civil y organismos que contribuyeran a avanzar sobre la temática desde diferentes aristas —influyendo en la opinión pública, en ministerios de Trabajo, Economía o Salud, en las propuestas de los partidos políticos o en las empresas— era muy reducida.

Los cuidados, el motor oculto de la economía

El análisis estaba claro: los cuidados eran (y son) el motor oculto de una economía cada vez más desigual. Millones de mujeres y niñas se dedican al trabajo no remunerado. Esto no les permite educarse, tener ocio o acceder a un trabajo formal, mientras los hombres pueden seguir acumulando riqueza y poder.

Las mujeres dedican aproximadamente el triple de horas a los cuidados que los hombres en América Latina. Esto hace que ellos tengan un 50% más de riqueza que ellas. En Guatemala la situación es todavía peor. Las mujeres aportan alrededor del 85% del tiempo total de cuidados no remunerados, mientras que los hombres contribuyen solo con un 15%.

El giro de la cooperación internacional

La cooperación se dio cuenta de que esta era una arista sistémica y estructural de los derechos de las mujeres que merecía la pena financiar con mayores recursos. Así, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo comenzó a apoyar la construcción de sistemas integrales de cuidados; la Agencia Sueca de Cooperación impulsó la incorporación de la “triple R” (Reconocer, Reducir, Redistribuir el trabajo de cuidados); Alemania respaldó políticas de empleo vinculadas al sector de cuidados; y la Agencia Francesa de Desarrollo promovió infraestructura de cuidados como guarderías y centros de atención a personas mayores.

Esto permitió que la agenda avanzara y, después de la pandemia, vimos más iniciativas trabajando sobre esta temática en diversos países, alimentando vibrantes experiencias comunitarias de cuidados como La Comadre en Colombia —con apoyo de USAID, OIM, ACNUR y ONU Mujeres— o el Proyecto de Empoderamiento Económico Integral de Mujeres Mayas Rurales, respaldado por We Effect y ONU Mujeres, entre muchas otras.

Recortes y retrocesos en la agenda

Pero esta ola a favor de la agenda de los cuidados, consecuencia del empuje de la cooperación, ha durado un suspiro. Recientemente, salvo España, la mayoría de las agencias de cooperación que priorizaban los cuidados han recortado recursos. Francia lo hizo de forma aguda, con un 40 % menos; Suecia también aplicó recortes; y Estados Unidos directamente cerró programas de USAID, con consecuencias dramáticas que ya han sido ampliamente señaladas.

Esto ha supuesto un mazazo. Según ONU Mujeres, el 90 % de las organizaciones de mujeres analizadas en distintos países han sufrido recortes y temen cerrar en los próximos meses. La afectación será todavía mayor para la agenda feminista, tradicionalmente subfinanciada, con apenas el 1 % de la Ayuda Oficial al Desarrollo, y hoy bajo especial presión debido a la influencia de las corrientes de ultraderecha en Europa y Estados Unidos.

¿Qué escenario nos depara? Evidentemente, sin recursos hay menos acciones que se pueden impulsar, menos personas dedicadas a la investigación, menos organizaciones de mujeres y feministas con capacidad para llevar a cabo actividades. Pero no está todo perdido. Hay semillas sembradas: la convicción sobre la importancia de esta agenda persiste, se cuenta con más experiencia y relaciones creadas, una base que resistirá.

Y lo que es más importante: la cooperación está en un proceso de metamorfosis, avanzando hacia una decolonización que debería hacerla más ágil en el apoyo a las organizaciones feministas, con mayor predictibilidad y con una reducción de la hiperburocratización. No sabemos si habrá más o menos recursos para los cuidados en el futuro, pero sí podemos prever que serán de mayor calidad.


Asier Hernando Malax-Echevarria vive en Perú, donde es codirector de Acápacá, plataforma de los movimientos latinoamericanos para decolonizar la cooperación. Profesor sobre desarrollo en IE University, copresidente de la red EU-LAT y miembro de la junta directiva de Latindadd. Colabora con El País entre otros medios de comunicación. Antes estuvo por casi dos décadas trabajando para Oxfam, donde ejerció como director de campañas y director regional para América Latina y Caribe. 

Asier Hernando Malax-Echevarría

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