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Las mujeres del altiplano y la migración irregular en Guatemala

Este segundo artículo de blog aborda el tema de las mujeres y la migración irregular en Guatemala. Como se explicó en el primer post, esta es una serie de textos que buscan divulgar los resultados de un proyecto de investigación que involucró la realización de dos encuestas y de grupos focales en el altiplano occidental y el área metropolitana, para comprender los factores que impulsan la migración irregular. El proyecto fue realizado bajo la coordinación de Diálogos A.C., con el apoyo de Así Estrategias. Los hallazgos de esta investigación serán publicados en los próximos meses.

Por: Carmelita Ixcol, Doctora en Psicología Social Pensar en las mujeres de Guatemala es pensar en vulnerabilidad y desigualdad en términos sociales, políticos y económicos. Aunque conforman más de la …

portada Diálogos, mujeres migrantes, Ocote

Por: Carmelita Ixcol, Doctora en Psicología Social


Pensar en las mujeres de Guatemala es pensar en vulnerabilidad y desigualdad en términos sociales, políticos y económicos. Aunque conforman más de la mitad de la población guatemalteca (51.5% del total, según el censo de 2018), las mujeres en este país han vivido en un estado permanente de lucha frente a la cultura patriarcal dominante. 

Tan solo hace un poco más de dos décadas, el sistema legal todavía contemplaba normas que colocaban a las mujeres en una posición inferior a la de los hombres. 

El Código Civil, por ejemplo, antes de 1998, en su Artículo 109, señalaba: «la representación conyugal corresponde al marido».

En su Artículo 114 decía: «El marido puede oponerse a que la mujer se dedique a actividades fuera del hogar». Aunque estas normas se modificaron, las desigualdades persisten en la práctica. 

Las encuestas realizadas bajo el marco de este proyecto permiten corroborar algo de esto. En general, los hogares con jefas del hogar son más frecuentes en el área metropolitana que en el altiplano occidental (30% vs. 22% de hogares, respectivamente). 

Este patrón puede deberse a varios factores, entre ellos la migración de los hombres. Sin embargo, en este punto cabe mencionar otro tema importante, no tan evidente: el trabajo no reconocido que hacen las mujeres en los hogares y en el cuidado de los hijos, a veces aunado al trabajo fuera de casa. 

Este trabajo no es reconocido social ni económicamente, y hasta hace poco era normal considerar que la esfera doméstica era el destino «natural» para las mujeres, mientras que los hombres debían cumplir con un rol más público. 

Según los datos recopilados, el 29% de las mujeres encuestadas indicaron que se dedican a tareas del hogar y, de ellas, 37% se autoidentifican como mayas y 23% como ladinas/mestizas. 

Cuando son jefas de hogar, las mujeres se enfrentan a un sinnúmero de dificultades a diario: sobre ellas, por lo general, recae toda la responsabilidad de la crianza y la manutención de los hijos. 

Esta es una tarea difícil que se acompaña por la necesidad de abrirse paso y laborar en un mundo hostil, dominado por los hombres, que las hace de menos, cosifica y sexualiza a diario. 

Muchas aprenden a vivir el sufrimiento en silencio. 

Las desigualdades que persisten entre hombres y mujeres se hacen más claras con el siguiente dato: es más frecuente que los hogares con jefes hombres posean más de 1,000 mts2 de tierra que los hogares con jefes mujeres (17% vs. 9%, respectivamente). 

Gráfico 1. Posesión de tierra, expansión y mejora de vivienda según el sexo de las personas jefes de hogares.

Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

También que hayan construido, expandido o mejorado su vivienda durante el último año (19% vs. 14%, respectivamente). 

Este patrón probablemente está vinculado con la predominancia de la agricultura y con las remesas que llegan al altiplano, pero a la vez es una desigualdad en términos de riqueza entre ambos sexos. 

La situación suele agravarse cuando se añade el factor étnico. En general, las mujeres indígenas, y entre ellas, las mujeres mayas, tienden a vivir en peores condiciones que las mujeres no indígenas y a carecer más del acceso a servicios básicos. 

Algunos datos de las encuestas muestran que, por ejemplo, en el altiplano occidental (donde las mujeres mayas representan el 58% del total), el 11% de las mujeres encuestadas no tiene educación formal, mientras que, en el área metropolitana (donde las mujeres mayas representan el 12.3% del total), la cifra es de 3%. 

A nivel universitario, las mujeres del área metropolitana conforman el 23%, mientras que las mujeres del altiplano, el 16%. 

En cuanto a la migración, las encuestas muestran que las mujeres tienden a querer migrar fuera del país menos que los hombres, pero hay diferencias importantes en términos étnicos y regionales. 

Gráfico 2. Nivel educativo de las mujeres que participaron en la encuesta, por región.

Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

Solo el 24% de las mujeres (vs. el 76% de los hombres) ha considerado irse a vivir a otro país durante el último año, pero no ha hecho planes concretos para hacerlo. El 33% (vs. el 66% de hombres) sí ha hecho planes de ese tipo. 

Sin embargo, al comparar las respuestas de las mujeres según el pueblo de pertenencia y la región donde viven, surge un matiz interesante entre las mujeres mayas.

El 38% de ellas en el área metropolitana ha considerado migrar a otro país, mientras que solo el 19% de las mujeres mayas del altiplano ha hecho lo mismo.

Este patrón puede deberse a muchos factores, entre ellos, la migración de los hombres y el deseo de reunirse con sus familiares en el extranjero, como se señaló en el primer blog.

Sin embargo, estas cifras también pueden sugerir que las dificultades para las mujeres mayas se acentúan en el área metropolitana. 

Como también se mencionó en el primer blog, las personas mayas que viven en las áreas urbanas del altiplano y en la región metropolitana reportan con más frecuencia que la discriminación que sienten es la principal razón por la que se irían de Guatemala (aunque más del 75% de las personas en ambas regiones reportó no estar nada de acuerdo con esta afirmación). 

Este patrón regional/étnico podría estar relacionado con el deseo de migrar acentuado de las mujeres mayas en el área metropolitana. 

Gráfico 3. Porcentaje de mujeres que ha considerado irse a vivir (migrar) a otro país durante el último año, por región y por pueblo.

Nota: la variable “Otro” incluye mujeres que se consideraron como Xinkas, Garífunas u otro.

Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

Cuando las mujeres migran, se enfrentan a retos y a peligros que los hombres por lo general no experimentan. 

Es bien sabido que muchas mujeres son víctimas de violencia sexual en el camino, pero es menos sabido que algunas deciden inyectarse para no resultar embarazadas en caso de que las violen. 

Esta situación la mencionó una de las mujeres que participó en uno de los grupos focales:

«Cuando van las mujeres, son violadas. Además de ser violadas por los coyotes, las violan a donde llegan a trabajar. Y las enfermedades que contraen. Por eso les dicen que se inyecten antes de irse porque es seguro que pasan por varios hombres. Entonces resultan embarazadas y se quedan en la intemperie, abandonadas. Eso también ha pasado» (Participante mujer 1, grupo focal altiplano occidental).

Para las mujeres mayas, su autoidentificación étnica, su lenguaje e incluso su vestimenta pueden ser obstáculos adicionales para llegar a su destino, por lo que, en el camino, algunas deciden desprenderse de su ropa tradicional y de hablar lo menos posible con otras personas para ocultar su identidad o porque no dominan bien el español o el inglés. 

Al llegar a su destino, algunas cambian por completo su vestimenta, como señaló otra de las participantes en uno de los grupos focales: 

«El problema es que sacan, se ponen delante de un edificio y dicen: “Miren cómo estoy ahora, miren mi ropa”. Ya no tienen nuestra indumentaria, ahora tienen hasta brillos. Entonces, dice uno: mejor me voy, solo con ver esas imágenes, pero en realidad no es así». (Participante mujer 1, grupo focal altiplano occidental).

Otras, sin embargo, se adaptan y mantienen sus tradiciones, incluso su vestimenta: 

«Allá como que se están abriendo más a la gente indígena, uno mira fotos de mujeres con su traje.  Además, hay tiendas donde las mujeres pueden comprar su traje, entonces ya nos han abierto más el camino». (Participante mujer 2, grupo focal altiplano occidental).

En ese sentido, las mujeres mayas son afectadas por la migración de otras formas que generalmente pasan desapercibidas o no son discutidas en la esfera pública, a las cuales responden de diferentes maneras. 

Algunas de estas mujeres sienten, sufren y lloran en silencio, y ese silencio permea todo lo que les rodea. Otras se transforman y se adaptan a su nueva vida. 

En este punto, conviene subrayar que lo económico no es todo en la vida de una mujer maya. Contar con una casa, un esposo y unos hijos es el objetivo para muchas. La señal de tener una vida plena. 

Pero si la mujer tiene una casa y su esposo migró y algunos de sus hijos también migraron, esa plenitud no se alcanza, aun cuando recibe algún tipo de ayuda, como las remesas. 

Dos testimonios de los grupos focales en el altiplano ilustran la importancia que algunas mujeres mayas le dan a la familia: 

«Se da mucho abandono de los hijos menores, la afectividad hacia los hijos se pierde. ¿De qué sirve tener dinero si no no se tiene el amor de la familia? Aunque en las comunidades se come pobremente, se tiene unida la familia. ¿Para qué sirve perder esa conexión con madre y padre? Esto hace la migración cuando los padres migran». (Participante mujer 3, grupo focal altiplano occidental).

«Pero al llegar allá, los hombres se ponen a beber y lo que ganan se va en bebida. Y no sólo eso, sino que buscan a otra mujer, dejando a su familia abandonada, a los hijos y las casas hipotecadas o los terrenos, y han llegado al extremo que ya no contestan cuando los llaman las mujeres. Pero también ha habido casos que cuando se dan cuenta que eso es lo que está pasando con el esposo, se han atrevido a irse a encontrar al esposo, pero al llegar allá, han sido discriminadas, como que las ignoran, los hombres les dicen “yo no te conozco”, aún cuando son sus esposos. Tienen otra mujer y tienen otros hijos, entonces, en vez de superarse, se duplica el problema. Lo que duele es el afecto, se pierde el afecto entre los hijos y los padres. Es preferible tener a los hijos cerca, aunque se coma con poquito, y no con dólares pero sin el papá y la mamá». (Participante mujer 1, grupo focal altiplano occidental).

La complementariedad entre hombres y mujeres se puede ver en el idioma k’iche’, en el que esposa se dice ixoqil y esposo achajil; la palabra ajil se refiere al cuidado mutuo, a que tanto el esposo como la esposa son imprescindibles en la familia, en la sociedad y en la vida en general.

Esto no significa que no existan mujeres mayas que hayan logrado traspasar estas fronteras y hayan aprendido a vivir solas o hayan reconstruido su vida después de que el esposo ha migrado. 

Sin embargo, es importante recalcar el peso que tiene la familia y la vida en pareja dentro de la cosmovisión maya.

Aún cuando no migran, las mujeres son afectadas directa o indirectamente por los hombres que se marchan. 

Por un lado, están las personas que se quedan: los niños, las niñas, que se quedan con la madre y viven la ausencia del padre. 

La madre, en estos casos, debe cumplir con el papel de ambos padres, además de asegurarles el sustento a sus hijos.

A veces, los hombres que se marchan ayudan a la familia que dejan atrás enviándole remesas, pero en otros casos, la madre debe hacerse cargo de todo por sí sola. 

Esto genera una situación de precariedad que impacta directamente en las familias, ya que las expone más a la pobreza y a los problemas de salud, incluyendo la de la madre. 

Es un círculo vicioso del cual es muy difícil salir. 

La situación se vuelve más grave cuando las mujeres son abandonadas por el hombre que se marchó y formó otra familia en el extranjero, o cuando los hombres mueren en el trayecto o son deportados y deben hacerse cargo de su familia nuevamente, esta vez con una deuda encima (por el pago del viaje o del coyote). 

Al respecto, las encuestas muestran que el 28% de los hogares liderados por mujeres reciben remesas, y que el 12% recibe bonos sociales. 

Gráfico 4. Porcentaje de hogares que reciben remesas o bonos sociales según el sexo del jefe del hogar.

Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de Migración y Violencia en el Área metropolitana y Altiplano Occidental.

Estos porcentajes sugieren que la mayoría de los hogares liderados por mujeres dependen casi por completo de lo que logren hacer ellas por sí mismas. 

Las vidas de las mujeres de Guatemala están marcadas por la inequidad, la desigualdad y la exclusión a nivel individual y estructural. Esta situación las ha privado de sus derechos y ha creado vacíos en su desarrollo personal y colectivo. 

Al abordar el tema de la migración desde la perspectiva de las mujeres, es necesario tomar en cuenta factores que tienden a no ser considerados en las discusiones públicas. 

Un abordaje holístico, interseccional del fenómeno, requiere además considerar cómo el sexo/género de una persona se traslapa con el factor étnico y con las cosmovisiones propias de los pueblos indígenas con el fin de identificar retos específicos que enfrentan diferentes grupos cuando deciden migrar. 

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