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Hombrecitos autoritarios

El autoritarismo empieza de forma muy subjetiva en personajes que lo ejercen, muchas veces, desde una masculinidad que replica muchas de las peores manifestaciones del poder.

Hombrecitos Su ínfima estatura humana hace que pasen desapercibidos, por esa razón deben subirse a sillas altas desde donde no hay forma de ignorarlos. Desde allí, sus panzas prominentes, sus …

Evelyn Recinos Contreras

Hombrecitos

Su ínfima estatura humana hace que pasen desapercibidos, por esa razón deben subirse a sillas altas desde donde no hay forma de ignorarlos.

Desde allí, sus panzas prominentes, sus frentes grasosas, sus alientos agrios y sus desagradables olores corporales pasan a segundo plano. Desde allí pueden hacer grandes demostraciones de crueldad para que el mundo olvide que en realidad son seres limitados y débiles.

Ocupan puestos de poder para parecer valiosos a sus propios ojos y para alardear frente a sus compañeros, desde allí usan la violencia, claro está, en proporción a su pequeñez.

Su frágil masculinidad se ve constantemente nublada por comentarios, opiniones y formas de vida que lejos de atentar contra ellos, son simplemente distintas.


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Sus espíritus endebles sienten la imperiosa necesidad de humillar constantemente a otras personas, para así fantasear que están por encima de ellas.

Los pobres hombrecitos viven corroídos por ira, caprichositos como son, sienten pánico ante mujeres que no están sometidas a sus deseos, ante hombres que no actúan como machos, ante personas que viven en libertad su vida sin joder a nadie.

Quieren parecer puros, pero sus perversos deseos los delatan, quieren aparentar ser rectos, pero sus ojos deshonestos los ponen en evidencia.

Los hombrecitos no son respetados, ni queridos, ni admirados, simplemente son temidos. Se ven en la triste necesidad de contratar pequeños séquitos de personas para que les aplaudan en actos públicos, les alaben en medios de comunicación, les defiendan en redes sociales.

Los encontramos dirigiendo países, liderando juzgados, encabezando ministerios, formando filas de grande ejércitos.

Inocentes pobres amigos, creen que llegan a sus alta sillas por méritos propios, cuando en realidad, son paridos por el sistema que luego los coloca donde los necesita. No son importantes, son útiles.

Sin embargo, ni la crueldad, ni la violencia, ni la tortura, ni la muerte que causan será  suficiente para acabar con sus propias inseguridades, represiones, confusiones y vergüenza, porque no importa la silla, el banquito o la prótesis que usen, su pequeñez nunca ha podido y nunca podrá ser disimulada.


Evelyn Recinos Contreras es abogada penalista, se dedica a los derechos humanos, género y justicia penal. Escribe poesía para sobrevivir y documentos legales para vivir.


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

Evelyn Recinos Contreras

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