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Alicia Chang: “90% de vacunación y controlar las hospitalizaciones. Así volveremos a la normalidad”

La Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciosas busca, con una nueva junta directiva, promover conocimientos sobre salud y vacunas, en un país donde el Gobierno no ha logrado mitigar la pandemia por COVID-19. Al frente de esta organización está la infectóloga pediatra Alicia Chang Cojulún, quien fue electa como presidenta de la asociación por dos años. En esta entrevista analiza los retos de divulgar ciencia en un país plagado de desinformación, que avanza lento en la vacunación contra la COVID-19, con un Gobierno que no ha puesto la salud como prioridad de su gestión.

La presidenta de la AGEI analiza en esta entrevista el lento avance en las vacunación contra la COVID-19 en Guatemala, con un Gobierno que no ha priorizado la salud.

La Asociación Guatemalteca de Enfermedades Infecciosas (AGEI) está conformada por más de 40 infectólogos e infectólogas asociadas que, desde noviembre de 2001, promueven el conocimiento científico y la capacitación en enfermedades infecciosas.

En marzo de 2020, cuando inició la pandemia de COVID-19, el Gobierno de Alejandro Giammattei convocó a los miembros de la AGEI para que le asesoraran en temas de salud y ayudaran a controlar la enfermedad en Guatemala.

Giammattei tomó en cuenta algunas recomendaciones del equipo de infectólogos, como el cierre temporal de fronteras y el confinamiento de la población para disminuir la transmisión del virus. 

Otras, como que el servicio en bares y restaurantes siguiera cerrado o que el personal de ciertas empresas no fuera considerado de primera necesidad, no fueron escuchadas.

La AGEI ha sido una voz crítica del Gobierno y de su gestión de la pandemia, ha cuestionado las carencias y la opacidad en la compra de vacunas y la mala comunicación durante la crisis sanitaria.

Durante dos años, entre enero de 2020 y enero de 2022, la especialista en infectología Nancy Sandoval Paiz fue la presidenta y el rostro más visible de la asociación. Desde el 25 de enero de 2022, la infectóloga pediatra Alicia Chang Cojulún, hasta ahora vicepresidenta, tomó su relevo. Estará en el cargo hasta enero de 2024.

Chang, de 46 años, es médica general, graduada por la Universidad Francisco Marroquín y especialista en infectología pediátrica por la Universidad Case Western Reserve en Cleveland, Estados Unidos.

Desde 2013, trabaja en el área de tratamiento de infecciones en pacientes inmunodeprimidos de la Unidad Nacional de Oncología Pediátrica (UNOP). Integra la AGEI desde 2015.

Ahora, como presidenta, la infectóloga pediatra conversa desde su clínica, decorada con juguetes y murales de árboles y búhos rosados, en un edificio de la zona 10 de Ciudad de Guatemala.

Habla sobre los desafíos que vienen para la asociación, que se enfrenta al reto de divulgar información sobre salud en un país que avanza lento en la vacunación contra la COVID-19, donde la desinformación circula y en el que parte de su población es escéptica ante la evidencia científica.

En unos días se cumplen dos años desde que la OMS declaró la pandemia de COVID-19. ¿Cuál fue la primera reacción de la AGEI cuando el Gobierno anunció el primer caso de coronavirus en Guatemala?

Recuerdo bien cuando nos reportaron el primer caso, porque ese día estábamos tomándonos la foto de la junta directiva de ese año (2020). Estábamos en un estudio, que era la vivienda de un fotógrafo, cuando Nancy Sandoval recibió la llamada en la que le notificaron que estaban por anunciar el primer caso detectado de COVID-19 en el país.

Era una experiencia nueva. Nos habíamos involucrado en otros casos antes, como la rubéola, las paperas o el sarampión, pero nada con la magnitud de esta pandemia.

Justo al día siguiente algunos miembros de AGEI fueron convocados por el Gabinete de Gobierno y el presidente Giammattei en Casa Presidencial, para pedirnos consejo sobre cómo actuar. Yo no asistí a esas reuniones pero decidimos, entre al menos 25 miembros de AGEI que nos involucramos de forma activa, que aconsejaríamos que la población se quedara en casa.

Habíamos visto las dimensiones de la pandemia en otros países y las fuertes noticias que circulaban sobre Ecuador, donde la pandemia se propagaba con rapidez. Por eso recomendamos el cierre.

Y el Gobierno, al principio, les hizo caso.

Nuestra incidencia fue fuerte. Giammattei estaba anuente a escuchar sugerencias porque él mismo acababa de tomar el puesto (el 14 de enero de 2020, dos meses antes). Aunque el Presidente es médico, sabía que manejar una emergencia de salud así no era un trabajo para él solo.

Viéndolo en retrospectiva, creo que fue una decisión correcta, aunque pudimos evitar que este cierre fuera menos traumático para la población, pero en ese entonces no teníamos herramientas ni conocimiento suficiente para modular nuestras decisiones.

Al menos durante dos meses fuimos invitados a reuniones en Casa Presidencial, todos los fines de semana, para asesorar al Gabinete, junto a otros expertos de varias temáticas, otros médicos e infectólogos. En AGEI estamos pendientes de la salud pública, estamos pendientes de las enfermedades infectocontagiosas e inmunoprevenibles y constantemente denunciamos acciones que no nos parecen respecto a la cobertura de salud en el país. Esto nos permitió compartir el conocimiento con el Gobierno.

¿Por qué se cortó la comunicación con el Gobierno?

Hubo un parteaguas cuando Giammattei creó la Coprecovid (Comisión Presidencial de Atención a la Emergencia COVID-19) y llegó el doctor Edwin Asturias para encaminar los esfuerzos para contrarrestar la pandemia.

En AGEI sentimos un alivio porque entonces la comunicación quedó canalizada a través de él, quien además es miembro de la asociación y por eso tuvimos algunas sesiones de seguimiento con Asturias para discutir el camino. Sin embargo, en las últimas sesiones nuestra asesoría y consejos parecían no tener tanta incidencia, porque muchas de las decisiones que tomaban no eran sugeridas por nosotros.

Nos pedían ceder en la reapertura de negocios para la reactivación económica, con lo cual estuvimos en desacuerdo. Así como con la decisión de ampliar o reducir los toques de queda, cuando lo importante era que quienes no trabajaran en hospitales, supermercados o farmacias debían quedarse en casa.

Les recomendamos trabajar desde 2020 en planes para el regreso a clases presenciales con acceso a mascarillas, agua para lavado de manos y alcohol en gel, pero no vimos voluntad.

La incidencia en el Gobierno disminuyó y dejaron de invitarnos a las reuniones de Gabinete, pero creció en la sociedad civil. Nos buscaban para resolución de dudas, para asesorar en la cobertura nacional de pruebas de diagnóstico y ahora con entender cómo funcionan las vacunas.

[“Giammattei se reunió con asociación de infectólogos, pero la decisión de reducir el toque de queda no se tomó en conjunto”]

¿En Guatemala observa algún avance en la priorización de la ciencia y la salud, a partir del inicio de la pandemia?

He visto que ahora existe mucha más consciencia sobre lo importante que es tener acceso a buena información. Nos hemos dado cuenta de lo peligroso que es que algunas personas que divulgan información falsa pueden tener mucho poder si consiguen seguidores. Contrario a eso, muchas personas se acercan a la AGEI porque confían en nuestro trabajo y la credibilidad que le dan a la ciencia.

¿Cómo se han enfrentado desde la AGEI al discurso de desinformación sobre la pandemia y la malinformación que llega desde algunas autoridades?

Los contradecimos directamente a través de medios de comunicación o redes sociales. Quisiéramos tener más alcance o un vínculo más cercano con los medios porque, en efecto, nos enfrentamos a que las autoridades tienen mucho más micrófono que nosotros para divulgar declaraciones.

Hasta ahora nuestro método de operación para enfrentar la desinformación ha sido a través de infografías que explican temas específicos con ciencia, o dando declaraciones a la prensa. Pero sí creo que hace falta informar mejor a las personas de una manera proactiva y no reactiva. Ser críticos de algunas acciones pero también informar desde ya en temas que luego serán importantes.

Por ejemplo, con la vacunación contra la COVID-19 en niñas y niños. Nos gustaría conversar con padres y madres de familia sobre la importancia de vacunar a sus hijas e hijos. Actuar desde ya y no cuando ya haya desinformación sobre la vacuna en menores de cinco años.

Algo que faltó en la campaña de comunicación del Ministerio de Salud sobre la vacunación es que no fue promovida en adultos antes de que estas llegaran al país. Nos gustaría ir un paso adelante, trabajar con líderes religiosos y comunitarios para establecer conversación directa con la población y así evitar que crean en la desinformación.

¿Por qué en Guatemala hay menos gente que se vacuna en comparación a otros países?

En Guatemala no se ha sabido informar sobre la eficacia y seguridad de las vacunas. La desconfianza que hay hacia las autoridades es un obstáculo para que la gente se acerque. Además, no hemos tenido el despliegue de personal para llevar a cabo una vacunación masiva. Hace falta conversar y escuchar primero para después vacunar. Esta es una consecuencia de la histórica falta de acceso a los servicios de salud que tiene la población.

En muchos países, después de tanto bombardeo de información científica quizá sí ha calado el mensaje. En otros lugares se han establecido mandatos que tampoco le dejan tanta decisión a las personas. Depende mucho de las características culturales de los países y de las sociedades.

Hay países donde la vacunación ha sido una decisión dictatorial y así han alcanzado altos porcentajes de vacunación. Hay países que ya superaron el 70% de vacunación pero en Guatemala estamos en 30%.

No solo existen dos bandos: antivacunas y provacunas. También hay personas que no se han vacunado porque les hace ruido la nueva tecnología con la que se han trabajado algunas vacunas y la rapidez con que fueron aprobadas. Para estas personas el mensaje que ha dado el Gobierno de “aquí están las vacunas, vacúnese”, no funciona.

La comunicación sobre cómo se fabricó la vacuna, cómo funciona, sus beneficios y las razones por las que deben recibirla debe ser eficiente para que las personas se sientan seguras.

A estas alturas, dos años después del inicio de la pandemia, hay países que ya hacen vida normal. Han logrado contener las olas de contagio y la mayoría de la población está vacunada. ¿Qué hace falta para lograr esto en Guatemala?

Tenemos que estar cerca del 90% de vacunación y controlar las hospitalizaciones. Así volveremos a la normalidad.

El alto porcentaje de vacunación aplica para muchas otras enfermedades como el sarampión, la rubéola o las paperas. Y que la capacidad hospitalaria nos permita manejar los casos que van surgiendo. Esta es una de las anotaciones que hicimos con el semáforo del Ministerio de Salud, que da colores a los municipios entre amarillo, naranja y rojo respecto a la cantidad de contagios y la cantidad de pruebas que se hacen.

En esa medición hacen falta la disponibilidad de pruebas para hacer en caso que la demanda aumente y los niveles de hospitalización por COVID-19, para saber que no corremos riesgo de dejar de atender a alguien.

¿Qué tiene que pasar para que la COVID-19 deje de ser considerada una pandemia?

En algún momento se espera que esta enfermedad llegue a ser una enfermedad endémica. Esto quiere decir que el virus podría seguir circulando siempre pero que permitiría a las poblaciones manejar los casos diagnosticados.

Sin embargo, no es previsible el tiempo en que esto podría suceder. Y aun estando en una situación endémica, por lo variable de este virus, podríamos volver a tener otra pandemia.

En este momento tenemos información valiosa, evidencia científica que nos permite estar seguros en este momento. Portar una mascarilla, tener distanciamiento, lavar nuestras manos constantemente, no asistir a sitios encerrados ni con mucha personas y estar vacunados son capas de seguridad que nos permiten navegar en la pandemia.

No estamos yendo a conciertos ni estamos yendo a eventos religiosos con multitudes, pero la mayoría de actividades del día a día pueden llevarse a cabo.

¿Cómo espera la AGEI mantenerse como una voz importante en temas de salud e incidir en la sociedad?

Nuestro plan es seguir muy apegados a la ciencia. Ser más proactivos con la ciudadanía, acercarnos más a las personas, a los profesionales de salud, a los padres y madres para conversar sobre la importancia de la salud en niñas y niños. Continuar con una comunicación en redes sociales y con los medios para informar de forma eficaz.

Hay algunos temas que sí necesitan un lobby político como lo requirió la Ley de Vacunas, ya aprobada. Ahora el foco va a estar relacionado a otros temas como la vacunación en niños y niñas, no solamente de COVID-19 sino en general, porque estamos muy bajos como país en cobertura de vacunación infantil.

En AGEI queremos hacer actividades para concienciar a médicos en hospitales públicos y privados, personal de bioquḿica y microbiología, y estudiantes universitarios sobre la importancia de la vacunación y compartir información actualizada sobre temas de enfermedades infecciosas.

¿Qué falta para que el Estado de Guatemala vea la salud y la inversión en investigación y ciencia como una prioridad?

Aunque pareciera que la salud es un tema prioritario para cualquiera, en Guatemala esto no se ve reflejado por la falta de esfuerzos del Gobierno. Es necesario promover que los servicios de salud son un derecho y que esto no se someta a debate.

Hace falta inversión. Aunque el Departamento de Epidemiología del MSPAS ha procurado tener una vigilancia de las enfermedades infecciosas en el país, no es suficiente.

Hace falta un centro dedicado a la vigilancia de enfermedades con la infraestructura para enfrentarse a la diversidad de enfermedades infecciosas que hay y que podrían detectarse. Existe talento local que podría trabajar en esto pero se requiere inversión económica.

Como asociación hemos trabajado de cerca con algunos centros para promover la vacunación y que se remunere de manera justa al personal de salud. Son esfuerzos que suceden a lo interno del gremio aunque ha sido una conversación compleja.

Organizaciones como el Colegio de Médicos deben involucrarse para impulsar la salud frente al Gobierno. Además de exigir mejoras para el gremio.

Cuando inició la pandemia se procuró tener un consenso entre asociaciones de médicos, pues en Guatemala existen varias, según las especialidades. Todas estas se agrupan en el Colegio de Médicos. Es importante que esta articulación exista para trabajar en una misma vía. Para que la salud sea prioridad para el Estado, el gremio médico tiene que estar mejor organizado.

[Entrevista con el infectólogo Eduardo Arathoon: “Lo que importa son las vidas humanas y no la economía”

Angel Mazariegos Rivas

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