Después de las tormentas

No más sexo: consejo de una terapeuta y un cura a una joven LGBTQ en Guatemala
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Una terapeuta del grupo católico estadounidense Courage International prescribe “castidad” en una sesión con una joven LGBTQ, revela una investigación de openDemocracy.


Texto: Lina Gómez

Ilustración: Inge Snip


Una psicóloga y un sacerdote católico respaldados por un grupo conservador estadounidenses coordinan sesiones de ‘terapia de conversión’ para jóvenes LGBTQ en Guatemala en las que les recomiendan que renuncien al sexo.

Me enteré de sus actividades cuando trabajaba en una investigación de openDemocracy sobre las acciones de grupos conservadores estadounidenses contra las personas LGBTQ en América Central.

Haciéndome pasar por una joven católica lesbiana que había tenido una relación de un año con otra mujer, fui de incógnito a la Ciudad de Guatemala para reunirme con miembros de la organización católica estadounidense Courage International.

Tanto la psicóloga como el sacerdote me dijeron que no había “cura” para mi “condición” excepto una vida de “castidad”.

La psicóloga, que es voluntaria de Courage International, me hizo muchas preguntas personales y familiares, y sugirió que había buscado el amor de una mujer “porque mi madre no era cariñosa”.

La entrevista se llevó a cabo al aire libre debido a la pandemia, en el jardín comunal del bloque de viviendas donde la psicóloga dijo que vivía. No había privacidad y los vecinos pasaban constantemente.

Aparte de eso, fue como una sesión de terapia convencional; pero ella definió el “pecado” como una enfermedad, para argumentar que debía vivir mi supuesto lesbianismo en abstinencia.

​​Después de la sesión, la psicóloga me envió un video en el que el activista conservador católico estadounidense Evan Lemoine dice: “Todo acto sexual que no esté destinado a la reproducción es prostitución”.

Solo unos pocos países prohíben la ‘terapia de conversión’ y Guatemala no está entre ellos. Además, en este país no hay leyes para proteger a las personas LGBTQ de la discriminación o la violencia.

Pero el código de ética del Colegio de Psicólogos de Guatemala – la entidad que acredita las licencias profesionales de esta disciplina – advierte contra la diseminación de juicios morales y religiosos en las terapias.

El código exige, por ejemplo, “respeto por la diversidad de pueblos y personas, y por la dignidad humana”, y agrega: “Es importante evitar los juicios de valor o la imposición de creencias personales”.

Vivir una “vida casta”

Conocí a la psicóloga después de una conversación inicial con un sacerdote. Él me sugirió que me uniera a un grupo de mujeres con “atracción por el mismo sexo” que habían decidido “vivir una vida casta”. Pero para ser admitida en el grupo tenía que comprometerme a no incurrir en “actos homosexuales” y ser entrevistada por la terapeuta.

El sacerdote me dijo que Courage International no buscaba ‘convertir’ a las personas homosexuales – y sin embargo, la descripción de ‘terapia de conversión’ en un informe de la ONU afirma que estas intervenciones se basan en la idea de que la orientación sexual o la identidad de género de una persona puede y debe cambiarse o reprimirse, y están destinadas a modificarlas por heterosexual o cisgénero.

Nos sentamos en una habitación grande y oscura dentro de una iglesia en un barrio residencial de Ciudad de Guatemala. El sacerdote me leyó, en un tono tranquilo y paternal, los cinco objetivos de Courage International: castidad; oración y dedicación; compañerismo; apoyo; y “vivir vidas que puedan servir de buen ejemplo para los demás”.

“¿Has tenido intimidad con otras mujeres?”, me preguntó. “¿Experimentó alguna situación dañina, como tocamientos, en su infancia?” Su intención, dijo, era indagar en mi historia personal para encontrar alguna experiencia traumática que pudiera explicar mi homosexualidad. También preguntó: “¿Te sientes culpable?”

“Los actos homosexuales son inmorales”, dijo el sacerdote. “La ‘atracción hacia personas del mismo sexo’ no es una enfermedad”, agregó. “Algunas personas dicen que es una disfunción […]. Es solo una condición […]. No es un pecado. Pero si me entrego a esta atracción, puedo estar en pecado”.

Courage International

Este grupo se fundó en 1980 en EEUU para persuadir a las personas católicas gays y lesbianas de seguir una “vida casta”. Fue acusado de promover ‘terapias de conversión’ en Escocia e Irlanda.

‘Terapia de conversión’ es, según a un informe de la ONU, un término amplio para describir “intervenciones de diversa índole que se basan en la creencia de que la orientación sexual y la identidad de género, incluida la expresión de género, de las personas pueden y deben cambiarse o reprimirse […] Estas prácticas tienen siempre el objetivo de convertir a las personas no heterosexuales en heterosexuales y a las personas transgénero o de género diverso en cisgénero”.

Han sido desacreditadas por organizaciones médicas como la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente, que dice que tales intervenciones “carecen de credibilidad científica y utilidad clínica” y son potencialmente dañinas.

En respuesta a nuestros hallazgos, Courage International sostuvo: “Ni la Iglesia Católica ni Courage esperan que nadie pase por orientación o tratamiento para ‘reparar’, ‘convertir’, ‘curar’ o ‘corregir’ de algún modo su orientación sexual”.

Respecto de la terapeuta voluntaria, el grupo indicó: “Si bien psicólogos y otros profesionales pueden ser invitados ocasionalmente a asistir a [nuestras] reuniones, no se los considera personal permanente o miembros del apostolado”.

La declaración añade: “Se vuelve cada vez más claro en el mundo moderno que lo que se incluye bajo el encabezado ‘terapia de conversión’, en la mente de individuos y organizaciones, en realidad incluye cualquier conversación honesta sobre moralidad sexual e identidad sexual desde una perspectiva de fe”.

‘Pensamientos suicidas’

Mientras escuchaba al sacerdote y a la psicóloga, pensé en el sufrimiento que experimentan las personas sometidas a “terapia de conversión” en todo el mundo. Los intentos de ‘curar’ o suprimir la orientación sexual o la identidad de género de las personas LGBTQ ocurren tanto en Guatemala como en EEUU.

Un sobreviviente de estos intentos es el psicólogo guatemalteco Alejandro Villafuerte, una de las pocas voces que denuncia públicamente este tipo de actividades en el país.

“Verse a sí mismo como malvado, enfermo, pecador, el ‘vómito de la vida’, es el peor sentimiento posible”, dijo. “El resultado fueron pensamientos suicidas. Si hubiera seguido asistiendo [a esas sesiones], habría intentado suicidarme”.

Una encuesta de 2018 en EEUU encontró que los jóvenes LGBTQ que pasaron por alguna de estas prácticas “tenían más del doble de probabilidades de reportar intentos de suicidio”.

Una investigación de openDemocracy en Kenia, Tanzania y Uganda a principios de este año también reveló impactos negativos en la salud mental, las relaciones familiares y el bienestar de las personas LGBTQ.

Ahora, nuestra investigación encubierta expone a grupos estadounidenses que promueven “tratamientos” o castidad para las personas LGBTQ en Guatemala, Costa Rica y EEUU.

Aldo Dávila, el primer político abiertamente gay de Guatemala y defensor de los derechos LGBTQ, me dijo: “Teníamos algunas señales de advertencia sobre esta [‘terapia de conversión’ en Guatemala], pero ahora que está confirmado […] nos estamos dando cuenta que es más grave de lo que se pensaba”.

Estas prácticas “violan por completo los derechos más fundamentales a los que tiene derecho cualquier ser humano”, dijo. “¿Cuántas personas están siendo humilladas en este momento, mientras nadie hace nada al respecto?”.

“Los servicios de salud no pueden incluir juicios morales”

Villafuerte, como psicólogo, cree que hay motivos suficientes para que el Colegio de Psicólogos de Guatemala investigue a la terapeuta que conocí.

“Los servicios de salud no pueden incluir juicios morales”, explicó. Las personas que se someten a estas sesiones “pueden ser adultos que consientan, pero esto sigue siendo una estafa y negligencia médica”.

El Colegio de Psicólogos de Guatemala nunca emitió un pronunciamiento sobre la ‘terapia de conversión’. Tampoco respondió las preguntas de openDemocracy sobre cómo manejaría una queja contra la psicóloga de Courage International.

Henry España, defensor de los derechos de la diversidad sexual en la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala, me dijo que esta oficina podría abrir una investigación si una víctima presentaba una denuncia.

“Se debe abrir una investigación, incluso si se trata de servicios privados, [dirigida a] la institución pública con poderes de supervisión, en este caso, el Ministerio de Salud o el Ministerio del Interior en los casos de iglesias [involucradas]”, dijo.

En 2012, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos instó a Guatemala a adoptar políticas públicas específicas para abordar la discriminación por motivos de sexo y género.

Pero, según Dávila, lejos de proteger a las personas de la discriminación, dirigentes políticos impulsan propuestas para acrecentar los ataques contra las comunidades LGBTQ.

Un proyecto de ley de 2018, aún pendiente, buscaba legalizar la homofobia. Ahora, un nuevo proyecto se dirige directamente a los niños y jóvenes LGBTQ con el pretexto de “proteger a la infancia y la adolescencia de los trastornos de identidad de género”.

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