Después de las tormentas
Ocote Verde
Una mancha negra en San Benito
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Pobladores de la comunidad de San Benito 1, en Alta Verapaz, denunciaron que en un riachuelo cercano a la planta de petróleo de Latin American Resources había aparecido una mancha negra que enturbió el agua y mató a los peces. Hicieron un señalamiento directo a la empresa, que niega responsabilidades. Hace unos días varias instituciones tomaron muestras del agua y la tierra.


En algunos lugares del norte de Alta Verapaz huele a petróleo. Es un olor pesado, nauseabundo. Se mezcla con el calor de la zona, se pega a la ropa y se mete por la nariz durante horas. Circula en el aire y se vuelve más intenso por toda la Franja Transversal del Norte, guiada por los oleoductos que serpentean junto a la carretera en el arcén.

En San Benito 1, el olor a petróleo es más fuerte que en otros lugares. San Benito es una comunidad a un lado de la ruta de laFranja, a unos diez kilómetros del Parque Nacional Laguna Lachuá, casi en la frontera entre Alta Verapaz y Quiché. La gente aquí vive de la agricultura. De sembrar maíz, frijol y un poco de arroz.

Hace unos días, en San Benito apareció una mancha negra. Está en una salida de la carretera, después de pasar un pequeño camino de terracería y de cruzar unos cultivos de milpa.

Foto: Carlos Alonzo

La mancha es una pasta, que se mezcla con las hojas caídas de los árboles y formó por encima una costra marrón, arcillosa. También pareciera que se extendió a lo largo del suelo, pero es difícil saberlo. Hace varios días que no llueve en San Benito y el sol secó tanto el terreno que el agua que dicen que enlodó la tierra ya no está.

Sólo queda una pequeña poza, de unos tres metros de largo, a un par de pasos      de la mancha. Está estancada y parece que continúa al otro lado de una      maleza, aunque no se sabe bien hasta dónde llega. Los vecinos dicen que es un nacimiento que nutre un riachuelo que pasa por la comunidad.

El agua que llena la poza, ahora mismo, es totalmente negra. Un lodo muy oscuro. Pero el olor, ese olor pesado y nauseabundo, nos dice que ahí hay algo más que fango.

Foto: Carlos Alonzo

La semana pasada, en Guatemala se dispararon las alarmas. La periodista Rolanda García dio el aviso en sus redes sociales. Recogió las voces de vecinos de San Benito, que advirtieron de la contaminación y aseguraron que se trataba de un derrame de petróleo.

La sospecha venía porque a unos 100 metros de la mancha negra se encuentra uno de los pozos que Latin American Resources, una empresa de petróleo y gas que lleva operando desde 2005, tiene distribuidos en la zona.

Lo cierto es que no se sabe si la mancha salió de la tierra, del nacimiento de agua, si alguien la echó ahí, si fue un derrame, un descuido o algo intencional. No se sabe porque en San Benito hay más dudas que certezas y, hoy aquí, en este punto en medio de los campos de Alta Verapaz, llegaron unas 30 personas a intentar dar algunas luces.

Vienen del Ministerio Público, del Ministerio de Salud, de Ambiente, de Agricultura, de Energía y Minas, del Consejo Nacional de Áreas Protegidas. Vienen a tomar muestras en esta esquina detrás de este campo de milpa, para compararlas con otras que recogieron antes en la misma empresa.

En un rato irán a otro pozo y después a las casas de la comunidad de San Benito, por donde circula el pequeño río sin nombre, detrás de los terrenos de una familia, al que las mujeres llegan para lavar ropa y dar de beber a los animales.

En la denuncia de hace unos días, las personas aseguraban que el agua llegó sucia a este punto de la comunidad. Aquí, hoy, miércoles 10 de febrero, el líquido no se ve oscuro. Sólo se observa una mancha oleosa, pegada a la orilla. Faltará todavía —dice uno de los técnicos que puede ser una semana— hasta que se conozcan los resultados de las muestras.

Foto: Carlos Alonzo

La estela seca

Alrededor de la mancha negra de San Benito todo parece haberse muerto. Es como si el monte, los árboles y arbustos se hubieran secado de golpe.

La estela seca parece concentrarse en el pequeño terreno al lado del muro de la empresa. Las personas de la comunidad están seguras de que la misma mancha negra es la causante de esto. De que se haya muerto la vegetación y de que días antes hayan encontrado peces flotando en el agua.

La empresa lo niega.

Las personas que llegaron hoy a tomar muestras y fotografías están acompañadas de Andrea Fajardo, la mandataria de la planta de Latin American Resources. Con ella está también un ingeniero de la empresa. Fajardo señala los lugares contaminados y comparte sus conclusiones.

No se trata de un derrame, no puede ser, repite. Dice que la mancha, la pasta oscura sobre las hojas, no es “crudo”. Es sedimento. Restos de petróleo y otros minerales que se van quedando tras la producción del combustible.

Y esto es importante porque el sedimento, matiza, es tan espeso que es imposible que haya llegado a ese lugar sin dejar un rastro en la superficie y sin que en la planta lo hubieran notado. El producto tendría que haberlo inundado todo.

“Si esto hubiera sido problema de una de las fosas, la fosa hubiera tenido que pasar primero a la laguna, la laguna contaminarse y el agua venir hasta aquí y tener un rastro”, repasa.

Fajardo explica que la empresa produce petróleo crudo, “pero viene del (pozo) Atzam 4, que está hasta allá”, señala. “Este pozo de aquí no es productor, nos sirve únicamente para inyectar el agua de producción. Acá no hay petróleo”.

En esta parte del campo guardan en toneles plásticos el sedimento restante de todo el proceso. “Además —remarca— cada tanque tiene un dique de contención, que tiene 1 metro 20. Si se rebalsara, entonces podría venir, pero no podría venir sedimento, que      es lo que es esto. Tal vez crudo. Y si eso pasara, toda la planta se tenía que haber llenado”.

Sostiene con firmeza una idea: alguien lo echó aquí intencionalmente. “Creo que alguien pudo haber sacado un tonel plástico”, dice. “No pudieron”, la interrumpe el ingeniero de la fábrica. “Lo trajeron. Claramente”, aclara después de una pausa.

Para apoyar esta idea, Fajardo, señala que a los lados del sedimento se pueden ver las marcas de lo que parece un vehículo. “La razón por la que creo que esto fue planificado es que hay dos rodadas de camión y los árboles que quemaron son únicamente estos y no los de mi terreno”, dice, refiriéndose a la propiedad de la empresa.

Que quemaron. Esa es la segunda teoría sobre la que se apoya. Cree que alguien provocó un incendio para que las plantas se secaran.

¿Quién pudo haber sido? Alguien que quiera dañar a la empresa, asegura. Menciona el nombre de uno de los trabajadores, con quien tuvo un problema por una compra de tierras. Además, dice que entre la comunidad y la empresa hay roces. Los vecinos quieren que la compañía construya un pozo, porque el río se seca en marzo.

Y en la empresa, ¿vieron estos días señales de fuego o de humo? “Te voy a ser muy sincera, no”, responde. De nuevo, da el nombre de uno de los trabajadores, que trabaja en el turno de noche y dice que él pudo haberse aliado con alguien más de la comunidad, a pesar de la confianza que depositaron en él. La compañía ofrece nueve puestos de trabajo a los vecinos de San Benito. Ella dice que “por ayudar”, que no es un compromiso.

Fajardo explica que hace unos días, el 6 de febrero, la empresa también tomó muestras a petición de los Consejos Comunitarios de Desarrollo Urbano y Rural (Cocodes) en varios ríos y los resultados no mostraron restos de petróleo.

***

Aquí, incluso sobre el terreno, es difícil dimensionar la magnitud de la situación. Los miembros de las instituciones recogerán muestras en la comunidad y en varios pozos de agua que      la empresa tiene ubicados en la zona, pero faltará tiempo hasta tener más claridad.

Desde arriba, con un dron, se obtiene otra visión. La estela seca, que parecía concentrarse en los árboles a la par de la empresa, parece seguir el cauce de un río con apenas agua, que se pierde entre la maleza, por donde sigue la ruta que va a dar a las casas de San Benito. Esta imagen refuerza lo que dicen los vecinos, que la poza de agua estancada es la que nutre el riachuelo de la comunidad.

Foto: Carlos Alonzo

Lo que sigue sin quedar claro es dónde empezó a secarse el terreno. Del otro lado de la empresa hay otra poza, mucho más grande, con un líquido que pareciera oleoso en la superficie. Se encuentra a un lado de las instalaciones, justo a la par de una estructura de la que sale un humo blanco. Según Fajardo, esta estructura se llama “pit de quema” y es donde se queman los gases que se generan de la producción del petróleo. 

Alrededor de esta poza, el terreno está húmedo, como de lluvia. La tierra parece haber absorbido el agua en unas zonas, pero en otras continúa empapada. La vegetación, ahí también, se ve seca en ciertas partes, aunque no se aprecia claramente que las dos estelas (esta y la que está al lado de la mancha negra) se conecten. Al menos no en la superficie ni a través de la vegetación.

Foto: Carlos Alonzo

Días después de tomar estas fotografías y de analizarlas, consultaremos a Fajardo por teléfono sobre la mancha en esa poza. Fajardo explicará que la poza es agua dulce estancada, que no tiene contacto con ningún riachuelo ni tampoco acceso a la comunidad. “Es de lluvias fuertes que se llenan”, dirá.

Sobre las manchas oleosas en la superficie, al inicio la mandataria asegurará que se trata del reflejo de las nubes. Después, corregirá: “Es agua de lluvia. A menos que sea otro acto de terrorismo de los comunitarios que hayan venido a verter sedimento”.

¿Qué pasó en San Benito?

Esta tarde en San Benito surgen muchas hipótesis, como pequeños fuegos. Y cuando alguno se aviva, cuando alguien de la empresa o algún vecino de la comunidad eleva un poco la voz para reafirmar su teoría, enseguida aparece un apagafuegos.

La auxiliar fiscal a cargo de la diligencia o un agente de la Policía Nacional Civil o algún miembro del equipo de toma de muestras se apresura a calmar a las personas. “Aquí no vamos a sacar conclusiones ahora. Estamos solo para recoger evidencia”. Y todo se serena por un momento.

Dos días después de la toma de muestras, comenzarán algunos pronunciamientos de las instituciones que estuvieron presentes ese día. El primero, el del Ministerio de Energía y Minas, que se adelantará a decir que no se reportó “ningún derrame de crudo o contaminación significativa del agua, excepto por daños leves”.

También atribuirá estos daños a “malas prácticas ocurridas a unos 150 metros del área en la que opera la empresa Latin American Resources Ltd. y en su planta de procesos”. Como la empresa no reportó esto, deberá presentar sus pruebas de descargo en los siguientes tres días.

Otro ministerio que se pronunciará será el de Ambiente y Recursos Naturales, que dirá que no detectó el derrame de ningún químico, pero añadirá que la empresa no cuenta con un manual de procedimientos contra fugas o derrames.

La institución sí hablará de petróleo y no de sedimento, como dice Fajardo: “En un nacimiento de agua, se observó una capa de grasa y aceite en el espejo de agua, mientras que en el suelo se encontró petróleo crudo, por lo que expertos de la cartera de Ambiente tomaron muestras en dos puntos y fueron trasladadas al Laboratorio Nacional de Salud para identificar las sustancias y tomar las acciones que correspondan de establecerse la contaminación”.

***

Por ahora, toca esperar a que las muestras se procesen. De vuelta en Ciudad de Guatemala, el Ministerio de Salud explica que, aunque se analizan en el laboratorio a su cargo, es el Departamento de Recursos Hídricos y Cuencas del Ministerio de Ambiente el designado para darle seguimiento.

Y en el ministerio, la respuesta es que están “sujetos a los tiempos de esta dependencia para que mande los resultados de los análisis”. Aun así, en el Laboratorio Nacional de Salud reiteran que el personal que hace este procesamiento es el del Ministerio de Ambiente.

Antes de publicar este texto, volvemos a consultar a Andrea Fajardo si ya había entregado las pruebas de descargo que solicitó el Ministerio de Energía y Minas y si tenían alguna otra certeza.

La gerente dice que todavía no les hicieron la entrega oficial de las muestras y, de nuevo, señala directamente a vecinos de la comunidad. Según Fajardo, los nueve empleados que tenían contratados rechazaron sus plazas de trabajo en la empresa. En San Benito, asegura, se establecieron multas de 500 quetzales a las personas que fueran a trabajar a la fábrica: “Si no lo cumplen, los expulsan de la comunidad”.

Foto: Carlos Alonzo

Y en la comunidad, los vecinos lo niegan. Marcelino Pop, agricultor de milpa, le da la vuelta al señalamiento: “Más bien son ellos los que echaron a los gariteros. Los mandaron para sus casas sin tener culpa de nada”.

“Veo esto más como un ataque por otras razones para poder cerrarnos”, concluye Fajardo. Esas razones de las que habla, según ella, tienen que ver con el matrimonio entre Gregory Charles Smith, presidente de la compañía en Guatemala y Zury Ríos, excandidata a la Presidencia por el partido Valor. Según la mandataria, los vecinos manipularon al dueño del campo de milpa detrás del que apareció el material vertido. “Lograron meterle en la cabeza que esta empresa es de militares, y un militar mató a su papá”, dice.

“Los militares no tienen nada con nosotros y esta gente está dolida por su pasado, están jugando con sus mentes y sus corazones. Yo no tengo nada que ver con Zury Ríos, ella no tiene nada que ver conmigo o mi operación”, remarca.

Fajardo adjunta en la conversación unos videos grabados por ella entre la noche del viernes y la del domingo. En uno se puede ver a un hombre sosteniendo una botella plástica con un líquido amarillo. En otro, unas manchas en el suelo. Y en otro, un pequeño fuego, a lo lejos.

“Anoche, en cuestión de una hora, vertieron diésel con una bomba, probablemente para encender fuego con esas botellas que encontramos. Los guardianes lo hicieron o dejaron entrar a alguien”, asegura. En la comunidad se desentienden.

En los últimos días, la empresa recibió varios señalamientos. Les acusaron de amenazar e intentar censurar a Rolanda García, la periodista que publicó los videos e imágenes del agua contaminada. Según explicó García a Prensa Comunitaria, durante varios días recibió llamadas de teléfono y mensajes de texto exigiendo que se abstuviera de hacer cualquier publicación. La periodista atribuyó estas amenazas a integrantes del Cocode afines a la empresa.

Fajardo dice desconocer a quien menciona la periodista. “Yo no le he pagado a nadie para que la censuren y considero que se está victimizando. Sería bueno que aportara pruebas cuando sindica delitos tan graves”.

Latin American Resources también fue señalada estos días de tener varios pagos de regalías pendientes en el Ministerio de Energía y Minas. El monto que debe, según la información que el mismo ministerio entregó a la bancada de la Unidad Nacional de la Esperanza es de US$ 1,542,883.20, de 2016 a octubre de 2020. Son casi 12 millones de quetzales. Según esta publicación de Plaza Pública, Latin American Resources tiene una producción de 200 barriles diarios.

Sobre esto último, Fajardo confirma la deuda: “Sí, se debe y nunca hemos dicho que no vamos a pagar”. Le consultamos acerca de las razones por las que no abonaron las regalías y por la fecha en la que se hará el pago. La gerente explicó que consultaría a la junta directiva de la empresa, pero adelantó: “Tendrías que tomar en cuenta la crisis económica a nivel mundial del precio del crudo, así como también la corrupción de Gobiernos anteriores”.

Foto: Carlos Alonzo

Al final de la tarde del lunes 15 de febrero, después de responder las preguntas de Agencia Ocote, Fajardo informó que habían cancelado su mandato. Indicó que la persona que asumiría el cargo sería Zuriel Arana y se comprometió a facilitar su contacto en cuanto lo tuviera.

La mancha en San Benito sigue. Los vecinos se preguntan cuándo se hará responsable la empresa. La empresa, por qué la comunidad quiere sabotear a la compañía. Mientras, muchas preguntas. Por ahora, todas sin respuesta. El calor pronto terminará de secar el río en San Benito.

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