Después de las tormentas
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Cuando el que no usa mascarilla es el jefe
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La pandemia y el trabajo han generado una relación causa-efecto que ha agudizado las ya bastantes complejas condiciones sociales de Guatemala. Entre las pérdidas, el miedo y el autoritarismo, a la clase trabajadora le queda lidiar con nuevas injusticias.


Que en una celebración, los miembros de una familia decidan reunirse y arriesgarse a compartir en un espacio cerrado y sin mascarillas, puede calificarse de muchas maneras, menos de que sea una acción obligada. Las familias que se arriesgan lo hacen con un consenso previo y quien desea no asistir a la celebración, no llega.

El decreto vigente en Guatemala sobre el uso de mascarillas incluye a todos los habitantes sin distinción, cuando estén en espacios públicos, lugares estatales y privados abiertos al público, cualquier tipo de transporte y lugares privados de acceso restringido. El mismo decreto advierte que el incumplimiento del uso de mascarilla se considera una infracción contra la salud pública y que las sanciones se determinan conforme el Código de Salud, la Ley de Orden Público o el Código Penal.

Los equipos multisectoriales que eventualmente verifican este cumplimiento, lo hacen en lugares que están a la vista de todos, como centros comerciales, mercados, tiendas y transporte público. En estos meses, hemos visto noticias donde el Ministerio de Salud ha hecho llamados de atención y advertencia de multas en casos de reincidencia. Sin embargo, a excepción del caso de un call center a inicios de la pandemia, nunca más volvimos a escuchar que levantaran estos llamados de atención por incumplimientos en una oficina privada.

La mayoría de empresas que están trabajando en modalidades híbridas o permanentemente presenciales, están funcionando bajo los criterios de los departamentos de recursos humanos y en las empresas más pequeñas, al gusto del jefe.

Mientras más personas regresan a sus lugares físicos de trabajo, más historias escuchamos sobre jefes, hombres o mujeres, a los que no les gusta usar mascarilla y en una muestra muy cruel de abuso de poder, deciden no usarla. Una actitud que inevitablemente da lugar para que otros trabajadores hagan lo mismo.

Los lugares de trabajo no son espacios democráticos. El director de la empresa dicta las normas y políticas del lugar y quienes desean trabajar ahí deben asumirlas. Es cierto, existen los derechos laborales para hacer un contrapeso a cualquier exceso o abuso, lo triste es que el panorama laboral mundial, no pasa por su mejor momento.

La Organización Mundial del Trabajo, OIT, reportó que como consecuencia de la pandemia, en 2020 se perdieron unos 34 millones de empleos en América Latina. En Guatemala aun no hay datos oficiales. Dejando por un lado algunas exageraciones hechas por diferentes sectores el año pasado, un análisis bastante aterrizado del economista Juan Alberto Fuentes Knight, publicado en la revista el Colegio de Economistas en agosto 2020, estimaba que podría hablarse de doscientos mil empleos perdidos más otros doscientos mil que por la situación, no se iban a generar para los jóvenes que ingresaran durante el año a la fuerza laboral.

Poco se ha hablado también de la cantidad de empresas que en 2020 rebajaron los salarios a sus trabajadores y que, aunque el mercado se vaya recuperando, no se vislumbra que esos sueldos se vayan a recuperar también.

Con todo este desastre en el mercado laboral ¿Quién se atrevería a denunciar a los jefes que dentro de las oficinas toman una actitud de donaldtrumpiana ante la pandemia?

Estamos a pocas semanas de que se cumpla un año de la confirmación del primer caso de covid-19 en Guatemala y todo parece indicar que en este punto, como sociedad, no hemos aprendido nada.


[Te puede interesar: Adiós, 2020; una columna de Fabiola Hurtado]


*Fabiola Hurtado, madre, esposa, hermana, hija, mercadóloga, en la lucha por sobrevivir a una pandemia. 


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

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