Después de las tormentas
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El sabor de la vacaciones
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Las vacaciones significan muchas cosas, felicidad, tiempo, privilegios, autocuidado, también habla de nosotros ese espacio que este tiempo nos ha hecho cuestionar, el final de un año que, seguramente, no olvidaremos.


Salir de vacaciones del colegio combinaba muchos sabores. Levantarse tarde, ir a la casa de la abuela, ver caricaturas de Hanna & Barbera por horas, salir a jugar bote perdido y esperar, como si fuera la llegada de Santa Claus, a que maduraran los nísperos del árbol de la vecina. Todo ese combinado sabía a felicidad.

Aunque el paso de los años cambia las actividades, la emoción sigue siendo la misma. El niño de la casa marca los días que faltaban para dejar de madrugar, prepararse para ir de campamento, luego instalarse en casa de los abuelitos porque ahí hay botones, hilos, herramientas y todo lo necesario para hacer manualidades que luego vende a toda la familia y así tiene algo de dinero a fin de año. Esto también tiene el dulce sabor de la felicidad.  Actividades más, actividades menos, es una temporada que llega siempre para recargar antes de volver a empezar un nuevo año. 

Hasta que apareció algo llamado 2020 y nos recordó que no se puede dar nada por sentado

Esta vez, entre covid, lluvias, huracanes y el loop eterno de sufrir un corrupto gobierno de turno, olvidamos que estábamos esperando los nísperos y las melenas alborotadas por el viento.

La emocionante espera de todas las cosas buenas que pasan en los últimos meses, fue  sustituida por una horrible lista de tragedias, con el sabor amargo de una pandemia de fondo.

Y aunque me guste repetir que cada día que pasa es un día menos de las plagas del apocalipsis, es duro mantenerse entera cuando escuchas en una reunión virtual de amiguitos, que a un niño le piden el teléfono porque están llamando a su madre para despedirla del trabajo, que otra niña cuenta que su familia entera se contagió y sus abuelos no lograron salir y otro niño lamenta que sus papás no podrán abrir de nuevo su negocio. No hay sabor que explique esto.

Le prometí a mi niño que las próximas vacaciones serán diferentes. Que habrá mucha calle, abrazos y hermosos atardeceres sin huracanes. Le pedí a cambio que me prometiera que seguiremos buscando las cosas más lindas que ocurren cada día de las vacaciones actuales, para que siempre recordemos a qué sabe la gratitud, incluso en medio del caos. 

Mientras hacemos el trato y agito la bola de nieve que usamos para pedir deseos, los países negocian la distribución de vacunas. Centroamérica todavía no tiene turno asignado. Toca seguir agitando la bola de nieve otro buen rato.

[Te puede interesar: De información falsa y otros hombres lobo, una columna de Fabiola Hurtado]


*Fabiola Hurtado, madre, esposa, hermana, hija, mercadóloga, en la lucha por sobrevivir a una pandemia. 


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

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