Después de las tormentas
COVID-19
No hay evidencia de que el coronavirus se haya debilitado
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En Europa se han comenzado a detectar menos casos de COVID-19 y surgen dudas sobre su posible debilitamiento. Pero no es así. Podrían pasar años para que suceda o incluso podría evolucionar. Los detalles están en esta nota de Maldita.es que republicamos.


En algunos medios y redes se ha publicado o comentado (aquí o aquí, por ejemplo) que el coronavirus se ha debilitado y que por eso hay más contagiados sin síntomas, que en los momentos más duros de la pandemia. No hay evidencias de que sea así. La detección de más casos asintomáticos se debe a que en Europa se realizan más pruebas y el seguimiento de contactos.

No hay evidencias de que el coronavirus sea ni menos transmisible ni menos virulento

Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, España, y miembro de la Sociedad Española de Microbiología, explica que “esta idea del ‘debilitamiento’ del coronavirus la han promovido algunos malos observadores que han propagado la idea de que los casos ahora tienen menor carga viral y hay muy pocos pacientes con síntomas”.

Pero no hay evidencias científicas que respalden que el coronavirus sea ni menos transmisible ni menos virulento. “El virus no se ha debilitado”, dice tajante Jiménez.

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Lorenzo Armenteros, portavoz COVID-19 de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), afirma a Maldita Ciencia que el coronavirus sigue inalterable en la virulencia y patogenicidad (capacidad para producir enfermedad) respecto al original de Wuhan, China. “No podemos confirmar que genéticamente se haya modificado para variar su funcionalidad”, sostiene.

En Maldita Ciencia se explicó que, aunque en algunos países se ha conseguido frenar la curva y reducir el número de nuevos infectados, en algunos lugares del mundo el ritmo de contagios sigue aumentando.

Más pruebas y el seguimiento de contactos ayudan a detectar más casos asintomáticos

La explicación de por qué se detectan más casos asintomáticos “es muy sencilla”, según Jiménez: “En marzo (en España) los positivos por PCR (reacción en cadena de la polimerasa) eran aquellos que ingresaban graves en un sistema sanitario en saturación progresiva y con una capacidad muy limitada aún de hacer pruebas PCRs. Es decir, solo se diagnosticaban casos graves, la punta del iceberg y no se daba abasto”.

Ahora, tras el confinamiento, el virus circula de manera mucho más controlada. Por lo tanto, “estamos diagnosticando ese 80% de casos asintomáticos o leves, especialmente en gente joven”.

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“Por suerte, el iceberg es ahora una serie de cubitos de hielo (brotes) y tenemos pruebas PCRs para intentar encontrarlos a todos”, sostiene. Es decir, se están detectando los casos asintomáticos que antes hubieran pasado inadvertidos.

“No es que haya menos casos graves en proporción. Habrá los mismos, pero ahora estamos diagnosticando esa inmensa mayoría de casos asintomáticos y leves”, afirma. Tener conocimiento de estos casos es clave para “contener la transmisión, establecer las cuarentenas y otras medidas necesarias y no volver al estado de emergencia y a la saturación de la sanidad”.

La detección de más casos asintomáticos, según Armenteros, puede deberse a múltiples factores. Por ejemplo, a que la edad de los afectados y la carga viral sea menor y la diseminación comunitaria y los contactos hayan disminuido. A esto, también se suma que los diagnósticos son más precoces, se hacen muchas más pruebas y se realiza un seguimiento de los contactos, añade.

El coronavirus podría perder virulencia, pero pueden pasar “años o décadas” hasta que ocurra

¿Podría en algún momento el virus debilitarse? ¿Cómo de probable es que ocurra? “No lo sabemos”, responde Jiménez. Lo más probable, según el microbiólogo, es que el coronavirus pierda virulencia pero muy progresivamente. Aunque “pueden pasar años o décadas”.

Los expertos hacen referencia a la experiencia con situaciones similares anteriores. “Si nos fijamos en un virus que muta rápidamente, como el virus de la gripe, observamos que los nuevos virus pandémicos que surgen de combinación de genomas virales animales y humanos (Gripe A, Gripe de 1918…) se adaptan rápidamente. El virus de 1918 en versión light ha seguido circulando décadas, en versión gripe estacional de menor virulencia que los inviernos en los que surgió”, explica el microbiólogo.

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La evolución natural de los virus tras el salto de especie es adaptarse paulatinamente al hospedador. Armenteros explica que todos los virus al cabo del tiempo se van debilitando, como una forma de sobrevivir. Se trata de “un proceso innato a su propia naturaleza”: “Para vivir necesitan un huésped, en este caso el ser humano, y si lo eliminan se eliminarían ellos mismos”.

Miguel Pita, doctor en Genética y Biología Celular en la Universidad Autónoma de Madrid, indica en The Conversation que pese a que es esperable que el virus pierda agresividad en esta pandemia, “puede tardar en suceder e incluso no ocurrir nunca”.

“Aunque solemos hablar de virus en singular, en realidad lo que nos infecta son cientos o miles de partículas virales (o viriones) de forma simultánea”, explica. Al infectarnos, repiten incansablemente el mismo proceso: “Una o varias de ellas entran en una célula y producen cientos o miles de nuevas partículas virales”.

Es decir, una característica de los virus es su abundancia simultánea de copias. Son pequeños, pero muchos. “Así que, si el actual coronavirus se dispone a perder virulencia, es necesario que la pierdan los miles de millones de viriones que infectan a los millones de individuos de nuestra especie. Y claro, eso no ocurre de la noche a la mañana”, indica.

El nuevo coronavirus evoluciona lentamente

De hecho, Jiménez explica que el nuevo coronavirus evoluciona lentamente: “Es bastante lento para un virus de RNA, porque es muy complejo y tiene una actividad de ‘corrección de errores’ cuando copia su genoma al producir miles de copias en cada una de nuestras células infectadas”.

La evolución selecciona las mutaciones con más éxito y matar al hospedador no es un éxito para un virus, pues impide su propagación. Por ello, el microbiólogo considera mucho más probable que el coronavirus pierda virulencia de manera paulatina a que gane virulencia o que “cambie” los síntomas, aunque “tampoco es un escenario imposible”.

“La mayoría de nosotros cree que las vacunas llegarán antes de que el virus cambie su comportamiento a mejor o a peor. Pero puede sorprendernos. No sería la primera vez que lo hace”, indica.

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Este texto fue publicado originalmente en Mala Espina Check. Y en Agencia Ocote la republicamos gracias a la alianza LatamChequea. Puedes leer la publicación original en este enlace.

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