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Los cuadernos del fin del mundo XI

Cuando alguien busque “Cómo se vivió la pandemia en Guatemala” estas anotaciones de la escritora Vania Vargas serán una profunda respuesta.

XXXV Estamos en el momento de la pandemia en que parece que ya todo hubiera pasado. Las cifras diarias de los contagios se movieron, hace mucho, a las noticias de …

Vania Vargas Guatemala

XXXV

Estamos en el momento de la pandemia en que parece que ya todo hubiera pasado. Las cifras diarias de los contagios se movieron, hace mucho, a las noticias de segundo plano. Afuera todo se parece a lo que era, de no ser por las mascarillas. Parece como si, de la nada, hubiéramos brincado a la fase en la que nos corresponde explorar y colonizar el fin del mundo, hacerlo rentable. La gente no tiene miedo, es lo que se dice, es lo que parece. Pero con un poco más de atención, uno ve cómo salen de su casa y no olvidan llevárselo puesto, así como no olvidan las llaves o la billetera. Lo toman de la mano, lo suben al auto, al taxi compartido, a la bicicleta. Lo sacan los domingos a pasear, lo llevan al trabajo todos los días. Es un miedo más, un miedo que puede llegar a ser como los otros, esos que tuvieron que amaestrar mucho antes de todo esto, para volver tarde del trabajo, para salir a buscar transporte de madrugada, para caminar ciertas cuadras, para vivir, a secas, en este país, en el que a falta de un respaldo gubernamental, solo queda dejarle la mala suerte al azar, hacerse los quites que se pueda, dibujarse una mediana señal de la cruz, y de un paso más largo, agarrarse de la baranda de los días, que pasan puntuales, que no se detienen.

XXXVI

El día que escuché a mi sobrina más pequeña llegar cansada de correr por el patio y preguntar, con desesperación, si ya podía entrar a la casa, el encierro y la pandemia dieron un vuelco en mi cabeza y en el espacio de las probabilidades. ¿Qué pasaría si la pregunta cotidinana dejara de ser cuándo podemos salir? Y por un momento pensé en las catástrofes que obligan a la gente a abandonar su casa, a dejarlo todo en nombre de la vida y la seguridad: un terremoto, un deslave, una erupción, un huracán. Todos males conocidos y factibles en este país, donde hoy la orden y la salvación de una pandemia apuntan casa adentro. Pensé en los exilios que se extienden, en los que nunca tuvieron final. Pensé en los migrantes, en los que esperan a ser retornados en situaciones que los exponen al contagio, a la muerte y, ahora, también, al rechazo y al temor de sus casas, de sus comunidades. Los que dejaron de ser esperanza y se convirtieron en riesgo. Los que esta vez no van a tener tiempo de volver como héroes. ¿Cuándo van a poder entrar? Me pregunto, mientras todos estamos adentro, y al echar la doble llave, me lanza un guiño el metal, como si empezara a descubrir otros rasgos ignorados de un privilegio conocido.

XXXVII

Algo debía dejarnos el 2020, además de pérdidas. Por eso, en la medida en que sigue su curso, yo voy guardando una serie de imágenes de muchos de sus grandes protagonistas, quizá para tratar de delinear en medio de su oscuridad, un guiño de resistencia y de esperanza, algo que brille cuando todo esto haya pasado, y nos toque ver hacia atrás: los médicos luchando contra el virus y contra el gobierno, los motoristas solitarios de las entregas a domicilio, los maestros que tuvieron que embarcarse contra el tiempo en el manejo de las plataformas virtuales, los conferencistas en pantalón de pashama, los gatos y los perros en las sesiones virtuales, los que se pusieron a cocinar para los que se quedaron sin trabajo y sin la posibilidad de comer, el silencio de los toques de queda, el volumen que ganaron los pájaros, aquellos que tuvieron que adaptarse, los que tuvieron que reinventarse, los que aprendieron a sembrar, los que aprendieron a hacer pan, los que volvieron a la plaza contra la desidia gubernamental, los que a pesar del fin del mundo y de sus fines del mundo personales, aquí, no dejaron de bailar…

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*Vania Vargas es poeta y narradora guatemalteca, ha publicado varios libros de poesía y narrativa, además de publicar periódicamente ensayos en periódicos y revistas, y trabajar como editora literaria.


Las opiniones emitidas en este espacio son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan los criterios editoriales de Agencia Ocote. Las colaboraciones son a pedido del medio sin que su publicación implique una relación laboral con nosotros.

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