Juan Francisco Solórzano Foppa era «parecidísimo» a su tío, Mario. «Inteligentes, comprometidos y pasados de riesgo. Valientes, por supuesto, pero mucho más que eso», recuerda Julio, otro tío de Juan …
Juan Francisco Solórzano Foppa era «parecidísimo» a su tío, Mario.
«Inteligentes, comprometidos y pasados de riesgo. Valientes, por supuesto, pero mucho más que eso», recuerda Julio, otro tío de Juan Francisco y hermano de su madre, Silvia Solórzano Foppa.
Mario murió el 9 de junio de 1981, a sus 34 años, en un enfrentamiento armado mientras las fuerzas de seguridad del Estado allanaron la casa de seguridad donde estaba escondido. Fue un periodista que, durante sus últimos años, también colaboró con el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).
Veinticinco años después, Juan Francisco fue asesinado en el Campo Marte, en la zona 5 de la Ciudad de Guatemala, un parque público que frecuentaba los fines de semana. Él era un abogado y exfiscal del Ministerio Público (MP) que a través de sus redes sociales denunció temas asociados a cómo opera el crimen organizado en el país; también acusó al partido político Unión Nacional de la Esperanza (UNE) y a la pandilla Barrio 18 de estar detrás del asesinato del cantante Farruko Pop.
Además, los enfrentamientos de dicha pandilla con su rival, la Mara Salvatrucha (MS13) y, recientemente, una supuesta incursión de mercenarios de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos para capturar a un narcotraficante de Zacapa.
El asesinato de Juan Francisco sigue bajo investigación y el caso fue declarado bajo reserva.
La vida de la familia Solórzano Foppa ha sido marcada por las pérdidas de algunos integrantes, pero también por el interés en la política, el arte y la defensa de los derechos humanos.
La semilla que dejó Alaíde Foppa y Alfonso Solórzano
Alaíde Foppa Falla fue muchas cosas: poeta, académica, traductora, historiadora y crítica del arte, son algunas de ellas. Nació en Barcelona, España, el 3 de diciembre de 1914. Su madre fue una guatemalteca llamada Julia Falla y su padre, Tito Livio Foppa, un periodista, dramaturgo y diplomático ítalo-argentino.
Aunque creció y estudió en Italia, Foppa regresó a Guatemala en 1943. Se integró en grupos de mujeres organizadas en las vísperas de la revolución de octubre de 1944.

«Ya por entonces escribía y fue del grupo que demandó el derecho al voto y a la ciudadanía para las mujeres en la revolución», explica la socióloga feminista Ana Silvia Monzón.
Allí, se involucró en la lucha social y conoció a Alfonso Solórzano, un comunista que estudió en Alemania e integró el Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), con quien se casó.
Ambos pertenecían a familias de cafetaleros: los Solórzano, de una finca cercana a Malacatán, San Marcos, y los Falla, radicados en Sacatepéquez.
Alfonso Solórzano dejó un legado intelectual, según la investigadora Gabriela Escobar, de la Universidad Rafael Landívar. Fue alguien que «escribió y teorizó qué hacer ante la contrarrevolución de Jacobo Árbenz. Un militante del Partido Comunista que transmitió toda una serie de valores revolucionarios a su familia», explica.
En 1954, cuando el entonces presidente Árbenz recibió un golpe de Estado, Solórzano era el director del Seguro Social. Esto lo obligó a exiliarse en México, junto a su familia.
En México crecieron los cuatro hijos de Alaíde y Alfonso: Mario, Silvia, Laura y Juan Pablo; además Julio, el primer hijo de Alaíde con el expresidente Juan José Arévalo Bermejo —padre del actual presidente de la República Bernardo Arévalo–.

Julio Solórzano cuenta que se enteró de que su padre era Juan José Arévalo Bermejo después de la muerte de su madre, cuando un periódico mexicano lo publicó. En los años siguientes, construyó una relación con Juan José Arévalo, quien en una carta, le explicó la situación.
«La parte ideológica de esa familia la llevaba Alfonso Solórzano. Yo puedo decir, en lo personal, que toda mi formación política y la de mis hermanos dependía básicamente de él, que era que era un hombre muy preparado y un marxista sólido», recuerda Julio Solórzano.
El hogar de los Solórzano Foppa se convirtió en el seno de reuniones de dos grupos. A Alfonso lo visitaban los integrantes del PGT; también exiliados en México. Y con Alaíde se reunían intelectuales, artistas y escritores tanto guatemaltecos, como de otras latitudes.
El feminismo latinoamericano inicia de la mano de Alaíde Foppa
Durante su exilio en México, Alaíde Foppa coordinó el departamento de Letras Italianas de la Universidad Nacional de México (UNAM), donde también creó el primer curso de Sociología de la Mujer en Latinoamérica.
En 1976, fundó junto a Margarita García Flores, Fem, la primera revista feminista en México y el subcontinente e inició la transmisión semanal en Radio Universidad del programa Foro de la mujer, que llegó a las cuatrocientas transmisiones interrumpidas antes de su muerte.
El programa era amplio: Alaíde Foppa hablaba sobre poesía escrita por mujeres, invitaba a otras mujeres a conversar y analizaba temas concretos de la lucha feminista, como la legalización del aborto en México.
Esta diversidad, según dijo su hija Silvia en una entrevista, «la fue llevando al terreno de su transformación como activista y pensadora feminista».
Durante las transmisiones, Alaíde Foppa también evidenció la realidad de la guerra interna en Guatemala.
«Su programa tuvo fuerte impacto y suscitó indignación por la realidad que revelaba: la represión indígena en Guatemala y la violencia sanguinaria contra las mujeres K’iche’ sometidas al estupro, a la violación, a la tortura y a la muerte», recuerda la académica italiana Annunziata Rossi en su texto Un semblanza de Alaide Foppa.
«El legado de Alaíde es de un gran compromiso social y de una alta conciencia social. Ella colocó esta lucha por lograr la justicia social y una transformación en nuestro país por encima de sus intereses personales. Esto es una herencia hacia sus hijos e hijas que lo abrazaron de una manera u otra», explica Ana Silvia Monzón.
El regreso de los hijos Solórzano Foppa a Guatemala
Tres de los hijos de la familia Solórzano Foppa regresaron a Guatemala. Mario lo hizo en los años setenta. Trabajó como periodista, fue editor en El Gráfico y luego, fundó su propio periódico: Nuevo Diario.
A Mario lo siguió su hermana Silvia, quien culminó su práctica profesional como médica en Guatemala, antes de unirse al EGP. Luego llegó Juan Pablo, el menor, para también sumarse a la guerrilla.
Silvia fue pareja de Carlos Enrique López Arévalo, otro miembro del EGP conocido como el comandante Camilo, que también falleció en un enfrentamiento con el ejército. Él es el padre de Juan Francisco Solórzano Foppa.

Sobre la incorporación a la guerrilla, «optamos por no decirle a mi padre, porque el PGT en ese momento no estaba por la lucha armada. Incluso no fue una decisión hablada ni compartida por nosotros tres, ni mucho menos», recuerda Silvia en una entrevista.
Sin embargo, en ese mismo texto, Silvia indica que Alaíde y Alfonso sí se enteraron posteriormente de que sus hijos se unieron a la guerrilla y los ayudaron a mantenerse en la clandestinidad.
Mario, Silvia y Juan Pablo Solórzano Foppa fueron claves en la historia de Guatemala, según la investigadora Escobar.
«Fueron parte de la guerrilla, que es el movimiento antagónico al Estado más importante que existió en el siglo XX. Aunque muchas veces la gente no lo ve, fue un movimiento también prodemocrático, en contra de la desigualdad y en contra del racismo», explica.
Los años de guerra transcurrieron y en 1980, se celebró una reunión en Managua, Nicaragua, para iniciar con la cuatripartita, una alianza entre las tres organizaciones guerrilleras que actuaban en el país: las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) y el EGP, junto a una facción del PGT.
La cuatripartita luego se convirtió oficialmente en 1982, en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).
En el evento participaron varios intelectuales guatemaltecos como testigos de honor, entre ellos, Manuel Galich, Luis Cardoza y Aragón y Alaide Foppa. Ellos conformaban el Comité Guatemalteco de Unidad Patriótica, una organización política de izquierda que, desde el exilio, operó como un frente político y base de denuncia internacional de la URNG.
«Es así cómo la «borghese illuminata», cuya madre poseía latifundios en Guatemala, acabó por tomar una posición de crítica despiadada en contra de la clase dirigente guatemalteca y en contra de sus propios intereses de clase», establece Rossi en su texto.
Los años 80 marcaron la violencia política que golpeó a los Solórzano Foppa
En junio de 1980, Juan Pablo falleció durante el combate en Nebaj, Quiché. Sus padres se enteraron por medio de una carta dos meses después, en agosto.
Días más tarde, Alfonso Solórzano murió luego de que lo atropellaran en Ciudad de México. El conductor huyó y el crimen nunca fue esclarecido.
En diciembre de ese año, Alaíde Foppa regresó a Guatemala —como solía hacerlo—. El 19 de ese mes, salió de la casa de su madre, ubicada en la 11 calle y 11 avenida de la zona uno de la Ciudad de Guatemala, junto al chofer Leocadio Actún Chiroy.
Ambos fueron desaparecidos por un grupo de paramilitares, durante el gobierno del general Romeo Lucas García.
Los cuerpos de Alaíde Foppa y de Leocadio Actún nunca aparecieron. El caso ha sido llevado a la Audiencia Nacional Española, la Corte Suprema de Justicia de Guatemala y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, 45 después, no ha sido esclarecido.
El 3 de diciembre de 2024, el gobierno de Guatemala pidió disculpas públicas al asumir su responsabilidad en la detención y desaparición de Alaíde Foppa en un acto oficial en el Palacio Nacional.
«Su familia, como muchas otras en Guatemala, ha sido sistemáticamente golpeada por la violencia política. En el tiempo del Conflicto Armado Interno desaparecieron familias enteras o a muchos integrantes de una familia, tanto en el área urbana como rural», comenta Ana Silvia Monzón.
«Entonces, es parte de este sistema hegemónico en nuestro país, sumamente intolerante y depredador, y para nada democrático, sino más bien autoritario», añade la socióloga Monzón.

El legado de los Solórzano Foppa
«No ha sido atípico que familias de clase media, profesional, intelectual completas —o que porciones importantes de ellas— participaran en luchas revolucionarias», explica Gabriela Escobar.
Más bien, la historia de los Solórzano Foppa sigue un patrón: personas que se politizaron en apoyo de los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz Guzmán (1945-1954) y cuyos hijos se radicalizaron en los años sesenta, bajo la influencia de la revolución cubana.
Algunos de ellos murieron, desaparecieron o salieron al exilio durante la guerra, entre 1960 y 1990.
«Después viene una tercera generación que regresa alrededor de los acuerdos de paz. Muchos nietos o bisnietos de los originales revolucionarios siguen participando en política de izquierda o empiezan a participar en movimientos sociales pro democráticos», agrega la investigadora Escobar.
Silvia Solórzano Foppa volvió a Guatemala en 1997, después de los acuerdos de paz. Vivió en Cuba porque fue delegada para realizar el trabajo diplomático e internacional de la URNG.
Se postuló en 1999 como candidata para el Parlamento Centroamericano (Parlacen) y para el Congreso de la República en 2023. No fue electa, pero continúa militando en URNG.
«Silvia es de esos militantes que ya hay pocos, verdaderamente consecuentes hasta el final. Ella se ha jugado la vida y ha trabajado por esa organización en la guerra, en la paz, en el exilio y en todas partes», dice Julio Solórzano.
Julio Solórzano también regresó a Guatemala. Es músico y ahora dirige el Memorial para la Concordia, una organización no gubernamental que busca dignificar a todas las víctimas del conflicto armado.

Laura, la otra hermana de Julio y Silvia, nunca volvió a Guatemala. Desde México, viajó a Ecuador, donde trabaja como bailarina y dirige una escuela de baile.
El 20 de octubre de 2026, Juan Francisco Solórzano Foppa fue despedido por amigos, familiares, bomberos —a los cuales él pertenecía— y organizaciones sociales en un homenaje en la plaza central.
Su tío Julio Solórzano, considera que el contexto del asesinato de Juan Franciso es totalmente diferente al de la desaparición forzada de su abuela, Alaíde.
Esta vez, sucedió bajo un gobierno democrático, y no en una etapa de dictaduras militares; mientras Guatemala es liderada por el sociólogo Bernardo Arévalo, hermano por parte de padre de Julio Solórzano Foppa.
Bernardo Arévalo llegó al poder con el partido político Movimiento Semilla, después de 106 días de paro nacional en el que la población, liderada por las autoridades ancestrales, exigieron que se respetaran los resultados de las elecciones.
Aunque aún no se conoce quién o por qué asesinaron a Juan Francisco, su tío considera que es un crimen político.
«Es un personaje con una posición política que si lo mataron por otra razón, de todas maneras está generando una crisis política en el país. En 30 años no había habido un asesinato que provocara la reacción que está sucediendo ahora», finaliza.
—
Llamado a la acción: Para conocer más sobre la historia de víctimas del Conflicto Armado Interno, escucha Aquí pasó algo, un especial sonoro de Agencia Ocote.
Escucha aquí la cápsula sobre la desaparición de Alaíde Foppa.
—
Créditos:
Redacción: Kristhal Figueroa
Edición: Lourdes Álvarez Nájera




