César Medina Lara «Urgen bibliotecas públicas que funcionen como centros de convivencia cultural»

La nueva edición de la Feria Internacional del Libro en Guatemala (FILGUA) ya comenzó con una intensa planificación de actividades para promover el encuentro de autores, editoriales y lectores en el país. Dedicada a Carlos Navarrete Cáceres y con Italia como país invitado, se realizará del 6 al 18 de julio de 2027. César Medina Lara, presidente de la Asociación Gremial de Editores y Director del Fondo de Cultura Económica (FCE) en Guatemala, conversó con Agencia Ocote sobre ese proceso. Además, sobre los retos que enfrenta la industria editorial y las expectativas sobre la gestión del ministro de Cultura, Luis Méndez Salinas –nombrado hace cuatro meses– en dos compromisos clave: la creación y fortalecimiento de bibliotecas mediante las Casas de la Cultura y la revisión de la Ley del Libro.

César Medina Lara es el presidente de la Asociación Gremial de Editores de Guatemala desde noviembre de 2025. Además, es director del Fondo de Cultura Económica en Guatemala (FCE). Con …

César Medina Lara
Christian Gutiérrez

César Medina Lara es el presidente de la Asociación Gremial de Editores de Guatemala desde noviembre de 2025. Además, es director del Fondo de Cultura Económica en Guatemala (FCE). Con más de 30 años de experiencia en promoción del ecosistema librero y editorial, Medina inició su trayectoria en San Miguel de Allende, México, donde por 17 años fue jefe del departamento en librerías, coordinador de ferias de libro nacionales e internacionales y parte del proyecto Librobus de la empresa Educal, una entidad paraestatal creada para promover la lectura y comercializar fondos editoriales públicos e independientes.

Medina llegó a Guatemala hace 12 años y desde 2014 se ha convertido en una figura clave para el desarrollo de las distintas ediciones de Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua) en la Ciudad de Guatemala, así como otras ferias en otros departamentos del país, como parte de la iniciativa Libro al Viento.

En conversación con Agencia Ocote, Medina destaca el balance positivo de la última edición de Filgua 2026, dedicada a Rigoberta Menchú Tum, maya K’iche’ ganadora del Premio Nobel de la Paz 1992 y sobreviviente del Conflicto Armado Interno, el mismo año donde se conmemoran 30 años de los acuerdos de paz.

Medina también plantea las expectativas que generó en el «mundo editorial» el nombramiento de Luis Méndez Salinas como Ministro de Cultura —ya que proviene de ese gremio cultural—y señala la importancia de implementar acciones políticas concretas a favor de la cultura en el país.

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Fotografía: Christian Gutiérrez

Ya reposado el balance final de la edición 2026 de Filgua ¿Qué destacaría del homenaje a Rigoberta Menchú Tum en un año donde también se conmemoran 30 años de la firma de paz?

Indudablemente tuvo un impacto muy cercano y directo. En el Fondo de Cultura Económica, por ejemplo, teníamos agotado el libro Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia. Trajimos más ejemplares y el desplazamiento en ventas dentro de Guatemala fue notable. Además de la venta de libros –sobre memoria histórica–, vimos una afluencia distinta, porque llegaron muchas más delegaciones de comunidades del interior del país, gracias a la convocatoria directa de la doctora Menchú y al interés por la temática.

​Este resultado fue producto de una coincidencia afortunada entre tres ejes temáticos que terminaron articulando toda la feria. Cuando la gremial decidió el homenaje, fue por la trayectoria de la doctora que incluye el galardón del nobel. Posteriormente se sumó la conmemoración de los 30 años de la firma de los acuerdos de paz impulsada por instituciones como la COPADEH (Comisión Presidencial por la Paz y los Derechos Humanos).

Alemania, como país invitado de honor, sumó su experiencia sobre cómo gestionaron la memoria histórica y la reunificación tras la Segunda Guerra Mundial.

​Para nosotros, más allá de los números de ventas o de asistencia por sala, lo verdaderamente significativo fue el impacto en el entorno social y pedagógico. Era fundamental que los jóvenes de menos de 30 años quienes no vivieron el conflicto armado ni el contexto en que la doctora Menchú recibió el Premio Nobel, se acercaran a ella y a estas discusiones. 

La Filgua logró ser ese canal para reactivar una memoria histórica viva que, como gremial, creemos firmemente que no debe perderse en el país.

​En ese balance hubo un 15% más de asistentes respecto a Filgua 2025 ¿Considera que se ha logrado fomentar la literatura en el público, que en ocasiones asiste atraído por espectáculos como la Noche de Star Wars o la Noche del Terror?

​Las noches temáticas son fundamentales porque atraen al público y lo acercan a los libros. Vemos un fenómeno curioso, por ejemplo con Harry Potter, donde los adolescentes que leyeron la saga ahora son padres que transmiten ese gusto a sus hijos. Aunque el fin principal no sea siempre una venta inmediata, a veces la gente asiste atraída por el espectáculo o por nostalgia. 

El valor real radica en formar nuevos lectores, algo que también replicamos en las cuatro ferias Libro al viento que organizamos en el interior del país.

​Actualmente no contamos con estadísticas exactas sobre el índice lector, pues es un estudio que aún estamos elaborando. En Guatemala y Centroamérica faltan datos precisos sobre el tamaño real del mercado, la cantidad de libros importados, la circulación de la piratería o el impacto del mercado de segunda mano que mueven asociaciones como ASLIGUA (Asociación de Libreros de Guatemala).

El indicador formal más claro con el que contamos es el registro del ISBN nacional, que administra la gremial y que ya supera los 1,200 títulos nuevos registrados al año.

​A pesar de esa falta de mediciones cuantitativas precisas, el crecimiento continuado de la Filgua refleja la maduración y profesionalización del sector. Esto es fruto de la trayectoria de las instituciones que integran la gremial: sellos como el Fondo de Cultura Económica con 31 años en el país; Piedrasanta con más de 20 años; librerías referentes como Sophos; o editoriales independientes como Catafixia que ya superan una década. 

Esa experiencia acumulada es la que sostiene el desarrollo de la feria.

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Fotografía: Christian Gutiérrez

Para profundizar sobre las condiciones de la industria del libro en Guatemala, un país con desafíos históricos y estructurales en temas como educación. ¿Cuáles considera que son los principales obstáculos que enfrenta la industria editorial?

​El principal obstáculo es la falta de un mercado amplio de compradores, lo que nos obliga a hacer fomento lector para crear público. Históricamente ha faltado articulación en políticas públicas sobre el libro, aunque hoy vemos avances positivos con los programas de bibliotecas de aula del Ministerio de Educación y la reactivación de la Editorial Cultura.

​La gran urgencia en el país es construir bibliotecas públicas que funcionen como centros de convivencia cultural y no solo para hacer tareas. Un modelo como La Teca quisiéramos ver en cada municipio. Por eso, desde la gremial impulsamos el Congreso Nacional de Bibliotecarios para promover estos espacios.

En 2020, el Ministerio de Cultura y Deportes (MCD) dejó sin respaldo económico del presupuesto público a Filgua. En el Gobierno de Bernardo Arévalo también hubo cambios en esa cartera, que hace cuatro meses dirige Luis Méndez Salinas ¿Cómo han logrado sobrellevar ese tipo de decisiones que toman las figuras políticas de turno?

Para hacer cultura en América Latina hay que ser necios. En los momentos más oscuros, como en la administración de Alejandro Giammattei, sobrellevamos el cierre del Ejecutivo tejiendo alianzas con la iniciativa privada, la cooperación internacional y, sobre todo, gestionando directamente desde el Congreso con las comisiones de Cultura y Finanzas para exigir la liberación de los fondos.

​Esa gestión nos permitió aumentar el presupuesto de dos a seis millones de quetzales para este 2026. Este incremento sirvió para descentralizar la feria y crear las cuatro ediciones de Libro al viento (en Retalhuleu, Chiquimula, Cobán y Quetzaltenango), además de subsidiar la visita a la capital de niños lectores de proyectos comunitarios como la biblioteca Bernardo Lemus.

​Para evitar retrocesos con futuros gobiernos, estamos dejando bases institucionales firmes. Buscamos que los 6 millones de quetzales queden fijos desde el Plan Operativo Anual (POA) del Ministerio de Cultura y que el precedente sentado en los departamentos vuelva irreversible el financiamiento de las ferias.

Ante la gestión del nuevo ministro de Cultura –Luis Méndez Salinas– el gremio espera dos compromisos clave: la creación y fortalecimiento de bibliotecas mediante las Casas de la Cultura, y la revisión de la Ley del Libro para proteger a todo el ecosistema editorial en Guatemala.

(La Ley de Fomento del Libro, fue aprobada por el Congreso el 31 de octubre de 1986 y publicada en vigor en 1989, por eso el sector editorial pide una revisión y actualización)

El proyecto Libre al Viento llegó a Retalhuleu, Chiquimula, Cobán y Quetzaltenango ¿Cuál fue la experiencia de la feria del libro en esos departamentos del país?

​Llegar a los departamentos nos confronta con realidades profundas, como el entusiasmo de los gestores culturales locales y, al mismo tiempo, una sensación histórica de abandono donde muchos dudaban si realmente llegaríamos. 

A partir de un llamado de atención del Ministerio de Educación en 2024, cuando nos señalaron que muchos niños asistían a ver cuentacuentos pero salían sin un libro, transformamos el enfoque. Desde 2025 cada estudiante de escuela pública que asiste a las ferias recibe un libro propio. 

Para la edición 2026 avanzamos hacia un modelo bilingüe e intercultural, financiando y distribuyendo un tiraje global de 30 mil ejemplares del libro Algo crece, de Julio Serrano, traducido a idiomas mayas como el K’iche’, Q’eqchi’ y Poqomchi’ en alianza con la editorial Maya’Wuj y el Viceministerio de Interculturalidad. De este total, ya se han entregado más de 15 000 libros entre la capital y las ediciones departamentales.

Al llegar a regiones como Huehuetenango, Retalhuleu o las Verapaces, encontramos a poetas, cineastas y gestores independientes organizados que deseaban ser escuchados y sumar sus espacios, demostrando que en el interior del país existe un deseo latente de conectar con la literatura y la cultura.

Nuestra estrategia de descentralización no busca imponer la visión de la capital, sino sumar esfuerzos con iniciativas locales ya consolidadas. Por eso respetamos y apoyamos proyectos independientes como la FILXELA en Quetzaltenango, la FILMA en Mazatenango o el Festival Tu’jil en San Marcos, concentrando nuestros recursos en abrir nuevas sedes donde no existía una oferta ferial y garantizando que los actores locales se apropien de cada edición.

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Fotografía: Christian Gutiérrez

Sobre el espacio donde se realiza Filgua, tomando en cuenta que asisten madres lactantes, adultos mayores y personas con discapacidad ¿han considerado otros lugares donde se puedan implementar salas de lactancia, áreas de descanso para personas adultas mayores o personas con discapacidad?

​Admitimos que quisiéramos contar con mejores instalaciones para implementar salas de lactancia y áreas de descanso, pero estamos condicionados por la infraestructura disponible en el país. Guatemala carece de un centro ferial o de convenciones adecuado. 

​Elegir una sede no es solo buscar capacidad, requiere un punto de encuentro urbano estratégico. Tampoco es viable usar carpas en explanadas abiertas debido a las complicaciones del clima lluvioso y los servicios básicos, a diferencia de países como Panamá o México que cuentan con recintos feriales consolidados.

​Evaluamos el fracaso de ferias en la región, como en Costa Rica cuando se trasladaron a centros de convenciones lejanos y perdieron masivamente a su público. Por ello nos mantenemos donde la gente responde, cerca de vías de acceso, transporte y oferta comercial para familias. 

​Detrás de este despliegue hay una estructura operativa pequeña de apenas tres personas fijas en la gremial, la dirección ejecutiva, la coordinación administrativa y una secretaría que coordina a un equipo logístico, de agenda cultural y de comunicación para montar más de 870 actividades en 13 días. 

​Usted mencionaba con énfasis que en la gremial de editores son «necios». Además de esa persistencia ¿qué otros ingredientes mueven al gremio y dan vida a Filgua y Libro al Viento?

Lo que nos mueve detrás de esa necedad es algo muy sencillo: queremos un mejor país. Apostamos por una Guatemala con personas críticas, que piensen, se imaginen realidades distintas y se preocupen por los problemas de su entorno. Durante años el lema de la feria fue «Vamos por un país de lectores», pero hoy digo que «Vamos por un país de más lectores», porque en los 13 años que llevo en el país he visto un avance real, hay más librerías, más editoriales, una feria transformada y el gran logro de llevar las ediciones de Libro al Viento al interior del país.

​Quiero reiterar que la Filgua y Libro al Viento pertenecen a todos. Aunque la gremial lidera la organización con un trabajo ad honorem, el éxito del proyecto depende del esfuerzo conjunto de voluntarios, empresarios, instituciones y la sociedad civil. Es una labor que exige un enorme trabajo y sacrificio, pero resulta profundamente gratificante cuando vemos los resultados y constatamos que vamos por el camino correcto hacia una Guatemala más lectora.

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César Medina está leyendo Los alegres muchachos de la gresca, de Paco Ignacio Taibo II. ¿Y tú, qué libro estás leyendo? Te recomendamos seguir las páginas oficiales de Filgua, FCE Guatemala, Sophos, Maya’ Wuj, Piedrasanta, Catafixia y tus librerías favoritas.


Créditos:

Redacción: Pablo Mencos Salamanca

Edición: Lourdes Álvarez Nájera

Fotografías: Christian Gutiérrez 

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