Mario Enrique Ríos Montt, el sacerdote que caminó en sentido contrario a su hermano

La muerte de monseñor Mario Enrique Ríos Montt, a los 94 años, cierra la historia de un sacerdote que tomó un camino diferente a su hermano, José Efraín Ríos Montt, en una época marcada por el Conflicto Armado Interno en Guatemala. Mientras José Efraín se formó como militar y dio un golpe de Estado para asumir el poder en 1982; Mario Enrique eligió el camino de la fe y la iglesia Católica, que documentó, denunció y sostuvo la memoria de las víctimas desde la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).

Monseñor Mario Enrique Ríos Montt murió a los 94 años dejando una vida atravesada por la fe, el acompañamiento a comunidades y la defensa de los derechos humanos. Su historia, …

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Hemeroteca Prensa Libre

El padre Prudencio Rodríguez, párroco de la Iglesia Santo Hermano Pedro en la comunidad El Durazno en Chinautla, en el departamento de Guatemala, sonríe con nostalgia cuando habla y recuerda a monseñor Mario Enrique Ríos Montt. 

Cuando acaba de regresar de su entierro, el 8 de abril, en las criptas de la Catedral Metropolitana, concedió una entrevista a Agencia Ocote.

Rodríguez tiene más de ochenta años —bromeando dice que ha gastado 83— y aunque las fechas a veces se le escapan, no las escenas de lo que vivió junto a monseñor Ríos Montt.

Cuenta que llegó a Guatemala en 1973 de la diócesis de Burgos, una ciudad situada en la comunidad autónoma de Castilla y León, España y un año después estuvo en Escuintla, el día en que ordenaron obispo a Ríos Montt. 

«Siempre queda en la memoria que uno estuvo ahí con él, el día más importante de su ministerio», dice. 

Lo recuerda sin mucha vuelta: como alguien directo, al que mandaban cuando las cosas se ponían difíciles. Cuenta que el cardenal Rodolfo Quezada Toruño bromeaba y tenía una frase para esos momentos: «Si el problema es muy grave, mando a mi chucho». Y ese «chucho», aclara, era Mario Enrique.

Rodríguez sonríe cuando menciona la anécdota. «Porque Mario Enrique lo decía todo de una vez… no  andaba con rodeos», afirma sobre su carácter firme.

Desde la Iglesia, el padre Luis René Sandoval también recuerda el trabajo de Ríos Montt y lo describe como «un hombre sencillo, cercano, humilde… con una decisión firme», cuya vocación estaba orientada a «los más pobres entre los pobres».

Sandoval, es el director de comunicación del Arzobispado de Santiago de Guatemala.

Aunque no ubica el trabajo de Ríos Montt directamente dentro de la teología de la liberación, sí desde una práctica concreta: «Luchar por los derechos humanos y por el respeto a la persona».

¿Quién era el padre Ríos Montt?

Monseñor Ríos Montt vivió sus últimos años en la Casa Provincial de los Padres Paulinos -misión desde la que se ordenó-, en la zona 1 de la Ciudad de Guatemala, acompañado por otros sacerdotes.

Su vida estuvo marcada por el trabajo pastoral en comunidades y por una forma de entender la fe vinculada a la vida cotidiana.

En los años setenta, trabajó en Escuintla, donde el papel de la Iglesia no se limitaba a lo religioso. Según recuerda el padre Rodríguez, impulsaban espacios conocidos como la «familia de Dios», donde la fe se conectaba con necesidades concretas.

«La comunidad no solamente habla de rezar el rosario… habla de que tengamos agua en la casa, educación para nuestros niños, un centro de salud», explica Rodríguez.

Ese enfoque respondía a cambios más amplios dentro del enfoque y proyección de la iglesia Católica en América Latina, donde la fe empezó a pensarse también desde las condiciones de vida, el acceso a servicios básicos y la defensa de derechos.

En la costa sur, ese acompañamiento incluyó el acompañamiento a las necesidades que expresaban las personas que hacían trabajos agrícolas.

«Mario Enrique apoyaba a los sindicalistas, a los que pedían mejores sueldos y condiciones dignas», recuerda Rodríguez.

En los años setenta, en Escuintla, monseñor Ríos impulsó una pastoral que iba más allá de lo religioso: organizaba comunidades desde la vida cotidiana, donde la fe se vinculaba con necesidades como agua, salud y educación. 

Ríos Montt poyó desde su proyección católica la huelga de cañeros de 1980. Ese mismo año, a nivel nacional también se marcó el inicio de una de las etapa más duras de represión política a nivel nacional. 

Foto: Hemeroteca Prensa Libre

La ODHAG y la continuidad del trabajo de memoria

Otro evento que también marcó la vida de monseñor Ríos Montt ocurrió en 1998, con el asesinato de monseñor Juan José Gerardi, dos días después de presentar el Informe del Proyecto lnterdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica Guatemala: Nunca Más (REMHI)

Poco después de ese suceso, monseñor Ríos Montt asumió la coordinación de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG).

«Él asume la coordinación en un período crítico, una época de criminalización», explica Nery Rodenas, ahora director de esa institución.

«Mucha gente quería que la ODHAG se cerrara, porque el papel de denuncia molestaba a sectores muy poderosos», añade.

Bajo el liderazgo de Ríos Montt el trabajo continuó el acompañamiento a víctimas, exhumaciones, búsqueda de personas desaparecidas y atención psicológica.

«Una de las líneas que él planteaba era continuar el legado de monseñor Gerardi», recuerda Rodenas.

Su hermano, José Efraín, y el contraste

Mientras Mario Enrique se formaba en la fe y proyección de la iglesia Católica, José Efraín tomaba otro camino: el Ejército, el poder, y una fe evangélica neopentecostal.

Dio un golpe de Estado que lo llevó al poder en 1982, donde también fue derrocado en 1983. Su Gobierno, según los informes como el que elaboró la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), fue de los periodos más violentos del conflicto armado interno.

Los años ochenta fueron especialmente duros para la Iglesia católica en Guatemala.

Sacerdotes, catequistas y agentes pastorales fueron perseguidos, desaparecidos o asesinados. Entre ellos, misioneros extranjeros como el padre Walter Voordeckers, asesinado en 1980 en Santa Lucía Cotzumalguapa. 

Casos como el del padre Voordeckers, o el de otros misioneros en distintas regiones, han sido documentados años después por investigaciones independientes y archivos de memoria histórica.

«Fue una época muy difícil… fueron asesinados y perseguidos religiosos», recuerda Rodenas.

Mario Enrique tuvo que salir del país cuando su hermano era jefe de Estado, porque le advirtió que no podía protegerlo. 

En la década de los años 2000, José Efraín fue condenado por un tribunal guatemalteco por genocidio.

La relación entre los hermanos Ríos Montt, según cuenta el sacerdote Rodríguez, sigue siendo difícil de explicar a la fecha. ˘«Eso es un misterio», afirma.

Incluso en la muerte de Mario Enrique, esa distancia parece mantenerse. «En el entierro no se miraba a la familia», recuerda Rodríguez.

Mario Enrique murió un Domingo de Resurrección. Ocho años antes, en 2018, su hermano Efraín también murió en la misma fecha.

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Para entender mejor el contexto en el que trabajó monseñor Ríos Montt y lo que sucedía en Santa Lucía Cotzumalguapa —donde sacerdotes, comunidades y líderes campesinos fueron perseguidos tras la huelga de 1980—, visita el reportaje de Impunity Watch que recoge esas voces: La huelga de los cañeros

Redacción: Andrea Godínez
Edición: Lourdes Álvarez
Fotografías: Prensa Libre

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