Escribimos esta columna en un contexto complejo, entre designaciones de segundo grado, y con la constante duda sobre cómo estos procesos nos afectan como población LGBTIQ+. En resumen, para este …
Escribimos esta columna en un contexto complejo, entre designaciones de segundo grado, y con la constante duda sobre cómo estos procesos nos afectan como población LGBTIQ+.
En resumen, para este momento, ya se eligieron magistrados del Tribunal Supremo Electoral y magistrados de la Corte de Constitucionalidad, y está pendiente la elección de el o la nueva Fiscal General del Ministerio Público.
Todos estos procesos paralelos nos han dado luces sobre cómo las fuerzas se están reconfigurando en el país o, al menos, cómo se mimetizan para que algunos sectores sigan manteniendo el control.
Bajo el entendido de que los sectores conservadores antiderechos son una extensión de los sectores económicos tradicionales, hemos visto cómo estos negocian con dinero y logran posicionar sus narrativas y a sus magistrados, preparando así el terreno para sus agendas.
Para dimensionar la influencia de estos sectores, podemos tomar la Corte de Constitucionalidad electa como muestra, que es un bloque consevador prácticamente en su totalidad. Y que parte de su conformación fue proporcional a la cantidad de dinero que el sector privado tradicional invirtió en su lobby, para que actores dentro de la embajada de EEUU posicionaran a Roberto Molina Barreto como magistrado.
No es aislada la postura que se tomó desde la embajada, cuando hay una tendencia global que responde a lo conservador y la derecha, pero la conversación acá es en qué se traduce esto para nosotres como población LGBTIQ.
Sin duda, es un escenario complejo perder aliados en la arena política, como lo han sido algunas embajadas, que hoy responden a políticas antidemocráticas, más conservadoras y, casi por obviedad, contrarias a nuestros derechos.
Si pasamos un lente sobre las elecciones de segundo grado en Guatemala, estas evidencian que los sectores económicos tradicionales, con control de las instituciones y con recursos de por medio, mantienen fuerza y control político, y han logrado permear y sostenerse en las instituciones formales para posicionar su agenda como oficial. El riesgo para nosotres es claro, porque este poder se entrecruza, además, con su apuesta en contra de nuestras identidades y derechos.
Y ante este escenario, la pregunta resurge: ¿Estamos listes para la posible ola en contra de nuestras agendas y nuestros derechos? Hacemos la pregunta desde lo simbólico, porque para cualquier respuesta la apuesta sigue siendo la misma, organizarnos mejor y articular para no dejarnos soles.
Texto: Eric Castillo, Coordinador de Incidencia de Visibles.





